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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1923 Discurso de Plutarco Elías Calles, al ser declarado candidato presidencial del Partido Laborista Mexicano

5 de Septiembre de 1923

Numerosas agrupaciones políticas de toda la República han hecho el honor de postularme su candidato a la Primera Magistratura de la Nación para el próximo período constitucional. La mayor parte de estas postulaciones me fueron comunicadas cuando aún desempeñaba el cargo de secretario de Estado y del despacho de Gobernación en el gabinete del señor Presidente Obregón, y por tal motivo me vi en el caso de aplazar toda resolución a ese respecto hasta quedar desligado en absoluto del actual gobierno, pues tengo para mí que, dadas nuestra psicología y las características fundamentales de nuestra incipiente democracia, ningún funcionario público, con investidura o jurisdicción de autoridad, debe tomar participación como particular en trabajos politico electorales.

Enterado con detenimiento y gratitud de los acuerdos tomados por dichos partidos políticos, en sus recientes convenciones, de lanzar mi candidatura para la Presidencia de la República, dada la circunstancia de encontrarme ya separado en forma definitiva del cargo que venía desempeñando, es el momento de definir mi posición en la lucha electoral que se avecina. En esta virtud, considero pertinente, para el debido encauzamiento de la contienda, precisar mi criterio en forma sintética, pero con toda franqueza y claridad, sobre la situación política por que atraviesa la República.

Es indiscutible que en todas las naciones del mundo se opera en la actualidad una transformación fundamental en instituciones y conceptos de índole económica, jurídica y política, que determinará a la postre la reorganización de las sociedades sobre bases más justas y más equitativas. El desiderátum fundamental de este movimiento reformador es la redención, el mejoramiento, el progreso de las clases desvalidas.

En México este fenómeno social presenta características singulares, porque los anhelos de mejoramiento y de progreso de nuestras clases laborantes son más intensos y más justificados que en la mayor parte de los pueblos, toda vez que han germinado y se han nutrido con las penalidades sin cuento de cuatro siglos de expoliación y de miseria. En adelanto de nuestras clases humildes, el impulso vigoroso y sustancial que se ha dado a la educación pública, estableciéndose escuelas, aun en los lugares más apartados del país, e imprimiéndose a la enseñanza orientación y tendencias utilitaristas y prácticas. Es, por último, digna de mayor encomio y altamente benéfica para nuestro pueblo, la campaña sistemática que la administración actual ha venido realizando contra los vicios, los fanatismos, la holgazanería y el crimen.

Las ideas que dejo expuestas son ya del dominio público. Mi estancia en la Secretaría de Gobernación me dio oportunidad para dejarlas establecidas con la elocuencia avasalladora de los hechos consumados. Por otra parte, es también perfectamente conocida mi identificación con el Presidente, tanto en la política hacendaría de respeto absoluto y cumplimiento estricto de las obligaciones contraídas, como en la tendencia francamente legalista que ha inspirado sus relaciones con los gobiernos locales y ayuntamientos de toda la República, condenando por anticonstitucional toda intervención de legislaturas o gobernadores en la elección de ayuntamientos y en la libre administración de la hacienda municipal. Apruebo y sostengo, también, en forma muy especial, los principios y prácticas que han servido de norma a nuestro Primer Mandatario en la política internacional.

Con estos antecedentes, parece lógico concluir que las agrupaciones políticas que me han hecho el honor de postularme su candidato a la Presidencia de la República, quieren demostrar con ello que sancionan en todas sus partes la política desarrollada por el jefe del Ejecutivo y desean que el sucesor de dicho Mandatario continúe fielmente su programa. Si esta conclusión es exacta, tal es con el sentir y la finalidad de mis postulados, si se quiere que yo continúe el programa político y administrativo del señor general Obregón, debo manifestar solemnemente a todas las agrupaciones políticas que me han postulado y al pueblo todo de la República, que acepto mi postulación, y dando las bases indicadas, entraré a la lucha serenamente, sin exclusivismos ni rencores; que pugnaré con toda mi influencia porque la contienda sea esencialmente democrática; que condeno con toda energía actos e procedimientos de autoridades o particulares que tiendan a cohibir, burlar o mixtificar la libre y espontánea manifestación de la voluntad del pueblo; que entre los partidos o agrupaciones políticas que sostengan mi candidatura no habrá preeminencias, rangos ni categorías. y que mis partidarios, todos, deben dignificar y elevar el nivel de la contienda sujetando todos sus actos y todos sus procedimientos a los cánones de la ley, de la moral y de la buena fe.