Carlos Salinas de Gortari, 1o de Septiembre de 1991
Honorable Congreso de la Unión ; Mexicanos:
Asisto a la apertura del primer periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión y presento un informe por escrito en el que manifiesto el estado general que guarda la administración pública. Con ello cumplo un deber constitucional y ratifico mi convicción en el respeto y la colaboración entre poderes. En los últimos tres años, los mexicanos hemos reafirmado nuestra formidable herencia cultural. Hemos logrado, con gran esfuerzo, realizaciones significativas en la vida productiva, en el ejercicio de las libertades, en el combate a las condiciones de pobreza en que muchos viven aún. Este gran trabajo colectivo ha originado un nuevo impacto de México en los asuntos internacionales. Se han renovado nuestros lazos con Ibero América, ámbito cultural y político de nuestras afinidades, y es más intensa nuestra relación con los centros más dinámicos de las finanzas, el comercio y las tecnologías: por eso, el país es más respetado en el mundo.
Lo sucedido en los últimos doce meses se apoya en el impulso de los dos años previos, lo consolida y permite avanzar hacia la realización de nuevas metas. Al dar cuenta de este periodo, reconocemos una etapa del esfuerzo nacional y vamos adelante, con la mirada en el futuro.
I. EL NUEVO NACIONALISMO EN LA ÚLTIMA DÉCADA DEL SIGLO
Desde el inicio de mi gobierno, los mexicanos reclamaron cambios: cambios en la economía para volver a crecer con estabilidad y crear más empleos; cambios en la sociedad para combatir a fondo la pobreza; cambios en la política para avanzar en la democracia. Señalaron que no quieren cambios superficiales, ni aquellos que provoquen rupturas, conflictos o divisiones. Han exigido evitar modificaciones que dejen todo igual, pero demandan que, al cambiar, se conserven tradiciones, valores, historia y costumbres; es decir, quieren un cambio que fortalezca nuestra identidad y nos permita seguir siendo, con orgullo, mexicanos. Así, cambiamos para fortalecer a la nación y, por eso, el nuestro es un cambio esencialmente nacionalista.
Propuse a los mexicanos modernizar a nuestro país como una manera de dar profundidad y dirección al cambio. La modernización es una estrategia para cambiar, en respuesta a nuestras necesidades y al ritmo del pulso del mundo. Pero su objetivo superior es asegurar la permanencia soberana de México. La modernización es, y así se expresa en los hechos, nacionalista.
¿Cuál es el papel que tiene el nacionalismo en la última década del siglo? El nacionalismo difícilmente puede expresarse hoy en los mismos términos del pasado. Ya no existe el mundo en el que se formó el Estado mexicano, ni el de las grandes guerras y la depresión de los años treinta, ni el mundo bipolar de la guerra fría. México, a pesar de sus muchas necesidades, ya no es la nación que busca integrarse, dispersa y rural, analfabeta e incomunicada, amenazada en su territorio.
Cada momento de nuestra historia necesitó de los mexicanos una respuesta que privilegiara los intereses nacionales del país que hemos sido y del mundo en el que hemos vivido. Por eso, nuestro nacionalismo se ha expresado de diversas maneras a lo largo de la historia y no se agota en ninguna de ellas. Esas expresiones nunca han sido permanentes o inmutables: siempre han respondido a sus circunstancias. Tienen en común el haber surgido de la fuerza interna y del deseo de ver al país superar sus retos, de ser soberano y justo, porque de ello han dependido las realizaciones personales de cada mexicano. El nuestro es un nacionalismo que se reconoce en todas sus etapas históricas, vinculado no a determinadas fórmulas del poder o de la producción, sino al interés nacional y a los valores y la cultura que nos constituyen.
Si el nacionalismo define lo que nos ha hecho ser una y la misma nación a través de los siglos, no podemos aceptar que, por atarse a procedimientos del pasado, se le pretenda ver como un obstáculo para nuestro desarrollo. Por el contrario, es lo único que nos garantiza que seremos nosotros, como colectividad, como mexicanos, quienes permaneceremos fuertes en el mundo que se configura. Por eso, debemos rechazar las deformaciones que ven en el nacionalismo una propuesta sacramental, congelada, compuesta por políticas públicas de ayer, que hoy son ya inoperantes. También rechazamos el nacionalismo negativo como aquél que fue símbolo de estados excluyentes y opresores en la Europa de los años treinta o como el que hoy sirve de bandera a regionalismos que dividen y desintegran. La opción no está entre las manifestaciones agotadas del nacionalismo o en el abandono y la entrega. Nacionalista es lo que fortalece a la nación y no es la añoranza de fórmulas y rasgos de otros tiempos que, en el contexto del mundo actual, lejos de robustecerla, la debilitan, la hacen más vulnerable, menos viable.
El nacionalismo mexicano, en nuestros tiempos y de cara al siglo XXI, heredero de principios derivados de la historia, tiene que modificar sus expresiones para asegurar el logro de cuatro principios fundamentales: la defensa de nuestra soberanía, el respeto a la libertad, la firme promoción de la justicia en el ámbito de una prosperidad general, cada vez mayor, y el desarrollo de la democracia.
Este es el nacionalismo que define nuestra Constitución en su artículo tercero. Nos exige la comprensión de nuestros problemas, el aprovechamiento de nuestros recursos, la defensa de nuestra independencia política, el aseguramiento de nuestra independencia económica, la continuidad y el acrecentamiento de nuestra cultura. También demanda contribuir a la mejor convivencia humana, apreciar la dignidad de la persona y de la familia, y robustecer la convicción del interés general de la nación. De este modo, la Constitución demanda conocernos mejor, proteger apegos, perseguir metas y fomentar convicciones, sin exclusivismos y sin hostilidades hacia otras naciones. Esta es la manera como reconocemos nuestro camino y lo distinguimos del ajeno, y como decidimos educar a las generaciones futuras de mexicanos.
En el mundo de hoy y en el México de hoy, ¿cómo definir nuestra independencia política y económica, cómo acrecentar nuestra cultura, cómo respetar la dignidad de la persona y de la familia, cómo servir hoy, en este momento de la historia universal, al interés superior del pueblo mexicano? En síntesis, ¿qué demanda el interés nacional en el mundo contemporáneo?
Históricamente, el impulso del nacionalismo ha sido la respuesta a un desafió externo. Hoy, ese desafió está en riesgo de quedar fuera, al margen de los nuevos procesos integradores del mundo, de las grandes corrientes del intercambio y de los recursos; eso seria debilitarse y sucumbir. En el breve espacio de dos años, hemos visto en diversas latitudes los costos para otras naciones al pretender evitar el cambio y querer mirar sólo hacia dentro. También testificamos la esperanza de construir una nueva civilización. Pero entre los costos y la esperanza, permanece incierto el tramo que deberá recorrerse; el riesgo de querer cambiarlo todo en desorden y quedarse finalmente sin nada. No será cerrando nuestras puertas, pretendiendo ignorar lo externo, como aseguraremos mayor dependencia económica en un mundo interdependiente. Por ello, la voz de México tiene que influir más en las decisiones internacionales que, inevitablemente, afectarán a nuestra nación. Por eso, México cuida lo esencial y abre novedosos y mejor definidos vínculos económicos con los nuevos polos de desarrollo mundial, en los cuales se concentra la capacidad financiera, comercial, científica y tecnológica.
En nuestra política exterior contamos con el enorme legado de principios y prácticas que siempre han dado a México respetabilidad en los foros multilaterales. Pero estos principios nunca han sido pretexto para dejar de tomar posiciones frente a los hechos, sino normas que guían la mayor presencia de nuestro país en los asuntos internacionales. Por ello, frente a los conflictos, en las iniciativas regionales e internacionales de México, se han aplicado estos principios permanentes, con prácticas renovadas, a las diferentes condiciones externas. Por eso, también, promovemos la participación de México en los nuevos foros regionales.
Somos parte de la humanidad; nuestra cultura ha contribuido al desarrollo del ser humano y nuestros recursos al bienestar material de muchas naciones. También nos hemos beneficiado y transformado con el intercambio. Entendemos que la revolución de las telecomunicaciones acerca a las culturas y multiplica sus influencias mutuas. Muchos de los principios que nos han guiado en nuestra vida independiente, en especial la defensa de los derechos del hombre, se han extendido hoy en la comunidad de naciones. Por eso, al asegurar su valor y vigencia en México, cumplimos con nosotros mismos, con nuestra aspiración histórica y con la comunidad mundial a la que pertenecemos.
Sabemos que, en lo económico, tenemos que participar de la interrelación para crecer más rápido. Si nuestra economía no generase más empleos permanentes y mayor bienestar duradero para la población, nos debilitaríamos internamente y eso afectaría nuestra capacidad soberana. Sin embargo, la decisión de intensificar la interrelación económica no implica de manera alguna dependencia o integración política. Podemos mantenernos soberanos y con mayores relaciones económicas, porque estamos decididos a crear una sociedad más justa dentro de la libertad y la democracia, a promover mayor movilización popular y a demandar organizaciones políticas maduras.
En México no existen divisiones culturales que quebranten la voluntad nacional. Podemos alcanzar lo que nos proponemos. Tenemos la fortaleza que nos otorga el hecho de que en nuestro país coincidan el ámbito cultural y el de la nación. En ello están la mejor defensa de nuestra independencia política y el aseguramiento de nuestra viabilidad económica. En el continente europeo se ha decidido crear no sólo una zona de libre comercio, sino una región común, sin fronteras ni pasaportes, con monedas, banca, parlamento y ejército comunes. A diferencia del proyecto europeo, en México, por razón histórica y por convicción política, sólo promovemos mayor interrelación económica e intercambio más libre con todas las naciones, manteniendo siempre nuestro carácter de país soberano.
En el mundo se está dando una reestructuración supranacional. Algunos países, que no tienen vecinos con capacidad hegemónica, hablan ahora de borrar fronteras. Pero para nosotros la defensa de la soberanía y del Estado Nacional no es un anacronismo, sino un principio toral de sobre vivencia. Reconocemos la necesidad de contar con organismos multilaterales, cuya fuerza pueda contribuir a causas humanitarias, pero no podemos aceptar que se pretenda darles facultades para intervenir en los asuntos internos de otras naciones. Hoy, los actos políticos internos son observados y comentados desde el exterior. Pero el día en que México entregue decisiones políticas internas a árbitros externos habrá puesto en entredicho su soberanía. Por eso, no podemos aceptar que se pretenda dirimir nuestras diferencias políticas en el extranjero. En México existirán siempre medios apegados a derecho y canales de diálogo abiertos para resolver las controversias. Preservar a la patria es nuestra misión.
En lo interno, fortalecemos a México mediante una política de crecimiento sostenido, con estabilidad, generando más empleos, consolidando la apertura a la competencia, elevando el ahorro, la promoción de la inversión, el acceso a las nuevas tecnologías y una orientación exportadora. También lo hacemos al propiciar la transformación de prácticas políticas para garantizar la legalidad y el acuerdo en las reglas de la competencia por el poder del Estado. Sobre todo, fortalecemos al país con una nueva política social, fiscalmente responsable, que fomenta la participación y eleva, en los hechos, el nivel de vida. Esta es nuestra forma nacionalista de actuar en un mundo interdependiente, adecuándonos a los cambios para fortalecer a la nación.
La sociedad mexicana se ha transformado de modo vertiginoso. Las grandes divisiones del pasado se desdibujan ante los efectos de los procesos de urbanización, de los nuevos modos de producir y de las tecnologías. Sin embargo, persiste una gran línea divisoria que limita directamente a la integración nacional en el sentido que reclama el nacionalismo mexicano. Esta línea es la pobreza. La única acción que el Estado y la sociedad no pueden ignorar, por razones de justicia y por razones de nacionalismo, es la de romper en definitiva esa barrera que puede impedir que la vinculación a las corrientes del cambio mundial beneficie efectivamente a todo el país.
Por eso, el nuevo nacionalismo de la última década del siglo XX debe convertir en interés nacional el abatimiento de la pobreza. Los sentimientos nacionalistas, como elementos de cohesión social, son, por ello, sentimientos de solidaridad. No es extraño que el lema del combate a la pobreza extrema sea precisamente el de "solidaridad". El objetivo es asegurar la viabilidad económica y la estabilidad política en un clima de amplias libertades, como condición indispensable para emprender lo importante. Esto significa integrar en forma masiva a la población en la vida activa, económica y política de la nación. Dicho sencillamente, se trata de lograr mayor justicia: justicia social. Esta justicia no puede reducirse a un mero esquema redistributivo de transferencia de recursos. El nacionalismo demanda la participación organizada. La mejor distribución del ingreso y la promoción de la justicia constituyen compromisos irrenunciables del Estado mexicano. El nacionalismo de la última década del siglo es democrático, participativo, tolerante, defensor de libertades, productivo y promotor de la justicia en la realización del interés nacional.
Acaso la más rica de nuestras tradiciones sea la de mantener vivo nuestro pasado como parte del presente; es decir, la costumbre de no desechar lo viejo por lo nuevo, ni de inmovilizarnos ante lo novedoso por el peso de lo antiguo, sino de conservarnos y afirmarnos en el cambio. Nuestra cultura no es, no puede ni debe ser, un catálogo muerto o intocable de triunfos pasados, inamovibles; no puede pretender tampoco ser impermeable al intercambio con otras culturas, que hoy se aviva con la intensa comunicación. En la perspectiva histórica, nuestra cultura es dinámica y flexible, no rígida e inmutable; su profundidad y su densidad son tales que estas influencias la enriquecerán. Nuestra cultura es rica acumulación de experiencias y de vivencias; es el fruto del cambio y del contacto constante con otras culturas y con los rasgos di símbolos, a veces contradictorios, de su propia diversidad y, en ocasiones, ha sido influencia decisiva para otros pueblos. Así se hizo nuestra cultura, con capas sedimentadas de muchos pueblos aborígenes y extranjeros, y es nuestra de manera inconfundible, como seguirá siéndolo en el cambio.
II. LOS HECHOS (19881991)
1. Las nuevas vinculaciones con el mundo
La imagen, la voz, la participación de México en el exterior se han transformado de manera significativa en los años recientes. El país, relativamente aislado de las tendencias europeas, ausente de los foros de cooperación en la Cuenca del Pacífico, avanzando poco en la integración de América Latina, distanciado de los Estados Unidos, conocido en el mundo, sobre todo, por ser el gran deudor, ha dado una vuelta decidida, activa y dinámica a su presencia y a su capacidad de acción.
Nuestra estrategia fundamental ha sido la de diversificar las relaciones externas. La Cumbre Iberoamericana simboliza el paso histórico de un primer diálogo entre todos los países de América Latina, España y Portugal. Hoy, México tiene una comunicación del más alto nivel con la Comunidad Europea y con la mayoría de sus integrantes. Participamos en sus organizaciones y hemos precisado los términos del intercambio y del acceso a este gran mercado. En el Pacífico, somos miembros de los foros más importantes. En América Latina recuperamos la iniciativa y hemos dado pasos concretos, realistas, en la integración económica como lo demostramos con el Tratado de Libre Comercio firmado ya con Chile; el acordado con Centroamérica y las iniciativas con Colombia y Venezuela. Hemos abierto una nueva etapa de relaciones con Estados Unidos, basada en el respeto y en la cooperación. Llevamos a cabo negociaciones para establecer, con los Estados Unidos y con Canadá, el Tratado Trilateral de Libre Comercio que nos permitirá crecer más de prisa y sólidamente, crear empleos mejor remunerados y elevar el bienestar de la población.
Durante tres años, con base en más de 143 encuentros en el exterior y en México con más de 50 jefes de Estado y de Gobierno, se ha podido establecer un nuevo diálogo político para articular compromisos y sumar voluntades, fundado en las razones del país. En 1991, recibí a 29 mandatarios y realicé visitas a ocho países de Europa y de nuestro continente. México tiene hoy iniciativas relevantes y así se reconoce en el exterior.
En julio pasado, llevamos a cabo en Guadalajara la primera Conferencia Iberoamericana de la historia. Al acudir a la reunión todos los jefes de Estado de América Latina, así como el Rey de España, el presidente del gobierno español, el presidente de Portugal y el primer ministro de esa nación, se manifestó la capacidad de convocatoria del país y se institucionalizó la Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, la cual se reunirá anualmente. Esta Cumbre ha demostrado ser fuente concreta de oportunidades para el país, mecanismo para fortalecer nuestra seguridad y medio para canalizar la solidaridad en la región. Esta iniciativa política, de amplísimas posibilidades, fortalece al país en sus negociaciones con otras naciones y lo sitúa como vínculo con América Latina y con los países europeos.
En Europa, contamos ya con un acuerdo marco con la Comu nidad y con varios acuerdos bilaterales que facilitan nuestro acceso a sus mercados y promueven la inversión en el país. Participamos, como miembros fundadores, en el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, y asistimos a mesas de trabajo en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Este intenso diálogo ha propiciado el interés de los empresarios europeos, quienes están concretando ya inversiones que pueden ser cuantiosas en los próximos años.
En el ámbito bilateral, realicé fructíferas visitas oficiales a Alemania, a la República Federativa Checa y Eslovaca, a Italia y a la Unión Soviética. Con el presidente Gorvachov sostuve largas conversaciones, pudiendo verificar las enormes tensiones generadas durante el proceso de reforma de la Unión Soviética y los límites a que ésta había llegado, realidad confirmada durante el diálogo con el presidente Yeltsin. El impacto de estos cambios en la estabilidad europea y en el entorno mundial es evidente. Establecimos relaciones diplomáticas con Estonia, Letonia y Lituania. Durante el viaje a Europa, visité El Vaticano, y en la conversación con el Papa Juan Pablo II pude ratificarle el cariño y el afecto que le guarda el pueblo de México, y sentí el aprecio que él tiene por nuestra patria.
El Pacífico asiático posee los centros más dinámicos del comercio y de la tecnología, además de una disciplina probada de trabajo y ahorro, por lo que es sin duda una región fundamental en la con figuración del mundo del próximo siglo. Por ello, a México le interesa reivindicar su presencia como nación del Pacífico. Ingresamos en la Conferencia Económica de la Cuenca del Pacífico, organizamos la XII reunión del PBEC y esperamos ser, pronto, miembros del Consejo Económico Asia pacífico. Las inversiones de la región, particularmente de Japón, prometen un alto crecimiento. Como en el caso de Europa, la perspectiva de la zona de libre comercio en América del Norte representa para las empresas asiáticas un aliciente decisivo. Contamos con el apoyo de los gobiernos de esa región para vincularnos con los sistemas de distribución de estos países y derribar las barreras que dificultan el acceso a sus mercados. En septiembre, recibí la visita del presidente de la República de Corea y del primer ministro de Malasia. Con ambos países se consolidaron vínculos en todos los ámbitos.
En América Latina, tierra de nuestros afectos y afinidades, México ha reafirmado no sólo el diálogo político cercano con los gobiernos, sino también la disposición favorable de sus pueblos. México promueve una relación especial con sus vecinos del sur. En febrero, me entrevisté con el presidente de Guatemala para examinar los temas bilaterales y, en septiembre, realicé una visita de Estado a Belice, en ocasión del décimo aniversario de su independencia. En este viaje, se suscribió un acuerdo amplio de comercio e inversión.
En enero, recibí en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a los presidentes de Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua, donde suscribimos un Acuerdo General de Cooperación y un Acuerdo de Complementación, los cuales conducirán a la plena liberalización de nuestras relaciones comerciales. Con Costa Rica, en particular, hemos intensificado vínculos en todos los ámbitos y, en febrero, nos visitó el estimado presidente de esa entrañable nación. Con Honduras y con Nicaragua, hemos encontrado soluciones a la deuda con México y avanzamos hacia una mayor cooperación. Conjuntamente con Colombia, España y Venezuela, respaldamos las gestiones del Secretario General de las Naciones Unidas en favor de una solución pacífica al conflicto en El Salvador y hemos apoyado las conversaciones de paz en Guatemala.
Proseguimos ampliando y profundizando nuestras relaciones con las naciones caribeñas. Participamos en la Conferencia Económi ca Regional, en Jamaica, aumentando la presencia en esta área que es nuestra tercera frontera. Esperamos que las reformas iniciadas en Cuba pronto permitan una dinámica de mayor acercamiento con América Latina y, también, un clima de menores tensiones con los Estados Unidos. En ello coincidimos los presidentes del Grupo de los Tres en la reunión reciente que celebramos en Cozumel.
Durante la visita del presidente Fujimori, del Perú, se suscribió un acuerdo de cooperación en materia de lucha contra el narcotráfico. Apoyados en proyectos concretos y en la claridad de los objetivos, hemos impulsado la transformación del Grupo de Río en un marco de acciones políticas de la región en conjunto. El sistema de integración reconoce en nuestro país a un promotor de la unidad que se sustenta en los hechos.
Respecto al norte, vivimos sin duda una nueva etapa en nuestras relaciones con Canadá y los Estados Unidos. Con Canadá, se ampliaron y se estrecharon las relaciones durante varias reuniones con el primer ministro Mulroney, particularmente sobre las perspectivas del Tratado Trilateral para América del Norte. En Monterrey y en Houston, sostuve entrevistas con el presidente Bush y visité, en abril y en septiembre, varias ciudades de los Estados Unidos. La actitud respetuosa del gobierno de los Estados Unidos hacia México y una nueva disposición, desprendida de mitos y prejuicios, han permitido cambiar nuestras complejas y difíciles relaciones, al destacar las coincidencias y al aprender a dirimir y respetar nuestras diferencias.
Hemos avanzado prácticamente en todas las áreas de beneficio mutuo, mediante el mecanismo de la Comisión Binacional : en la cooperación respecto al ambiente y al narcotráfico, en el comercio y las finanzas, en la cultura y los problemas migratorios. Hemos iniciado una respetuosa e intensa relación con la comunidad mexicano americana. Sin duda, muchos aspectos demandan aún nuestra atención más decidida; de manera prioritaria, la defensa de los trabajadores migratorios mexicanos. No cejaremos en la protección de los connacionales en nuestro país y cuando trabajen en otras naciones. Laboran con honestidad y dignidad, y deben respetarse sus derechos humanos y laborales.
Por eso promovimos, junto con otros países, que la Organiza ción de las Naciones Unidas adoptara la Convención Internacional sobre Protección de Trabajadores Migratorios y sus Familiares. Apoyamos las medidas que tomó dicha organización para oponerse a la flagrante violación de la soberanía de Kuwait por parte de Irak y nos pronunciamos por el inmediato restablecimiento de la legalidad internacional. México siempre abogará en favor de un orden internacional basado en el derecho, como forma de armonizar la defensa escrupulosa de la soberanía, dando atención a los nuevos problemas globales. Buscamos que la Organización de Estados Americanos se constituya en instrumento de apoyo efectivo a los Estados miembros para superar la pobreza extrema y las desigualdades tecnológicas que hoy limitan la integración económica, la seguridad continental y la plena soberanía. Así, México ha tenido en su política exterior una poderosa herramienta para hacer valer su presencia en el mundo, ser respetado y favorecer el contexto de sus cambios internos.
La fortaleza de la nación descansa segura en nuestras fuerzas armadas. El Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada de México resguardan el territorio, los recursos naturales del país y las instalaciones vitales para la economía nacional. Con su vocación permanente de servicio a la comunidad, sus miembros recorrieron el país, proporcionando atención médica y medicinas a la población que lo requería. Estuvieron presentes, como siempre lo han hecho en caso de necesidad, en las inundaciones que afectaron a trece estados de la República. El compromiso permanente de México en la lucha contra el narcotráfico encontró un eficaz brazo de combate en las fuerzas armadas. En arriesgadas acciones, perdieron la vida soldados mexicanos que reciben el permanente homenaje de sus compatriotas.
La modernización de las fuerzas armadas de México es una actividad permanente por el gran valor que representan para la nación. El Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada mejoran sus escuelas y actualizan constantemente los planes de estudio y de operación, los métodos de adiestramiento y las estructuras de los organismos militares. Hemos puesto en marcha un programa de vivienda para las fuerzas armadas que ha permitido entregarles, este año, un número de viviendas casi equivalente a las construidas para ellos en los 50 años anteriores. La nación cuenta con una defensa flexible, operativa en cualquier circunstancia y equipada de manera congruente con las necesidades del país. Reitero a las fuerzas armadas el aprecio a su lealtad y a su noble labor de ayuda a la población y de permanente defensa de nuestra patria. Así lo reconoce el pueblo de México.
2. Democracia y gobierno
Internamente, el país ha vivido en paz. La intensa movilización para competir por el poder político, para avanzar contra la inflación y hacer eficiente nuestro aparato productivo, para mejorar las condiciones de vida de la población, ha permitido conformar nuevos consensos, una concordia no exenta de pasión y debate, pero comprometida con el diálogo permanente.
Desde el inicio de mi gobierno, he señalado que ninguna forma de impunidad será tolerada; que nadie está por encima de la ley ni tiene, en su aplicación, prebenda alguna para violar los derechos humanos. Nuevas reglas dan a las personas más eficaces derechos procesales; la nueva Comisión Nacional de Derechos Humanos, respetada y activa, vigila y atiende con creciente eficacia las quejas por presuntas violaciones a tales derechos. Durante 1991, la Comisión recibió 3 374 denuncias. El nivel de desarrollo no determina el número de éstas o el estado de los derechos humanos. Muchos factores deben tomarse en cuenta. Lo importante es nuestro compromiso en la lucha contra la impunidad; más de la mitad de dichas denuncias han sido satisfactoriamente resueltas. He prometido una respuesta eficaz a las recomendaciones de la Comisión ; éste es un compromiso fundamental del Gobierno de la República.
El narcotráfico se combate sin cuartel, desmantelando organizaciones, decomisando estupefacientes y castigando a culpables, en grados y niveles sin precedente en nuestra historia. Reconocemos el esfuerzo realizado y las vidas sacrificadas en el cumplimiento del deber. Hemos decomisado, en tres años, 1 500 toneladas de marihuana, más de 122 toneladas de cocaína pura, cerca de 10 mil vehículos y más de 20 mil armas. En este periodo, se detuvo a más de 45 mil personas. En 1991, se decomisaron 40 toneladas de cocaína pura. El valor de lo incautado este año, a precio de mercado, es equivalente a la deuda externa del país. Pero el fin no justifica los medios; si en la persecución de narcotraficantes, si en esta guerra en tiempos de paz se violan los derechos humanos, los responsables seguirán siendo severamente castigados.
En la procuración y administración de justicia, en la vigilancia permanente para evitar y sancionar las violaciones a los derechos humanos, en la plena libertad de expresión y de prensa, de tránsito y de petición, el cambio ha significado dar pasos decisivos para construir una nueva relación del Estado con la sociedad. Por ello, se reformaron las leyes sobre los procedimientos penales que eliminan aprehensiones ilegales e interrogatorios violentos, determinan los requisitos para que las confesiones tengan valor legal, evitan incomunicación del acusado y protegen a los indígenas involucrados en procesos penales, asistiéndolos en su propia lengua. Se beneficiaron del indulto y de la amnistía 631 personas, mayoritariamente indígenas.
Durante los últimos tres años, la nación ha logrado innovaciones políticas. Ha aumentado el consenso sobre los cambios estructurales necesarios para el desarrollo del país. Se han ido superando las situaciones de polarización y hemos sido testigos de nuevos reencuentros entre la sociedad y el gobierno. La más alta responsabilidad pública es, ahora, ampliar las posibilidades de cohesión de la sociedad.
Sin embargo, debemos ser conscientes de que todo cambio genera movimientos. Es positivo que se discuta, que se tomen posiciones. Hoy tenemos paz social, estabilidad, discusión; hay partidos políticos con posiciones propias; existe respeto pleno a las libertades públicas; se pone nuevo énfasis en la protección de los derechos humanos y hay también mayor demanda social de responsabilidad a quienes actuamos en la vida pública.
La voluntad de los mexicanos se expresó en elecciones competidas y en todo el país. En 1991 se realizaron 557 elecciones municipales, 285 de legislaturas estatales en 13 entidades federativas y siete gobernaturas. El 18 de agosto pasado, el país vivió, además, una jornada electoral federal intensa, en la que los ciudadanos de la República dieron una prueba ejemplar de civismo en una de las elecciones intermedias más concurridas en tiempos recientes.
La nueva organización electoral incorpora en mayor medida a la sociedad por medio de dos mil representantes ciudadanos en sus órganos colegiados. Un nuevo tribunal de pleno derecho atendió los recursos de inconformidad de los partidos. Los partidos políticos, responsables también de la movilización en pro del voto, ejercieron sus derechos y promovieron sus programas y a sus candidatos en todo el país; aprovecharon las prerrogativas que les concede el nuevo Código Electoral, y recibieron, oportunamente y en conjunto, más de 100 mil millones de pesos de recursos públicos que les entregó la autoridad electoral.
Casi 24 millones de mexicanos votamos el 18 de agosto. Se instalaron cerca de un 60% más de casillas, por mandato de la nueva ley, y por eso se encontraron más próximas a los domicilios. La votación fue copiosa, más del 64% de las listas, y estuvo vigilada por 700 mil ciudadanos de los más de cinco millones insaculados y por casi medio millón de representantes de los partidos políticos.
Aprendimos que se requiere perfeccionar algunas disposiciones electorales. En particular, si bien se entregaron más de 36 millones de credenciales, el 92% del padrón, la presión ocasionada por los tiempos provocó ciertas deficiencias. El sistema de información señalado por la ley no fue suficientemente ágil. El padrón, realizado puerta por puerta, hecho sin precedente en otros países, requiere pasos adicionales de verificación y mejoramiento. Convoco, por ello, a los partidos políticos, a estudiar y proponer las modificaciones apropiadas para perfeccionar el marco legal y adoptar métodos análogos a los que utilizan muchos países avanzados con el fin de proporcionar los resultados el mismo día de la jornada electoral. Además, tenemos que cumplir la exigencia legal de establecer la credencial con fotografía y la cédula de identidad ciudadana. Sin duda, así, en el diálogo, podremos mejorar nuestros mecanismos y procesos. La responsabilidad en el análisis y en el cambio legislativo, en su caso, corresponde a este Honorable Congreso.
En el cambio, las formas tradicionales son rebasadas por la realidad y las prácticas nuevas conllevan riesgos. En estas circunstancias, puede suceder que los cambios demandados no se reconozcan ni se ubiquen en su real dimensión. En estos tiempos de transformaciones, no es posible gobernar un país como el nuestro con hipótesis o prácticas políticas de decenios anteriores. Juzguemos los resultados con suficiente visión y distancia frente a los hechos. La política tiene la responsabilidad de convertir el conflicto en diálogo y de llegar a acuerdos en el marco de la ley. Si logramos dar acomodo a las inquietudes de una sociedad abierta, si las fuerzas políticas del país siguen demostrando su capacidad para encauzar las disidencias, habremos superado la lógica de la cerrazón y nos habremos colocado en una postura histórica distinta. Tendremos espacios internos y externos más amplios para seguir venciendo los retos que nos plantea la modernización. Respondamos todos a un diálogo nacional para que, con franqueza y buena fe, encontremos juntos el camino de la concertación para afrontar los grandes retos nacionales.
La responsabilidad de los tiempos actuales es la transformación nacional. Es positivo que se discuta, que se tomen posiciones. No puede haber una vida política rica que exprese a una sociedad tan diversa y responda a cambios tan profundos y complejos sin debate o sin pasión. Además de cambiar el discurso, hay que comprometerse a incidir verdaderamente en las prácticas. Tenemos que transformar nuestra acción y darle marcos nuevos, distintos y duraderos. La nación ha elegido el camino del cambio político, del cambio ordenado, del cambio democrático.
3. La economía del crecimiento
La economía mexicana ha recuperado su estabilidad, se transforma en sus estructuras y ha crecido, durante este gobierno, casi al doble de la población. La clave ha sido y seguirá siendo la permanencia de la política económica, el estricto control del gasto público, un sistema fiscal competitivo, la reducción de la deuda, la apertura comercial y la desregulación, y la promoción de la inversión y de las exportaciones. En sólo tres años, la economía de México es más sana y tiene mayor capacidad de dar respuesta al reclamo de los mexicanos por más empleos y mejor remunerados. Todavía falta mucho para recuperar lo que perdimos a causa de la crisis, pero trabajamos para que los beneficios de la recuperación lleguen a mayor número de compatriotas y a más regiones del país.
El crecimiento económico, que en el primer semestre de 1991 fue casi del 5% anual, ha sido el más alto para este periodo en los últimos 10 años. La inflación acumulada en los primeros nueve meses es la menor en 16 años. Por primera vez en la historia tuvimos, en los primeros meses, un superávit fiscal que alcanzó casi 10 billones de pesos. En este resultado, influyó de manera particular el ingreso por la venta de Teléfonos de México y de los bancos. Pero aun sin considerar dichos ingresos, el resultado fiscal del primer semestre mostraría un importante saneamiento de las finanzas públicas, con una reducción real de más del 50% de su déficit, respecto al mismo periodo de 1990. Estos resultados sientan las bases para dar el paso definitivo hacia la estabilidad.
El gasto presupuestal se redujo 16% real en relación al primer semestre de 1990. Dentro de este gasto, destaca la reducción real de casi 50% del destinado al servicio de la deuda pública. En el marco de la estricta disciplina fiscal, hemos abierto espacio para un crecimiento positivo del gasto social. Así, este gasto, que incluye salud, educación, desarrollo urbano y regional, y Solidaridad, habrá pasado de representar 32% del gasto programable en 1988 a 44% del presupuestado para 1991. Las participaciones y estímulos a los estados y a los municipios registraron un crecimiento significativo de 18% en términos reales durante el primer semestre de 1991.
Los ingresos del sector público entre enero y junio de este año fueron superiores en 14% en términos reales, a los del mismo lapso de 1990. Este comportamiento se enmarca en un sistema fiscal más equitativo, con tasas impositivas inferiores a las de hace tres años, y con mayor simplificación administrativa, que alienta el cumplimiento de los contribuyentes.
Pocos países han realizado un ajuste de tal magnitud en unos cuantos años. El aumento de los ingresos, la reducción del servicio de la deuda y la selectividad en la asignación de los recursos han permitido, al mismo tiempo, eliminar el déficit público y fortalecer la atención a las áreas prioritarias de la actividad gubernamental.
Logramos abatir la inflación, que en 1987 superó el 150%, a un nivel cercano a la meta establecida para este año. El éxito del Pacto durante casi cuatro años muestra que los compromisos se cumplen cuando hay diálogo, ideas claras y decisión de los grupos sociales. La prórroga del Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico, vigente hasta el 31 de diciembre de 1991, permitió la reducción del desliz del tipo de cambio de 80 a 40 centavos en promedio por día. Nuestra meta es reducir aún más la inflación y mantenerla en los niveles de las naciones con quienes más comerciamos.
Los principales promotores de la expansión económica son, en la actualidad, las exportaciones y la inversión. Mientras el consumo se recupera gradualmente, el crecimiento de la inversión en los últimos años ha triplicado al de la economía, al registrarse aumentos reales superiores al 12% anual. Con estas inversiones, el país fortalece su capacidad para generar empleos, para satisfacer las aspiraciones de progreso de la población y para competir con productividad creciente en un mercado mundial cada día más integrado. Las perspectivas son alentadoras. Así lo han percibido los inversionistas de México y del mundo al decidirse a canalizar a nuestro país montos crecientes de sus recursos para inversión.
La apertura a las inversiones extranjeras tiene como objetivo atraer recursos, tecnología y capacidad de exportación. Por eso, la promovemos decididamente. Pero no se pretende que, mediante ella, los extranjeros compren en forma generalizada empresas existentes y que los empresarios mexicanos se vuelvan rentistas o gerentes. Para ello habremos de fortalecer el diálogo entre el gobierno y el sector privado con el fin de que las políticas públicas de competitividad sean más efectivas y que las alianzas estratégicas entre los empresarios mexicanos y los del exterior permitan especialización, escalas y acceso a los mercados.
La recuperación de la actividad económica se refleja directamente en los niveles de empleo. Entre enero y agosto, la tasa promedio de desempleo abierto en las principales ciudades del país fue del 2.6%, frente al 3.6% que se registró en promedio durante 1988; sin embargo, persisten fenómenos de subempleo. El número de asegurados permanentes del Instituto Mexicano del Seguro Social aumentó casi 8% en el mismo periodo respecto al año pasado. Simultáneamente se ha logrado detener el descenso del salario medio real en la industria manufacturera, que existía hasta hace tres años, y en algunas ramas y regiones se empieza a observar una recuperación moderada.
En congruencia con las mejores perspectivas de la economía, las tasas de interés han bajado considerablemente. Hoy, los réditos disminuyen a la par que se incrementa el ahorro. La tasa de Certificados de la Tesorería a 28 días se redujo del 27% en octubre de 1990 a cerca del 17% este mes, al tiempo que el saldo real del ahorro financiero aumentó 13% entre septiembre de 1990 y de 1991. La mayor estabilidad y las mejores perspectivas han propiciado un plazo mayor en la captación del ahorro: en un solo año, el plazo promedio de vencimiento de la deuda pública interna pasó de 223 días a más de mil.
En la balanza de pagos encontramos una situación nueva que requiere explicarse en forma adecuada. Antes, cuando la cuenta corriente mostraba déficit y no se podían obtener mayores empréstitos del exterior las reservas bajaban; ahora la situación es la opuesta. El déficit en cuenta corriente está creciendo, las reservas internacionales también están aumentando, el sector público no se endeuda y el gasto público no presiona las importaciones. La dinámica de tales importaciones proviene del incremento de la inversión privada, que ha contratado su financiamiento, y del flujo de la inversión extranjera. Es decir, las mayores importaciones necesarias para ampliar la base productiva del país, llegan acompañadas de su propio financiamiento en divisas. Situación similar sucedió en España durante su notable recuperación.
Si tuviéramos superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, México estaría exportando capitales al resto del mundo. Lo que necesitamos es exactamente lo contrario: obtener recursos del exterior que complementen el ahorro interno. Por ello, a pesar del buen comportamiento de nuestras exportaciones no petroleras, que crecen casi un 14% real, seguiremos observando el déficit en cuenta corriente, el crecimiento de la inversión foránea y el aumento de las reservas internacionales. Prueba de ello es que el lo. de noviembre de 1989 anuncié que las reservas internacionales del país ascendían a 7 324 millones de dólares y un año después a 8 415 millones de dólares. Ahora, a partir de esta última cifra, las reservas se han duplicado en un año y han alcanzado el nivel más alto en la historia del país. Informo a esta Soberanía que el día de ayer el monto de las reservas internacionales en el Banco de México alcanzó 16 710 millones de dólares. Esto confirma la solidez de nuestra moneda.
La economía mexicana está ahora mejor preparada ante las fluctuaciones en los mercados del exterior, y el esfuerzo por alcanzar el crecimiento sostenido con estabilidad se desarrolla sobre bases más firmes. Este fortalecimiento financiero de la economía mexicana se refleja, principalmente, en una reducción significativa del endeudamiento público tanto interno como externo. En términos netos, la deuda externa del sector público ha pasado de representar el 54% del producto del país en 1987, a 23% en 1991. Por su parte, la deuda interna ha disminuido a 15% en el mismo lapso. En proporción al tamaño de la economía, la deuda pública total se ha reducido a menos de la mitad en tan sólo cuatro años. Así, la economía es más grande y la deuda es más pequeña.
Este desendeudamiento del país ha sido posible gracias a la prudencia con que se han manejado los recursos adicionales y a la oportunidad con que se han enfrentado situaciones externas inciertas. A finales del año pasado, el precio del petróleo se elevó rápidamente por la incertidumbre de la guerra del Golfo Pérsico, pero anticipábamos que al solucionarse el conflicto disminuiría su precio. Dimos, entonces, tres pasos previsores: estimamos un precio promedio del petróleo equivalente a la mitad del que se observaba en el mercado; adquirimos opciones en futuros de petróleo para garantizar los ingresos proyectados, y decidimos canalizar la casi totalidad de los recursos provenientes de la privatización al Fondo de Contingencia. La decisión resultó acertada; el precio del petróleo se abatió, pero, al estar preparados, pudimos proteger nuestros avances y mantener nuestro programa económico.
Los recursos derivados de las privatizaciones que se canalizaron al Fondo de Contingencia se han aplicado a cancelar pasivos por 20 billones de pesos que el gobierno federal tenía con el Banco de México. Esta operación permitió a la vez incorporar a las reservas del país los recursos en dólares que se encontraban en ese Fondo. El gobierno ha considerado inconveniente aplicar ingresos que se perciben por única vez, como los provenientes de la venta de empresas, al financiamiento de gastos permanentes. Ahora, el hecho de destinar recursos del Fondo a la reducción de la deuda interna tendrá como consecuencia un ahorro permanente en los intereses que paga el gobierno y abrirá mayores márgenes para el gasto social. De esta manera, los ingresos de las privatizaciones se destinarán a programas de beneficio popular, no sólo durante un año sino de manera continua. Los mexicanos más necesitados saben que su gobierno, en lugar de acumular propiedades, responde a las comunidades trabajando más para los que menos tienen. La reforma económica tiene, por eso, consenso y base social.
Con objeto de que la recuperación económica no sea concentradora de oportunidades, pusimos en marcha un programa especial de apoyo a la micro, pequeña y mediana empresas. Sin trabas burocráticas, con tasas accesibles, con crédito oportuno y con asesoría administrativa, tecnológica y comercial, se ha apoyado en sólo 12 meses a más de 50 mil empresarios del país. Se trata de un paso fundamental en la reforma del Estado. Al inicio de mi gobierno, Nacional Financiera, un banco para el desarrollo, canalizaba sus recursos a subsidiar cuatro paraestatales. Ahora, con la reforma, apoya a miles de pequeños y medianos empresarios, como un acto de confianza hacia ellos. Alentamos, así, la formación y la organización de uniones de crédito. Los pequeños y medianos empresarios mexicanos seguirán contando con el apoyo del gobierno de la República.
Hemos afianzado la apertura económica con los acuerdos de libre comercio, firmados y en negociación. En el pasado mes de septiembre, concluimos el Tratado de Libre Comercio con la República de Chile; en él se garantiza tanto la apertura de los mercados como el otorgamiento de plazos de transición para evitar desbalances sectoriales. Asimismo, este Tratado reconoce el origen regional de las mercancías y asegura la equidad de las transacciones. Al incorporar temas adicionales sobre servicios, inversión y propiedad intelectual, que sean compatibles con el Acuerdo General de Aranceles y Comercio, el Tratado con la República de Chile resulta, sin duda, de vanguardia. Una comisión administradora permitirá la comunicación para lograr la eficacia del Tratado. Tenemos el instrumento y, sobre todo, la disposición amistosa de elevar el comercio y el beneficio para nuestros pueblos.
Después de amplia consulta pública, realizada por el Senado de la República , iniciamos la negociación del Tratado Trilateral de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá. Ahora la negociación se ha intensificado. Se han establecido 18 grupos para tratar los temas sustantivos; los de más intenso debate son los relativos al mecanismo de resolución de controversias, a los asuntos arancelarios y a los periodos de transición. Por México participan, conjuntamente y como frente unido, el gobierno, representantes de empresarios, de obreros y campesinos, investigadores y académicos, y un sólido grupo de abogados y tratadistas. Mantenemos permanentemente informado al Senado de la República y al público en general, y ofrezco ampliar esta información a las comisiones respectivas de la Cámara de Diputados.
Nuestros negociadores actúan con seriedad, responsabilidad y profundo patriotismo. Saben que los acuerdos que se tomen influirán por muchos años en el desenvolvimiento económico del país. En virtud de que se trata de una negociación para obtener acceso a otros mercados, tendremos que facilitar el acceso al nuestro. Pero como lo he reiterado en diversas ocasiones, en el caso del petróleo y de la electricidad no propondremos modificaciones a la disposición constitucional que reserva al Estado mexicano la propiedad y el control sobre nuestros energéticos. Hace unos días, en Zacatecas, los negociadores de los tres países intensificaron su trabajo, pasando así a una nueva etapa de la negociación en la que ya se iniciaron las revisiones de los textos. Sin embargo, procederemos sin prisas, buscando obtener el mayor beneficio para la nación y evitando también que la negociación se prolongue innecesariamente.
Con el sector exportador se concertaron 28 medidas estratégicas de desregulación. Estas acciones han comenzado a propiciar el mejoramiento corresponsable de servicios como el transporte ferroviario, la operación portuaria, la generación de electricidad y la operación de las aduanas. Es notable la nueva capacidad productiva y de exportación de varios sectores industriales y de servicios.
En estos tres años, hemos concluido 266 procesos para desincorporar empresas públicas no consideradas estratégicas por nuestra Constitución, mediante los cuales el gobierno ha recibido cerca de 40 billones de pesos. En lo que va de 1991, por medio de un sistema transparente de subasta convocada públicamente con calificación previa de los grupos interesados, se vendieron ocho bancos de un total de 18. Este proceso ha logrado diversificar el capital, ya que el número de accionistas de los ocho bancos desincorporados pasó de aproximadamente 9 500 en 1982, a 32 mil en la actualidad, sin incluir la gran cantidad de personas que participaron por intermedio de sociedades de inversión. También participan otros empresarios de distintas regiones del país. La desincorporación bancaria es un paso más en el proceso de modernización financiera que se realiza dentro de un marco jurídico y reglamentario de vanguardia. Así, se diversifica el capital, se aumentan las oportunidades de invertir para los particulares y el Estado fortalece su vigilancia, conducción, promoción y orientación por la vía legal y reglamentaria.
La recuperación en marcha se da, a diferencia de otras épocas, en casi todos los sectores de la economía. Destaca en especial el crecimiento, durante el primer semestre, de casi 7% real del sector agropecuario, crecimiento significativo después de tantos años de estancamiento y declive. A pesar de esta notable recuperación, el proceso de modernización iniciado por el gobierno de la República tiene, en el agro, uno de los retos más complejos y más urgentes. El propósito central en la modernización del campo consiste en aumentar simultáneamente la producción y la justicia. Hemos avanzado en lo primero, pero hace falta mayor justicia en el campo mexicano.
Dar certidumbre en la tenencia de la tierra es propósito central de la política agraria. Hemos reducido significativamente el rezago histórico en la ejecución de las resoluciones presidenciales existentes al inicio de la presente administración. En el periodo de este informe, se regularizó la situación de un millón 25 mil hectáreas correspondientes a 21 mil familias campesinas, como producto de la ejecución de 226 resoluciones. Se expidieron 107 mil certificados de derechos agrarios, 50 mil de bienes comunales y 300 mil de inafectabilidad agrícola, ganadera y agropecuaria.
La actividad productiva del campo se ha recuperado: después de una caída de 4% en 1989, se observó un crecimiento de más del 3% en 1990 y se espera uno superior para 1991. La balanza agropecuaria pasó de 186 a 334 millones de dólares entre enero y agosto de 1990 y 1991, respectivamente. Los precios de concertación han constituido una herramienta que apoya la transición hacia una economía de mercado. Buenas lluvias y sobre todo mucho trabajo en el campo permiten esperar este año una producción, de los 10 principales cultivos, del orden de los 26 millones de toneladas. Los precios de garantía del maíz y del fríjol han contribuido a elevar la producción de maíz a 13 millones de toneladas y la de fríjol a más de un millón, así como una mejoría en el ingreso de los productores. Por primera vez en dos decenios, hemos logrado dejar de importar estos dos productos esenciales. Este esfuerzo extraordinario se aprecia mejor si se considera que ahora producimos todo el maíz y el fríjol que demanda una población 35 millones mayor que hace 20 años, última época en que dejamos de importar estos productos básicos. Expreso mi reconocimiento a los campesinos y productores que han logrado tan elevadas cosechas en estos dos últimos años. El reto consiste ahora en hacer permanente este resultado.
En el ámbito pecuario se ha fortalecido la producción de huevo y de carne, y se inició la recuperación de la industria lechera, que tuvo un incremento de casi 10% en 1990. Se ha logrado garantizar el abasto de carne de res y contar con un excedente exportable. En materia de pesca, se encuentra en marcha la modernización de las cooperativas, el impulso a la acuacultura, una mayor vigilancia e inspección en los litorales de México, la reestructuración de la deuda de la flota camaronera y el aumento de la flota pesquera. Hemos adoptado un programa para eliminar la mortalidad incidental de los delfines en la pesca del atún. La tortuga marina tiene veda permanente y hemos iniciado trabajos para aplicar métodos de pesca que no afecten a la tortuga, en las embarcaciones camaroneras, en el Golfo de México y en el Caribe. Los mexicanos queremos una economía fuerte y productiva, pero nunca a costa de la destrucción del entorno.
En materia de energéticos, Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad han realizado importantes inversiones para satisfacer la demanda interna y las exportaciones de hidrocarburos. La colocación de bonos por parte de Petróleos Mexicanos ha tenido respuesta positiva de inversionistas nacionales y extranjeros. Con reglas cada vez más claras se ha logrado, con financiamiento y construcción de particulares, poner en marcha nuevos proyectos en las ramas de electricidad, petroquímica y fertilizantes. Quiero reiterar que mantendré firme el compromiso de conservar para la nación el manejo exclusivo de sus recursos energéticos. Debemos, sin embargo, alcanzar eficiencia total en Petróleos Mexicanos y en la Comisión Federal de Electricidad, el gran sector energético de los mexicanos. Hay márgenes de productividad y eficiencia que todavía podemos aprovechar. Estoy seguro de que trabajadores y empresa alcanzarán metas superiores para beneficio de nuestros compatriotas.
En lo que resta del sexenio, la demanda interna de energía habrá de crecer a una tasa superior al 5% anual. Existen bases suficientes para responder a las exigencias del corto plazo, pero será necesario canalizar al sector de energía recursos adicionales para atender los retos que plantea la recuperación económica. Durante este año, la producción de crudo aumentó en 1.3%, y ampliamos los volúmenes de exportación, aprovechando así la mayor estabilidad del mercado internacional. Sin embargo, el consumo interno de gasolina sigue creciendo a tasas todavía muy altas y requiere de importaciones que este año son equivalentes a más del 10% del valor total de las exportaciones petroleras.
Para realizar tareas de exploración se han celebrado contratos de servicio con empresas particulares, como se viene haciendo desde hace decenios. Se paga puntualmente por obra realizada, sin comprometer los recursos del subsuelo; es decir, no hay ni habrá contratos denominados de riesgo, sólo de servicios. En petroquímica, promovemos las inversiones como condición indispensable para elevar su capacidad de competencia y para atender mejor las necesidades de la demanda doméstica y de la internacional. Hemos adecuado la industria al avance de la tecnología y se han acelerado los trámites para el otorgamiento de permisos en la petroquímica secundaria.
En el presente año, la generación de electricidad aumentó 5.6%, y hemos avanzado en la reestructuración administrativa, operativa y financiera del sector eléctrico. Esperamos incrementar los recursos propios para asegurar la expansión sana de este sector estratégico. En el marco de la ley, procuramos que participe el sector privado en el financiamiento y en la construcción de proyectos que respondan a la necesidad de aprovechar el potencial de generación. Las instalaciones serán operadas por la Comisión Federal de Electricidad y pasarán a formar parte de sus activos, una vez liquidados los financiamientos que se han canalizado a dichas plantas.
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