Miguel de la Madrid, 8 de Enero de 1988
Compatriotas, buenas noches:
Sigo la costumbre que he tenido de dirigirme directamente a ustedes al principiar cada año para, en una charla informal, hablando para cada uno de ustedes en sus hogares, a los padres de familia, a las amas de casa, a los trabajadores, a los profesionistas, a los empresarios, a loscampesinos, a los jóvenes, a los niños del país, comentarles algunas de mis consideraciones sobre el año que comienza. Hablar con toda franqueza es indispensable para gobernar en un país moderno y democrático.
Reconozco el gran esfuerzo que han hecho los mexicanos para luchar ejemplarmente en estos años tan difíciles de la crisis económica. Lo hemos logrado, tanto lo que hemos logrado hacer como lo que hemos logrado evitar, se debe al esfuerzo de todos lo mexicanos.
Este principio de año de 1988 nos tiene a todos preocupados, a algunos desorientados, a otros irritados. Yo comparto la preocupación de mis compatriotas por la situación económica. Yo también estoy dolido, como la mayoría de los mexicanos, con esta situación económica tan difícil, tan lamentable que se nos presentó a finales del año de 1987.
Estoy muy consciente también del peligro que tenemos por delante, el peligro de que la inflación se convierta en una hiperinflación, esto es, en una inflación desbocada que crezca mes a mes y que nos lleve a una situación que podría convertirse en caótica.
Quisiera, antes de entrar propiamente a las perspectivas de 1988, darles a ustedes mi vesión de qué pasó en el último trimestre de 1987, que nos cambió expectativas favorables que existían hasta el mes de septiembre.
Recordarán ustedes que en el Quinto Informe de Gobierno yo decía que podíamos tener un optimismo moderado, porque estábamos viendo una recuperación económica, pero advertí también que seguía muy preocupado por la inflación.
A mediados del mes de octubre del año pasado, los mercados financieros en todo el mundo sufrieron graves turbulencias: las cotizaciones de las principales bolsas de valores, las de Estados Unidos, de Canadá. de Europa Occidental, de Japón, de Asia, se derrumbaron en una forma estrepitosa: el dólar americano, que es la divisa con la que tenemos mayor relación, se devaluó en forma importante. Y estos signos de la economía internacional hicieron que afloraran pronósticos muy sombríos sobre la economía mundial, pronósticos de recesión, pronósticos de mayor inflación, porque en muchos países importantes —Estados Unidos entre otros— también hay graves problemas de déficit fiscal y comercial. también de crecimiento de la deuda externa.
Nuestra bolsa de valores, incipiente, pequeña si la comparamos con otras grandes bolsas el mundo, también sufrió una gran baja en sus cotizaciones. Ciertamente la bolsa mexicana había venido expresando, en un juego libre de mercado, una alza excesiva, especulativa, que se había observado durante varios meses; las acciones subieron mucho en sus cotizaciones; se hacían fortunas en unas cuantas semanas, en unos cuantos meses, y hubo lo que un amigo mío ha calificado como "codicia colectiva".
Con la caída de las cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores, los pronósticos pesimistas que vimos se hacían sobre la economía mundial. hicieron renacer también expectativas negativas sobre el futuro de nuestra actividad económica. Mucha gente pensaba: "bueno, si van a caer las economías de Estados Unidos, de Europa, de Japón, con las que tenemos el grueso de nuestras relaciones comerciales y financieras, eso va a afectarnos también". La economía mexicana —pensaban los analistas, los especuladores— también va a entraren un proceso de recesión o de mayor inflación. Luego, las acciones de las empresas que hacía unas semanas se veían con grandes perspectivas, con excesivas en mi opinión, van a valer menos. La gente decía: "yo me quiero deshacer de esas inversiones, quiero proteger mi ahorro, me salgo del mercado", y de ahí se derivó una fuerte contracción en la demanda y una baja en los precios de las acciones.
Ciertamente no hay que echarle toda la culpa al problema financiero internacional. También en México había elementos para poder asociar las expectativas pesimistas de la economía internacional, con expectativas también negativas sobre la economía mexicana, y un factor sobre todo: la inflación, el fenómeno más preocupante, no hay duda de ello.
Al bajar la cotización de las acciones en la bolsa, la gente buscó dónde canalizar sus ahorros para protegerlos, y se fue, como es usual en períodos especulativos, a demandar más dólares en aquellas semanas de finales de octubre y de principios de noviembre.
Corno he informado a la Nación, el Gobierno de la República, y particularmente las autoridades financieras, la Secretaría de Hacienda y el Banco de México, estuvieron atentos a esos fenómenos sin precipitarmedidas, pero cuando se vio que había una gran presión sobre el mercado del dólar, que había riesgos de que esa tendencia erosionara la reserva internacional del país, el Banco de México se retiró del mercado libre para dejar que las fuerzas del mercado se acomodaran, y también, por qué no decirlo, para que la divisa americana costara más caro, y que los especuladores pagaran el costo correspondiente.
Ello produjo una elevación importante en el precio del dólar americano, y es tan importante la influencia del tipo de cambio en nuestra economía, por razones históricas, sobre todo por razones psicológicas, que la devaluación provocó una fuerte especulación en los precios, inclusive en mercancías o en servicios que no tiene que ver directamente con las divisas internacionales.
La inflación se disparó: se produjo el llamado fenómeno de la reetiquetación, como lo saben muy bien las armas de casa. Ante esta situación y ante el deterioro del salario, el Congreso del Trabajo demandó un importante aumento de salarios, y anunció que en caso de no concederse plantearía una huelga general en el país. Esto convirtió a aquellos momentos en la amenaza de una crisis económica muy aguda. Imagínense gran parte de las activiades del país paralizadas por huelgas y el riesgo consecuente de un conflicto social de graves proporciones.
Por la seriedad del problema, el Gobierno de la República convocó a los factores de la producción y un amplio y profundo dialogo que culminó en el Pacto de Solidaridad Económica, al cual se le ha dado una amplia difusión, pero que yo mismo percibo, no se entiende siempre en su difusión, pero que yo mismo percibo, no se entiende siempre en su totalidad y todavía hay pregunatas en la calle de qué significa el Pacto, de qué se trata, por qué si se persigue combatir la inflación, se aumentan los precios, por qué los precios de ciertos artículos, inclusive de los que produce el sector público, subieron más en diciembre que los salarios; planteamientos muy legítimos, porque la economía actual se ha vuelto demasiado complicada, y no es tan fácil de explicar.
Pero lo que sí se ha logrado con este diálogo entre factores de la producción, con el Pacto de Solidaridad Económica, es el reconocimiento de los principales grupos sociales, yo diría prácticamente de todos los mexicanos, de que la inflación es el enemigo común a vencer, que debemos librar una campaña nacional contra la inflación. La inflación erosiona los ingresos de las clases populares, abate el ahorro nacional, desalienta la inversión y el crecimiento y, en consecuencia, el empleo; genera mayores desigualdades en nuestra sociedad, porque en la inflación infortunadamente, ganan más los que más tienen y pierden más los que menos tienen.
Organizar, conducir, concertar una lucha a fondo contra la inflación es el objetivo fundamental del Pacto de Solidaridad Económica.
Para ello hemos convenido una serie de medidas drásticas, duras, amargas que son el costo incial de esta campaña nacional contra la inflación.
El Gobierno Federal ha tomado medidas para reducir su déficit total, y para ello se ha visto obligado a aumentar los precios y tarifas de bienes y servicios que producen las empresas públicas y a reducir su gasto.
¿Todo esto para qué? El objetivo es que un menor déficit público permitirá al Gobierno pedir menos prestado, y con ello se inducirá una baja gradual en las tasas de interés internas, lo cual ayudará a bajar la inflación y el propio déficit fiscal, al tener que pagar menos intereses sobre la deuda interna.
Claro está que el Gobierno no sólo ha actuado de lado de los ingresos públicos. La Cámara de Diputados, con base en el Pacto de Solidaridad Económica, redujo considerablemente el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación que el Ejecutivo había enviado el 14 ó 15 de noviembre del año pasado. Los diputados entraron en un contacto muy directo, muy intenso con el Poder Ejecutivo y redujeron el proyecto original en más de 7 billones de pesos; se protegieron los rubros más importantes del desarrollo social: abasto, vivienda, educación, salud, seguridad pública y procuración y administración de justicia; también se trató de no bajar drásticamente, aunque sí se les redujo, programas de inversión en sectores estratégicos, fundamentalmente el sector de energéticos: petróleo, electricidad; también se protegieron ótras áreas importantes para nuestro desarrollo: la agricultura y comunicaciones y transportes.
Asimismo, se han refrendado o ampliado las normas que ordenan la mayor austeridad posible en los gastos de administración del sector público y sus empresas.
Continuaremos siendo muy estrictos, sobre todo en el último año de Gobierno, en el manejo de los recursos públicos, evitando desperdicio y combatiendo, si se presentaran, acciones corruptas.
Estas pautas en el manejo de las finanzas públicas se han recomendado también a los gobiernos de los Estados, los cuales han manifestado su apoyo al Pacto.
El movimiento obrero aceptó limitar sus demandas a un aumento de salarios mínimos y contractuales del 15% a partir del 15 de diciembre de 1987, y a un aumento del 20% al salario mínimo a partir del primero de enero de este año.
Quiero señalar que en las medidas salariales de diciembre y de enero se tomaron en cuenta los ajustes de salarios que se habían hecho a los largo del año, tanto a los mínimos como a los contractuales, y también los aumentos que han logrado los obreros a través de su negociación colectiva. Los aumentos de diciembre de salarios, pues, no han sido los únicos del año. A través de todo el año se ha tratado de mantener el poder adquisitivo de los salarios.
Los campesinos han puesto también su parte. Han aceptado mantener los precios de garantía de los productos del campo a sus niveles reales de 1987 durante el año de 1988. Esto no quiere decir, como algunos lo entendieron, por lo menos al principio, que los precios de garantía no van a tener variación alguna el año de 1988 en relación con 1987. Lo que significa mantener los precios reales, es que los precios de garantía nominales se ajustarán solamente en la medida que aumenten sus costos de producción, y esto se explica mejor si tomamos en cuenta que en los últimos años los precios de garantía han aumentado por arriba de la tasa de inflación, y con ello se ha logrado el efecto de ir mejorando gradualmente lo que se denomina los términos de intercambio entre el campo y la ciudad.
Los empresarios han asumido también sus compromisos. Se han obligado a moderar sus utilidades y a reducir al mínimo posible los aumentos de precios. Este compromiso obliga por igual a industriales y comerciantes, pero, hay que aclararlo también, esto no significa congelación absoluta de precios, sino un gran esfuerzo para que los precios suban lo menos posible durante enero y febrero de este año.
Algunos preguntaban por qué no se establece de plano un plan de choque, entendido el plan de choque como una congelación absoluta de las principales variables económicas: congelamiento de precios y salarios, rentas, tipo de cambio, tasas de interés, para tratar entonces de parar en seco a la inflación. Sin embargo esta opción fue deliberadamente desechada en el diálogo, en los análisis que tuvimos con obreros, empresarios, campesinos, porque hemos visto que en otros países no ha funcionado esta técnica. A veces se ha logrado parar la inflación por algunos meses, pero después se han producido a Izas mucho mayores que las que ya se observaban antes del período de congelación.
Otro efecto inconveniente de estos planes de choque que se han ensayado en varias partes del mundo es que desanima la producción y al desanimarla baja la oferta de bienes y servicios, produce escasez y entonces hay una gran tendencia a ;mportar más, a desbalancear las cuentas con el exterior, a gastarse la reserva monetaria. Esa no es la solución.
Por ello campesinos, obreros. empresarios y Gobierno nos hemos comprometido en este nuevo e imaginativo plan. La base es trabajar más y mejor, esto es, elevar la productividad en todos los aspectos de nuestra vida económica, de nuestra vida productiva.
No hemos tratado de presentar al Pacto corno una cura instantánea y milagrosa de la inflación; hemos advertido que el Pacto se cumplirá en dos etapas: en una primera, muy dura, corno la que ya pasamos en diciembre, corno la que estamos viviendo en enero y en menor medida todavía en febrero, tendremos tasas de inflación y tasas de interés muy altas; será hasta marzo cuando empezaremos a ver, en una segunda etapa, una inflación declinante al tener efecto las medidas tomadas. A partir de marzo nos fijaremos concertadamente, mes a mes, una tasa de inflación como objetivo, y sólo conforme a ella haremos ajustes mensuales a los salarios, los precios y tarifas del sector público y a los bienes que integran la canasta básica, así corno también a las tasas de interés. Mensualmente fijaremos una tasa inflacionaria más baja que la del mes anterior, porque si simplemente reconocemos la inflación del mes pasado y la proyectamos al futuro, a ese nivel sigue la inflación. El objetivo es ir bajando la tasa mensual de inflación concertadamente, ordenadamente, hasta llegar a finalizar del año a una tasa de inflación mensual muy reducida.
El esfuerzo solidario contra la inflación, la restricción que le vamos a imponer al gasto público, las medidas que hemos tomado en materia de mondeda y crédito, la propia devaluación de noviembre en el mercado libre y de diciembre en el mercado controlado, todo ello va a provocar que la actividad económica se mantenga baja durante el primer semestre del año. En la medida en que se reduzca la inflación, la economía se recuperará durante el segundo semestre del año. La meta es, pues, llegar a finales de este año con una inflación sustancialmente reducida y con tasas modestas y firmes de crecimiento económico. De esta manera dejaremos buenas bases económicas para el próximo Gobierno.
Quiero señalar también que la lucha contra la inflación no impedirá que continúen las reformas estructurales que ha planteado y ejecutado la presente Administración, porque estoy convencido de que si no hacemos grandes reformas a nuestro aparato económico para aumentar su eficiencia y productividad, la crisis nos va a acompañar por muchos años más. Hay que hacer las reformas que vuelvan a la economía más productiva y más eficiente. De esta manera no solamente venceremos la crisis actual, sino tomaremos medidas preventivas para que en el futuro no se repitan.
Dentro de esas reformas estructurales, proseguiremos con la reestructuración del sector público, liquidando o vendiendo empresas no estratégicas ni prioritarias y exigiendo que las que por mandato tiene el
Estado sean cada vez más eficientes.
También contamos ahora, después de las medidas de diciembre, con una estructura baja de impuestos de importación —esto es de aranceles—, para propiciar una adecuada competencia en el mercado interno en beneficio del consumidor, y dar una mayor competitividad a nuestra economía frente al exterior. En la medida en que seamos capaces de bajar la inflación, el tipo de cambio tenderá a estabilizarse. Esta es la esencia del Pacto.
El Pacto de Solidaridad Económica es la respuesta conjunta que dan sociedad y Gobierno a los serios problemas económicos que padecemos. No es fórmula mágica ni cura milagrosa, ni va a operar automáticamente; supone un gran esfuerzo de todos los mexicanos, implica perseverancia en el esfuerzo y una firme voluntad de cumplir los compromisos. El Pacto no es sólo un programa de Gobierno o para el Gobierno, sino un plan de acción de toda la sociedad. Mucho podemos lograr si lo cumplimos todos; mucho tenemos que perder si el Pacto no se ejecuta.
Para librar esta batalla tenemos activos que no debemos olvidar. No todo es negro. El principal es nuestro nacionalismo. Los mexicanos siempre estamos dispuestos a hacer cualquier esfuerzo por defender y engrandecer a nuestra Patria, para beneficio nuestro y de nuestros hijos. Lo hemos logrado avances. Nuestras cuentas con el exterior son superavitarias, estamos exportando más de lo que importamos y ya no sólo en una proporción muy grande es el petróleo el que apoya nuestras exportaciones, sino ahora exportaciones de otra naturaleza —agropecuarias, minerales, manufactureras— están aportando una proporción más importante. Esta situación no se presentaba en la historia contemporánea de México, y de ahí que acumuláramos déficit de balanza de pagos que cubrimos con deuda externa.
Ahora también el turismo ha aumentado en forma muy importante. Este año de 1988, podemos hacer el balance de 87 y ver que el turismo extranjero fue superior a los 5 millones de personas, rompiendo una cifra récord.
Han crecido también las maquiladoras y la actividad industrial en las fronteras. Esto nos da empleo, nos da divisas.
Como consecuencia de todo este juego de factores, mantenemos altas nuestras reservas internacionales.
Seguimos a la vanguardia en las negociaciones de la deuda externa. México ha sido innovador en los arreglos de la deuda externa en los últimos años. Recuerden ustedes que hemos tenido dos grandes renegociaciones, que han aumentado los plazos de la deuda y nos han dado plazos de gracia; hemos reducido en alguna medida la tasa de interés. Pero ahora la meta que nos estamos proponiendo es disminuir el monto del capital adeudado y, en consecuencia, ahorrarnos intereses año con año de los que vengan, porque creemos que ya es oportuno lograrlo. Ya hay mayor comprensión de gobiernos y bancos acreedores. Daremos este paso adelante como lo ha hecho México: sin grandes frases, sin planteamientos dramáticos, pero con resultados.
No debemos arriesgar estos avances económicos, al contrario, debernos usarlos para superar estas nuevas dificultades. Sé que el periodo inicial del Pacto, el que ha comenzado en diciembre y pasa por enero y hasta febrero, será muy doloroso. Los costos para lograr una desinflación rápida, que debe ser nuestro objetivo principal, son las medidas que hemos tomado ya en lo sustancial. El Gobierno h; rá su parte; yo me preocuparé personalmente por supervisar, día con día, las acciones del Gobierno. El Gobierno hará esfuerzos adicionales y enérgicos para reducir su déficit total; ejercerá toda su autoridad para moderar precios y utilidades; manejará con realismo y responsabilidad sus facultades monetarias y cambiarias; seguirá depurando el sector público; combatirá, con energía, todo acto de corrupción, y evitará el conflicto entre los diversos grupos sociales.
Debemos de seguir manejando nuestros problemas en paz social, de acuerdo con las leyes, de acuerdo con las instituciones. El Gobierno se responsabiliza de mantener el orden público y las libertades de los mexicanos. No es alma legítima de lucha concitar a los ciudadanos a la rebelión civil o a la resistencia frente a las leyes o a la autoridad.
La pieza fundamental del Pacto es la unidad de todos los sectores, es la unidad de todos los mexicanos. Cumplamos, pues, cada uno nuestras obligaciones con ánimo y fortaleza. No son tiempos de desánimo o pesimismo. Con voluntad férrea sacaremos al país de sus dificultades.
Como Presidente de la República, me comprometo a continuar entregándome de lleno al cumplimiento de las responsabilidades que ustedes me confiaron. Trabajaré con renovado empeño, como si fuera el primer año de mi Gobierno, durante los once meses que restan de mi Administración.
Velaré, con especial cuidado, por el mantenimiento de la paz pública y la garantía de nuestras libertades. Protegeremos especialmente a las clases más necesitadas. Desde luego, seguiremos defendiendo y engrandeciendo independencia y soberanía.
Mantendré disciplina y orden en el Gobierno. Alentaré el ánimo y el trabajo de todos los mexicanos.
Como pueblo, tenemos con qué lograr nuestras metas: somos una Nación dinámica, llena de vida y de imaginación; tenemos recursos naturales, pero nuestro elemento principal es la fortaleza y la reciedumbre del pueblo de México.
Seguiré propiciando el diálogo entre los mexicanos y desde luego también el diálogo del Gobierno con los mexicanos.
Durante los próximos meses, pienso que será útil que mantenga una comunicación directa, como esta charla, con más frecuencia de lo que lo he hecho anteriormente. Claro que diariamente yo estoy en contacto con los diferentes sectores de la sociedad, pero este contacto que nos permite la televisión, puede ser un medio para que yo esté más cerca de ustedes, para que yo les explique, mediante este tipo de charlas, cómo veo la evolución de la situación, qué hemos logrado, qué no hemos logrado, qué medidas vamos tomando sobre la marcha para mejorar nuestra situación, para vencerla inflación, para asegurar que el Pacto de Solidaridad Económica se cumpla y con ello superemos nuestros problemas.
Compatriotas: No son tiempos de claudicar frente a la Patria. Son tiempos de cobrar mayor conciencia de nuestra responsabilidad, no sólo frente al presente, sino frente a nuestro destino nacional; no sólo frente a nosotros mismos, sino frente a nuestros hijos. No podemos ser una generación que se desanime frente a las grandes tareas de la construcción de la grandeza nacional.
Yo estoy cierto que la felicidad real se finca en el cumplimiento de nuestros propios deberes.
Yo les pido a todos ustedes, a todos los mexicanos, que cada quien cumpla su deber, ustedes saben cómo de acuerdo con su propia posición en la sociedad. Y si todos cumplimos nuestras obligaciones frente a nosotros mismos, frente a nuestras familias, frente a la escuela, frente al trabajo, frente al campo, frente a la sociedad, estoy cierto que tendremos la gran satisfacción de este deber cumplido.
Por eso, compatriotas, yo los exhorto a que todos hagamos del año nuevo un año bueno.
Muchas gracias por haberme permitido penetrar a sus hogares por la televisión.
Muy buenas noches.
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