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1988 Las mujeres y la próxima elección presidencial

Ifigenia Martínez, Junio de 1988

La ausencia de una ideología política revolucionaria constituye la característica sobresaliente del discurso del candidato del PRI a la presidencia de la República, Carlos Salinas de Gortari, dirigido a las mujeres y comentado por Marta Lamas. El concepto más destacado del feminismo salinista en dicho discurso fue el siguiente: "La política moderna se propone ampliar deliberadamente las oportunidades de participación a la mujer y de permitir la elección libre, por parte de ella, de su modo de participación". El mismo enunciado podría haberse hecho hoy en cualquier país del globo, independientemente de su estructura jurídica, su régimen político, su sistema económico o su bagaje cultural.

Marta Lamas señala la contradicción entre el concepto de modernidad salinista al postular un cambio material y una transformación cultural que "respetando valores y tradiciones, sigue modificando mentalidades y actitudes". La modernidad se reduce, así, a un hecho evidente y cotidiano; pero nada dice respecto a los cambios en el entorno socioeconómico, cultural y político necesarios para mejorar la situación de la mujer en su intransferible función reproductiva, en el trabajo doméstico considerado ancestralmente como "propio de su sexo", y en las prácticas discriminatorias en uso dentro y fuera del hogar todo con el objeto de que pueda ampliar sus oportunidades de participación.

Los factores que han contribuído más a superar la sistemática subordinación de la mujer a las necesidades familiares, supeditación que confinaba su acción al ámbito doméstico y a la posición social del varón, han sido: el acceso a la educación en todos sus niveles; el control científico-técnico sobre la reproducción, y la incorporación de la mano de obra femenina al trabajo remunerado.

En los países socialistas y en aquéllos de economía de mercado donde ha avanzado el concepto de Estado benefactor, se ha desarrollado una infraestructura de servicios y prestaciones que facilita el ingreso de la mujer en el mercado de trabajo, en la vida en sociedad y en la acción política. Aún así, hoy en día es manifiesta la llamada "doble jornada", o sea que la mujer con un trabajo remunerado fuera del hogar debe desempeñar otro doméstico y sin paga, lo que le exige un esfuerzo adicional, alarga su jornada diaria y tiende a limitar su desenvolvimiento personal. Es bien conocido que, en el bastón del sistema capitalista, los Estados Unidos, la oposición de la mujer en la sociedad es ante todo función de su nivel de ingresos. Como hay una ausencia notoria de servicios colectivos o sociales, las mujeres alivian el peso de los quehaceres domésticos mediante la mecanización y comercialización de los mismos, de manera que quienes pueden pagarlos poseen mejores oportunidades de "elegir libremente" su modo de participación en la sociedad. Una situación similar ocurre en otros países cuando la mujer puede pagar un servicio doméstico, generalmente proporcionado por otras mujeres.

En México, como resultado de la modificación al Artículo 4 Constitucional que establece la igualdad jurídica entre el varón y la mujer y el derecho de toda persona a decidir, de manera libre, responsable e informada, sobre el número y espaciamiento de sus hijos, las instituciones del sistema nacional de salud tienen la obligación de proporcionar a las mujeres acceso a la planificación familiar. Siendo el control voluntario de la natalidad no sólo un problema profundamente personal, sino también social, es difícil aceptar el aborto como un "derecho exclusivo de la mujer" a disponer de su propio cuerpo. El aborto no puede ser un método generalizado de control natal, ni sustituir los sistemas para prevenir el embarazo no deseado y en los cuales el hombre debería tener mayor responsabilidad. Apoyamos la liberación de la legislación del aborto en México, siempre que se haga bajo responsiva médica y considerando la salud integral de la mujer.

Otro señalamiento importante que se desprende del artículo de Marta Lamas es la incomprensión del candidato oficial sobre la interdependencia entre las esferas reproductiva y productiva en la sociedad mexicana. La corresponsabilidad de los varones y, hay que añadir, de la sociedad entera, en los procesos de reproducción y preparación de las nuevas generaciones para la perpetuación y evolución de la Nación, requiere de cambios significativos en la distribución de las cargas y en la división del trabajo social. Si bien la familia es el núcleo insustituible para la seguridad, el bienestar y la socialización del infante, la comunidad entera, incluyendo el Estado, debe participar en el proceso, mediante instituciones y legislación ad hoc. En especial el compañero o varón debe compartir la responsabilidad y las cargas del trabajo común en el hogar, de acuerdo con la mujer y con los hijos conforme éstos vayan adquiriendo conciencia y capacidad de acción.

En México se avanzaba paulatinamente en dar vigencia a los derechos sociales en educación, salud, alimentación básica, vivienda, capacitación, empleo, considerados ya casi todos en nuestra Carta Magna. Sin embargo, en el primer sexenio "modernizador" ocurrió un retroceso en los niveles de nutrición, salud, educación y empleo. De este deterioro social es responsable, en buena parte, el Gobierno Federal, debido a la reducción del gasto social y de los programas de investigación y desarrollo, para satisfacer la prioridad al pago de la deuda externa en detrimento del desarrollo y del bienestar del pueblo.

Una política social vigorosa que acompañe la recuperación del desarrollo nacional es prerrequisito indispensable para mejorar la situación de las mujeres como género. Sin embargo, el candidato Carlos Salinas de Gortari no puede asumir ni cumplir tal compromiso porque la filosofía de la "modernidad centro progresista" que sustenta, en materia económica exalta el funcionamiento neoliberal del mercado como mecanismo para la asignación de recursos y reduce a un mínimo el gasto social. El resultado es la prevalencia de un envejecido darwinismo social en el cual priva la supervivencia del más apto y relega los conceptos de solidaridad de la moderna socialdemocracia y de reivindicación de los derechos de las mayorías desposeídas de la Revolución Mexicana en la distribución política del producto social.

Pero hay más aún. La contradicción entre las necesidades materiales de una creciente población frente a un aparato productivo abierto hacia el libre comercio está conduciendo hacia un neocolonialismo, a una mayor dependencia y a un creciente autoritarismo evidente o disfrazado, como lo ha conocido la experiencia latinoamericana y la de nuestro propio país durante el porfiriato. El proyecto de una tecnocracia neoliberal eficientista excluye una serie de medidas para lograr la mejoría real en la situación de las mujeres mexicanas de las clases populares y medias que son la mayoría; pero sí puede colocar en puestos vistosos de responsabilidad a un número creciente de las "más aptas".

Las anteriores consideraciones refuerzan nuestro apoyo a la candidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien, a pesar de no haber hecho una declaración explícita sobre la condición de la mujer, su proyecto de desarrollo nacionalista, democrático y popular es congruente con una mejoría real en el nivel de vida de la mayoría, en especial de los grupos marginados y discriminados y, en consecuencia, de los numerosos niños y mujeres que han sufrido más durante la crisis de estancamiento e inflación provocada por la política modernizante del reajuste y del cambio estructural del proyecto De la Madrid-Salinas.