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Selección de textos y documentos: Doralicia Carmona Dávila
 

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1917 El telegrama Zimmerman. Bárbara Tuchman. (Fragmentos)

Enero 17 de 1917
Intriga Internacional

Desde 1914 el general Huerta había estado esperando, en Barcelona, el momento del regreso. En febrero de 1915 un enviado alemán, el capitán Franz van Rintelen, le ofreció respaldar un golpe militar. El propósito alemán era provocar una guerra entre Estados Unidos y México... para que se desviaran las municiones norteamericanas que entonces eran enviadas a los aliados.

La situación de Wilson era delicada y los alemanes esperaban lograr embarcarlo en una aventura más desastrosa que la de Veracruz. Ahora estaba enredado en el peor de los líos, mezclado a las riñas de los revolucionarios del otro lado del Río Grande (Bravo). La Revolución había reducido a México, durante el año anterior, a una sangrante ruina... mientras los generales Félix Díaz y Orozco, adictos a Huerta, preparaban la contrarrevolución. Cada facción tenía sus favorecedores y detractores norteamericanos que trataban de presionar a Wilson.

Los residentes norteamericanos de la frontera, propietarios de haciendas, gritaban pidiendo intervención; los liberales gritaban contra ella... ¡Pobre México! -se lamentó una vez Porfirio Díaz- ¡Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!" No eran solamente los alemanes quienes esperaban beneficios de una contrarrevolución. Los intereses petroleros, encabezados por Doheny y el senador Fall, el cobre de Guggenheim, los capitalistas ferrocarrileros, las grandes inversiones norteamericanas en México, buscaban mayor seguridad. Todos los emigrados del régimen huertista estaban dispuestos a la lucha. En Washington, como en El Paso, los había a centenares.

Franz van Rintelen tenía inteligencia, osadía -cierta megalomanía importante en un agente secreto- y una confianza en si mismo: estaba decidido a abrir un frente norteamericano en México. Tenía 38 años, era de alta estatura, simpático, de buena familia, hablaba un correcto inglés y habla vivido en México y Sudamérica. Llegó a New York el 3 de abril de 1915. Victoriano Huerta arribó diez días más tarde, el 13 de abril. Sus probabilidades de éxito no eran de ninguna manera escasas.

Rintelen tenía sobrado material en qué trabajar. Los más prominentes huertistas intrigaban en Washington. Y contaba con canales apropiados en México, el ministro alemán, los cónsules, los agentes comerciales, la comunidad alemana compuesta de 4.000 súbditos... Sin embargo, dentro de la embajada en Washington, le fue hostil el entonces agregado militar y futuro canciller del Reich, mayor Franz van Papen, también acreditado en México, que lo consideraba un intruso en su terreno. Los agentes confidenciales norteamericanos, ingleses, carrancistas, villistas, seguían todos los pasos de Huerta. Tanto Carranza como Villa, al enterarse del regreso de Huerta, pusieron el grito en el cielo, pidiendo la deportación o la extradición del ex dictador. El gobierno de Wilson, aunque todavía ignoraba su relación con Alemania, vigilaba al indeseable huésped. Rintelen y Huerta conferenciaban en el hotel Manhattan. Huerta pedía fondos para comprar armas... en Estados Unidos, apoyo moral y submarinos para desembarcar a lo largo de la costa mexicana las armas para sus partidarios, que se levantarían en cuanto él pasase la frontera. Por su parte, una vez en el poder, declararía la guerra a los Estados Unidos. Es poco probable que Huerta pensase en esto seriamente, pero a Rintelen le interesaba que Wilson desviara su atención hacia otro punto que no fuera Europa. Durante aquellas semanas se compraron en St. Louis 8 millones de cargas de cartuchos y se pidieron 3 millones más a New York. Se depositó una suma preliminar de $800.000 dólares en la cuenta de Huerta en el Banco Alemán de La Habana, así como $95.000 dólares en la cuenta de México. Se prometieron a Huerta diez mil fusiles y un primer crédito de $10.000 dólares y se entablaron pláticas con Félix Díaz para que éste provocara un alzamiento en el sur. Huerta, cuya familia había venido de España, partió a su destino.

El momento era muy oportuno. Estados Unidos y Alemania, con motivo del hundimiento del Lusitania, habían llegado al borde de la guerra. El viernes 25 de junio el general Huerta, con el pretexto de ir a visitar la Exposición de San Francisco, abordó un tren hacia el oeste. El sábado, el secretario Lansing, del Departamento de Estado, recibió la noticia de que Huerta había cambiado de tren en Kansas City y era esperado en El Paso. El señor Cobb, agente del Departamento en esta ciudad, esperaba instrucciones. Cobb había descubierto que Huerta proyectaba dejar el tren en Newman, Nuevo México, a veinte millas de la frontera, donde debía encontrarse con el general Orozco, que lo llevaría en automóvil a territorio mexicano. Cobb, con un coronel y 25 soldados, detuvo a Huerta y a Orozco y se los llevó a El Paso. Allí Huerta recobró su libertad mediante una fianza de 15.000 dólares. Cobb comunicó a Washington que la simpatía de la gente de negocios estaba a favor de Huerta, que podía pasar a Ciudad Juárez en cualquier momento. Diez mil hombres de Orozco esperaban por él. Cobb pedía que se alejara a Huerta de la frontera. El 2 de julio Orozco escapó a México y Washington ordenó la detención de Huerta, quien se negó a ninguna transacción. Los telegramas de Cobb eran frenéticos: "Orozco está concentrando fuerzas en las montañas, movimiento muy completo y fuerte." El 9 de julio Huerta fue trasladado a la prisión militar de Fort Bliss. Cobb respiró. El 6 de julio, Rintelen recibió la orden de regresar a Alemania pues sus actividades eran ya conocidas en Washington. Zarpó el 3 de agosto...

Tuchman. Bárbara: El Telegrama Zimmermann (Resumen del capitulo V) (1960).
 
Tomado de: Crónica Ilustrada de la Revolución Mexicana