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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1914 Parte de novedades con motivo de la defensa de la Escuela Naval Militar. Comodoro Manuel Azueta.

Veracruz, 22 abril de 1914

 

PARTE DE NOVEDADES RENDIDO POR EL COMODORO MANUEL AZUETA,
A LA SECRETARIA DE MARINA, CON MOTIVO DE LA DEFENSA DE LA ESCUELA NAVAL MILITAR.

 

Tengo la honra de manifestar a Ud. que con fecha 22 del corriente dirigí a esa respetable Secretaría el siguiente telegrama: Hónrome informar usted que al verificarse desembarco de americanos. me incorporé a la Escuela Naval y con personal de Jefes, Oficiales y Alumnos, procedimos a defender dicho edificio donde fuimos atacados por invasores, tanto por fuego de fusilería como de cañón, sosteniéndonos en la Escuela Naval desde las doce hs. hasta las 7 hs. p. m. que la evacuamos por ser insostenible la situación por la parte del mar, de donde recibimos fuego de metralla que perforó las paredes del edificio. Además del personal de la Escuela, estuvieron con nosotros el capitán de Navío Aguilar y Fre. Mayor Sáenz presentaron desde que comenzó el fuego que duró hasta las 7 hs. p. m., habiendo sido herido mortalmente el alumno Uribe, incorporándonos a pie desde Veracruz a Tejería, donde nos reunimos a la columna de mi General Gustavo Maas y en donde se me presentaron el Capitán de Fragata Solache y Primer Teniente Ríos. Con este motivo permíteme encomiar el valor, patriotismo y entereza que demostró todo el personal de la Escuela y demás Jefes citados, habiendo cumplido con su deber hasta el último momento. —Respetuosamente. Comodoro Manuel Azueta—. Confirmo pues mi telegrama anterior, permitiéndome agregar que ya en Soledad, recibí el siguiente parte que el Director de la Escuela me dirigió con fecha 22 del mismo mes y el cual me fue entregado a mi salida de Soledad para esta capital en cumplimiento del superior telegrama que dirigió Ud. al Sr. Gral. Gustavo Maas, ordenándome que con la Escuela Naval pasara a esta plaza; salimos de Soledad el 25 por la noche, llegamos a México después del medio día del 26 y pasando a Chapultepec en compañía del Sr. Contraalmirante Othón P. Blanco que nos fue a recibir, donde dejamos instalados a los alumnos de la Escuela Naval y demás personal que los acompañan. El parte del Sr. Capitán de Fragata Rafael Carrión dice así: C. Comodoro: Tengo la honra de participar a Ud. que con fecha de hoy digo al C. Gral. Secretario de Guerra y Marina lo siguiente: Tengo la honra de poner en el superior conocimiento de Ud. las novedades ocurridas el día de ayer; a las doce y media de la mañana observé que el transporte de guerra americano fondeado en la bahía, embarcaba tropa en los botes (once). Momentos después llegó el profesor de Segundo Año de Inglés Dr. Antonio Espinoza quien me manifestó haber sabido en el Consulado Americano que a las once iban a desembarcar los americanos; inmediatamente envié al Sr. Subdirector Teniente Mayor Ángel Corzo, a la Comandancia Militar para recibir órdenes; a este tiempo las lanchas de desembarco se dirigieron al muelle por el rumbo de la terminal; se ordenó en seguida clausurar las clases y armarse los alumnos, marinería y servidumbre, procediendo a municionarlos; en estos momentos se presentó el Sr. Comodoro don Manuel Azueta y poco después el Sr. Capitán de Navío Manuel Aguilar y en seguida el Teniente Mayor Modesto Sáenz; a las doce regresó el Subdirector, manifestando que la Comandancia Militar estaba sola, que nadie había en ella y que habiendo preguntado en la calle, no logró saber dónde el Sr. Gral. se encontraba; acto seguido se procedió a colocar pequeñas defensas en los balcones y se practicaron aspilleras en la planta baja, en el frente; al intentar los americanos desembarcar ametralladoras en el malecón, fueron obligados a reembarcarse en sus lanchas, por el fuego de los alumnos, replegándose aquellos a su transporte, el que abrió el fuego de cañón 101 m/m. destruyendo con él, la prevención detall, clase de navegación, y parte de las habitaciones del Director, las lanchas hicieron fuego con cañones de pequeño calibre, 37 m/m. aproximadamente.

Una vez que destruyeron en esa parte, cesaron el fuego que afortunadamente no fue del todo eficaz, debido a que no explotaron los proyectiles que enviaron, sino uno o dos de ellos; los alumnos recogieron tres de los de 80 a 101 m/m de los que no explotaron y varios de los pequeños que tampoco explotaron: en este periodo es de llamar la atención especialmente del centinela alumno Eduardo Colina, quien saliendo de entre los escombros, volvió a ocupar su puesto; por el frente lateral que ve hacia el mercado, se recibió fuego de fusilería: en este fue herido el alumno Virgilio C. Uribe, en la parte superior del cráneo, pasándolo luego a la peluquería que servía de enfermería donde se le hizo la primera curación por el Practicante de 2/a. Luis Moya; continuó el fuego hasta poco antes de las cinco de la larde en que hubo un pequeño intervalo, oportunidad que se aprovechó para enviar al alumno Uribe al Hospital con unos miembros de la Cruz Roja; éstos nos informaron que todas las fuerzas habían salido de la población pero no dimos crédito y continuamos en nuestro puesto; al oscurecer nos reunimos el Sr. Comodoro Azueta, Capitán de Navío Aguilar y el subscrito, para ponernos de acuerdo y tomar una determinación; como no se habían recibido ningunas instrucciones, resolvimos evacuar la Escuela y salir a buscar las fuerzas federales; la salida se verificó por las Atarazanas a fin de evadir la luz de los proyectores; encontramos el cuartel de artillería solo; nos dirigimos a la Comandancia Militar, donde se encontraban cuatro soldados, los que nos informaron que el Sr. General y las fuerzas se encontraban en Tejería: continuamos por la Alameda hasta llegar a la estación de los Cocos; allí nos confirmaron que las fuerzas, con el Sr. Gral. Comandante Militar, se encontraban en Tejería, precediéndose  en seguida a emprender la marcha hacia ese lugar siguiendo la vía del ferrocarril mexicano; en la estación de los Cocos nos alcanzó el Teniente Coronel Médico Marcelino D. Mendoza, quien nos informó que el alumno Uribe, había muerto, siendo su cadáver remitido al Hospital de San Sebastián para que le dieran sepultura: a las doce y media de la noche llegamos a Tejería incorporándonos a las fuerzas que se encontraban allí y dando parte verbal al C. Comandante Militar de los acontecimientos y novedades. Los Oficiales, alumnos y marinería no demostraron la menor vacilación, acudiendo prontamente al lugar por donde se recibía el fuego, retrocediendo un poco al recibir las balas de cañón, pero en cuanto aclaraba un poco el polvo, volvían a su puesto. El Pagador recogió los fondos llevándoselos a su casa. A la hora en que todo el personal evacuó el lugar, se cerraron con llave todos los departamentos que contenían archivos, con excepción del Detall; todo el parque se distribuyó entre los alumnos, según sus fuerzas, dejando solamente un cuarto de caja; el que se le recomendó al criado de 1ra. Roberto Fernández, lo escondiera, quedando él como vigilante en el lugar. Debo hacer también especial mención del alumno de 1/a. Ricardo Ochoa, quien saliendo por las Atarazanas, se puso pecho a tierra en mitad de la calle frente al Instituto, abriendo el fuego contra los americanos, que inmediatamente se lo contestaron; esto le valió el aplauso de varios españoles que presenciaron el hecho. El cabo Diego Martínez Corona y el Alumno Mario Rodríguez Malpica solicitaron permiso para ir a recoger una ametralladora que había quedado abandonada en mitad de la calle, por haber sido herido el Teniente José Azueta que la manejaba. Pero cuando se disponían a hacerlo, desde el cuartel fue lazada la ametralladora y recogida. Tengo el honor mi General de hacer a Ud, presentes mi subordinación y respeto. Lo que me honra comunicar a Ud. para su conocimiento. Tengo el honor mi Comodoro, de hacer a Ud. presentes mi subordinación y respeto. — Libertad y Constitución, Tejería, Ver.; Abril 22 de 1914. — Capitán de Fragata Director, Rafael Carrión. — He querido repetir a Ud. el telegrama que tuve la honra de dirigirle, así como el parte que me rindió el Director de la Escuela, porque uno y otro se complementan; habiendo tenido la suerte de llegar a la Escuela Naval cuando salían los alumnos de sus clases, pasando antes por la Comandancia Militar, donde pasé a ponerme a las órdenes del C. General Comandante Militar de la Plaza, pero no encontrándolo ahí resolví dirigirme a la Escuela Naval, donde fui entusiastamente recibido por todos los alumnos, resolviendo luego que me puse en contacto con el Director, defender el edificio y atacar a los invasores americanos, que a nuestra vista procedían a desembarcar en nuestros muelles, armados y sin previa declaración de guerra que yo conociera habiendo sido este desembarque al principio, por el muelle de piedra de la terminal, y frente al consulado americano, apoderándose primero de las oficinas del cable, pues yo pasaba en esos momentos por esos lugares, vestido de paisano, dirigiéndome inmediatamente a la Comandancia y después a la Escuela, como dije a Ud. anteriormente. No quiero pasar por alto el estupor, sorpresa e indignación que en aquellos momentos se apoderó del pueblo veracruzano, que a mi paso me pedían armas para repeler aquél atropello inaudito, que se consumó ante los ojos de aquella población heroica, que en otras ocasiones ha sabido defender la integridad de su territorio y que ese día 21, muchos voluntarios se presentaron a pedir armas y municiones, de las cuales hicieron uso, haciendo numerosas bajas a los invasores, lomando una parte muy activa la Escuela Naval, como informan los partes que se dirigieron a la superioridad. Como dice muy bien el Sr. Director de la Escuela, trataron de desembarcar por el muelle de Sanidad, pero el fuego de los alumnos los obligó, después de sufrir algunas pérdidas, a continuar haciéndolo por el muelle de la terminal y lo que originó indudablemente que los buques de guerra y las lanchas americanas hubieran dirigido sus fuegos de cañón sobre la Escuela, con tan buena suerte para nosotros, que algunas granadas no hicieron explosión, pero otras sí, causando grandes destrozos en el edificio; pero por fortuna sin causar daños a los defensores de la Escuela. La Escuela recibió ataques de fuego de cañón y de fusilería por La parte de la aduana y del mercado en construcción, siendo en una de las ventanas del dormitorio que da frente al mercado, donde fue herido mortalmente el alumno Virgilio C. Uribe, a pocos pasos del subscrito que lo tuvo entre sus brazos. Me permito apoyar la mención que de los alumnos Colina y Ochoa hace el Sr. Director; pero en honor a la verdad aquel día, desde las doce hasta las siete h. p. m. todos los Jefes, Oficiales y personal agregado de marinería y servidumbre, cumplió con su deber y la Escuela Naval se cubrió de gloria repeliendo el ataque de los invasores con éxito, pues causó numerosas bajas al enemigo, defendiéndose con valor, patriotismo y entereza, nunca jamás desmentidos, en las siete horas de resistencia que hicimos contra los invasores. Dios probablemente me guió al reunirme con aquellos jóvenes alumnos en aquel memorable día, pues no había ningún buque de guerra mexicano fondeado en bahía y quizás todos hubiéramos perecido por los cañones de los buques de guerra americanos; pero la presencia frente al edificio de la Escuela, del buque insignia inglés "Almirante", [debe ser "Bristol" del Almirante Cradock], y el español "Carlos V", en cuya dirección no debían tirar, a pesar de que pasaban las lanchas cargadas de marinos y soldados norteamericanos, me obligó a ordenar que no se disparara en esa dirección; pero esto después de haber sido destrozadas varias clases y parte del edificio de la Escuela frente al mar, considerando insostenible nuestra situación ante el fuego de cañón de los buques de guerra americanos. Consideraciones de este orden y las opiniones de los demás Jefes de la Escuela y del Capitán de Navío Aguilera que nos acompañó en la defensa del edificio, nos obligaron a tomar la determinación de evacuar la Escuela a las 7 h. p. m., lencias, llevando todo el parque posible de la Batería Fija, de donde ya se habían sacado los cañones y demás material de guerra habiendo contribuido indudablemente a cubrir la retirada, el Teniente de Artillería José Azueta, que a la vista de toda la Escuela, se estuvo batiendo con una ametralladora y fue herido al pié de ella con tres balazos, haciendo una brillante resistencia y agregando una palma más a la Escuela Naval de donde hacía muy pocos meses había salido al honroso Cuerpo de Artillería como Teniente. Tengo entendido que de su comportamiento ya dió parte a esa Superioridad el Sr. Comandante Militar del Estado de Veracruz. Me permito dejar al Sr. Director de la Escuela Capitán de Fragata Rafael Carrión, el ministrar a la superioridad una relación del personal que combatió en aquella Escuela, teniendo para él, mi más caluroso elogio, así como para todos los Jefes, Oficiales y alumnos que en aquel día memorable 21 de Abril, se cubrieron de gloria, resistiendo contra los invasores americanos cumpliendo con su deber. —Todo el trayecto del camino del ferrocarril Mexicano, entre Soledad y la Capital, la Escuela Naval fue calurosamente aplaudida y ovacionada donde se detuvo el tren que la conducía, por millares de hombres que pedían armas, listos a defender nuestra querida Patria, lo cual es muy significativo y que me honro en poner en el superior conocimiento de Ud., haciendo especial mención del recibimiento que el patriota y valiente General Luque hizo a la Escuela, a nuestro paso por Esperanza, con toda su tropa formada y haciendo especiales honores a los jóvenes alumnos que desfilaron ante sus aguerridos soldados.—Tengo el honor mi General, de hacer a Ud. presentes mi subordinación y respeto: Libertad y Constitución.—México, D. F., 27 de Abril de 1914.—El Comodoro Manuel Azueta.