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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1913 Yo acuso. Diputado Luís Manuel Rojas.

Febrero 23 de 1913

"YO ACUSO"

"Yo acuso a mister Henry Lane Wilson, embajador de los Estados Unidos en México, ante el honorable criterio del gran pueblo americano, como responsable moral de la muerte de los señores Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, que fueron electos por el pueblo, Presidente y Vicepresidente de la República Mexicana, en 1911.

"Yo acuso al embajador Wilson de haber echado en la balanza de los destinos de México todo el peso de su influencia como representante del gobierno de Washington, para inclinarla en el sentido de los gobiernos de la fuerza.

"Yo acuso al embajador Wilson de haber esgrimido en contra de la legalidad, representada por el Presidente Madero y por el Vicepresidente Pino Suárez, la amenaza de una inminente intervención armada por el ejército de los Estados Unidos, durante los días del combate en las calles de la capital, y cuando, por el contrario, todos los liberales y demócratas mexicanos esperábamos contar con la simpatía y apoyo moral de los liberales y repúblicas de aquel pueblo, que es uno de los más libres y demócratas de la Tierra.

"Yo acuso al Embajador Wilson de haber tenido conocimiento oportuno del golpe de Estado contra el orden constituido, y de haber recibido en la Embajada a los enviados de los jefes de la revolución, que acaso deseaban con lar con su apoyo, de consumar su ataque a la legalidad.

"Yo acuso al embajador Wilson de haber mostrado parcialidad en favor de la reacción, desde la primera vez que don Félix Díaz se levantó en armas en Veracruz, pues entonces el señor Wilson concedió entrevistas a la prensa americana, alabando francamente al jefe rebelde; pero faltando así a la conducta normal de un Embajador y dando pruebas de no ser digno de tan alta misión.

"Yo acuso al embajador Wilson de que por un resentimiento personal hacia el Presidente Madero, de que dio pruebas claras en algunas ocasiones, no ha hecho uso de su gran poder moral ante los hombres del nuevo orden de cosas, en ayuda de los prisioneros. Es evidente que los hombres de la nueva situación no se habrían negado a una petición franca y verdadera del Embajador Wilson, lo cual era el único medio de salvar las vidas de los señores Madero y Pino Suárez. Y no hizo esto a pesar de las instrucciones cablegráficas de Washington; a pesar de las apasionadas y dolientes súplicas de las señoras de Madero v Pino Suárez; a pesar del manifiesto deseo de varios otros representantes diplomáticos; a pesar de la formal petición que yo le hice en la Embajada, como Gran Maestre de la Logia del Valle de México, ya pesar de los clamores de clemencia del pueblo en general.

"Yo acuso al embajador Wilson de haber presumido que los señores Madero y Pino Suárez podían ser sacrificados por el pretexto de una imperiosa necesidad política, dados los apasionamientos y contingencias del momento, sin embargo, que los señores generales Huerta y Félix Díaz, en presencia del señor Wilson y de otros representantes diplomáticos, habían hecho la promesa de respetar las vidas de los prisioneros, siempre que consintieran en firmar su renuncia, permitiéndoles salir inmediatamente al extranjero.

"Yo acuso al Embajador Wilson, de haberse lavado las manos como Pilatos, cuando ya firmadas y aceptadas por la Cámara, las renuncias de los señores Madero y Pino Suárez, no se les permitió a los prisioneros salir inmediatamente rumbo a Europa, haciendo esperar en vano a sus esposas y familiares, que los esperaban en la Estación del Ferrocarril de Veracruz, fiados en las seguridades que les habla dado el mismo señor Wilson.

"Yo acuso al Embajador Wilson, de que ni por un natural sentimiento de humanidad se le ocurrió en el último extremo amparar a los prisioneros bajo la bandera americana, a pretexto de que no quería cargar con la responsabilidad de lo que después hicieran los señores Madero y Pino Suárez.

"Yo acuso al embajador Wilson de haber observado una doble conducta; pues una fue su actitud efectiva acerca de los nuevos poderes, y otra la que aparentó ante los señores Madero y Pino Suárez.

"Yo acuso al embajador Wilson de no haber informado exactamente a su gobierno de lo que aconteció en México, y de haber justificado en todo y por todo la necesidad de un cambio de poderes.

"Yo acuso al embajador Wilson de haberse inmiscuido personalmente en la política de México, habiendo contribuido de manera poderosa a la caída de los gobiernos del Presidente Díaz y del Presidente Madero. Al contestar una comunicación del general Huerta, le aconsejó que se hiciera autorizar por el Congreso de la Unión para legalizar el nuevo orden de cosas.

"Yo acuso al embajador Wilson de estar valiéndose de algunos miembros de la colonia americana de la capital de México, para que el gobierno de Washington lo conserve en su elevado puesto; por más que esto no sería grato para la mayoría de los mexicanos, después del papel asumido por el señor Wilson en la última tragedia política de nuestra patria.

"Yo hago estos cargos concretos al Embajador Wilson, bajo mi fe de hombre honrado y con peligro de mi vida, esperando justicia del pueblo americano.” Luis Manuel Rojas.

Fuente: De cómo vino Huerta y cómo se fue... Apuntes para la historia de un régimen militar. México. Agosto de 1914.

 

Señala Alberto Morales Jiménez (Hombres de la Revolución Mexicana):

"Quien de tal manera se expresa, tan inusitada y tan valiente, es el licenciado y diputado Luís Manuel Rojas, voz jalisciense que se yergue en la tormenta desatada por los crímenes de febrero, para poner al descubierto a uno de los grandes responsables de la tragedia.

"El mundo civilizado escuchó impresionado el grito altivo y justiciero de uno de los mejores hijos de México. El dardo había pegado en el blanco.

“¡Manos fuera de México! ¡Abajo el Pacto de la Embajada! Aquel funesto personaje salió del país, después de haber llenado de oprobio su ingrata misión entre nosotros.

"Luís Manuel Rojas -fiel intérprete de la doctrina internacional mexicana- nació en la Perla de Occidente, en el año 1871. Murió en la capital de la República el 27 de febrero de 1949. Al morir, era ya uno de los veteranos más respetables, en atención a que los luchadores de la primera etapa han venido cerrando los ojos desde hace unos veinte años, poco más o menos.

"En 1909, Rojas definió su destino político: se afilió al maderismo y en sus filas comenzó a distinguirse, por su talento y valentía. En el periodismo también se significaría, hasta alcanzar prestigio nacional.

"Metido en el mundo de la política, es electo diputado a la XXVI Legislatura y, desde luego, se une a los liberales, es decir, a los 'renovadores', pilar mayoritario del régimen en la Cámara.

"Todo el año 1912 fue de zozobras, de levantamientos aquí y allá. Presintiendo un doloroso desenlace y para evitar la crisis que ya todos esperaban, el Bloque Renovador, del cual era cabeza visible Luís Manuel Rojas, presentó histórico Memorial al presidente Madero, el 23 de enero del terrible año, en el Castillo de Chapultepec.

"El 9 de febrero se lanzan los cuarteleros sobre Palacio Nacional, para refugiarse después en La Ciudadela. Madero y Pino Suárez cayeron del Poder y fueron muertos el 22 de febrero de ese año. Los negros presagios se habían consumado.

"Es entonces cuando el diputado Luís Manuel Rojas, con justa indignación, se dirige a la opinión pública norteamericana, para hacer de su conocimiento la complicidad de Henry Lane Wilson en el magnicidio. A la manera del Yo Acuso, de Zolá, en el sonado caso de Dreyfus, el virtuoso soldado civil de la Revolución, subscribe su hermoso Memorial, Yo acuso a Mr. Henry Lane Wilson...

"De febrero a octubre, Luís Manuel Rojas y otros muchos diputados 'renovadores' luchan contra la usurpación, mediante el rechazo de todas las iniciativas de Huerta enviadas a la Cámara. A toda propuesta del usurpador, se escuchaba un rotundo 'iNo!' El 10 de octubre, Huerta disuelve las Cámaras. Blanquet, al frente del fatídico 29 batallón, apresa y conduce a la penitenciaría a los diputados. Luís Manuel Rojas es encerrado en la celda 420, en donde pasa varios meses. Al fugarse Huerta, las puertas de las cárceles son abiertas a los reos políticos.

“‘Triunfante la Revolución constitucionalista y en días de la escisión con el villismo, Luís Manuel Rojas permaneció al lado de Carranza, e integró con los licenciados Alfonso Cravioto, José N. Macías, Manuel Andrade Priego y Juan F. Frías, la Sección de Legislación Social, cuyos proyectos fueron a manera de minuta de las reformas incluidas en la Constitución de 1917. También fue Magistrado del Tribunal Militar, con el grado de general de división.

"A mediados de 1916 es electo diputado al Congreso Constituyente de Querétaro, por el primer Distrito de Jalisco. Por unanimidad de votos es designado presidente de la magna asamblea. No obstante su temperamento polémico, dirigió con gran serenidad los debates parlamentarios. Supo conciliar todos los puntos de vista, tanto de los radicales como de los moderados. En numerosos artículos constitucionales quedó objetivada su labor legislativa.

"Terminada la Reunión de Querétaro volvió como Magistrado del Tribunal Militar. Por algunos meses fue Director del periódico El Universal. En los últimos años de su vida retornó a la literatura y al periodismo, además de continuar en el ejercicio de la cátedra, como maestro de Derecho Constitucional en la Universidad Nacional Autónoma de México. En la fecha indicada -27 de febrero de 1949- murió el valiente revoluciona río tapatío."
 (1960).

Tomado de: Crónica Ilustrada de la Revolución Mexicana.