21 de Junio de 1903
Discurso de Francisco Bulnes -delegado del estado de Morelos- pronunciado en la Segunda Convención Nacional Liberal el 21 de junio de 1903. “El país se encontraba desorientado ante la sexta reelección de Porfirio Díaz. Los científicos hicieron un nuevo intento por sujetar al caudillo a un orden por ellos dictado”.
“… El país escucha constantemente el elogio justiciero de la obra del General Díaz; pero desea saber si es una obra precaria o duradera, si es una obra momentánea… o una obra de salvación definitiva. La sociedad ambiciona escuchar palabras que alienten sus esperanzas, que mitiguen sus temores, que fortifiquen su espíritu, que despejen su porvenir. Pero la historia nos presenta páginas en blanco que no debemos llenar con emociones, con afectos, con frases de adulación, sino con razonamientos contundentes para presentar la reelección como acto nacional, indispensable y honroso para el pueblo mexicano…
Es muy difícil sostener una sexta reelección ante un criterio institucional democrático. El argumento de los jacobinos es: jamás un pueblo demócrata ha votado una sexta reelección; luego el pueblo mexicano no debe votar la sexta reelección. El argumento positivo debe ser: jamás un pueblo demócrata ha votado una sexta reelección; pero si se prueba que la sexta reelección es necesaria para el bien del país, hay que deducir serena y tranquilamente que todavía no hemos logrado ser un pueblo democrático. El argumento de la reelección no debe buscarse en la eminencia de instituciones que aun no podemos practicar y que estamos obligados a venerar como santas reliquias de espíritus incendiados de excelsos liberales. Los argumentos de la reelección deben buscarse en el terreno de las conveniencias, sin miedo, sin vacilaciones, con lealtad, con vigorosa justificación.
Desgraciadamente el principal argumento de la reelección, recogido en el campo de las conveniencias, aterra más bien que alienta. Se dice al pueblo: la conservación del señor General Díaz en el poder, es absolutamente necesaria para la conservación de la paz, del crédito y del progreso material… Hay una verdad adquirida en sociología, y es que cuando la obra política de un estadista no puede sobrepasar su vida, es obra fracasada… El General Díaz, como el Emperador Augusto, ha prodigado un gran respeto a la forma solemne de las instituciones, y ha ejercido el poder haciendo uso del mínimum de terror y del máximum de benevolencia…
…Como el emperador romano, para acabar con los caudillos, ha empleado por excepción, los medios terribles. Como el célebre Emperador ha suprimido los grandes mandos, ha fraccionado a los legionarios, ha segregado del servicio activo a los caudillos; no les confía la prefectura del Pretorio; los colma de honores, de riquezas, de concesiones, de afectos; les concede cuanto su ambición desea, menos soldados bajo sus órdenes ni Estados federales bajo su gobierno. Como el suntuoso emperador, ha moralizado el ejército; se ha esmerado en disciplinarlo; y lo manda con suma firmeza, como corresponde a un verdadero héroe, y se opone a todo trance a la formación de partidos políticos militares, cuyo programa en realidad es derrocar al Jefe del Estado. Augusto cuidaba de repartir trigo y tierras a los veteranos fuera del servicio activo. El General Díaz ha cuidado siempre de repartir quincenas a la clase militar… Ha destruido las dinastías de los caciques, disuelto sus guardias nacionales; los ha privado de sus exacciones; prohibe que tiranicen a los pueblos; y derrama torrentes de civilización en sus territorios, para dejar a aquéllos sin prestigio, para conquistar a la sociedad; ha emprendido, como Augusto, grandes obras materiales, que dan trabajo a grandes masas, y levanta suntuosos edificios para satisfacer el bienestar, el orgullo y la vanidad de los mexicanos. La fórmula de la paz de Augusto, conocida en el mundo por la paz octaviana, ha sido fielmente cumplida por el General Díaz, en los precisos términos en que la redacta Maquiavelo: cuando los grandes no pueden gobernar y sólo quieren oprimir, hay que suprimir a los grandes…
… el país quiere, ¿sabéis, señores, lo que verdaderamente quiere este país? Pues bien, quiere que el sucesor del General Díaz se llame… ¡La Ley! ¿Qué ley? Cualquiera… la que nos convenga…
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