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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1867 Carta de Maximiliano a Teodosio Lares.

(Febrero 9 de 1867)

 

A Teodosio Lares

Mi querido ministro don Teodosio Lares:

La situación actual de México me conmueve profundamente.

Cada resolución adoptada para terminar la guerra civil nos conduce a encenderla más y dondequiera que se intenta consolidar el imperio, corren torrentes de sangre, sin obtener la menor ventaja.

Se esperaba que una vez emancipado el imperio de la intervención francesa, nuestra acción se haría sentir de una manera saludable en favor de la paz y del bienestar de las poblaciones.

Desgraciadamente ha sucedido lo contrario y si los hechos para siempre lamentables de San Jacinto y del Monte de las Cruces nos sirven para abrirnos los ojos, constituirán el recuerdo más amargo del imperio.

Mucho se prometía de la habilidad, de la aptitud, de la lealtad y del prestigio de los generales Mejía, Miramón y Márquez.

El primero ha dejado el servicio so pretexto de su estado de salud; el segundo ha sacrificado, casi sin combatir, en la primera batalla que ha dado, todos los elementos que se le habían dado; el tercero, después de haber arrancado todo, por los medios más violentos, a los ciudadanos laboriosos y pacíficos, ha ordenado una expedición mal calculada, cuyos sangrientos resultados no se deplorarán nunca lo bastante.

Al mismo tiempo el tesoro está agotado; para atender miserablemente al servicio de algunos ramos de la administración, hay que imponer préstamos forzosos, imposibles de realizar, aun por medio de los procedimientos más vejatorios y decretar contribuciones extraordinarias más odiosas que productivas.

El imperio no tiene, pues, en su favor ni la fuerza moral ni la fuerza material; los hombres y el dinero le huyen y la opinión se pronuncia de todas maneras contra él.

Por otra parte, las fuerzas republicanas, que injustamente se han tratado de representar como desorganizadas, desmoralizadas y sólo animadas del deseo del pillaje, prueban con sus actos que constituye un ejército homogéneo, estimulado por el valor y la habilidad de su jefe y sostenido por la idea grandiosa de defender la independencia nacional que cree puesta en peligro por la fundación del imperio.

En situación tan crítica, nosotros no tenernos siquiera el recurso de apelar al sufragio universal de las poblaciones, porque el voto de algunas localidades ocupadas por las armas imperiales, no significaría nada en cuanto al resultado.

El momento de emplear este medio ha pasado; debemos, pues, renunciar a él para siempre.

Yo he contraído para con México el compromiso solemne de no ser nunca motivo para prolongar la efusión de sangre.

El honor de mi nombre y la inmensa responsabilidad que pesa sobre mi conciencia ante Dios y ante la historia, me prescriben no diferir más una gran resolución que haga cesar inmediatamente tantos males.

Espero, pues, que tenga usted a bien indicarme, con la prontitud que las circunstancias exigen, las medidas que juzgue usted oportunas para desenlazar la crisis actual, arreglándose sobre las ideas expresadas en esta carta y teniendo en cuenta únicamente el bien y la prosperidad del pueblo mexicano, con entero desprendimiento de todo interés político o personal.

Maximiliano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:
Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.