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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1838 El Presidente de la República Mexicana, Anastasio Bustamante, a sus conciudadanos

30 de noviembre de 1838

Mexicanos: Ya en fines de Marzo de este año había tenido el sentimiento de anunciaras que las relaciones amistosas entre esta República y la nación francesa habían sido interrumpidas; y que no habiendo admitido este gobierno el ultimátum que se le dirijió, así por el lenguaje altamente depresivo hacia nosotros de que usaba, como por las condiciones onerosas que envolvía, se habían declarado nuestros puertos, por la escuadra enemiga, en estado de bloqueo. La Nación, firme en sus principios de pundonor y delicadeza, no cedió un sólo punto á las exigencias de un gobierno extraño, que pretendía de las grandes ventajas á título de fuerza.

Así corrieron las cosas hasta estos últimos días, en que abiertas de nuevo las negociaciones y retirado de hecho el ultimátum, se entró en conferencias con un nuevo ministro plenipotenciario de Francia. El carácter de que este personaje venía investido, y los intereses bien calculados de su nación, hicieron creer que sus pretensiones estarían ajustadas á los dictámenes de la razón, y daban motivo de esperar que las diferencias entre ambos pueblos terminarían de un modo tranquilo y decoroso.
 
Mas no ha sido así. Habiéndose prestado México, en obsequio de la paz, á cuanto creyó compatible con su dignidad, todavía se le exigieron condiciones humillantes á que no le ha sido posible acceder. Se la han querido dar la ley, arrebatándole por la fuerza unos tratados que ella estaba dispuesta á celebrar en el seno de la amistad y del reposo; se le han exigido cómo derechos las concesiones que hace de grado; y se ha aspirado á que reconociese como obligatorias y vigentes unas Declaraciones que no lo eran por faltarles el sello solemne de la ratificación. Todo esto se ha pedido con una escuadra al frente en un término perentorio, y con una actitud amenazadora. Puesto vuestro gobierno, MEXICANOS, en la dura alternativa de la deshonra ó la guerra, ha aceptado esta última á nombre vuestro. ¿Ni cómo pudiera borrar con un sólo acto de debilidad, el nombre ilustre que habéis sabido adquiriros al conquistar la independencia?

Las hostilidades están declaradas: por parte de Francia de hecho, al romper sus fuegos sobre la plaza de Veracruz y fortaleza de Ulúa; por la nuestra de riguroso derecho, al repeler una agresión inicua. El mundo verá con asombro, que una potencia que se jacta de civilizada ha comenzado una guerra á la que jamás se la provocó; y que la misma que ha culpado á México de poco culto, falta á las reglas de justicia universal, queriendo por la fuerza que se celebren tratados entre dos naciones libres, bajo condiciones precisas que ella sola quiere dictar de antemano, haciéndolas obligatorias á ambas.

Los documentos que van inmediatamente á publicarse, os pondrán al cabo de cuanto ha pasado en este asunto: en ellos espero que veréis consignada la prudencia de vuestro gobierno, no menos que su firmeza; y en ellos encontrarán las naciones imparciales los motivos de nuestra conducta, y los testimonios más claros de la templanza y moderación con que hemos procedido.

La República, ¡oh ciudadanos! va á pasar por una terrible pero honrosa crisis: va á pelear con una nación poderosa: va á luchar á brazo abierto con la injusticia: va á afianzar, por último, su libertad é independencia, si sucumbimos en el conflicto, nuestro nombre será el desprecio de los pueblos que nos observan; pero si haciendo frente al peligro sostenemos la dignidad que hemos sabido adquirimos, la gloria de México será eterna.

Sí, vuestro patriotismo, vuestra moderación y valor, bases preciosas del noble carácter de que estáis dotados, son las más seguras prendas del triunfo que se os espera. Antes de conseguirlo, experimentaréis quizá las vicisitudes de toda guerra: tal vez algunos reveses pondrán á prueba vuestra constancia; pero estad seguros que la victoria coronará al fin vuestras sienes.

La patria exige hoy todo género de sacrificios. El propietario la consagrará una parte de sus bienes; el sabio sus vigilias; el legislador sus luces y consejos; el gobierno todos sus esfuerzos, y el soldado su sangre: aun el sexo débil sabrá inspirar en todos los pechos sentimientos de honor. El patriotismo será nuestra única divisa. A la vista del peligro, desaparecerán los partidos, enmudecerá la voz de la discordia, y unidos todos formaremos un solo pueblo, animado de una sola voluntad. ¡Mexicanos!  yo os exhorto á una reconciliación sincera.

Mirad el inmenso campo de gloria que se abre delante de vuestros ojos. Nada os detenga. La época presente va á formar una página brillante en el libro de nuestra historia: acordaos que en ella han de quedar escritos vuestros hechos, los cuales servirán de enseñanza á vuestros hijos; y tampoco olvidéis que sin la moderación, nada habréis conseguido. Un solo acto de crueldad ó de injusticia, bastaría para empañar vuestras glorias. Sed valientes en el combate, serenos en el peligro, y templados en el triunfo ó la desgracia. Confiad, por último, en la bondad de vuestra causa, en vuestros esfuerzos, y lo que es más, en la protección que la Providencia dispensa siempre á la justicia.

México, Noviembre 30 de 1838. -Anastasio Bustamante.