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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1814 Belicosa proclama del doctor Cos contra el absolutismo de Fernando VII quien debe ser recibido con “bandera negra” por los americanos.

Septiembre 1º de 1814

El general Cos a los americanos:

En gaceta de México de 11 de agosto se dice que Fernando VII ha declarado nulas y de ningún valor las Cortes y todo el gobierno del tiempo de su ausencia, calificando de herejes, traidores y libertinos a los diputados, y sentenciando su prisión y muerte.

Nadie duda que todos los papeles públicos de la materia son un fárrago indecentísimo de contradicciones monstruosas, forjados en México y Veracruz por los mandarines, y zurcidas a toda prisa y sin talento, sin política, sin honor y sin vergüenza. Esos miserables despechados, al verse perdidos sin remedio, no tienen otro arbitrio que mentir a roso y velloso, acogiéndose siempre al sagrado de la religión para tratar de herejes a los que no son de su modo de proceder. Es más que probable que para persuadir que los diputados en Cortes son herejes, expondrán por razón el haber exterminado el Tribunal de la Inquisición, y querrán mañana hacernos creer que se ha restablecido. Mientan cuanto quieran, pero no pueden responder a esta reflexión de los hombres sensatos:

Si las Cortes y todo el gobierno fueron nulos y sus ministros delincuentes, como asegura Fernando VII, los americanos, lejos de ser herejes y rebeldes por no haberlo querido reconocer, se han portado fieles a la religión y a la patria, y son por tanto dignos de los mayores premios; como por el contrario, Venegas, Cruz, Calleja y toda la infernal caterva de seductores, son en este caso los verdaderos traidores, ladrones y asesinos, dignos del más afrentoso y cruel suplicio, por haber derramado inicuamente la sangre de tantos inocentes y haber cometido maldades execrables, de que se horrorizará siempre la humanidad. Pero si el gobierno de Cortes es legitimo, Fernando VII, que decreta despóticamente su exterminio, no debe ser reconocido por rey, sino ser recibido con bandera negra, según previene la Constitución, y de todos modos la guerra de los americanos es justa; debe continuarse contra esos opresores hasta vencer o morir, prefiriendo la muerte a la esclavitud. ¡Ah, embusteros infames! ¿Os olvidásteis de que pocos días ha nos habéis dicho que Fernando VII había jurado la Constitución, y ahora estampáis en vuestros periódicos que la ha declarado nula y mandado aprehender a los diputados?

¡Americanos, basta ya de estupidez y de barbarie! ¿Es posible que cuatro años de experiencia no han sido bastantes a instruiros de que esos hombres no tienen Dios, ni religión, ni buena fe, ni sentimientos de humanidad, ni una sola cualidad que no los haga detestables? Primero creísteis que el gobierno de Cortes era el verdadero, el que sostenía el trono y el altar, y el partido de la causa justa de la religión y de la patria. Ahora vais a creer que ese mismo gobierno ha sido un impostor, compuesto de herejes y libertinos. No hace todavía un mes que estabais persuadidos de que Fernando VII había jurado la Constitución. Ahora creeréis que la ha anulado, porque lo aseguran vuestros amos, a quienes as habéis propuesto por oráculos; y de un instante a otro mudareis de opiniones, contradictorias entre sí, bastando para esto el que lo digan los gachupines.

¿Cuándo llegará el día en que os revistáis de la dignidad de racionales y. borréis el carácter de cuadrúpedos con que os ha marcado la estupidez del terror y la bajeza del abatimiento en que os han constituido esos déspotas feroces? Iturbide, Castro, Andrade, Armijo, criollos todos que habéis mandado tropas de injustos agresores y habéis sacrificado a millares las víctimas americanas, derramando la sangre de vuestros desgraciados hermanos, decidme ahora, ¿qué habéis defendido hasta aquí y que defenderéis en lo de adelante? Si habéis peleado por una quimera, sosteniendo una causa que ahora se declara injusta, decidme, ¿qué responderéis a Dios y a los hombres cuando os den en cara con vuestros delitos? ¿Cuál es por fin, la causa justa: la que defendisteis antes de la restitución de Fernando, o la que vais a defender ahora? Si aquella es la justa, sois ahora inicuos; si ésta es la verdadera, habéis sido malvados.

¡Desengañémonos, conciudadanos! La justicia sólo reside en el seno de la imparcialidad, la cual no se encuentra sino en el partido de la Nación Americana.

Cuartel General de Taretan, septiembre 1º de 1814.

Doctor José María Cos.