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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1794 El desengaño del hombre. Santiago Felipe Puglia. [Expone dudas sobre legalidad de la Monarquía]

Filadelfia, 1784.

 

Feliz quien llega a conocer porque El Hombre afecta amor, justicia y fe.

 

A LA SANTÍSIMA MAGESTAD DE DIOS TODO PODEROSO.

Tu nombre invoco, SER SUPREMO,
que por tu infinita bondad te dignas animar este miserable Escritor a la defensa de aquel Derecho, que desde el principio de los tiempos franqueaste a tu Humana Criatura. Plenamente conoces la integridad de esta Pluma, y con cuánta razón hállase forzada a proclamar aquella verdad, que los celos de los Soberanos obscurecen, ocultan y oprimen: dígnate pues como Padre y Protector de la misma, promover su universal conocimiento a confusión de los Tiranos, e Impostores. A ti consagro esta Obra como ajena de interés, y dirigida únicamente al bien de mis hermanos los Hombres: recibila desde luego bajo tu amoroso auspicio, e infunde valor en los que en tu nombre se levantaren con determinación de adoptarla.

constantemente. Ilumina mi mente, inspira mi corazón y corrobora mi natural intrepidez, para que mis razonamientos no se desvíen de la pura verdad, y no me asuste el miedo de amenazas, pregones y asesinos. A tu alta PROVIDENCIA dejo la defensa de mi persona, y si tus ARCANOS impenetrables permitiesen de que esta empresa me costara la vida, cúmplase tu voluntad, pues con entera resignación siempre estoy pronto a besar y adorar el decreto. Sea por último una evidente señal de tu eterna aprobación, el que esta Obra produzca el efecto que mi anhelo espera, y con el manto de tu Bendición voy a empezar como quien te ama, sirve y adora.

EL AUTOR.

Varios folios de esta obra fueron impresos sin aguardar la última revista del Autor, de cuyas resultas algunas dicciones, cláusulas y párrafos carecen de sus debidos acentos, puntos y notas. No deja de sentir la muchedumbre de erratas, que para su propio descargo le ha sido indispensable de apuntar, sin embargo cierta porción de ellas deriva de su demasiada confianza en la exactitud del Impresor. Justifícase este de contado con no entender el Castellano, y en efecto es una respuesta satisfactoria, y que deja despachurrado a cualquiera. El Autor desde luego se constituye culpable de todas las faltas expresadas y de aquellas también que la fina penetración del Lector llegare tal vez a descubrir, encomendándolas todas juntas a su discreto disimulo, en la esperanza que no será tan inexorable para rehusar aquel indulto, que el cansancio del ánimo y el paraje de la impresión parece que merezcan; siendo así que la humana capacidad (a pesar de su mayor atención y cuidado) es siempre débil, corta é imperfecta.

 

PRÓLOGO

Cuatro obras diferentes emprendí, desde que el estudio y experiencia me habilitaron a sostener la pluma; pero como que los MECANATES andan muy escasos en este siglo, yacen imperfectas en una papelera, hasta que mejor tiempo me anime a su remate, y las adelante a la luz del público. La quinta es esta, y la que espero no se quedará atrás, por ser más pequeña e interesante al mismo tiempo de las anteriores: bajo este concepto con empeño la empiezo, pues aun no tenga ayuda de costa para su impresión, sé que no quedaré debiendo un maravedí por eso.

Alguno no faltará y no pocos entre los que ostentan autoridad sobre los pueblos, quienes leyendo estos escritos me honren con el título de rebelde y perverso, mas ¿dejaré yo por eso de continuar mi empresa, o me pararé antes de acabarla? No mamé leche tan cobarde en mi niñez para que su aparente poderío me asuste, ni el maestro que me enseñó quiso prevenirme sobre la indignación de esos gigantes de paja y habladores. Digan lo que dijeren, que nada se me da de sus dichos, ni de su furia tampoco. La Razón es la guía de mis hechos, y sobre la Verdad fundo la sólida construcción de mi sistema. Echarás de ver, amado lector, que el estilo de mis discursos, no tan solamente desprecia los sentidos equívocos, sofismas y cavilaciones, pero su única mira es de acrisolar los de suerte, que todo parezca en su clara y debida luz, para que el hombre si es posible quede desengañado.

Para ponerte en estado de conocer la sinceridad de mis periodos, y gozar de la satisfacción que promete el razonar con acierto, es menester que pienses sin pasión. Esta maldita falta del hombre, que ciego le arrastra hacia su propia perdición ¡Cuan necesariamente merece ser corregida, o (para mejor decir) desterrada enteramente de su corazón! ¿Quién no conoce que la pasión es el solo obstáculo, que nos ataja el paso para llegar a poseer la verdad, sin la cual el hombre se halla inquieto, suspenso y perdido? ¿Quién duda de que ella es nuestro mayor enemigo, pues otro objeto no tiene que él de afligirnos y engañarnos? Aunque el sentido de lo que llamo Pasión sea tan inteligible que no necesita mayor definición, con todo lo explicaré en los términos más claros, y lacónicos que sea posible.

Entiendo por pasión aquella credulidad que hemos adoptado a favor de nuestros Antiguos, la cual nos avasalla a seguir sus pisadas, esto es, gemir bajo el peso de un usurpado Despotismo, sin que tampoco nos permita de considerar el desvalido derecho nuestro, o (por lo claro) el por qué. ¡A fe que no es tenue esclavitud esta! con todo innumerables Pueblos, y vastos Continentes la cultivan y profesan con la más rigorosa exactitud y sumisión ¡Desdichado este libro si llega a caer en manos de gente tan idiota, encalabrinada e ignorante! ¿a qué le servirá el examinar con madurez, el ser claro y verdadero en sus discursos, si la misma no entiende de justificaciones, y es bastante el saber que trata contra la Autoridad Real, para que dé al instante al fuego con él o tal vez para no perder; los pocos, reales que le cueste, suspendiendo tan fanática ejecución, lo eche con desdén y menosprecio en un rincón?

Bien preveo que no es, ni puede ser la plebe mi mayor enemigo, pues si no es un día otro vendrá en que guste de oír mis razones, las cuales tengo para mí no faltarán de hacerla impresión e iluminarla; pero la mayor dificultad; y guerra que voy a encontrar, es la de los Soberanos, Nobles y Eclesiásticos, los cuales con afectada autoridad y echar excomuniones, suelen amedrentar los ánimos de los Vasallos, y oponerse a que los pobres abran los ojos a la luz de la verdad, pues en teniéndolos vendados, consérvense la quieta posesión de sus privilegios y Señorío.

Para desbaratar si es posible tan viciosa caterva, que como un hambriento gusano roe las entrañas del pobre Vasallo, sacrifico las noches en escribir; y además de dedicar al público mi desinteresado trabajo; de buena gana largaría la vida para lograr tan honesto intento, y quedaría gustoso en que mi muerte diese la libertad a todos los pueblos del Universo, no pretendiendo otro agradecimiento si no que se acordasen de un hermano y amigo fiel.

Grande enemigo vuelvo a decir es para el hombre la Pasión mirada por cualquier aspecto que sea, pues le rinde brutal, insensible y bueno para nada. No es mi ánimo (lo protesto) de hablar contigo, lector, si pecas de tan miserable defecto, siendo así que no tan solamente me quedaré en ayunas en persuadirte, pero aun pudiera ser que no conociendo el médico benefactor, le echases alguna maldición gitana en saldo de cuentas: lo mismo se me da a mí con ella, que con la excomunión del Papa de Holanda; sin embargo no gusto desagradar a ningún hermano, el cual por infeliz y plebeyo que sea, estimo más que el Real Consejo de Estado todo junto.

A la hora esta ya podrás conjeturar lo que pido de tu cortesía, en la inteligencia que nada te puedo costar ni perjudicar, antes bien si te hayas firme en favorecerme, verás que el proyecto te agradará la imaginación, consolará tu actual estado, y espero en la misericordia de Dios que llegará la hora en que tu deseo se cumpla y satisfaga. Si algún temor supersticioso te llega a parar, quema este libro o haz de él lo que mejor te parezca, pero si tu talento con el anhelo de apagar su sed en la fuente de la verdad es perseverante, sigue adelante y hallarás lo que buscas.

Huye primeramente de los que aparentan santidad, (1) y con demostraciones de afecto te acarician e inculcan el respeto y lealtad al Soberano (2), pues a otra cosa no miran que a divertirte la fantasía, y distraerte del plan que puedas ir formando. Para quitar el Toro de encima un caballo o picador caído, échale capas la cuadrilla, y le hace mil pantomimas delante; lo mismo puedes aguardarte por parte de ellos así que sospechen alguna cosa, o prevean las disposiciones encaminadas a serias consecuencias. Verás que el Clero querrá interponer su autoridad espiritual asustándote con excomuniones, mas considera que las materias políticas de Estado no tienen que ver con las máximas de nuestra santa religión, y así no des oído a sus habladurías y sigue tu camino sin pararte, que Dios no se ofende ni castiga en procurando conquistar lo que es, fue y será legítimamente tuyo.

¿Crees tu acaso que los Monarcas y Religiosos no sean persuadidos y conozcan que mi opinión y sistema es irreprehensible, y cuanto digo es recto y verdadero? tan cierto es que los son, como la muerte que nos tiene de llegar. Cuenta pues y sin el menor escrúpulo, que al día de hoy todo se vuelve trampas, y la mayor indignidad tiene su perezoso asiento en las cortes de los soberanos.

Por ser celoso al extremo el Gobierno Seglar y Eclesiástico te prohíbe la lectura de los libros que ellos no admiten, porque quieren (según se dice) libertarte de que prevariques y te condenes. También Mahoma vedó a los Turcos de aprender leer y escribir; el cuento es que sabemos la malicia y chuscada de este último, más ignoramos, o no queremos conocer la intención de los primeros. Si rehúsas de leer dejarás de aprender lo que pudiera serte útil é instructivo (3) Ninguno puede tener una idea cabal de lo que es bueno, sino ha probado lo que es malo. Creemos muchas veces leer un libro que (por dicho del Confesor) es endiablado, y nos enseña ciertas verdades que asombran.

No le tiene cuenta a la Inquisición de que se descubra la iniquidad de las Cortes y la hipocresía de los Religiosos, por eso su mayor empeño es de pintar lo bueno por malo, y lo malo por bueno, quitando del medio los libros para que no se perciba. Sin embargo no hay yerba por mala que sea ni veneno poderoso, que un experto botánico o boticario no saque de ellos los remedios más eficaces para la salud; Esta pericia no es la ser Padre Teólogo, sino hombre de reflexión y desengañado, porque buenos estaríamos si solamente los sabios consultores de S. M. conocieran el bien y el mal: de esto echarás de ver que la prohibición de los libros es una burla manifiesta, que el Rey y el Clero hacen de sus Vasallos, pues les tratan de tontos guiándolos por acá y por allá como si no supiesen andar con sus pies (4); con todo fe sufre, venera y besa el látigo infame de tan tiránico Imperio ¿Que podemos inferir de esto sino que los pueblos, o son ignorantes porque no lo perciben, o cobardes porque quieren persistir en ello, y arrastrar a su mismo pesar la cadena (de su miserable cautiverio?

Levántate pues de ese letargo amado lector quienquiera que seas; mira por ti, y considera que no hay mejor maestro para gobierno de tu vida y hechos que la Razón: a ella atente, con la misma aconséjate que nunca te será traidora. Recibióla el hombre de Dios no para sujetarla a otro igual suyo, sino para que fuese su libre distintivo; la misma es la que te debe libertar de la dependencia que profesas, purificar de los perjuicios adoptados y constituirte en la pacífica posesión de lo que tontamente a otro tributas. El umbral de la puerta para un mozo que sale de su casa, es el paso más difícil y disgustoso, pero luego tu experiencia y variedad del mundo le alerta, le instruye, le contenta. Todo está en conocer el derecho que nos asiste: piensa que los Amos actuales de tu libre albedrío, son hombres como tú y quizás inferiores en talento, estudio y crianza. El miedo de la real indignación y de la muerte, déjalo para los cobardes idiotas, que tienen gusto en ser esclavos. Las amenazas de un pícaro no causan susto a un hombre de bien, cuya honrada conducta inspira generosidad, valor y grandeza.

Ya llegó el tiempo que los Franceses abrieron los ojos, miraron por su derecho inviolable, y echaron al suelo el orgullo de quien infamemente fe lo usurpó ¿qué más falta ahora sino que tu hagas lo mismo? Piensa de que el enojo y resistencia de los Reyes, Nobles y Religiosos es como fuego de paja, que no tan pronto se enciende que ya está apagado. Desprecia las Bastillas si las hay que por fuertes é inexpugnables que sean, vendrán al suelo si te determinas a ello (5). El corazón de los tiranos no puede a menos de ser vil y medroso.

Sacudido pues el Yugo de esos vanos temores, que te asombran la fantasía lee, considera y sentencia. Si mis discursos te parecieren razonables, recíbelos é imprímelos en tu corazón para que te sirvan de guía en la ejecución de la empresa, y si no llegaren a cuadrarte haz lo que mejor te parezca y convenga, en la inteligencia que más vale morir honradamente en defensa de tu derecho, que vivir con un vergonzoso disimulo bajo los pies de un detestable usurpador.

El indulto que te pido no es tocante el sentido de mis periodos, sino en lo que respecta su explicación y frases, las cuales no son (lo confieso) de las más correctas. Tal imperfección procederá a mi entender de la falta de cuidado en la ortografía, no porque deje (como profesor) de saberla, sino que unos dicen que no entiendo el Español, otros que no soy capaz de escribir cuatro comas, y así, lo más acertado para mi es que me encomiende a tu fina comprehensión e imparcialidad, de las cuales espero merecer una cortés aceptación.

SANTIAGO FELIPE PUGLIA.

 

CAP. I.
EL DESPOTISMO REPUGNA A LAS LEYES DIVINAS, Y HUMANAS.

DESPOTISMO (según la general opinión de los Sabios) es un pensar, que no admite razón; una Autoridad de dictar leyes, sin que ninguna de ellas se atreva contradecirla; y en fin un Absoluto Poder, al cual nada puede resistir, sino una fuerza igual o mayor. Bien cuadra en la boca del Cañón aquel mote. Ultima ratioRegum, y bastantemente se explica nuestro Refrán que dice: Allá van leyes donde quieren Reyes. A él que se sienta pues sobre la blanda almohada del Trono despótico, ninguna razón satisface, sino el concepto (bueno o malo) que forma de pronto, y en fin lo que sella la pública expectación, y tapa la boca de los vasallos, es por letra inicial: Don Luis, por la gracia de Dios, Rey, &c. &c. &c. y luego acaba: Porque tal es mi gusto.

2 ¿Quién es este Campeón formidable, ¿quién este Legislador? Es preciso sin duda que sea algún ángel en distinción y entendimiento, o que sepa a lo menos mucho más de la humana sabiduría, para que sus decretos no admitan corrección: mas si este infalible nos parece y es (a pesar de nuestra alterada fantasía) un hombre como nos otros, quien gastó el tiempo de su educación en las faldas de las Duquezas, y entre los halagos de las Cortesanas ¿qué podremos inferir?Ninguno puede estorbar de que el, que tiene sesos en la cabeza reflexione, con que es presuntuoso el vedar que un hombre de entendimiento busque la fuente por donde vino a este Legislador la doctrina de gobernar los Pueblos.

3 ¿Qué Ayo educó a nuestro Soberano para que sepa, siquiera, el modo de proceder? ¿Qué Maestro le enseñó? ¿Qué experiencia le instruyó? Es de suponer que el Real Tesoro, esto es, la sangre de los vasallos no le rehusó gastos de esa naturaleza: pero el Ayo para no asustar el Niño, el Maestro temeroso de la dignidad del Discípulo, y finalmente un Libertinaje que no conoce regla ni experiencia, dieron la educación y habilidad a nuestro Rey. Cata ahí él que llamamos Sacra Real Majestad, y él que se despacha (para que lo sepas) Soberano por Leyes Divinas y Humanas, y Dueño por consiguiente de vida y hacienda. A la mística Majestad de Dios sacramentado echamos la rodilla derecha, y a él no hay sino hincar la siniestra para cumplir con el acto de veneración: ¿Quién será pues en la intención del ceremonial, sino el Vicediós en la Tierra? ¿Qué le falta para ser tal, sino un altar como los demás Santos que veneramos? Bastante alto es el Altar, (me responde un amigo presente) pues el Solio en que se sienta es rico sin comparación, y excede a los que el verdadero Dios tiene en las Iglesias Católicas.

4 ¡Válgame el poderoso Creador, que abuso este, que ignorancia, que idolatría! ¿Adónde estás Diógenes, que con una bujía encendida buscabas a las doce del día un hombre en una muchedumbre de ellos, y (1) después de encontrabas? ¿Tendré yo la misma dicha de la tuya con la luz de estos periodos? ¡Ah no! no seré tan desdichado (lo espero) si mi lector echó a un lado la torpeza de sus perjuicios.

5 Para tratar sólidamente la materia de este capítulo fuera preciso examinar por extenso las Escrituras Sagradas, cuya interpretación vuelven a su favor los Monarcas, para convalidar la pretensión que tienen de dejar el diadema a sus sucesores como legítimos herederos de su autoridad, honra y señorío; pero como que esto sería demasiado prolijo, iré tocando lo que mayormente interesa este punto, y pondré con intermitencia bajo tu vista y juzgado unos argumentes naturales, por donde sacarás, que toda la máquina de sus razones no es, sino un castillo en el aire, el cual de juro ha de caer por no tener fundamento.

6 Si las hojas volvemos del viejo Testamento echaremos de ver, que el Pueblo (2) pidió a Samuel (3) un Rey (4); sintióse el profeta (5) de la demanda, como injuriosa a la Divina Providencia y protección (6); con todo se le concedió en la persona de Saúl, quien fue ungido por mano de dicho profeta, para adquirir distinción (7). Observarás que todos los Profetas hablaron y escribieron en favor de los Reyes: el motivo es, porque siendo los primeros muy populares, eran estimados de los últimos, quienes procuraban tenerlos de su parte, y es natural de que (si quiera por gratitud), se hayan esmerado en exaltar tanto la dignidad Real, como se repara a cada paso de la Biblia. A ello se añade que David (8), Salomón (9) &c. (sucesores inmediatos) fueron los mayores compositores de ella, conque buen cuidado tuvieron ellos de escribir (como interesados) lo que podía redundar a su favor, y tontos hubieran sido si hubieses hecho lo contrario; fin embargo de eso fueron Reyes, (10) y no Monarcas; gobernaron, pero no oprimieron el Pueblo. ¡Ojalá fuesen los presentes como los prelodados, que los hombres no tendrían para que quejarse, ni motivo para destronarlos! Repararemos también de que el Pueblo de elección gimió largos años bajo el tiránico gobierno del impío gitano Rey Faraón, hasta que la Divina Piedad, mirando con ojo parcial la miseria de aquellos infelices, animó el valiente Moisés a la empresa de su libertad, que logró con muestras evidentes de la celestial aprobación y patrocinio; más adelante veremos los destrozos hechos por el inicuo Nabucodonosor, que Dios castigó mudándolo en un toro; nos acordaremos (también por las Historias) de la injusticia de Atila llamado el Azote de Dios, y aborreceremos las crueldades de un Nerón, Mesencio y otros infinitos, que son memorables por sus infames hazañas.

7 ¿Reinaron esos (pregunto) por elección y aprobación de Dios? ¿Fueron las Leyes del Cielo, que los autorizaron a abusos tan detestables? ¿Que se me puede responder, sino que las mismas Credenciales de los antiguos son las de nuestros actuales Soberanos?

8 Los defensores de la despótica ostentación dirán probablemente que los de este siglo no son tan crueles; mas replico de que no faltaría otra cosa, sino que para divertirse inclinaran a inventar otros Toros de Faláride (11), pues de esa suerte rematarían de una vez; con todo ¿dejan ellos acaso de ser tiranos encubiertos cargando derechos exorbitantes sobre los vasallos para fomentar su ambición, y manteniendo millares y millares de ganapanes con el fusil sobre el hombro para desahogar sus caprichos, y molestar otras Naciones con guerras y atropellamientos? Esta es una prospectiva de presentarse a los ciegos, que no ven lo que es, o a los bobos que se pagan con cuentos y aplauden a los Charlatanes, pero no satisface aquellos, que conocen su mano derecha de la izquierda: sin embargo no siendo esto del caso por ahora, para otro lugar reservo el descubrimiento de tan consumida hipocresía.

9 Acabamos de ver que el Pueblo de elección, con el objeto de tener en su presencia uno, que se dedicase enteramente a la fiel administración de las Leyes, y no tuviese otro cuidado que él de mantener la pública paz y buena orden (12), pidió a Dios (por medio de Samuel) un Rey; pero no se verificó el logro, sino después de reiteradas suplicas, ruegos y llantos, siendo así que el Gobierno Divino no dejaba precisión de un nuevo Superior (13). Digo pues que si el Ente Supremo manifestó repugnancia (14) en otorgar un Cabo al Pueblo, el cual por fin no se reducía que a la calidad de un Pastor (15), o (para señalarle idénticamente) un Criado Público ¿cómo puede aprobar Usurpadores, y autorizar Monarcas a la nefanda administración del Despotismo? Si la Dignidad del Gobierno quería reservarla para sí ¿Como es posible que sufra otras Majestades dueñas de la vida y hacienda de los hombres? El contrastar estas sazones es una temeridad manifiesta, y un provocar la misma verdad.

10 El facto es que como el desaforado incendio de Troya empezó con unas hachitas encendidas, así los que antiguamente eran Cabos, llegaron con el tiempo per fastos nefas a engrandecerse tanto que a la hora esta son Señores de la Tierra, y disputan al Creador parte de aquel culto que a él solo se debe.

11 La simple lectura de la mencionada Biblia no da lugar a estudio o interpretación para sacar en limpio, de que Dios consintió a su Pueblo un Rey, o Jefe con el solo objeto de castigar su impertinencia, y desengañarle sobre la necedad de la demanda (16), para que se deshiciese de una carga tan inútil; pero (sea por permisión de los Arcanos Divinos, o lo que es más probable por los pecados de los hombres) fueron estos torpes en la resolución, y cuando querrían mirar; por su libertad, el árbol había ya echado raíces y no pudiéndolo arrancar les fue preciso dejarlo crecer cuanto quisiese (17). De aquí viene que como la Fuerza es la que en el día ocupa en las Cortes el asiento de la Razón, los Soberanos pretenden que su autoridad les vino de Dios en virtud de dicha constitución, y que la Plebe no tiene que ver en eso, como si no existiese en el Mundo, o fuese un ganado comprado a un tanto cada libra: mas no dudo de que haré callar sobre la marcha a los que semejante absurdo quisiesen sostener, pues el argumento que voy a presentarles es bastante fuerte é inteligible para confundirles.

12 El admitir y venerar a un Monarca es renunciar al derecha de posesión, defensa y libre albedrío, tributándolo a sus pies sin la satisfacción de saber si él hará un uso bueno o malo de tal confianza; luego esta renuncia, o es por expreso mandato y consentimiento de Dios, o no: Si la es, el mismo dotó el hombre con una prerrogativa aparente, inútil y ridícula, pues se la dio para que además de perderla al instante, le quedase el sentimiento de haberla recibida: si no es ¿Como tienen valor de despacharse por Despóticos, cuando Dios no les autoriza a tan fanática libertad?

13 ¿No sería una locura en aquel que gastase la mitad de su caudal fabricando un hermoso palacio, para mandarlo echar abajo así que estuviese rematado? Los que viesen eso se reirían sin duda, y le tratarían de mentecato; pues lo mismo pretenden hacer de Dios los defensores del Despotismo, persistiendo en que creó los hombres para que fuesen vasallos y el Rey dispusiese de sus vidas; les dio riquezas para que se las confiscara cuando le diese la gana, y les dotó de un libre albedrío y razón, para que la perdiesen a la comparsa del Soberano; ¡Que lógica arrastrada, que brutos, que genios disparatados! El interés les ciega, y la ambición les hace perder los estribos.

14 Si comúnmente llamamos el León Rey de los Animales, supongo que no será por ser perro, sino león; luego no se da ese título a él por ser sobresaliente entre los leones, sino que de esa suerte distinguimos su casta de las demás; parece pues que Dios si hubiese tenido en la creación de los pueblos la mira de sujetarlos a los Reyes, hubiera salido con la suya en haciendo los Reyes hombres, y los Vasallos animales esto es irracionales, pues de ese modo los Amos podrían despachar distinción, y los Súbditos creerse felices en. obedecer ciegamente: mas así no obró la Divina Justicia, la cual hizo y juzgó todos los hombres iguales en naturaleza, derecho y razón.

15 La sagrada Escritura fielmente traducida dice: "tu fuiste constituido Rey para que juzgases y administrases justicia" (18): luego para cumplir enteramente con esa obligación, es preciso que tenga una proporcionada habilidad y vigilancia; digo proporcionada, porque ha de ser a medida de la extensión de su gobierno. Según la obra fe conjetura el trabajo, y como que un Director de la Compañía de Indias tiene mayor giro y negocios de él que es un Comerciante particular, así es regular que tenga mayor cuidado y habilidad del otro para conducir bien sus asuntos. En fuerza de esta cuenta de proporción naturalmente se puede calcular, de que si un Príncipe Feudatario es un Hombre, el Rey de Cardeña será un Ángel, él de España un Arcángel, y así gradualmente de los otros Monarcas más poderosos. El tanteo no sufre debate si la pasión no nos enturbia los sentidos, y en lugar de hacer dicha cuenta subiendo, si la volvemos bajando, tengo para mí que el mas infeliz plebeyo no tan solamente no puede ser hombre, pero llegará a ser inferior al gusanillo de la Tierra. A estos absurdos es necesario vengan a parar los que presumen que haya en este Mundo una autoridad despótica derivada, de padre a hijo y aprobada por el Altísimo.

16 Ninguna distinción puede aguardarse un hombre en la Sociedad, sino por medio de su honradez, talento y utilidad; y él que la adquirió sin ganarla y pretende mantenerse en ella por la casualidad de ser hijo del Monarca, noes protector de los pueblos, sino injusto, irracional y tirano.

17 ¿Quién es aquel hombre de un mediano entendimiento, que sea persuadido de que un Rey exaltado del fasto, hinchado de grandeza y (lo que es peor) de las adulaciones de su Corte, pueda saber lo que pide un buen gobierno cuanto menos ejecutarlo? ¿Como es posible que un individuo solamente sea capaz de dictar buenas leyes a un Continente dos mil leguas distante y otras tantas de circunferencia, en cuyo gobierno sudaría un completo Congreso de cien hombres escogidos entre los mas hábiles del Estado? yo por mí no soy de tal parecer, y estoy en que los que no son mentecatos o temerarios se atendrán a lo mismo.

18 Sea defensor de mis dichos el insigne Letrado Tácito, quien afirma en su libro primero, de que "no es posible que una sola Cabeza sea capaz de sostener una máquina "tan grande" (19) cual es la de gobernar un vasto Reino, y sabiamente añade al libro tercero, que "un Soberano es imposibilitado a cumplir de por sí con todas las obligaciones, que tiene" (20). Fuera de esto, la experiencia nos lo muestra a cada instante, y por la infelicidad de los pueblos, que gimen bajo el Cetro del Despotismo, se echa de ver la imperfección de tal gobierno.

19 Por otro lado es cierto que la Bondad Infinita (como esencial atributo de Dios) todo ha dispuesto y dispone para el bien de sus amadas creaturas; consiguientemente si fuese su voluntad de que hubieran Monarcas sobre la faz de la Tierra, debieran gobernarnos y amarnos según las divinas instrucciones, para que tan santa y adorable disposición tuviese su debido efecto: mas no hay tal, antes bien es todo lo contrario; sin embargo para que el público vea que soy con mis rivales más indulgente de lo que merecen, quiero por poco suponer que Dios constituya, autorice y apruebe el Despotismo mundano, pero me alegraría que los tales respondiesen categóricamente al siguiente dilema.

20 O Dios elige, autoriza &c gobernadores que no son capaces, ni pueden humanamente cumplir con su empleo; o bien persuadido de eso, quiere por este medio oprimimos ydesesperarnos. El primer punto repugna a su infinita sabiduría y justicia, porque no deja de saber si su dependiente es capaz para lo que es destinado, ni puede pretender que fea hábil cuando no lo es. El segundo se opone a su Misericordia, siendo imposible que la misma permita, apruebe &c. alguna opresión cualquiera sobre los hombres; luego vale el decir de que no tan solamente no son tales, pero es cierto de que el mismo Creador los detesta y condena, como pseudoprofetas y Fariseos hipócritas.

21 Para convencerte con mayor certidumbre de que cuanto alegan a su favor no es sino un adulterado juego de palabras, agarra el libro del Catequismo, que enseña a los niños los erudimentos de nuestra Sagrada Religión; busca los Mandamientos, que con grande aparato de relámpagos y truenos dio el mismo Dios al pueblo favorecido por mano de Moisés. Estas son las verdaderas Leyes Divinas que debemos observar, y las que debieran hacer autoridad si tal cosa mandaran. Considéralos bien y mira si hablan de admitir y venerar al Rey. La brevedad y llaneza de ellos, que al mismo tiempo abraza todo lo que se dirige a la felicidad de los hombres, manifiesta de pronto la infinita justicia, amor y sabiduría de nuestro Divino Legislador, conque parece que las mismas no admiten excepción o añadidura; si luego es así ¿porque Dios dejó entre renglones el tributar homenaje a los Reyes, cuyo empleo (según dicen ellos) es elegido y aprobado por él? Expresamente mandó que no se adorase otro Dios sino él, y que se honrase el Padre y la Madre ¿porque no publicó también de respetar los Monarcas? Se sabe que por instinto de naturaleza inclina el Hijo a obsequiar al Padre, con que parece que este mandamiento no era tan necesario de expresar como él del Rey, el cual ninguna afinidad tiene con la Plebe. No dejó Dios de prever desde ab eterno de que llegaría un tiempo, en que los Reyes serían destronados y abolidos ¿porque luego no quiso prevenir ese desorden, y ahorrarles la afrenta? Una ocasión tan oportuna como la de entregar las leyes a Moisés, podía por cierto inducir la Divina Sapiencia a hacer a lo menos una mención o posdata en favor de sus Enviados plenipotenciarios, para disponer los hombres a prestarles obediencia; mas no lo hizo, porque juzgó conveniente de no hacerlo ¿Deberáse luego reconocer un Soberano Despótico, porque le da la gana de decir que Dios le autoriza a esa dignidad? ¿Adónde están las credenciales, que viejas o nuevas, rasgadas o enteras, no dejarán si quiera de cualificar su carácter? Si el Embajador de una Corte llegase a otra sin adelantados avisos y legítimos documentos, ¿a qué le serviría de despacharse por tal sino para excitar la risa de quien le oyese, y hacerse cumplimentar con patadas en caso de pretender una formal audiencia? Para hacerle favor le tendrían por loco, y quizás le pondrían en el hospital. Aplica la paridad, y podrás conjeturar lo que merecen los Soberanos del día, jactándose Dueños de la vida y hacienda de los Vasallos por la gracia de Dios &c. ¿Habrá hombre que no se ría al oír semejante simpleza?

22 Dios es buen padre, sabe lo que conviene, y hace lo que pide la felicidad de los hombres. No se declaró en favor de los Reyes, porque conoció no ser de justicia aprobar el paraíso de uno causando un infierno a millones. No es tan parcial su bondad, porque nos ama a todos igualmente como a sus creaturas. La parcialidad deriva de la pasión por ser volubil, sería desde luego temeridad suponer esta falta en el Autor de la perfección, cuya Omnipotencia pudiera si quisiese crear Santos de un golpe a los Reyes, sin hacerlos hombres como nosotros, pues con esto evitaría el que dicha supuesta parcialidad fuese visible y expuesta a censuras. Déjalos que digan lo que quisieren, pues para ellos (creo) salió el refrán oración de perro no llega al Cielo. La razón es la que satisface, convence y determina; consúltala, y en fuerza de cuanto hasta ahora queda demostrado, tendrás por cierto sin escrúpulo alguno de que el Despotismo repugna a las Leyes Divinas por ser diametralmente opuesto a los tres siguientes atributos de Dios.

SAPIENCIA, porque conociendo la natural incapacidad del hombre, elegiría a preferencia un Ángel a lo menos, que. supiese cumplir con su obligación.

JUSTICIA, porque los abusos é iniquidad del Despotismo no pueden de alguna suerte justificarse.

BONDAD, porque aborrece toda suerte de opresión y tiranía. Bajo el auspicio de razonamientos tan firmes y evidentes, paso al segundo punto.

23 El sentido de lo que llamamos Leyes Humanas requiere una madura consideración, porque de unas a otras pasa tan remarcable diferencia que llegan a ser del todo opuestas; hago pues la distinción de ellas en las siguientes: Leyes de Reyes y Leyes de Pueblos. No hay la menor duda de que si examinamos las primeras, hallaremos una intención que no favorece sino los Monarcas, y dirigida a la perdición de las segundas; en efecto tonto fuera él que dictando leyes quisiese establecer principios enemigos a su existencia, y destruidores de su mismo poderío. No ha de ser a mi opinión tan ignorante el Legislador, si es que por tal se despacha: luego no es de estragar que el designio principal de ellas sea de patrocinar deliberadamente la usurpada autoridad de los Soberanos. Estas, para que tú lo sepas, derivan (según ellos) de las Leyes divinas, pues ningún Archivo se acuerda de su emanación. Tuvieron origen de algún astuto Anónimo, quizás por ser su autor tan modesto que tuvo vergüenza de palesar su nombre, y por ser dicho Alcorano antiguo de algunos siglos, dicen que su publicación es inmemorial.

24 Como que esto de la antigüedad importa poco a la materia que tratamos, sería una vana curiosidad el ir en busca de averiguaciones; quisiera sin embargo que pareciese, si es posible, el Registro de los decretos y leyes, que hicieron los pasados y presentes Monarcas; pero cuidado que se pide en forma, y con la debida regla.

25 Este es un punto crítico para los que profesan tal jurisprudencia, y una demanda que los deja enteramente abochornados, pues es un facto constante que los Soberanos muy a menudo decretan una orden por la mañana, y la derogan después de comer en virtud de un traguito más que bebieron (21): del fanatismo junto con la borrachera no se puede aguardar otra cosa. Todo se vuelve un caos de mandamientos, una infinidad de providencias que exprimiéndolas maldita la subsistencia que sale, y si alguna saliera, tengo para mí que sería más amarga y corrosiva que la hiel y el veneno mas mortal. Si se pudiera requisar los Archivos de dichos Legisladores, estoy en que no habría barriga que pudiese aguantar la risa en ver los disparates de semejantes Embusteros, y tendrían los poetas pasajes curiosos en abundancia para componer entremeses de comedias a montones.

26 Raras veces me vieron los hombres a públicos espectáculos porque no soy amigo de apariencias, y mis ocupaciones me llevan por otro rumbo; sin embargo hallándome una noche (en Cádiz) con dos amigos a una tragedia, uno de ellos enfáticamente me preguntó la razón, porque los composidores introducían frecuentemente en dichas obras los papeles de Reyes, Emperadores &c, a cuya cuestión sonriéndome dije, que no había carácter más apto para una representación majestuosa, que él de los referidos. La Tierra y Gobierno en que estaba me hizo pesar las palabras, y tener la crítica a raya, pero ahora que vivo en país de libertad y es otra cosa, te diré lo que quise decir entonces.

27 Para representar una Impostura como es la de las Tablas no hay mejor papel, que él de los que son tales; por ese motivo andan muy a barato en esa ocasión los Monarcas, y si yo fuese poeta o me aplicara a ello, para hacer un Drama intitulado el IMPOSTOR quisiera que no hubiesen otros papeles, que los de todos los Reyes actuales de la Tierra. Entonces verías qué piezas, y como irían saliendo a la melodía de la orquesta sus Majestades con sus Maldades. Créeme Lector, el carácter de un Rey es tan vil y ridículo, cuanto es repugnante a la Sociedad. Tan injustas y picaras son sus leyes, como ignorantes y cobardes los que las observan y veneran a ojos vendados. El extracto de ellas es la quinta esencia de los siete Vicios y Pecados Capitales, y si no fuera prolijidad, haría una antítesis de ellas que te asombrará después de convencido. En una palabra, las Leyes y Decretos del Despotismo antiguo y moderno no pueden mostrar la cara, a menos de descubrir la malicia mas detestable. A ese conocimiento llegó en estos días la Nación Francesa, y con mucha razón abolió la Nobleza, y ejecutó a Luis XVI, quien fue Reo y no Rey. (22)

28 Para que las Leyes tengan todos los buenos requisitos que deben acompañarlas, es menester que manen y sean declaradas por los mismos, que tienen de conservarlas. Entonces serán discretas, útiles y durables. Las de esta calidad merecen el título de Humanas, porque son los Pueblos que para gobierno propio las establecen; ateniéndome a ellas iré conversando con el Despotismo.
Antes que hubiesen Reyes habían Leyes, y antes de pedir a Dios un Cabo (según se dijo en la primera parte) los pueblos se gobernaban de por sí solos con ellas. Aquella primera edad de los hombres, que todavía no conocía ambición, engaño o violencia, es razonable de suponer que estableció leyes legitimadas sin afectación con el sello de la Inocencia, y del Derecho natural; por este motivo han de merecer la mayor veneración y aprecio ¿Véase pues si las mismas hicieron algún decreto a favor del Despotismo, o permitieron si quiera alguna pública distinción de hombre a hombre? Dios presidia al gobierno de aquellas Gentes, y como que no hay en la Tierra Señoría que ante él pueda pretender fuero alguno, vivían los hombres en una perfecta igualdad y sosiego ¿Que asombro no causara a nuestros antiguos padres, si levantándose del túmulo abriesen los ojos otra vez a la luz de la vida temporal, y observasen de que un hombre se llama el Señor de sus hermanos, el Legislador de sus iguales, y el Dueño de creaturas que él no creó, y no tiene por consiguiente algún derecho sobre ellas? ¡El mundo anda al revés! exclamarían y con sobrado motivo.

29. ¿Cómo es posible que las Leyes, a menos de ser violadas, puedan reconocer cuanto menos admitir un monstruo tan horrible, y un abuso tan opuesto a la paz y buena orden de la Sociedad? Si uno más rico que tú llegase a pedirte buenamente la mitad de tu hacienda con la sola excusa de enriquecerse mayormente ¿serías tan bueno a dársela no debiéndole un ochavo? ¿Diremos pues que los pueblos de común acuerdo renunciaron llanamente a su legítima autoridad y soberanía, para decorar una sola cabeza con ella? Tú sin ser abogado o letrado ¿no careces de bastante entendimiento para saber cuidar el hato, y un Consejo general será un falto de juicio en constituirse esclavo, cuando está en su poder y elección de ser libre? ¿Tú tienes valor en defender tu hacienda, y no lo tendrá una Comunidad en mantener su derecho? ¡Que disparate!

30. Algunos dicen que en casino de la muerte de un Rey sube el hijo al trono, y los Vasallos en general le aclaman a tal dignidad con muestras de contento, amor y fidelidad. A esto no me opongo por lo que respeta la apariencia, pero niego quesea en realidad. El que siempre buscó la vida sirviendo, si le falta un Amo tiene a dicha de hallar otro, porque tal es su profesión y no lo puede remediar; mas si pudiese vivir de renta, por poca que fuese ni por pensamiento volvería a servir. Las fiestas que hacen los Vasallos en la jura de un nuevo Rey, y los duplicados vivas que echan en esa ocasión no son muestras de contento, sino ruegos; no amor y fidelidad, sino miedo. Se esmeran en dichos desatinos para adquirir la gracia del DIOS TERRENAL que adoran, procurando con dichos méritos disponerle a que les use misericordia, y para ello cada Ciudad, Villa y Aldea anda con emulación en lo de las ceremonias, creyéndose más distinguida y dichosa con mas que se envilece y humilla a los pies de su Rey. Es menester ser tonto o cobarde para hacer obras van bajas; mas, bien considerando es preciso que hagan así, porque no tienen otro arbitrio como el criado que arriba mencioné. Para afirmar con seguridad de que esas juras se celebran por impulso de un afecto leal, se necesitaría que los Vasallos fuesen en una entera libertad de hacerlo, o no; mas tengo para mí que cuando el pájaro de bosque se sujetarán vivir en una jaula con la puerta abierta, entonces el hombre querrá ser vasallo a pesar de su libertad, y aclamará al Rey pudiendo vivir feliz sin ese inútil fantasma.

32. El fenómeno más extraño que se observa en el Mundo es la Sucesión al Trono. Tal es el abuso derivado de la usurpación, que no hay individuo más apto para agarrar las riendas del Despotismo, sino el hijo del Rey. Llega un Monarca al cabo de sus días, y celebra su testamento. Este Acto público, o por otro título último Real Decreto, transfiere la soberana autoridad del padre al hijo. La Corona, Cetro y Solio preséntanle el despotismo. Las Tesorerías juntamente a las Armadas, y las Provincias con sus habitadores se vuelven confusamente la hacienda y propiedad del nuevo Señor, quien toma posesión de ellas como regalo que le hizo su padre. Dueño Legítimo de todo lo que contiene la Monarquía. El Gabinete toma otro semblante, refórmase el Ministerio, otra Cabeza es la que gobierna, otro Legislador que dispone; todo padece mudanza, alteración y novedad.

32. En un Reino como el que acabo de pintar ¿dónde podremos hallar las Leyes humanas? ¿Qué autoridad, qué fuerza tienen?
Con los hombros encogidos, arrumbadas en un rincón están callando y sufriendo. El nuevo Rey es dueño absoluto, y las mismas no osan resollar de miedo de ser incluidas en el referido testamento; ¡Qué violencia, qué tiranía!

33. Huid de esa Región Leyes adorables, y buscad asilo en donde os escuchen y veneren. Una Sociedad de hombres imparciales es la que os ofrece un asiento pacífico, para que declaréis la justicia de vuestro derecho. A ella consulta te convido, discreto Lector, si eres amigo del desengaño. En una Tierra como la en que vivo no se conoce otro Tribunal sino este, por cuyo influjo cada uno razona en la forma siguiente.

34. Como que el Gobierno temporal es para los vivos y no los muertos, la autoridad que en él se confía a un Individuo acaba así que el mismo cesa de vivir. Bajo este incontrastable axioma no puede el Moribundo disponer legalmente de lo que en él desvanece, y no existe más; siendo así que perdiendo con la vida el derecho, dispusiera de lo que no es capaz de dejar permanente, por no ser legítimamente suyo: consiguientemente la sucesión del hijo en el despotismo es absolutamente errónea, injusta y nula.

35. Para ejercer debidamente dicha autoridad se requiere un talento proporcionado; conque el hombre que la transfiere en otro, debiera transferir también su capacidad por ser indispensablemente necesaria; si luego da la primera y quedase con la segunda, expone la autoridad a una mala administración; en consecuencia la donación es imprudente en él, entraña a quien la recibe, y peligrosa para los Vasallos, Si el talento es suyo, y la autoridad (según la hipótesis) la es también, tendrá el mismo derecho de regalar uno como la otra ¿porque luego será válida la dadiva del despotismo, y la del talento no tendrá efecto? Grande imperfección es la del hombre en este particular, pero se debe entender como derivada de no poder lograr todo lo que su ambición y capricho apetece. Regala lo que no es suyo, y muere con lo que le pertenece; muéstrase generoso con lo que no puede llevarse, y llévase lo que debiera dejar. La legalidad del primero es fundada sobre la ignorancia de los mortales, y por lo tocante a la segunda carece de ese apoyo poderoso por falta de supersticiosos que crean la transmigración del talento. Lo cierto es que la misma autoridad tuvo el primer Rey en destinar su Sucesor y Heredero al Trono, como la que tendría cualquier Autor en dejar por testamento su habilidad al Hijo. Se reirían por de contado los postreros de la locura de este último, más parece debieran de la misma suerte hacer burla de la disposición del primero. Por fin el que presumiese regalar su entendimiento no causaría daño alguno, pero la Herencia del despotismo envilece los hombres, perjudica el interés de la Nación, y oprime los Vasallos. Paso a otra reflexión sobre este punto.

36. El que fue primer Jefe de los hombres recibió de ellos la autoridad de gobernar de la misma manera que él que nace recibe de Dios el talento; si luego este ha de perecer, y la autoridad de vivir, es preciso decir, que el regalo de los hombres es durable, y el de Dios caduco; consiguientemente lo temporal será inmortal, y lo espiritual mortal.

37. Si esto no implica contradicción, el hombre se inmortaliza de por sí mismo, y Dios no puede hacer otro tanto. Repara Lector este absurdo, y sigue con tu atención adelante.

38. Las Leyes de España, Italia y otras Naciones declaran el hombre fuera de tutela, y le habilitan al manejo de sí mismo después de cumplidos 25 años. Los Americanos, Suizos y otros a los 21; pero entre las Familias Reales de cualquiera parte no hay esa regla. La distinción que ellas ostentan sobre los hijos de Adán no hace caso de eso, pues estando en su albedrío de hacer y derogar las leyes, no les falta escapatoria y remedio para todo. En muriéndose el Rey y que el hijo tenga 18 o 20 años es bastante hábil para sentarse sobre el solio, y no hay quien le quite el título de MAGESTAD. Todo se hace en su nombre, a todo pone su firma (con pluma o sello poco importa) y todo es firme, legal y válido como si el viejo que días antes murió lo hubiese decretado. Pregunto yo ahora ¿para el empleo más importante en el mundo un mozo de 18 o 20 años es capaz, y en otro de 24 será nula la venta de una simple casa, o celebración pública de una deuda? ¿Un mocito sin barba es Legislador competente de una Nación, y otro más anciano no puede legalmente gobernar y disponer de sí mismo? ¿Qué motivo satisfactorio puede producir, o como justificará este abuso la Jurisprudencia? Si por influjo de ella emanáronse las Leyes, parece que no se admite derogación a menos de insultar la razón, y desbaratar la buena orden.

39. El sentido de tales privilegios es tan necio, cuanto es provocativo; intérnate en él y verás claramente que se dirige a sostener, de que para hacer uso de la Autoridad Real no se necesita, sabiduría, y que se requiere solamente la Forma Material del hombre para ser Monarca. Si dijeran que para gastar el dinero del Público, vivir enteramente en el libertinaje, y hacer lo que dicta el natural fanatismo es bastante un Bruto animal, entonces diré que los Reyes fon muy aptos para eso, pues por lo que se ve no hacen otra cosa; pero si vamos al mérito de gobernar con prudencia, promover el bien de la Sociedad, y cumplir con su obligación, muy lejos estamos de encontrar un hombre idóneo en las Familias Reales.

40. El Gobierno de un Estado es menester que tenga, en todo tiempo su curso igual e inalterable, de fuerte que si alguna temporal casualidad lo llega a parar, debe considerarse un estorbo a la felicidad del pueblo, el cual se debe evitar siendo posible. Acabamos de ver que la Sucesión al Reino tal vez se efectúa en un Mocito, el cual estuviera mejor en una escuela de leer y escribir, que sentado sobre el Trono; veamos pues las resultas de ese Caballerito. Siendo de la edad referida no puede tener experiencia; sin esta no hay buen gobierno; faltando el buen gobierno todo es confusión; luego los Vasallos son expuestos a una consternación sin recurso. Para que llegue a la mencionada habilidad que se requiere, es preciso que pase algún tiempo ¿Qué harán los pueblos en ese decurso?

41. Aguarden si quieren (responderá la Corte, la cual comúnmente pronuncia frases de este tenor); mas la respuesta no cuadra a los oídos de la Sociedad, porque no es de razón que por una falta tan necia padezca atracos de tanta importancia. Gobierno se pide, y no un buen Mozo que agarre el cetro. La pública felicidad sale de la buena dirección de las Leyes, y si esta se para por falta de edad, ingenio o buena disposición en él que se pretende autorizado, será preciso concluir que la ignorancia resiste a la sabiduría, que la mocedad del hombre dicta a la vejez del gobierno, y en fin que los pueblos pueden ser gobernados de cualquiera suerte que sea. Este es el régimen constante de las Cortes, y harto lo manifiestan en su manejo. Para él que obedece al Sabio como al Loco o Animal, poco le cuesta de conformarse a cualquiera opresión; sin embargo admítase o rehúsese, descúbrase o quede tapada la mala obra de una administración depravada, no dejara siempre de aborrecer su Autor. El remordimiento es un enemigo formidable para la conciencia, que es rea: amonesta mientras prepara el castigo merecido, y llegará a debido efecto (lo espero), porque es inminente, y contradicciones de este jaez tienen todavía corta duración. Hasta tanto que el hombre tarda en percibirlas se mantendrán en su elevación, pero en cuanto las conozca preciso es que se agachen, sino las echa abajo. Demasiado amarga se volvería la vida a los mortales bajo tiranía tan grande, y de esta manera, el Mundo iría deteriorando y perdiéndose enteramente. El Gobierno es la ligazón de la Sociedad, y desatándose este nudo irá precisamente a parar en discordias y guerras, que la arruinarán hasta mas no poder. La Juventud que por su insuficiencia amenaza inconvenientes tan graves, es una edad peligrosa para el Público, un empleo disonante, y un Rey por fin perjudicial a aquellos, que le mantienen y favorecen.

42. Los Palaciegos que suelen coger ocasiones como estas para engrandecer sus caudales, (pues de otra suerte no lo pudieran conseguir) procurarán satisfacer al Pueblo diciendo: que el Soberano tiene a su lado Ministros viejos y enterados de lo que pide el gobierno, para suplir sus faltas; mas replico yo ¿a qué sirve entonces el Monarca si otros gobiernan? En ese caso es Rey, y no lo es: aparenta una cosa, siendo otra: tiene la máscara de la verdad, y encubre al mismo tiempo la infamia de la mentira ¿Qué diferencia pasa entonces entre el Soberano del palacio Real, y el de las Tablas? ¿Qué más le falta para ser Embustero y cuadrarle debidamente ese título? ¿Llamaremos luego Padre del pueblo a un Muchacho criatura, que tampoco sabe hablar? ¿Podremos afirmar que es sabia, feliz y poderosa aquella Nación que recibe, obedece y se hinca a los decretos de un Niño Legislador?

43. Si la Sagrada Escritura (mi guía y norte en esta obra) puede hacer autoridad, sírvase el Lector de buscar al (23) en que dice: "Tales son los Ministros como el Juez, del pueblo, y tales los Habitantes de la Ciudad como el Gobernador de ella. Bastantemente aclarada está la materia con este texto, y no quiero más. Considéralo bien, y dejo a tu entendimiento el observar cómo trata Dios a las Naciones que tienen Reyes, y en particular aquellas de que tratamos. Empezando de los Ministros como copias del original que es el Soberano, dice que son muchachos como él sin experiencia, habilidad y modo de gobernar, y tocante a los Vasallos, tontos en dejarse llevar de una pura necedad, y guiar por un Ciego teniendo ellos ojos para ver. Los primeros son igualados a la infancia del Rey en cuanto la picardía y malas trazas de ellos, y los segundos por su ignorancia y fanatismo; de suerte que todos tres vienen a ser confundidos en la misma imperfección, uno de otro nada se lleva, y en una palabra, Niña es la Nación que sufre el gobierno de un Niño.

44. El Despotismo no es mas que un Ídolo de papelón, el cual asusta los Pueblos porque ellos mismos quieren o, tienen gusto en asustarse. Se atrae la pública veneración porque los ignorantes se la tributan. Es un retrato pintiparado de los Oráculos antiguos, en el hueco de los cuales se introducían los pícaros sacerdotes dictando mandamientos y consejos a los Idiotas que los iban consultando, por tal que llevasen víctimas que ofrecer, para luego llenarse la barriga sin trabajo. Los antiguos se acreditaron por simples en esa parte, pero a mi entender fueron mas cuerdos que nos otros, pues miraron con mayor economía el propio interés, siendo así que con quesos, carneros, gallinas y otros comestibles mantenían la misma impostura, que a nosotros cuesta millones sobre millones de pesos anuales. De una credulidad a la otra corta es la diferencia que pasa, sin embargo mayor escusa tiene de su parte aquella, que acarrea menor daño. Parece pues que si los Vasallos de una Monarquía erigiesen una Estatua de cualquier materia que fuese, la adornasen con todos los vestidos y honores Reales, empleasen muchos semaneros a cuidar de ella, y en fin aclamándola por Monarca despótico &c. &c. la mantuviesen con toda decencia, serviría sin más ni menos al mismo propósito, y no les llevaría la milésima parte de los gastos que el Señorito consume a la Nación.

45. Si el Soberano enviase a un muchacho de Virrey, Gobernador u otro cualquiera empleo público a una de sus provincias, dirían a mi parecer aquellos Vasallos: "¿Cómo es esto? ¿No hay en la Corte otro Sujeto mejor para mandar? ¿Pues qué? ¿El Rey nos tiene por niños destinando otro niño para gobernarnos? Váyase en hora mala que no le queremos. Las leyes de humanidad y prudencia, juntamente al respeto que la Nación por todo derecho puede pretender no nos dictan que le recibamos." Bastante motivo sería este para levantarse, y si así lo hicieran tendrían razón. Vamos ahora al punto. Si para un gobierno subalterno y limitado como es el de una Provincia o Ciudad rehusarían sabiamente sus habitadores de admitir un Gobernador tan ridículo ¿cómo tienen paciencia de reconocer otro igual al manejo de un Reino entero y vasto Continente? El que viene de la Corte deja el consuelo de que hay tribunales superiores a él, en donde las apelaciones de sus injusticias y locuras pueden ser admitidas y sentenciadas, pero ¿adónde acudirán por lo que respecta las del Monarca?

46. Cualquiera público empleo en el Gobierno de las Gentes es importante en cuanto requiere un talento particular y proporcionado a su cumplimiento, y a la hora que la habilidad no sea necesaria, el dicho empleo se vuelve inútil é insubsistente. No hay quien dispute de que el que un Rey se asume es el más importante, y que interesa toda la Nación; luego tal ha de ser la capacidad del Soberano, si la proporción tiene observancia. ¿Véase pues si la tiene el muchacho, y si es moralmente posible que la tenga? ¿Qué luz pueden emanar las tinieblas, y que consejo él que es ignorante? Según esto no es el Empleo que es imperfecto, pero el Empleado que lo rinde inútil y perjudicial; no es la habilidad que ha de servir al Gobierno, sino el Gobierno a la habilidad, y en fin el Cañón se ha de fundir a medida de la Bala y no la Bala a la del Cañón, o (para explicarme mas trivialmente) la Persona se ha de componer a medida del Vestido, y no el Vestido a la de la Persona. Si por mi desdicha hubiera nacido corcovado y por no poder costear una casaca nueva la mercase hecha de algún ropero, mal estaría yo si hubiese de seguir esa moda extravagante. ¿A dónde iría a parar yo después de cortada la corcova? ¿Conque para el gusto de llevar un vestido que me tomase bien el talle, me conformaría a semejante cumplimiento? Otros lo podrían hacer si quisiesen, pero yo no sería tan tonto: a un lado dejara la ambición, y me iría en cueros si fuese menester. Con todo, este es el lenguaje del Despotismo por lo tocante al gobierno político de sus Vasallos. Quieran, o no quieran, mozo o viejo, bueno o malo, todo se ha de componer a la medida, gusto y orden del Caballerito que gasta corona; porque adoptó constantemente la máxima y la manifiesta por lo claro con sus operaciones, de que no nació el Rey para el Pueblo, sino el Pueblo para el Rey. Principios tan contradictorios a la justicia, razón y caridad, me obligan decir que más vale carecer totalmente de gobierno, que admitir uno mal fundado, y peor administrado.

47. Dos riegos corren los Vasallos en la mocedad de su soberano, sin tener a la contra medios por donde sacar la equivalente reparación de los daños. El primero es la privación del buen gobierno sobre el cual funda su paz y felicidad, y el segundo el considerar que aun sobrelleve los inconvenientes de dicha mocedad, puede hallarse al cabo con un Rey, en cuya mollera no quepa sal alguna, lo que sería peor de todo. Por efecto de naturaleza todos los entes en este mundo padecen continua mudanza: Los corpóreos pasan bajo una forma o apariencia a otra, y los espirituales (esto es atributos buenos o malos del ánimo) apáganse en una Familia, y resuellan en otra. Muere un docto, y deja un hijo ignorante de la misma suerte que de una humilde choza sale un hombre de grande entendimiento. Mis padres: fueron ricos, y yo me hallo pobre, cansado de escribir, y sin probable apariencia de mejorar. Un ciego casado con una coja y corcovada tiene una hija, que es la flor de la hermosura y el hechizo de las gentes. Sobre nada puede contar el hombre tocante las disposiciones naturales, las cuales casualmente mejoran una y desgracian otra cosa; sin embargo hay quien se presume libre de esa alteración. Las Familias Reales son las que ostentan semejante privilegio, pues no suponen alguna variación en su desentienda. El influjo que la naturaleza tiene arbitrariamente sobre los hijos de Adán, no produce efecto en la generación de los Monarcas. El príncipe sube al Trono no como hábil, sino como hijo. Ninguna desigualdad se figura entre el talento del nuevo Rey y el del difunto, porque la autoridad que el antecesor tenía es perfectamente igual a la del sucesor. En este caso el efecto es el origen de la causa, y no la causa del efecto. El poder produce el talento, y no el talento ejerce el poder. Si Salomón fue sabio por ser Rey ¿por qué no tuvo el mismo talento Rehoboam su hijo, que sucedióle en el Reinado? Observa Lector todo el Capítulo XII del libro I de los Reyes, y verás que diferencia pasó de un gobierno a otro. Confieso mi pecado en no entender esta forma de argumentar, pues tan corta es mi capacidad que no puedo tantear el camino que hará aquel barco, el cual navegue con la popa y no con la proa adelante. Sin duda que es una Náutica del todo nueva, y siempre que salga mejor de la vieja, el piloto inventor supongo no carecerá de aplausos.

48. En toda clase de gente se distingue el docto del ignorante, la vejez de la mocedad, el hombre de bien del pícaro; según su mérito cada uno es atendido, pero en las Familias Reales no hay tal cosa, pues tanto es uno como el otro, y sea quien fuere usa del mismo poderío. Todos los Herederos de corona así que llegan a la dignidad del cetro son iguales en edad, habilidad y genio a sus predecesores. Las órdenes del Rey mozo son apreciadas como la del viejo; tanta es la veneración que se presta a la Majestad de un loco e ignorante, como a la de un prudente y sabio Monarca, y en fin con la misma prontitud ejecútanse los decretos de un libertino y tirano, como los de un recogido y humano. Entre los Soberanos la ignorancia es sabiduría, y la sabiduría ignorancia, pues tanto vale una como la otra, y así en lo demás. El palacio real es casa de contradicción, porque el bien y el mal no son enemigos sino hermanos; acuestan en la misma cama con perfecta armonía y paz. Si sea la Santidad, o Diablura la que produce un milagro tan extraño y nunca creído, no se necesita interpretación para descubrirlo. Lo cierto es que no se puede admitir el Despotismo, ni dar por válida y legal la herencia de él, sin desbaratar el curso periódico de la naturaleza, y destruir el centro de la racionalidad volviéndonos tan brutos y animales, como tontos y ridículos.

49 El Talento es la mejor prenda que la criatura humana pueda apetecer, y la que distingue un individuo en el valle de los mortales. Tanto es estimable cuanto es rara, y a ella sola compete de agarrar las riendas del gobierno bajo cualquiera forma humana en que le dé gana de recogerse. Casual es su residencia, y no tan fácilmente descubierta, por consiguiente casual es el mérito de gobernar, y no tan fácilmente aprovechado. Ningún hombre o descendencia de hombre colectiva o privadamente tiene derecho a la administración del gobierno, como no lo tenga al talento. Siempre que él o ella posea sólidamente una alhaja tan necesaria y útil, será idóneo, o idónea para guiar y proteger un Pueblo o Nación; mas en cuanto la pierda, voló la preferencia y no existe más. Si la ambición de haber tenido un padre Gobernador induce el hijo a ejercer la misma autoridad, apruébensela los Pueblos o no, es una temeridad y usurpación: en este mismo rincón merecen ser arrumbados los del Despotismo. Mande Dios (por efecto de su omnipotencia) que el Talento sea propiedad hereditaria, entonces militará en favor de los Monarcas algún motivo justificante para suceder a la autoridad Real, siempre que lo tengan de su principio; pero mientras tarda a publicarse ese decreto celestial, y que ajeno de misterios evidentemente se efectúe, ni los Reyes tienen derecho al Solio, ni los Pueblos de aclamarlos tampoco. De la misma suerte que el Creador no puede obrar cosa mala, porque repugna a sus atributos, el Pueblo que es su Voz no puede razonablemente hacer, o a lo menos no es válida cualquiera cosa que haga en contra su autoridad, interés y sosiego; consiguientemente no debe ni puede reconocer por Jefe, cuanto menos por Soberano un individuo cualquiera, que por falta de competentes requisitos se vuelva luego después el tirano y ruina de quien le exaltó y mantiene.

50. Una Nación libre que se mude en Monarquía comete el mayor delito, que la humana perfidia pueda intentar: avasalla a sí misma para cautivar a sus postreros: sacrifica prodiga y tontamente su bienestar para hacer infelices a sus propios hijos: es traidora contra sí, y tirana con los demás. Ningún Hombre, Sociedad o Pueblo puede prometer, dar o hipotecar, sino lo que es realmente suyo; siendo así que la libertad de los que han de existir no pertenece, ni es legítima propiedad de los que existen; luego el hipotecar, vender o regalar la libertad de los que vivirán, es hacerse dueño de lo ajeno, y disponer de lo que en derecho no es permitido. Si las Leyes humanas castigan con la horca a los Ladrones de camino, porque ilícitamente se apropian la hacienda de los que topan, lo mismo merecieran y merecen los Pueblos de que tratamos, pues de unos a otros no hay ni percibo diferencia alguna. Al silogismo precedente voy a agregar otro para concentrar con mayor fuerza el sentido de esta materia. Todo lo que sin poderlo absolutamente remediar ha de ser propiedad ajena, no es realmente nuestro; y como que la libertad presente ha de volverse la libertad de los postreros; consiguientemente la libertad que gozamos no es realmente nuestra, y sí de los Venideros. La relación inseparable que la libertad nuestra tiene con la de nuestros Hijos, Nietos, Bisnietos &c hace que se junten ambas a dos en una misma, esencial, sola e indivisible, de suerte que no se puede disponer de la primera sin disponer al mismo tiempo de la segunda; por todo lo cual ningún Hombre, Pueblo o Nación tiene derecho de renunciar a su libertad, porque aún parezca suya en virtud de poseerla, no es legítimamente tal, sino de otros. El dominio que tienen sobre ella los hombres es de gozarla, y no malograrla. Son Agentes interinos, y no Dueños en propiedad: pues de la misma suerte que ellos la recibieron de sus Padres, tienen de entregarla a sus Hijos, y estos deben hacer lo propio con los que vinieren después. Si yo quisiese vender la Casa que su dueño me tiene alquilada con la sola pretensión que vivo en ella, sería una contrata tan nula y sin efecto, como presuntuosa y ridícula si los oídos de quien la penetrase; lo mismo pues viene a ser con la autoridad, que se usurpa una Edad sobre la otra. Ambas contratas son imaginarias, pérfidas y criminales.

51. Supuesto que yo dijese, que los Muertos viven y los Vivos mueren (hablo así como suena por lo temporal, dejando a un lado Misterios, o puntos de Religión) me responderías que soy falto de juicio, o que no entiendes el enigma: voy a explicarme por lo claro. Los que nos vendieron (barato o caro no lo sé) o regalaron a los Señores Reyes viven en su voluntad, decretos y convenios mientras nos otros estamos agonizando bajo la opresión de los Tiranos; consiguientemente los que son en polvo viven, por la contra nos otros con carne y huesos estamos continuamente muriendo. Parece enfática la reflexión, pero lo patético no le quita lo verdadero. No un solamente esos indignos llevaron la intención de perjudicar a los postreres, sino tuvieron la ambición de perpetuar su memoria; sin embargo si no nos acordamos de ellos no es ciertamente para celebrarlos, sino aborrecerlos y condenarlos.

52. Para aprobar pues la conducta de esos Comerciantes de Libertad no hay sino primero decir, afirmar y jurar que la muerte es vida, y la vida muerte sin más distinción que la que se percibe en el sonido de las palabras. Lleguemos a adoptar de común acuerdo esta proposición, y seremos tan ignorantes como fueron inicuos nuestros judas antiguos.

53. El mismo derecho tenían ellos y tenemos nos otros en oprimir a los postreros, como si los antecesores. ¿Veamos luego si podemos castigar si los que tan infamemente ultrajaron a la Sociedad? Bien entendido que si nuestra sentencia no lleva su cumplimiento con los primeros, tampoco será válida con los segundos. Si ella es inútil porque se dirige contra aquellos, que no existen más porque han muerto, será del mismo modo mala para con aquellos, que no existen todavía porque han de nacer.

54. Siento de extenderme algo más en esta materia, pero no lo puedo remediar, tal es la gana que la tengo. Para que veas, Hermano, la sinrazón y picardía de aquellos pueblos, que trocaron la libertad con la esclavitud, es preciso consideres que no tan solamente militaba en contra de ellos la luz de la verdad y buen juicio, sino que hasta las Leyes de naturaleza reprehendían tal determinación. Ellas mandaron desde el principio de los tiempos: que no se haga a otro lo que no se quiere para sí ¿Véase si nuestros Padres cumplieron este precepto en sus memorables hazañas? Nacieron libres, y ataron a sus hijos con unos grillos y cadenas, que la sangre y la desesperación solamente puede quebrar al día de hoy; entraron en la felicidad para abusar de ella y quitarla a aquellos, que también la debían disfrutar. ¿Hubieran querido que lo mismo, que ellos hicieron a los postreros se lo hubiesen hecho sus progenitores? ¿Que pudieran responder a esta pregunta si para ello volviesen a vivir? Tengo para mí que hubieran blasfemado y maldito a sus padres, del mismo modo que los pobres vasallos del día tienen motivo y razón de maldecir la hora y el punto en que Dios puso esos pícaros sobre la tierra. Obraron de esa manera como animales, pero no lo podían hacer por estilo alguno como hombres. Tan injusta y nula fue la constitución de las Monarquías, como es de legalidad, y rectitud el abolirías del todo. Consúltense las leyes inalterables del Cielo y de la Tierra, y todas a una voz aborrecen cualquier decreto de esa calidad, porque es solamente justa aquella Constitución, la cual mira lo presente y no lo pasado o futuro. Cualquier testamento, orden o ley que se extiende fuera de los límites de la vida de su Autor, es nulo enteramente después de su muerte, por esto (repito (24) el Gobierno es para los vivos, y no los muertos; consiguientemente es válido en cuanto tenga ejecución; es así que no la tiene porque con la muerte separa, luego el gobierno de una Edad no hace autoridad sobre la otra. Supuesto que lo apruebe, en ella está continuar su ejecución, pero en llegando a rehusarlo tiene amplia facultad (salvo el derecho de la posteridad) a cualquier momento que ella juzgue por conveniente de reformarlo, anularlo o cambiarlo del todo; en la inteligencia que el establecer leyes es un derecho original, que compete sola y directamente al pueblo unido o sus diputados para eso, y no a alguna porción o miembro privato de él.

55. Cualquiera autoridad que los Reyes de su principio hayan recibido o usurpado, puede suponerse válida en cuanto ha habido y haya quien se la consienta, mas por lo chocante a su origen fue del todo ilegal, pues la justicia directamente se le opone. La basa sobra que se fundó el Despotismo fue el Pecado (25), y con él va arrastrándose hasta que los trabajos y penitencia de los hombres dispongan otra cosa. La preferencia que dieron los Judíos a Barrabás en contra nuestro Divino Redentor, fue una copia exacta de la de haber elegido el Gobierno de un Rey, desechando el de nuestro Dios, solo yverdadero Señor: Repugna desde luego al Creador el despotismo, como le repugnó la ingratitud de sus creaturas. Ella promovió la institución de él, y es la que legaliza anualmente su carrera: no es pues de extrañar que este Sátiro asqueroso, nacido de la putrefacción de los vicios, haya parecido en la tierra para menospreciar, y hacer burla de los mortales. Con más hondo y extenso es el mar de nuestras lágrimas, navega él muy contento y alborozado: exáltese sobre las ruinas ajenas, y vive para destruir quien le sostiene. Por último, corroborado de los argumentos, pruebas, y razones que he producido sobre el particular, créome habilitado a decir que los Reyes y sus Descendientes fueron, son y serán hasta que duren un hato de pícaros, usurpadores y tiranos, comparando el Despotismo al Espíritu de contradicción, el cual repugna a su existencia, envilece y tormenta a los que buscan su abrigo.

 

CAP. II.

ATRASOS Y DAÑOS, QUE EL DESPOTISMO ACARREA A LA SOCIEDAD.

El efecto es imagen de la Causa porque procede de ella, y si esta es mala él ha de ser tal. Lo que esencialmente contradice al Cielo, al Mundo y a la Razón no puede por ningún estilo ser bueno, consiguientemente sus producciones serán inicuas, repugnantes y detestables. Este argumento es el nicho destinado para colocar a la vista del Público el ídolo infame del Despotismo, y a fe que es cuanto cabe. Casi todo el contenido del capítulo precedente es una conexión de razonamientos naturales, a cuya fuerza ninguna cavilación artificial puede resistir: este por la contra no será que una simple descripción del manejo exterior e interior de las Monarquías. Como que pues el discurso silogístico pide razón y no crítica, el histórico ofrece abrigo para admitir las sátiras: en este concepto me hago el cargo que si mi Rival no halló trazas en el primero para tacharme de calumniador, lo hará sin falta en el segundo, pues preveo que no pudiendo el Público ser cauta y plenamente informado de todo lo que pasa en las Cortes, muchos serán de una opinión contraria a la mía, y sin más ni menos dirán que pinto una cosa por otra. El aprovecharse de tal sombra queda al cuidado de mi referido adversario, pero no sé cuánto le durará. Para mi tengo que ninguno se toma a pecho cosa que no le va ni le viene, si alguno pues se manifiesta agraviado es señal que la lanceta llega a lo vivo. El Refrán (2) me aconseja de callar, mas la Verdad me rempuja adelante y hace que responda con otro (2).

2 Ninguno puede sondear la capacidad del hombre, cuya profesión cualquiera sea deja siempre lugar para aplicarse a otra cosa. La curiosidad explora, y el talento penetra, descubre y publica. Bastante he viajado (aun mozo todavía) y pocas cosas se me escapan de la memoria respeto a lo que reparé en la variedad del Mundo: haz cuenta pues que el Despotismo haya sido para mí una materia, a la cual preste desde mis primeros años la mayor atención. Si los informes que pude sacar en este particular son acertados o no, mis escritos lo dirán, y para hacer ver que soy más discreto y menos crítico de lo que puedan suponerme, discurriré sobre lo que es más notorio y fácil de juzgar, omitiendo el descubrimiento de aquellas picardías que pasan bajo el nombre de Secretos de Gabinete.

3 El Despotismo ostenta su fausto y poderío por medio de los tres siguientes Despachos o Secretarías a saber: ESTADO, HACIENDA y GUERRA. La mira general de la Corte es de conservar al Rey la absoluta autoridad, y patrocinar el manejo de sus Ministros y Empleados. Por tal que sus órdenes tengan ejecución el útil de los pueblos no se considera, y si salen en bien es una casualidad. La tarea del Despacho de Estado se extiende a todos, los asuntos políticos, sean estos exteriores o interiores del Reino. Los primeros conciernen Embajadores, Ministros Plenipotenciarios, Encargados de negocios, Cónsules &c. residentes por S. M. en Tierras extranjeras, y los segundos a Virreyes, Gobernadores, Presidentes, Intendentes, Oidores, Regidores, Alcaldes y otros empleos, que se llevarían todo el volumen de este libro si fuese preciso irlos mencionando a cada uno. De la referida Secretaría pues salen todos los despachos y ejecutorías para autorizar cada individuo a la administración de su respetivo empleo.

4 Ten presente, Lector, todas las distinciones hechas hasta aquí, las cuales no dejarán de ir saliendo cada una a su tiempo y lugar; entretanto será bien que quedes prevenido, de que el Despotismo por máxima constante a nadie admite en su servicio sino es Noble, Rico y Picaro. Los dos primeros requisitos se suponen proporcionados al empleo que el individuo solicita, y el tercero con roas que sobresale en cada uno, añade mayor mérito a su conducta.

5 Empezando pues de aquellos que tratan los asuntos de la Corona en los Estados extranjeros, es muy visible y notorio que los Embajadores, Ministros &c, no saben en que pasar el tiempo si no en convites, crápulas, teatros, tertulias, bailes &c, que les rinden perezosos, libertinas y pródigos. La idea de esos Señores es de hacer honor al Soberano que les envía, pero no consideran que su manutención sale de las costillas plebeyas, y nada hacen para merecerla. Deudas por un lado, deudas por el otro, de esta suerte van andando; páganlas cada fin de año, y tal vez esperan hasta el último instante que salen para regresarse: esto da motivo a atrasos y desconfianza entre los mercaderes, tenderos &c. y no es de extrañar si muchos CABALLEROS de esa calidad no son capaces de hallar el valor de un alfiler al plazo de quince días. Frecuentemente se les ofrece ocasión en esas Tierras de aliviar algún paisano con sola su protección, mas se hacen el cargo que sirven al Rey, y no a la Nación: consiguientemente tienen escusas a manta para no hacerlo, y a pesar del deber y urbanidad con una negativa le dejan desamparado. Aun tengan rentas de sus Casas, y con el aumento de un generoso salario puedan vivir honradamente, no falta entre Embajadores y Enviados quien sea tan ruin en tener mano a contrabandos para ganar dinero, y en llegando a ser descubierto sabe gozar el fuero de su Público Carácter, y no tiene la menor vergüenza en pedir la suma dada por decomiso (3). ¿Dónde se aprende semejante bellaquería, si no en las Escuelas del Despotismo y Aristocracia?

6 Los Cónsules &c &c. trajinan de otro modo para aumentar sus caudales. Despiértanse al amanecer del día, y poco curándose de la obligación que tienen para con sus capitanes, corren a la Vista mirando si parecen otros barcos para cobrar más derechos de consulado &c. La mayor parte de ellos sigue el comercio, y por ese lado como Truchimanes de marca mayor, chupan de los capitanes, pilotos y tripulaciones, los cuales llevan comúnmente algunas pacotillas. Si da la casualidad que los géneros (por ser de contrabando, o no incluidos en el manifiesto) son prendidos, saben ellos muy bien volverse procuradores, pedir depósitos para las costas, y cata ahí otras gangas y medios para quedarse con todo, pues en saliendo los navegantes a otro viaje, ya pueden hacer cuenta que jamás volverán a ver un maravedíes. Nace de esto una infinidad de disputas, mil representaciones se hacen contra dichos Empleados, y ninguna satisfacción sacan los querellantes. Háyanse estos sin su hacienda y por añadidura con la enemistad de sus Cónsules, los cuales están ojeándolos por tal de pillarlos otra vez. Estas son las resultas, y los que las sufren son los vasallos por falta de buen Gobierno. Apuesto que no se hacen semejantes picardías en los Consulados Democráticos, pues cualquiera que se halle agraviado puede hacer valer libremente su derecho, y no carece de una pronta justicia.

7 Por lo que toca al Gobierno interior del Reino, los Nobles son los que suben graduatamente a los empleos grandes y honoríficos. En todas las cosas el mayor enseña al menor, y como que el Monarca es el Typo del orgullo, todos los adherentes a la Corona siguen en cuanto les es permitido su ejemplar. Los Cordones azules, toisones de oro, fajas de S. Genaro y Grandes Cruces les exaltan a la Hermandad Real, y les parece (4) que estando fuera de la Corte son otros tantos Soberanos, y que ninguno por honrado que sea pueda igualarse con ellos cuanto menos hablarles. Para producir alguna demanda es obligado el Plebeyo llevar su memorial, mas que le cueste cualquiera dinero, tiempo y atrasos: además de esto, que tenga su sombrero en la mano y la cabeza baja. Reparan a estas ceremonias los Criados del Despotismo con la mayor atención, y si el Suplicante por no ser enterado de ellas o tener alguna hinchazón de garganta, no presenta el pedimento con veneración y no inclina la cabeza, no hay favor que tenga, y puede creerse dichosa si además de no lograr el. intento no recibe alguna mala respuesta. Así trata la Nobleza, y esta es la moda con la cual gobierna los Pueblos.

8 Todos los Oficiales grandes y chicos en la Corte tienen un sueldo del Rey proporcionado a su condición, bastante para mantener con decencia cualquiera honrada familia: pero quien tiene un amorcito platónico, quien es amancebado y quien se huelga con las rameras, practicando una hoy y otra mañana. Esta es la vida de los Señores, y gastos de esta naturaleza alguno de juro ha de costearlos. La riqueza ahora de los Aplicantes entra por su giro.

9 Hay quien paga por ser Virrey 50 mil pesos, y tal vez no falta quien ofrezca mas por el empleo. Los precios corrientes de los Arzobispados, Obispados &c ultramarinos son de 30 bajando hasta 10 mil pesos con arreglo a la vastedad, rentas é inciertos de la provincia, la cual por una mera especulación solicitan gobernar. Respecto a los Oidores, Asesores &c. dejo que mi lector conjeture el arancel, pues, nunca yo acabaría con los precios de esa Tienda, siendo casi innumerables los judas y Fariseos del Despotismo, que como sanguijuelas andan a cada instante chupando la sangre de la Nación. Lo cierto es que nada se logra en la Corte sin dinero, o Pagarés con fianza abonada. Las personas que más pueden en esas ocasiones son las Concubinas de los Palacianos. El sueldo que mantiene dichas Señoras, sale de las recomendaciones que ellas envían a los Ministros; El que obtiene introducción con las mismas y quiere acelerar su despacho, no tiene otro remedio que aflojar las monedas antes de ver las resultas. Cuatro o seis, como decir veinte o cien onzas de oro (las cuales con ruegos y súplicas han de ser recibidas) sacan de la Madama que sentada en un canapé se hace la desentendida una simple notita, y esta es bastante para que el recomendado sea admitido y contentado en lo que desea. Vuelve luego como es costumbre a dar las gracias a la Benefactora y si tiene algo que le sobre en el bolsillo, logra además de la protección, la confianza y el cuerpo de la que se llama la Conocida y Reservada para Su Excelencia el Señor Don N. N.: mas no nos perdamos en chascos de putas; el Despotismo da más que decir: vamos adelante.

10 Llegan los Señores Empleados a su Residencia y todavía no han tomado posesión de su autoridad, que piensan en el modo de recaudar los gastos exorbitantes que para ello hicieron en la Corte. Hazte el cargo que tal será la conducta de esos Caballeros recién llegados. El corazón se me quiebra porque conozco la verea que van pisando, y el tuyo también se quebraría si el tiempo me permitiese de decirte todo por menudo: solo me contentaré con afirmar que pobre es aquel Pueblo, si el que recibe por Jefe gastó demasiado y es escaso de moneda. Infeliz Cabildo, cuyo presidente busca mineras de oro. Desdichado quien pide justicia, desvalido quien tiene razón. El Rey está lejos (tales son las quejas del Vulgo, y si estuviera presente quizás lo mismo seria) conque todo es confusión, y por medio de la misma los bolsillos de los Gobernadores &c. vánse poco a poco llenando. El rico ofrece más, y con eso oprime el pobre. Los abogados piden dinero y si el cliente no lo tiene, ni ellos pueden parecer a la defensa ni los pedimentos están escritos. Para lograr audiencia es menester regalar al mayordomo, y; a pesar de estos gastos lleva tal vez la repuesta que Su Excelencia está ocupado o indispuesto ¡Dios mío que revuelo, que caos, que desolación! Con mas que uno pasea en esos Cabildos, Tribunales y Escribanías mas embrollado se encuentra, con la mano en el bolsillo a cada instante y sin provecho; pierde los días, semanas y meses enteros en las Anticámaras, y ninguno le mejora su tiempo perdido. El comerciante, él que pleitea, el artita, la viuda, los huérfanos, los militares, los paisanos y en fin toda clase de gente anhela, trabaja y gasta para ser despachada, y nunca o muy tarde llega la hora de la providencia conclusiva ¿Es esta ley de Dios, humanidad y buen gobierno? Si quieres responder categóricamente, dirásme que esta y no otra fruta produce el Despotismo. Paso al segundo.

11 La Secretaría de Hacienda en lo perteneciente a despachos de cualquiera clase que sean, sigue exactamente la regla de la de Estado como hija que también ella es de la Gran Madre Monarquía. Es por demás la descripción de la sincrianza de los Señores Delegados de Renta, Administradores, Contadores, Vistas &c, pues tan notoria es en todas tierras que no parecen sino tiranos de los vasallos, y adversarios jurados de los comerciantes. Tienen (como se suele decir) el pie en dos zapatos. Cuando se acuerdan que el Rey les emplea y que la conciencia les pica, todos son fieles, agarrados a la obligación y escrupulosos en no quererse confesar de contrabandos: pero así que pasa ese humo y les viene a la memoria que tienen familias o concubinas de mantener, y que de ellos está ganar dinero, si quieren, entonces se juntan con el que despacha o tiene géneros de introducir por alto, y el interés del Rey va volando. El sueldo que S. M. pasa a cada uno cuéntase para tomar las once en la mañana y el café en la tarde, pues poco trabajo les cuesta el granjear lo que piden los demás gastos ¿Qué te parece, Lector, de los chascos que esa gente pega de cuando en cuando al Rey, defraudándolo hoy de sus derechos, y hacer que mañana lo pague él que pisa el enlazado de las Aduanas y es ignorante de tales picardías? Por todas esas callejuelas he pasado yo, y si digo verdad o mentira sé que quien es del comercio no se quedará atrás en el conocimiento de lo que digo, y hará buenas mis expresiones. También podría ser que el mismo piense que yo lo hago de perezoso en no ampliar con mayor distinción las infamias de los que por ese lado comen el pan del Rey, mas preveo, que el aclarar mayormente esta materia seria odioso demasiado, y así dejo que otro la trasquile mejor.

12 Mas de 86 mil Dependientes se cuentan empleados en la Renta. La variedad de sus sueldos rinde difícil cualquiera tanteo en esa parte; sin embargo hago la distinción de ellos en tres clases (5). Los de baja ralea tienen su caja pública en donde van colando las ganancias de la Hermandad (6), y lo curioso es que además de ser todos juntos infieles a su Amo, cada uno de por sí lo es para con el Gremio: pues en llegándole la oportunidad de hacer algún contrabando, echase en el bolsillo lo que saca, sin que los compañeros lleven su cuota. Repara la bellaquería y saldrá por verdadero lo que dije poco antes tocante al requisito de los que su Majestad admite en su Servicio (7). Del chico al grande puedes conjeturar que maniobras hay en la Renta, pues lo que unos hacen, otros no dejan de hacer lo propio, con la diferencia que en los primeros la mensual repartición de inciertos llega a 15 hasta 25 pesos mas o menos, y la de los segundos de 100 hasta 200 ydm. a medida de los negocios que se ofrecen. He sido compadre de bautismo con cuatro guardas, y dos veces con los que tienen mando; de todos fui tomando informes con arreglo al estado de cada uno, y saqué en limpio lo que acabo de decir.

13 Hablando a hora como un miembro imparcial, que procura el bien y adelantamiento de la Sociedad ¿Quién no conoce ser una locura manifiesta de emplear tantas cuadrillas de gente por una simpleza como esa? Si hicieran su obligación vaya con Dios, el dinero no sería tan malamente echado a la calle, pero en lugar de eso vacían el tesoro Real mientras chupan ilícitamente por otro lado. Hay una Monarquía de las que he visto, la cual se queja de no tener gente bastante que se dedique a la agricultura do los desiertos y páramos, de que se componen en gran parte los varios Reinos que la misma posee en Europa, con todo la Renta está cada día reclutando gente como si no pudiera gastar de otra suerte el Patrimonio Real. Nunca llega a ser completo el número de esos ganapanes, y es muy natural que cada pobre de por sí deje de buena gana las fatigas del arado si puede vivir descansadamente con el empleo de Cuarda, ganando dinero sin trabajo.

14 A tenor de la cuenta precedente, el mantenimiento anual de esa familia cuesta al Rey arriba de diez y siete millones de pesos fuertes, y en proporción de la salida ha de ser sin remedio la entrada. Los derechos pues que S. M. carga y cada vez más aumenta sobre los habitadores, artes, profesiones, producciones y géneros pasar, de la imaginación. Una álgebra continua y desconocida es la que sostiene el manejo y extorsión de las Aduanas, que hace perder el juicio a quienquiera que intente su descubrimiento. Para hacer burla del Público se imprimen a menudo Aranceles, puro los géneros que no van expresadas en ellos, háyanse sujetos a unos Vistas arbitreros, los cuales procuran satisfacer las deudas de conciencia cargando más de lo que la mercancía puede razonablemente tolerar. En estos Puertos se concede a él que despacha el plazo de seis meses para el pago de los derechos, y si los desembolsa de contado se le abona un generoso descuento; mas en ciertas Plazas principales de Europa no hay tal cosa: el dinero ha de parecer sobre la marcha y sin abono alguno, de lo contrario la guía está detenida en la Tesorería. Aquí se concede el traspaso de géneros de un barco a otro sin pagar derecho, y si alguno envía a otra parte los que ya pagaron entrada, saca sin dificultad el correspondiente abono de ella, pero en los puertos de Monarquía es muy diferente: las mercaderías que llegan en un buque más que sean dirigidas a otro puerto fuera del Reino, si el barco (por ser inhábil a seguir su viaje ) no puede llevarlos, han de desembarcarse, pagar los derechos, y luego el dueño o consignatario puede disponer de ellos como tuviere por conveniente; así también los géneros que pagaron derechos de importación, tienen de pagar los de extracción (8) conforme van saliendo. El verbo abonar es griego o morisco, para aquellos Aduaneros porque no lo entienden. Lo que buscan y conocen es la. plata; sea justo o no, se hacen el cargo que el Rey es bastante poderoso para hacer que el robo sea considerado y admitido por cosa lícita, santa y necesaria. Vengan derechos con que se llene el Erario para que los picaros lo vacíen, no hace caso, a nada se mira y quien habla en contra se le acumula el reato de Rebeldía. Los Pueblos como Vasallos de juro lo han de sobrellevar, y en haciendo resistencia mayor infamia pueden aguardarse de los regimientes que el Rey envía a sujetarlos. He aquí en que consiste la autoridad del Despotismo, como se administra y que objeto tiene. Bien conoce la Corte, y no lo niega que los Pueblos andan empobreciendo, mas quiere que al poder salga de su miseria la riqueza de la tesorería. Busque cada cual trazas por donde aviarse, que el Rey introitando lo que le da la gana está satisfecho. Una demasía semejante no puede a menos de despertar la codicia de cada uno en procurar un despacho ventajoso de sus géneros, zafándose de los reales derechos aunque la mitad de ellos se la lleven los mismos dependientes por introducirlos segura y secretamente en su almacén. Todo está bueno si la faena no encuentra algún tropiezo, pero con todo ningún alivio goza el Público con eso, siendo así que cada uno busca su interés y vende los géneros a lo mismo que si se hubiesen despachado por la Aduana. Hablando de los habitantes de tierra dentro, llenas son las Villas, Lugares y Aldeas de hombres cuya profesión no es otra que la de ir a la Raya por tabaco, y por medio de ese tráfico mantienen honradamente sus familias a riesgo de sus pellejos y libertad. Los que por falta de valor no se determinan a ese trajín, pueden prepararse a trabajar como perros en cultivar sus campos y cortijos, porque de otra suerte es menester que perezcan de hambre, pues la mayor parte de los productos que su sudor adquiere se la lleva el demonio con los derechos, décimas &c, y siempre se hallan en pelota. La natural inocencia de esos labradores les dicta una resignación a los trabajos que asombra, y muchas veces oí salir de sus bocas el refrán; desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano: por gusto conversando con ellos, les hice considerar que las fatigas envejecen el hombre, y que no hay peor achaque en dicha edad que la pobreza: mas lo que remata sus dicursos es el descansar enteramente en la Divina Providencia.

15 Habiendo brevemente tocado sobre los Contrabandos que en los puertos y tierra dentro se hacen, paréceme ser muy oportuno de preguntar nuevamente la causa. El origen de eso (se me responderá) son los derechos demasiados impuestos sobre todos renglones de comercio: mas replico yo ¿porque el Rey es tan indiscreto en pretender lo que el Vasallo no puede buenamente contribuir? Volveránme a decir que tiene infinitos gastos, y que si no fuera por eso no podría pagar las soldadas que le corren ni vivir tampoco. Si bien reparas, verás que la conclusión de todo se apoya a las espaldas de los Pueblos. Se acuerda de estos el Monarca cuando necesita dinero, y los olvida con más que los cajones se van llenando. No hay alhaja mas preciosa para el Soberano que los Vasallos, sin embargo tan mal les trata como si nada de ellos se curara. Echan a sus pies los tesoros, y nunca le contentan. Mantienen quien se despacha Señor de ellos, costean su ambición, pagan los gastos necios de su prodigalidad y en resumidas cuentas todo es nada, pues ningún mérito llevan con eso. El que recibe tales favores ni por pensamiento se muestra agradecido, porque tiene otra opinión diferente. Es enteramente persuadido que todo es suyo, y que son producciones del Ganado que ha heredado, por consiguiente seria vileza el profesar la menor obligación.

16 No deja de saber que si bajara los derechos no habría contrabandos, y en ese caso los millares de dependientes que mantiene serian inútiles. Ve muy bien que dicha multitud de gente ociosa y mal inclinada pudiera emplearse en la agricultura del continente, y que en pocos años la Nación no necesitaría comer el trigo extranjero y costoso, sacándolo en abundancia y barato en su misma tierra. Considera también que el ahorro de diez y siete millones de pesos fuertes sería una ventaja grande para el Reino, si en lugar de gastarlos tan malamente quisiese destinarlos en alivio del Comercio: este entonces hallándose más desahogado se empeñaría en procurar el adelantamiento de las manufacturas, artes y productos, de cuya fuente manan las verdaderas riquezas y florecimiento de un Estado; mas ninguna impresión hace todo esto en la idea del Rey: perezca el Tráfico, párense las Fábricas, huyan los Comerciantes en busca de mejor residencia, no se le da cuidado alguno. La cuenta que él hace, es que si gasta otros pagan: este es el rumbo que ha tomado, y venga lo que viniere la derrota se ha de seguir a pesar de cualquiera viento favorable.

17 Queda por último de ver lo que resulta de la Secretaría de GUERRA. Esta sin más ni menos tiene la misma institución y manejo de las precedentes, y sobre ella descansa el Cetro y la Corona, pues sin la fuerza el Despotismo caería al suelo. Sobre esta basa elevase la ostentación como pirámide, para que los Vasallos la tengan respeto, y los enemigos tiemblen a la vista de tan belicoso aparato.

18 Todas la Naciones tienen ese público despacho, pero diferente es el sistema de cada una en esta parte. Las Repúblicas Democráticas buscan por medio de él la seguridad del Estado, la economía de su administración y el útil del Erario público: por la contra los Monarcas lo mantienen en todo tiempo con igual esplendor y profusión, porque el orgullo pide decoración y la celosía procura cautela y sosiego. Parece fuera imprudente de abolir este ramo de gobierno, pues la Sociedad quedaría desamparada y por consiguiente fuera perjudicial; sin embargo no sé cuál sería más dañoso para ciertos Reinos, si el no tener un militar, o gastar una infinidad de caudales para conservarse poderosos en mar y tierra; con todo para no rempujar el punto a dos extremos tan opuestos, algún medio término pudiera interponerse. Una discreta reforma y economía equilibraría la necesidad de las armas con el alivio de los Vasallos. De esta manera los Soberanos se acreditarían inclinados y vigilantes al útil de sus estados, mas no lo hacen por falta de juicio y humanidad.

19 Una caterva de Generales, Mariscales, Gefes, Brigadieres &c. &c. &c. tiene el Rey que asombra la vista y la imaginación. Los días de Gala y Besamanos es imposible relatar todo lo que hay que ver en la Corte. Los bordados y galones anchos de oro y plata que llevan los Uniformes de suerte que casi no se percibe la color del paco, rinden la prospectiva tan ridícula como majestuosa. Allá reside la Oficialidad de estado mayor, cuyo traje es la casaca del Rey por ser la moda, pero raro es el que tiene valor de empuñar la espada. Si exceptuamos algunos que dieron muestras de ser buenos soldados, los demás todos juntos no valen un pito. En lo de hacer la corte al Rey, y agarrar el sueldo son muy diestros y cuidadosos, mas tocante a pelear no quieren otros enemigos que las mujeres.

20 Aunque la cuenta cabal de los gastos que hace el Rey para el mantenimiento del Cuerpo Militar, es un mar sin fundo y una vasta llanura sin horizonte que vuelve loco y sin sentido el mejor contador del mundo, emprendí una porción de ella y limítela en lo que he observado ser más visible y notorio, lisonjeándome que corta será la diferencia de lo figurado a lo real; bien entendido que por no ser yo muy práctico de millones, ni querer particularizar gobierno alguno, quise mas bien atrasar el tanteo que adelantarlo.

 

No.

 

Sueldo anual

Total

3

Capitanes Generales

a pesos 25000

75000

70

Tenientes Generales de mar y tierra

8000

560000

120

Mariscales de Campo y Jefes de Escuadra

4000

480000

180

Brigadieres

2500

450000

300

Capitanes de navío y Coroneles.

1500

450000

500

Ydm. de fragata y Tenientes coroneles

800

400000

900

Tenientes de navío y fragata, y Capitanes de Infantería y Caballería

400

360000

2000

Con el grado de Alférez de navío y fragata, Tenientes &c. de ejército

250

500000

No. 4073

 

80

Regimientos de tropa reglada.

60000

4800000

80

Bajeles de Guerra, su manutención de casco, aparejos tripulación, rancho, provisiones &c. &c. &c.

100000

8000000

 

 

Pajes

16,075,000

 

21 Esta cantidad mirable sale todos los años de la Tesorería Real, y quien se la chupa es el Cuerpo militar. Se necesita además de considerar que dicha cuenta por lo tocante a Regimientos y Armada, precisamente ha de tener aumento si la Monarquía se pone en preparaciones ofensivas o defensivas. Algunos meses antes de mi salida para América fui introducido en un Arsenal de Rey por medio de un oficial amigo mío, y sin dar admiración examiné lo que a él quizá no pasó por el pensamiento. Quien no ve pues los Arsenales del Despotismo, no puede tener alguna idea de los caudales que consumen; con todo tan grande es; el desperdicio que se hace en ellos, que la mitad no se aprovecha. El dicho común de los sobrestantes y jornaleros es: el Rey paga, y de este modo van andando. De ordinario el pago de sus mesadas se defiere pues jamás es puntual, pero no les faltan mañas para aviarse. Tanto los maestros como los que trabajan y aún los Comandantes, saben muy bien coger la ocasión y volverse a ciertas horas comerciantes de los efectos del Rey: a este tenor todo lo que él paga y pierde viene ¿sentirlo el Vasallo, pues él es quien costea los gastos del Soberano. Cuando el rico gasta todos gozan del dinero que va circulando, pero tocante al Monarca no pueden decir lo mismo sus Pueblos, siendo así que sácales la plata para empobrecerlos, y la gasta enriqueciendo a pocos individuos mas ladrones que Caco.

22 No hay para que asombrarse si van y vienen regimientos de una parte a otra, si los castillos y fortalezas son abastecidas de todo lo necesario, si se monta la guardia cada día, si se pascan las calles con atambores y pífanos que atolondran el vecindario, si en la noche se oyen a todo gritar las preguntas arrogantes ¿quién vive? ¿qué gente? Estos y otros muchos aparatos marciales no tienen otro objeto que él de amenazar a cada instante los vasallos. Dicen los políticos que este es el oficio de los militares, y que su obligación es ejercitarse y hallarse prontos a cada momento para el enemigo; pero ¿a qué sirven esas celosías, prevenciones o miedos cuando el Estado está en una paz perfecta, y los vasallos sufren y callan? ¿Adónde está ese enemigo, si el Rey no tiene guerra alguna? ¿a qué sirven tantas diligencias y cuidados para rechazarlo, puesto que nadie se presenta? Amigo Lector, no son las Potencias Extranjeras que ponen miedo al Soberano, si no su misma Nación: tiene sospecha que esta le sea enemiga, porque él lo es continuamente de ella: enséñala los colmillos para que no se atreva a echar abajo la carga que la puso a cuestas, pues no deja de conocer que su autoridad es usurpada, y que ni Dios ni el Mundo puede aprobar por estilo alguno su conduela.

23 Muchos daños son los que resultan de mantener los ejércitos y armadas. La ociosidad de tantos mil hombres que otra ocupación no tienen que la de limpiar su fúsil, bayoneta, hebillas &c. es una prueba evidente. La mayor parte de ellos sabe alguna profesión y abunda de buenos maestros y obreros, pero gastan lo mas de su tiempo en el cuerpo de guardia y cuartel. Bastante gana tienen los pobres de trabajar para quitarse el hambre, mas los comandantes se lo impiden. Si hablamos de los oficiales en general, por todo el mundo es notorio que no hay gente más libertina como esa. El truco, juegos de banca, biribís &c. son sus pasatiempos del amanecer hasta la noche, y del anochecer hasta el alba; juegan el dinero como si la casa de moneda estuviese a su entera disposición, y en llegándoles la desdicha de perder no tienen reparo de jugarse los vestidos y la camisa si es menester. Tramposos y rateros más sutiles eres seguro de no hallarlos en otra esfera de gente, con todo parecen hombres de forma. Tantas deudas tienen por un lado y otro, que muy a menudo andan disfrazados por tal que no les conozcan, pues a cada paso encuentran el zapatero, sastre, peluquero &c. los cuales pierden el tiempo tras ellos en busca de sus alcances. De uno toman a fiado, de otro emprestado; a uno dicen que no tienen, y a otro ofrecen patadas en pago. Los Inspectores son cansados de los memoriales y quejas que a cada instante reciben; quítanles la mitad de la soldada para pagar las deudas, pera no se detienen por eso en hacer otras mayores si pueden. Casi todos (9) tienen el mismo régimen de vivir, pues no conocen discreción y crianza, o si la aprendieron no quieren hacer uso de ella, porque desde la mocedad en que entraron a servir al Rey crecieron con la máxima de vivir al poder, jugar y putear, y cueste a quien costare no hay sino la muerte que remate sus vicios. He aquí otros atrasos para los vasallos, que harto fatigados en pagar pechas, alcabalas y tributos al Rey, costean por ese lado también las crápulas y desórdenes de los Señores Militares.

24 Los abusos inveterados que se practican en las tropas, autorizan mayormente lo que dije poco antes. Los mocitos que inclinan al servicio y tienen de sus padres una discreta mesada, se ponen cadetes o guardas marinas, y de ellos salen los oficiales de ejército y armada. Si tienen papeles de nobleza no hace caso que sean ignorantes, pues adelantan como los demás, y en logrando alguna protección pueden contar de subir con la mayor celeridad. Entran en el mando, y ninguno sabe más que ellos. Un pobre soldado con veinte años de servicio, y que tal vez sería capaz de enseñar la obligación al primer General, veráse maltratado y quizá apaleado de un oficial joven y sin barba, que un mes antes aprendió el ejercicio. No faltan en las tropas talentos raros que si tuviesen algún Mecenas asombrarían la erudición de los siglos pasados y futuros, pero los infelices yacen ocultos y no osan descubrirse, porque prevéen de no poder levantar cabeza. Si dan algún barrunto de habilidad despiertan cien enemigos, que les deslucen y oprimen. Siendo soldado raso, pasa por impostor el hombre más sabio, pues es constante que los oficiales creen y presumen de que la ciencia militar cabe en ellos solamente, y que los subalternos, tampoco saben lo que es.

25 Otra indignidad peculiar del Despotismo es la de vender. Nobleza, Banderas y Capitanías a los que de otra suerte no las pueden conseguir. Un continuo comercio se hace de este quimérico renglón, para que la ambición y orgullo tenga en que especular y satisfacerse. El dinero se admira y atiende, mas el talento que se puede llamar el recurso de la Sociedad, no se estima si no se desprecia ¿Que puede haber de bueno en un Gobierno como ese? ¿Qué hombre de vergüenza y entendimiento vivirá en esos reinos, si el generoso corazón suyo procura la felicidad de los hombres? Peligroso para él y quienquiera que trabaje en un objeto tan importante, es de pisar cuanto mas domiciliarse en las Monarquías, porque los Soberanos no aman tener habitadores doctos sino ignorantes. Lo que les obliga a ser celosos y mantener ejercites, es el suponer que los Vasallos no son bastantemente tontos, y si pudiesen quitarles el entendimiento que Dios les ha dado, verías cuan pronto los desdicha dos se quedarían sin él. No hay justicia ni caridad, por consiguiente todo se vuelve opresión y tiranía.

26 De toda la narración que acabo de hacer (aún imperfecta, porque la brevedad del tiempo no da otra cosa) fácil es a cualquiera de conjeturar lo pernicioso que es a una Nación el Gobierno Despótico. Ninguna clase de gente (exceptuando Nobles y Clero) puede llamarse libre de imposiciones, en todos caben y a todos se extienden. Nada puede reputarse por seguro y durable en una Monarquía, porque todo depende de una Cabeza volúbil y caprichosa. Cuando los Vasallos están en paz y cuentan gozarla por largos años, llega la hora entonces en que se hallan sin ella. Uno de los fines políticos del Despotismo es emprender de tiempo en tiempo alguna guerra para tener solamente con que ocupar sus miserables cautivos. Mandan hacer levas, y salen los militares echando mano a los que topan. El Tráfico no puede a menos de sobresaltarse con semejantes alborotos, y hállase por consiguiente en la mayor agitación. Los comerciantes suspenden las especulaciones, y procuran afianzar sus caudales aclarando definitivamente los negocios que tienen en su puerto como en las demás plazas. El rico echa en los cajones la plata mas que se quede infructuosa; y él que trafica sobre el crédito, llega a las agonías, pues si otro amparo no tiene es obligado llamarse Iglesia. Si en ese lance volvemos la atención a los dependientes, corredores, tenderos, aljameles, barqueros y otros muchos oficios y artes, el hambre los aguarda porque todo está parado y no hay por donde buscar la vida. Las Aduanas también lo sienten, pues los atrasos del Comercio precisamente han de tener ociosos los administradores, vistas, contadores y de mas empleados. Ningún cuidado tienen ellos por eso, porque la soldada les corre sin diminución, mas las Tesorerías no envían dinero al Erario, y este las amonesta clamando por pesos sin pararse. ¿De dónde han de salir? Aquí está el punto, sobre el cual el Despotismo cavila de día y noche, siendo en sí una cuestión, que tire por donde tirare he de definirse a su favor. Los atrasos de la Nación hablan claramente y sin interpretación, pero plata es la que el Soberano pide y de aquí no se menea. El Clero y los Nobles encogen los hombros colándose con disimulo para fuera, y en apurándolos se atienen a sus privilegios, no queriendo entenderse de achaques en esa parte. Necesite la Corona lo que necesitare, ningún alivio puede aguardar de ellos; si se trata de chupar son muy atentos y vigilantes, pero en asuntos de contribución la generosidad se fue, y si queda alguna sombra de ella, entra por su giro la soberbia, la cual no quiere ser tributaria en cosas que perjudiquen sus privilegios y bolsillo. Véase ahora quien ha de hacer el milagro: el que aparenta por lo pronto mayor fuerza, es el que se liberta, y como que el Rey hace (aún no parezca) mucho caso del Clero y Nobleza, carga por consiguiente sobre la Plebe. Hasta tanto que no faltan pretextos para aumentar y establecer nuevos derechos, la Corte parece quieta en su faena, pero así que la demasía se va de por sí descubriendo, saca la cara al público solicitando caudales del Comercio, y los corredores son los frailes con sus sermones. Lo curioso es que al principio las demandas palian una exhortación paternal, adelantando las promesas solemnes de un interés correspondiente, mas poco a poco el color va mudando y bonitamente parece la Señora AUTORIDAD, pues lo que antes era ruego se vuelve pretensión, y si los Vasallos no se avienen con las buenas a dar lo que adicionalmente se les pide, mándanse ejecutar embargos y de por fuerza el Rey toma presado (10).

27 Venga el bolsillo y ahorrémonos de cuentos es en esa ocasión la Jerigonza con que se explica Su Majestad como la es también del Ladrón de caminos, cuyas súplicas quedan legalizadas con una escopeta a la tara.

28 Yo me desatino en pensar que varias Naciones poderosas en este Mundo no hayan llegado todavía a derribar un Ídolo tan sin vergüenza y perjudicial a la Sociedad, como es el Despotismo (10). Trabajan para ganar, y ganan para mantener un hombre antojadizo, indiscreto y vicioso. Millones sobre millones de pesos cuesta el salario de dicho Legislador ignorante, y todo se paga para solo el gusto de hincarle la rodilla delante. ¡Habrá tontería mayor que esta!

29 Este anfibio Señor, que con mucha la ostentación recibe los sacrificios y homenajes de muchos Pueblos y Reinos, tiene la virtud de volver plural el singular sin que ellos lo perciban. Lo que puede llamarse (por serlo en realidad) una herencia privada, o contrata particular de Rey con Rey (como decir Testamentos, Legatos, Tratados &c.) fue impugnado y defendido con público aparato, empeñando los respetivos Vasallos a la decisión del punto. Una Nación se declaró enemiga de la otra para hacer buena la sinrazón de su Soberano. Millares y millares han muerto de uno y otro lado para dar gusto a una sola Cabeza caprichosa. Si en el día de hoy echamos una vista a los Prusianos, Imperiales y todas aquellas tropas, que los Monarcas han enviado en contra la República de Francia, repararemos claramente la ceguedad de los hombres. Pelean esos idiotas para lograr un punto, que repugna a ellos mismos; procuran sujetar (pero jamás lo conseguirán) a los Franceses, para echarse con sus propias manos la cadena al pescuezo, y en fin han emprendido una guerra con el solo objeto de exaltar la tiranía, opresión é iniquidad.

30 Búsquese el directo motivo que mueve tantas Naciones a volverse locas tras de los Franceses, y saldrá a luz una mera simpleza. Dos años ha empezaron a molestar la República, porque fabricó la Arcadia de la Libertad sobre las ruinas de la infame Bastilla, y aumentáronse luego sus enemigos después que cortó la cabeza a Luis Capeto (12). ¿Qué tienen que ver (pregunto) los pueblos y soldados de la Alemania, Prusia, Inglaterra, Holanda, España, y Sardinia con la muerte del Rey de Francia; y que autoridad es la de Francisco II, Federico IV, Jorge III, Carlos IV y Amadeo de los demonios sobre los Pueblos de Francia? Por cualquier lado que querramos mirar la guerra presente echaremos de ver que ninguno de los referidos Tiranos puede justificar sólidamente su empresa. Si cada uno de por sí mirase a sus propios asuntos sin ponerse en los ajenos, la Europa no sería tan escandalosa para con las demás partes del Globo, y no se expondría a una fatal destrucción, como puede probablemente aguardarse al resumir de las cuentas.

31 Estas son las resultas de volver el singular en plural, según dije poco antes. Picáronse los Soberanos de la afrenta, que se les hizo en castigar un pariente y amigo de ellos, por eso envían hombres a pelear con hombres, mas así no irá siempre. Ya se ha visto que la sangre real tiene la misma color de la de los demás, y que las cabezas coronadas caen abajo con un golpe de hacha como las de los ladrones, y en fin que el carácter de un Rey es una patraña de marca mayor. Vivo pues en la esperanza que al amanecer del siglo venidero el Mundo se hallará libre de monstruos tan horribles (13).

52 El ser autor de tantas muertes no es ser padre, sino tirano; encalabrinarse en caprichos y sonsuras no es sabiduría, sino ignorancia pertinaz; y sacrificar la pública paz por asuntos particulares, es un gobierno que no tiene sombra alguna de prudencia, rectitud y caridad. Encomiendo por último a los Lectores que a pesar de lo dicho titubeasen sobre el sistema de este capítulo, que lean las historias de los tiempos antiguos y modernos, y verán que todas aquellas Naciones, las cuales se gobernaron como Repúblicas, han gozado siempre (con cortas excepciones) una paz lucrativa en medio de guerras ajenas, y tanto fue su adelantamiento, cuanto el atrasa de las Monarquías. La razón que no admite disputa, es que miraron con una total indiferencia y menosprecio los Pactos de familia, Pretensiones de Coronas y Convenios secretos. Por todo lo cual, descansando sobre la razón, verdad y experiencia, declaro mi ingenua opinión diciendo, que conviene (por ser de necesidad absoluta) desterrar el Despotismo en los abismos infernales, afín de que la Tierra se olvide de su corrupción, maldad y tiranía.

 

CAP. III.
SACUDIR EL YUGO DEL DESPOTISMO NO OFENDE LAS MÁXIMAS DE RELIGION.

Escoger lo bueno a preferencia de lo malo es un instinto natural, que el que no lo sigue es estúpido y sin razón: hecha pues la antítesis de la Libertad con el Cautiverio, véase cuál de los dos es el bien y el mal. Los. cuatro Elementos con mudo lenguaje nos dan una clara, idea de esta distinción. La elasticidad del aire quiere desahogo, la gravedad de los Cuerpos terrestres busca su descanso, el Agua anhela al sosiego, y el Fuego no mira que a su atmosfera. Todos inclinan a su centro, esto es a aquel natural objeto, para el cual fueron destinados por el Creador. La evidente resistencia que los mismos declaran contra él que violenta su natural tranquilidad, nos habilita a formar este concepto. Acerquémonos a los Vivientes, y mas lo iremos descubriendo. El pájaro prefiere la libertad a la vida descansada en una jaula primorosa, y el pobre encarcelado pospone a ella los bienes, y casi casi la salud. No debemos pues quedar asombrados, de que la Nación Francesa (á imitación de la Americana) haya sacudido el Yugo del Despotismo, habiendo llegado al claro conocimiento de que semejante Gobierno es un abuso manifiesto del hombre sobre el hombre, y que además de ser (según queda demostrado en el Cap. I) contra las Leyes Divinas y Humanas, no implica de modo alguno los puntos de Religión el destruirlo. La ignorancia, hipocresía y falsa amistad son las que contrastan el sentido de este capítulo, porque a falta de tiranos no tendríamos mártires, ni resplandeciera la integridad del Justo si no tuviese impíos calumniadores.

2 La Distinción es el camino de la Verdad, y jamás llegaráse a descubrir este tesoro inestimable si se confunden los medios, y se procura buscarlo engolfándose en un caos de antecedentes, que no tienen alguna relación con el objeto. La Astronomía no puede servir de instrucción al maestro zapatero, ni la Teología a él que navega: la misma relación pues sin más ni menos pasa entre la Religión, y el Gobierno mundano.

3 Me acuerdo haber oído a un Clérigo ejemplar, el cual en una honrada tertulia echó mano al proverbio latino, y con mucha la gravedad dijo a una Señorita, que se estaba riendo de los Frailes enamorados: non miscere sacra profanis ¡Qué bien cuadró en aquel punto (al pensar del Religioso) semejante SACERDOTAL y VENERANDA SENTENCIA! pero ¡cuanto mejor (a mi parecer) viene al caso en esta ocasión!

4 Bien saben los Clérigos el sentido de dicho refrán para emplearlo cuando les tiene cuenta, pero no lo quieren entender cuando la razón lo pide. Ellos son la piedra del escándalo en este particular, porque detienen los progresos del Pueblo en lo perteneciente a la conquista de su libertad, aparentándole una ideada ofensa a las máximas de Religión, como si la misma tuviese algún parentazgo con el Gobierno seglar. Haré en esto una paridad, la cual (a mi entender) no irá muy lejos del blanco.

5 Pedro cobró clandestinamente o (por decir mejor) usurpó una cantidad de dinero perteneciente a Antonio, quien sintiendo la falta de su hacienda (por ser pobre y tener obligaciones) puso por justicia a Pedro. Llega el tiempo de la sesión en que el juez escucha la peroración de entrambas partes, y el abogado de la sinrazón preséntase con sus retóricas citando textos del Evangelio, y de los SS. PP. para traer afectadamente el agua a su molino, y hacer que su cliente se quede con lo que no es suyo: ¿qué viene en conclusión? Cánsase el juez de las santas habladurías del Embustero, reventa de risa y no puede a menos de decir ¿"Que tienen que ver las Epístolas de San Pablo con lo que Antonio hallase injustamente defraudado? pague Pedro y remátese el pleito.

6 A este tenor un hombre imparcial debe decir: "goce el Pueblo del libre uso de su legítimo derecho, y si el Rey pierde con eso los medios de fomentar su ambición, trabaje como los demás hijos de Adán que para ello dióle Dios brazos y fuerza. "Dura cosa es trabajar para el que nació con delicadeza y halló una descansada silla para comer de sentado; pero más duro es nacer libre y vivir esclavo. ¿Qué dirá a esto la Religión, o (para explicarme mejor) los Administradores de ella?

7 Si la Religión fuese Dios (créeme hermano) no tendrían los Pueblos atajo alguno por este lado para lograr su libertad, pues además de ser neutral en una guerra tan justa, sería el Protector de las armas populares, porque su infinita rectitud no puede sino defender la razón y humillar a los soberbios y tiranos: mas así no piensan los Ministros suyos, cuyo corazón en lugar de elevarse al Cielo busca raíces en la Tierra. Otra cosa miran que la de estar segregados del Siglo, más que lo hayan solemnemente renunciado. La celosía de su autoridad, privilegios y (lo que más aprecian) las rentas, hace que vivan cuidadosos y les entre el empeño de saber cómo andan las cosas. De esto resulta que en lugar de ser Padres de almas y cumplir al deber indispensable que como tales tienen, vuélvense Procuradores, Jurisperitos y afectan la ciencia del gobierno político y militar. El Fraile Guardian, que bastante ocupación tiene en su convento si quisiese atender, parece inquieto sobre los asuntos del Estado. Entra de rondón en casa de Fulano, y Zutano en donde busca informes, escucha y sentencia como si en su vida no hubiese hecho otra cosa que estudiar leyes, y dictar providencias. El Canónigo no se queda atrás en hacer lo mismo de su parte, y así de los demás sin excepción, cada cual de por sí se maneja con una mirable actividad en todo lo que su influencia le puede proporcionar.

8 Quien descuida su particular profesión y empleo para mirar en lo ajeno, no puede a menos de mostrar una curiosidad que no lleva camino, derivada del ocio, pereza y mal ánimo. Todos ellos pues son soplones privatos, cuyos informes van precisamente a parar en el TRIBUNAL de la INQUISICION. Siento decirte una verdad, que sin duda no te será gustosa si eres idiota, pero la conocen muy bien los amigos del Desengaño.

9 La Fuerza de los Soberanos, cuya mira incesante fue la de sujetar a los vasallos por todos lados, revió que de por sí sola no podía mantener la seguridad del Trono, y para acertar con el intento instituyó el SANTO OFICIO, cuyo secreto y rigoroso Gabinete agarró las riendas de la conciencia, y como colega de la Monarquía, o (para hablar francamente) un BASTARDO DESPOTISMO, tiene por su principal instituto de defender quien fue su origen, y vigilar atentamente al sostenimiento de la Corona. La gratitud incuota lealtad para con el benefactor, y tengo para mí que no haya amigos inseparables como el Rey y la Inquisición, siendo en efecto Padre e Hijo.

10 Trátese ahora de sacudir el Yugo del Despotismo, y allá va la Inquisición contra el Pueblo como enemigo mortal; he aquí la Religión mezclada con el seglar, lo espiritual con lo temporal, lo santo con lo profano, y de esta suerte todo se vuelve confusión, guerras y destrozos. Los ladrones para robar preválense de los alborotos o de la obscuridad de la noche, y los que quieren sostener una sinrazón buscan su abrigo en la confusión de los conceptos: Las distinciones les matan, la luz les ciega, y la evidencia les atiza una rabia interna sin desahogo y descanso. Claman para salir con la suya, pero no lo pueden conseguir entre los que conocen la buena formación del silogismo, y con perfecta imparcialidad se atienen a la razón. ¿Qué recurso luego puede quedar para nuestros filósofos contrahechos? Bien saben ellos que camino tomar. No faltan bobos en el Mundo para engasar, y hacia los idiotas arrea sus pasos la Venganza y Envidia que desea justificarse. En la simplicidad de los mismos halla la choza en donde recogerse, y todos son Herejes y Condenados y Diablos los que no son como el Auditorio. Echan mano al Crucifico, cárganse de cadenas en señal de penitencia, exclamaciones frecuentes, lágrimas a barato, allá va el pobre engañado pueblo, contrito y lleno de santa intención a los pies del predicador, suspirando y pidiendo a Dios perdón y misericordia por haber intentado el logro de su libertad, el recaudamiento de su hacienda, la conquista de su derecho natural.

11 ¡Válgame el Omnipotente Mecenas a quien dedique esta tarca! ¿Cómo es posible que vuestros Apóstoles destinados a predicar vuestra palabra, Verbo de Verdad y de Justicia, se atrevan seducir las inocentes ovejas, que en vuestra infinita bondad depositan su entera confianza? ¿Será vuestro beneplácito que para ser Católico e hijo de la Gracia santificante, haya el hombre de sacrificar el derecho que vos le disteis, y renunciar a lo que rectamente pertenece a sí mismo, y sus postreros? ¡Ah no! Bien oigo vuestro Espíritu, que me dice no ser tal vuestra intención.

12 Cada uno con lo suyo, así mandan las Leyes del supremo celestial Juzgado, y si la Edad de los hombres conoce en este siglo de que la libertad debidamente le pertenece, peca gravemente (yo lo digo y manlevo a todos) en no habilitar las venideras generaciones al gozo de ella, si está en su poder de conquistarla en el día. Písese la mentira, y exáltese la verdad; patadas a los Embusteros, y adóptese lo que la razón dicta a nuestra conciencia.

13 Para quitar el velo de encima a este desconocido remedio, hagamos una discreta división de lo que legítimamente pertenece a su ramo respetivo, y veremos que aquellos escrúpulos, que el Clero procura infundir en la conciencia de los Vasallos, desvanecerán como niebla pareciendo el Sol.

14 La Religión no tiene otro objeto que Dios, esto es amarle, servirle y adorarle, por la contra el Gobierno político procura el bien público, la paz, adelantamiento y felicidad del Estado. ¿Qué diferencia se repara en estos dos intentos, la cual no sea del todo varia, y separada una de otra? La Religión cuida del bien eterno del alma ¿porque luego pretende estorbar a los Pueblos que busquen la felicidad de su corta vida en este Mundo? El que es santo no quiere sino lo justo, si pues la Religión es santa ¿porque forzará el Plebeyo a pernear bajo la opresión de la injusticia? Absurdos de esta naturaleza dan al ojo al instante, y no se pueden de modo alguno justificar.

15 Lo que no rehúsa hacer la buena voluntad es tiranía de pretenderlo con violencia. El hombre debe y desea servir a Dios, pero quisiera hallarse en un estado aliviado para cumplir más exactamente con la obligación, que profesa a su Creador. Para habilitar este individuo a tan devoto ejercicio ¿qué medio se requiere? Dígalo la luz natural, y será la Libertad. ¡Que pedimento más discreto, que consuelo mas merecido!

16 La santa intención de los Religiosos es de interponerse en los asuntos públicos para promover la paz del Reyno, y la concordia de la Nación; pero ¿a qué sirve EXCOMULGAR, y CONDENAR A LOS INFIERNOS los Vasallos para componer una cosa mundana, y casi mecánica como esta? Cuando tengo dolor de cabeza sé que no tan solamente no puedo escribir, pero tampoco pensar a derechas ¿de qué provecho pues irían en busca los médicos si por receta ordenasen que en mi cuarto, y cerca de mi cama se dispusiese la mejor sinfonía del mundo? Toscamente pensando estoy en que el mismo alivio experimentaría mi dolor de cabeza con los violines y seguidillas, de lo que al desdichado marinero, agarrado a las jarcias de su buque naufragado, aguardando a cada momento la muerte, pudiera consolar una pintura de un hermoso jardín, o recreo. Las enfermedades del cuerpo se curan con los remedios preparados en la botica, pero lo cierto es que el boticario no tendrá cataplasmas para curar una hipocondría, o locura.

17 El hombre de campo dice; cada oveja con su pareja, y si alterando el Refrán juntamos una perra con un avestruz, saldrá por loca calculación un animal, que hará reventar de risa el Universo entero. La misma figura ridícula hace el Religioso ocupado en el gobierno político del Estado, y las resultas de tal impertinencia no pueden ser sino un compendio de necedades, y (lo que es peor) discordias.

18 Si un piadoso Seglar corriese a asistir un moribundo, y viendo de que (por la pereza usual del Cura) probablemente se muere sin sacramentos, entrase en la Iglesia y tomado del Sagrario el Sant Olio llegase de priesa a casa del agonizante, cumpliese por obra de caridad a la obligación del Párroco en dicha urgencia: ¿Que delito no le acumularían al pobre, para que perdiese diez vidas si las tuviera? En primer lugar le acusarían por ladrón de Iglesia, habiéndose llevado (aunque al instante lo hubiese vuelto a su lugar) el vaso de plata del Tabernáculo; segundariamente no hubiera abogado, que pudiese probar de que el Seglar no hizo un sacrilegio en la administración del referido sacramento ¿A qué se reduciría ese sumario? Tomemos la substancia y será: porque el mencionado sujeto no tenía autoridad de hacer semejante cosa ¿Que licencia tienen luego los Religiosos de internarse en asuntos, que no le van ni le vienen, y que autoridad para inquietar a los pueblos, que harto fatigados están con el gobierno de una abominable Monarquía?

Si esta no es una manifiesta desvergüenza y contradicción, el agua no apaga el fuego, y éste causa frío y no calor. ¿Qué te parece Lector si tienes un barrunto de razón?

19 Yo por mi parte (lo confieso) me hallo desatinado en la meditación de semejante conducta, que casi estoy para decir su alma en su palma, hagan lo que quieran que allá lo verán antes el Tribunal Divino, en donde los corazones serán abiertos, y nada quedará oculto entonces: no puedo dejar con todo de protestar a aquel Dios, que sostiene esta pluma, que si la Plebe se deja llevar de la corriente del Clero en lo que toca materias de Estado, no es ya por ser justo, útil y santo, sino porque mas pueden las habladurías de los Frailes, que las razones de un Escritor disinteresado é imparcial.

20 La dificultad, que producen los celadores de la Religión Católica contra cualquier suerte de levantamiento es, que como una Provincia libre es un puerto franco en donde todo género de persona vive y ejerce su igual derecho, será el Español, Italiano &c. naturalmente forzado al par del Francés y Americano a permitir en su tierra todas calidades de Religiones, lo cual (al parecer de los referidos) es un inconveniente, que no merece tolerancia alguna. esta objeción voy a responder en cortas palabras, y no tengo la menor duda que mi Lector (si no es encalabrinado en el idiotismo) sentenciará a mi favor. Hallándoles hombres se entienden, y nunca podrá quedar convencido aquel que no quiere escuchar la razón, y lo que le puede iluminar.

21 Primeramente conviene pensar (razonando en política de Estado) que el Gobierno mundano es una Organización de leyes que arregla la Sociedad y no la Conciencia, consiguientemente la variedad de Religiones no estorba la mira del Gobierno. En segundo lugar el permiso de otras Religiones no puede causar da o alguno a la Católica dominante, antes bien añadirle gloria, y propagación. La prueba de estas proposiciones dividas en dos ramos, creo que bastará para quitar cualquiera duda a los que tuvieren tal extravagancia en la cabeza, conque voy a la primera.

22 No hay quien pueda negar de que en todas Religiones, y Sectas hay buenos y malos, letrados e ignorantes, afables y soberbios, consiguientemente hallaránse en cada una de ellas hombres honrados, hábiles y dignos de ocupar un asiento en el Congreso, o Consejo de Estado. La intención del Pueblo que elige un sujeto de esa calidad a semejante público empleo, será ciertamente para que represente la autoridad de sus electores, y cuide de lo que está a su cargo, esto es, el bien de la República. ¿Qué tiene que ver en esto la Religión, o (para explicarme mejor) que el tal sea más Católico que Moro, Presbiteriano que Metodista: Lo que se busca es que sea hombre de bien obrando con la justicia, y hábil para que sepa lo que hace. La ciencia de gobernar es hija del talento escogido al propósito, y por cierto que la capacidad del hombre no deriva de las máximas de religión: si eso fuera, habríamos de decir que los mas devotos son los más letrados, pero a la contra vemos que de ordinario son ignorantes, llenos de supersticiones y por ningún estilo capaces a cumplir con el importante deber de un Jefe. Si el resolver algún punto crítico de Estado se pudiese hacer con oír misas y cantar vísperas, entonces se necesitaría que todos fuesen católicos, mas una cosa es rezar, y otra gobernar. Cada profesión y arte requiere su particular habilidad, y siempre que mi vestido me tome bien el talle, poco me importa que sea negro o blanco el sastre que lo hizo.

23 El absurdo mas grande que un Pueblo pueda adoptar, y que (a pesar de la razón) echó raíces entre los Italianos y Españoles es, de pensar que un Protestante no hace cosas a derechas por 3er de diferente religión, y (según dicen ellos) condenado como si la honradez, sabiduría y crianza no se pudiesen hallar en otra parte, que entre los Católicos. Uno de estos soy yo y por tal me declaro, pero no peco de semejante temeridad, pues llegó la experiencia a convencerme de lo contrario, y con tanta evidencia que estoy para afirmar (a mi propia confusión) que hay mayor ejemplaridad, industria y buena fe entre los Protestantes, que los Católicos.

24 Si dejando a un lado las menudencias hacemos un escrutinio por mayor de las manifacturas mas primorosas, de los libros y obras en toda clase de ciencia, y en fin de todo lo que la humana capacidad suele emprender, veremos que la tajada mas chiquita será la de los Católicos; mas quiero aún suponer que sea igual: ¿dejarán estos de conocer que los Protestantes son hombres tan hábiles, justos y merecedores de gobernar como ellos? No entro en las discusiones si su Doctrina Eclesiástica sea buena o mala, pero razono sobre lo que se puede esperarse de ellos como hombres, y no espíritus.

25 Para lograr la victoria de una batalla se necesitan armas, soldados y un experto General, mas no se conseguirá con solos AGNUS DEI: de la misma suerte para establecer un buen gobierno que sea humano, sólido y durable se requieren buenas Cabezas, y no Misionarios. El juzgar la honradez de un hombre por la religión que profesa, es lo mismo que sentenciar sobre la habilidad del ánimo por la exterioridad del cuerpo (1). Véase que diferencia pasa entre estas dos nociones, y por el riego que corre el tanteo de él que emprendiere tal descubrimiento, vendrá mi lector a concluir que la Religión no puede aumentar ni disminuir el mérito de un Consejero, y para ser digno Gobernador de hombres no se necesita profesar una religión más que otra.

26 Por lo tocante a la segunda distinción poco antes propuesta, es incompatible y extravagante de que una República Católica rehúse y prohíba el culto de otras Religiones en sus dominios. Vivir y dejar vivir es un discreto deber y consejo, que la Sociedad recomienda a cada individuo, y el que profesa caridad es preciso que ame, admita y socorra a cualquiera hombre sin excepción por ser su igual y hermano. Obrar diferentemente no es aspirar a la perfección y santidad, pero una aversión declarada contra la misma Sociedad, la cual procede de rencor, malicia y envidia.

27 Años ha leyendo las historias de los antiguos Emperadores, quebrábase mi corazón en oír las tiranías y persecuciones, que la Iglesia y sus Fieles padecieron; pero digo ahora, ¿será a título de venganza el que al día de hoy la misma se declare contra las demás Religiones? Ella manda expresamente a sus secuaces de amar a sus enemigos, y persigue a los que no son de su congregación. Ruega a Dios públicamente en favor de los herejes, y no quiere sufrirlos: ¿cómo puede ser esto? ¿qué intención es la suya en un obrar tan opuesto y contradictorio? O persigue a los herejes como Hombres, o como Religionistas: si el Io, peca contra las leyes de naturaleza, y todo lo que podemos concebir ser humano, recto y santo: si el IIo ¿qué autoridad tiene ella sobre la voluntad y conciencia de los herejes? este es un capricho y violencia, que solo se acumula a la perfidia de los Tiranos antiguos, y que debe ser impracticable del todo en la discreta, justa y adorable Religión Católica. Querido Lector el León no es tan bravo como le pintan. Este es un arcano que no lo penetra, sino el que tiene alguna experiencia de mundo, y edad bastante para razonar con madurez.

28 No es la Religión, que da tales instrucciones y mandamientos pero son los Ministros de ella, los cuales mas cuidan de su interés que de la obligación. La doctrina es buena, clara y sacrosanta, mas el Padre Teólogo es un malicioso ratero, persiguen a las Religiones diferentes, para no tener sindicadores de sus malas trazas, y maestros que les enseñen el simple y recto modo de amar y adorar a Dios. No son los Protestantes enemigos de los Católicos, pero son los Frailes y Clérigos los que son enemigos implacables de los Protestantes.

29 ¿Qué detrimento pudiera aguardar nuestra sagrada Religión en permitir el público culto de las otras? El que tiene una conciencia limpia é inocente nada le conturba o asusta, conque nuestros Dogmas infalibles no pueden tener alguna controversia por ese lado, antes bien exaltación. ¿Adónde piensa lograr aplauso y fama un hombre erudito, sino entre aquellos que conocen el mérito de su entendimiento? A buen seguro que entre los gañanes e ignorantes, no hallará la distinción que merece. La preciosidad del oro se echa de ver en la comparación, que hacemos de él con los demás metales inferiores, pero si todos fueran de una igual perfección no tendríamos para que apreciarlo.

30 ¿Quién duda de que la Religión Católica hallándose entre las demás, tuviera una mayor propagación de la que experimenta en el día, quedándose sola? para convertir a los Pueblos envía misionarios por todas partes del Mundo ¿porque rehusará admitirlos si quisiesen ahorrarla el trabajo y camino? ¿que mejor oportunidad de conquistar almas bajo el pabellón del Evangelio como la de admitir el culto de cualquiera otra Religión? La Verdad es una sola, y la Palabra de Dios es inalterable; conque siendo la Católica el único medio para lograr la vida eterna, ha de resplandecer como diamante entre cristales.

31 Cierto es que si el hereje sigue su propia religión, es porque cree que es la sola para el bien de su alma; pero en llegando al conocimiento de otra que le parezca mejor o más segura, no es de suponer que sea tan pertinaz en no volverse a ella. Es un deseo inseparable del hombre el de mejorar su estado si puede, y no es posible que uno (a menos de ser desesperado y mentecato) elija la perdición, a preferencia de la salvación. Todo está en dar buen ejemplo, y profesar aquellas santas virtudes, que la Religión de JESUS CHRISTO directamente nos ensena. Sigamos la conducta de los antiguos Apóstoles, y el Evangelio será triunfante; seamos hermanos, caritativos y justos, y no hay la menor duda que los Protestantes é Infieles quedarán confundidos y edificados al mismo tiempo, haciendo como San Pedro, el cual dejó las redes y avíos de pescar para irse tras su Divino Maestro, así que le llamó.

32 Mucho tendría que escribir sobre esta materia, aunque en substancia todo se reduciría a lo que simple y brevemente acabo de decir, mas como que no soy religioso, ni predicador para derretirme en amplificaciones, dejo que el raciocinio haga su efecto.

3 3 A cada paso de estos periodos se echa de ver, que la distinción de las cosas eleva el talento humano al claro conocimiento de la verdad, desbaratando los engaños, perjuicios y escrúpulos, que sin fundamento nos afligen la fantasía. Bajo esta inteligencia diré que lo mas escorial útil e importante para el vasallo cualquiera, es de procurar su libertad si descubre trazas para lograrla, y descuide con buen ánimo de lo demás, pues todo se vuelve superstición, malicia y patraña. Animado por fin de aquella imparcialidad, que llanamente acompaña mis escritos, prevéngote Lector que nunca llegarás a gozar la completa felicidad de este Mundo bajo los descansados auspicios de la LIBERTAD, si adoptas (como idiota) los consejos del Clero, respeto de ser él uno de tus mayores enemigos en esa empresa; en la seguridad que no hay razón que se atreva disputar, cuanto menos destruir el punto inicial de este capítulo.

 

CAP. IV.
LA LIBERTAD E IGUALDAD DEL GOBIERNO FORMA LA FELICIDAD DE LA NACION.

La paz aborrece la discordia, y la libertad la opresión: tal es la afinidad de estos dos opuestos que no puede haber opresión sin discordia, ni discordia sin opresión o la tácita intención de ella; consiguientemente créome autorizado a decir, que no hay ni puede haber paz sin libertad, ni libertad sin paz. Parecen separadas una de otra en los conceptos, pero vienen a ser lo mismo en realidad. Cada una toma y da mutuamente su origen, y la supresión de una, hace que desvanezca la otra. En cortas palabras, son dos compañeras tan fieles é interesadas a la común subsistencia, que forman juntas una cierta perfección, la cual produce la felicidad de cada Ente.

2 Los Gentiles que figuraron en la primera existencia del Orbe un Caos, esto es, confusión, siguieron diciendo que cada materia separóse en virtud de su natural inclinación al centro respectivo; pero nosotros los Católicos mas esclarecidos en la luz de Religión, leemos en la Sagrada Escritura (1) que Dios creó, separó y estableció cada elemento en aquel sitio, límite y destino que su Alta Providencia juzgó conveniente. Dicha distribución efectuada por el Autor de la bondad, sapiencia y perfección, precisamente ha de ser liberal, prudente y perfecta; como que pues no pudiera ser reconocida por tal, si el Orbe existiese en todo o en parte sobre algún sistema violento; luego es menester concluir que Dios creó cada cuerpo en un completo descanso: del mismo deriva la orden, y solo los ciegos de nacimiento son aquellos, que no tienen idea de la perfecta organización y curso periódico de todo lo que el Mundo contiene ¿Qué es pues este descanso y orden sino una entera libertad? ¿Quién puede concebir lo admirable de esta creación sin confesar de que todos los Entes tuvieron de su principio esta prerrogativa inseparable?

3 Tan necesaria es la Libertad para existir, que si el Creador no fuese ab eterno libre, no sería Dios tampoco. Bajo la omnipotencia se entiende expresamente la Libertad, es pues absolutamente indispensable que todo lo que la misma crea sea libre. El negar esto es una temeridad.

4 Los Animales con su instinto, los Vegetables en la producción, y los Cuerpos insensatos con la fuerza de inercia, nos dan palpablemente un indicio natural de que aprecian, pretenden y defienden sus derechos respectivos (2). Solo el Hombre es el que descuida de sus privilegios: todas las demás creaturas gozan de ellos, y él los sacrifica. Los que son irracionales saben lo que le pertenece, y él o ignora. Este es el fenómeno mas incomprehensible entre los que la antigua y moderna Filosofía emprendió descubrir.

5 La creatura hecha a imagen del Altísimo fue, es y será eternamente libre. Tan grande es el privilegio que ella tiene sobre las demás, que Dios de su motuproprio declaró libre e independente el albedrío de ella sin reserva alguna (3).

¡Que más clara serial de su libertad! Si luego este Individuo miembro de la Sociedad, es por todo derecho libre, ¿porque no lo será una Nación? El discurso me parece sacado con tan buena regla, que el argumento de minore admajusno admite disputa.

6 Comparo la Sociedad a un circuló, cuya circunferencia mira asiduamente al centro por medio de líneas rectas e iguales. Los rayos son las Leyes, y el centro es el Gobierno. Él mismo se divide en dos ramos a saber: Poder, legislativo, y Poder ejecutivo. El primero hace las leyes, y el segundo aviva el cumplimiento de ellas. Uno provee, y otro, cuida de lo proveído. Por diferentes que sean estas dos autoridades, ambas se dirigen a un solo punto indivisible, el cual es el orden, provecho y tranquilidad de la Nación.

7 Para que el Efecto no padezca en su curso alguna interrupción, es menester que imite y conserve fielmente la pureza del origen. En cuanto se desvíe ya va declinando, y no sigue adelante que para destruir a sí mismo. Tal es la conducta del Gobierno despótico, y por esa razón se va acercando con toda priesa a su fatal derrota.

8 Hemos observado (4) que el origen legítimo del Gobierno mundano no puede ser otro que la Nación. En ella solamente existe la soberana autoridad de hacerlo, derogarlo o abolirlo en parte o en todo, siempre que quiera y juzgue por conveniente (5). La Sociedad forma el Gobierno, y no el Gobierno la Sociedad, de la misma suerte que la circunferencia fija el centro, y no el centro determina la mayor o menor extensión de la circunferencia. Siendo pues incontrastable que toda Nación es libre quiera o no quiera, sale la consecuencia que el Gobierno establecido directamente por ella, es libre también. Esta aserción está expuesta a varias objeciones, la más fuerte de las cuales, hago cuenta, será un silogismo muy común entre aquellos, que enemigos de la Libertad, niegan la existencia de ella.

9 "Todo lo que impide (dicen) el hacer o no hacer quita la libertad, siendo así que las Leyes impiden de hacer o no hacer, luego las Leyes quitan la libertad: y como que (añaden) el Gobierno es una formación y ejecución de leyes, sigue por justa ilación que todo Gobierno cualquiera no puede ser libre"

10 El argumento sería bueno si no fuese atacado por razones más sólidas, que diametralmente se le oponen; y hacen que no tan pronto se asome, que hasta su sombra desvanezca. Muchas respuestas tendría que ponerle a la frente y todas interesantes, mas para evitar la difusión, me contento de dos y sobra.

11 Antes de todo es necesario considerar que la Ley, cuya creación manó de una legítima autoridad, siempre es buena en cuanto procura asiduamente el bien de la Sociedad. Es el idéntico retrato de la Justicia, por eso Cicerón dice que deriva de Dios (6), y San Agustín la llamó imagen del mismo (7). Es un antídoto del mal, mediante el cual sujétanse los vicios, las desórdenes y turbulencias. Cada Potencia y Nación tiene diferentes leyes, pero todas aparente o realmente (8) se dirigen al mismo objeto. La particular situación y genio de los habitadores, contribuyen muchísimo a dicha variación; pues lo que a uno es necesario, a otro puede reputarse inútil.

12 Si vamos a argumentar en forma (9) concedo la mayor, y niego la menor. La razón que produzco en primer lugar, es que las Leyes vedan, y no impiden. Una cosa es estorbar, y otra protestar. El Hombre de potentiaabsoluta (10) puede obrar bien, o mal cuando quiere; pero si él hace cosa que perjudique de alguna suerte a la Sociedad, tiene que dar cuenta de su transgresión a las Leyes, que vigilan en eso. Castíganle estas, no para impedir (porque no pueden) sino escarmentar a los demás, para que no vayan en contra de lo mandado. Es tan cierto que las Leyes no se oponen con viva fuerza a la Libertad del hombre, que no le castigan sino después de cometido el delito; y tampoco le corrigen inmediatamente, pero dejan pasar un tiempo discreto para que los autos se completen, y el hecho quede verificado. Si las Leyes de por si pudiesen impedir el mal, la prohibición de él sería inútil; siendo así que lo vedan, luego las Leyes no lo pueden estorbar, y consiguientemente denotan sin la menor duda que la Libertad del hombre no se quita en fuerza de ellas. Ojalá fuesen capaces de impedir y aún aniquilar la mala intención, pues los hombres no tan solamente serian felices, sino perfectos. No habría entonces que temer lo que (a pesar de la mayor vigilancia y cuidado) suele de tiempo en tiempo acaecer.

13 Secundariamente quiero aún suponer que las Leyes impidan y estorben el mal ¿se inferirá por eso que quitan la libertad? muy engañado está quien lo dice. Si a un bien se agrega otro menor, igual o mayor, hará un compuesto más sólido y aumentará lo que llamamos bueno, consiguientemente el efecto que atribuimos en este caso a las Leyes hará que no tan solamente no se quite la libertad, pero se aumente. Para que el hombre sea feliz en esta vida, otorgóle Dios la libertad; siendo así que las Leyes con atajar el mal promueven la felicidad de los mortales; luego las Leyes no disminuyen la libertad, antes bien la enriquecen y adornan.

14 Si el cometer maldades es una señal de libertad, no se necesita más para probar que solo los Gobiernos Despóticos y Aristocráticos son verdadera y exclusivamente libres. Por ese lado entrambos se distinguen en un grado superlativo, y a buen seguro que el Gobierno Popular no les lleva ventaja ni les quita esa gloria. El motivo que hace pertinaces los enemigos de la Democracia en afirmar que las Leyes quitan la libertad, es él de conocer solamente aquellas, las cuales tienen esa virtud; en efecto es cierto que la tienen, porque fueron establecidas sobre un plan del todo opuesto a las de que trato. Oprimen los pueblos y si la opresión llámase libertad, imitaremos en esto al fanatismo Inglés (11). El criterio de esos Legisladores está sujeto a equivocaciones de este jaez. La Tierra en donde no se sufren patrañas y picardías, la consideran como libertina, revoltosa y cruel; por eso el Gobierno Democrático no les conviene, y consiguientemente lo desaprueban y condenan.

15 Vuelvan el discurso como quieran siempre se quedará firme como axioma, pues no hay controversia que le pueda hacer daño. Mucho trabajo y ningún adelantamiento acarrea el defender un punto imaginario, y el ir contra la corriente de la razón.

16 El requisito esencial e inseparable de una verdadera libertad, es la perfecta Igualdad. Según dije de su principio la Libertad es el descanso de cada ente, y el glorioso distintivo del hombre; siendo así que no puede haber descanso sin igualdad, luego toda creatura libre (y especialmente la racional) tiene de ser igual. Para destruir esta prerrogativa, fuera preciso probar que de hombre a hombre pasa alguna esencial diferencia, o (para explicarme mejor) que la masa y espíritu de uno (por efecto de Divina Parcialidad) fuese sobresaliente por todos respetos a la del otro, mas no habiendo tal cosa (como dije (12) y seguiré probando más adelante) es preciso decir que la igualdad es una ley inalterable de naturaleza, contra la cual no hay argumentos que tengan. Ella es un equilibrio general y necesario a la quietud. Afín de que la balanza vaya derecha, se ha de cargar a un lado el mismo peso que se echa en el otro; fáltese en cualquiera proporción aún pequeña y casi insensible, precipitará abajo una elevando la otra; como que pues al Gobierno Democrático (sinónimo conciso de ella) repugna la exaltación de una persona, así no sufre degradación en otra. La Ley hija de la pública intención y voluntad, mira todo hombre de bien con igual cuidado, cariño y protección. El mismo derecho asiste el Gobernador como el Alguacil, el Viejo como el Niño, el Rico como el Pobre, y en una palabra el más Alto como el más Bajo.

17 Hay quien aduce dificultades en esto diciendo que en donde hay igualdad no se conoce distinción de personas, y por consiguiente es imposible que haya buena orden y subordinación. Muy fácil es de percibir la idea de esos argumentadores sin alejarse mucho, o volverse el juicio para desentrañarle el sentido.

18 En las Monarquías todos empleos de consecuencia confíanse a Príncipes, Duques, Marqueses y titulados: los demás inferiores se dan a personas nobles o de sangre limpia, y aún en eso siempre que el tal sea rico no se mira mucho (13). Creen pues que lo mismo se haya de practicar en todas partes, y no hay quien les quite de la cabeza que la mejor esfera de gente hábil para gobernar, es solamente la de los Señores. Les parece muy extraño de oír que en un gobierno popular todo individuo puede subir a cualquiera empleo siendo capaz, pues se exalta la sola virtud y habilidad del hombre. Es muy notorio que en las Cortes el medio más seguro y probable de lograr Puestos eminentes (rara fortuna que para pocos es reservada) es de volverse, así como suena, el alcahuete del Rey, de la Reyna o del Príncipe; por eso mal les sabe el creer que en una Nación libre, el solo medio de lograr adelantamiento es una conducta honrada y satisfactoria al Público.

19 Fuera menester para confusión de esos hombres cavilosos, y desengaño de los idiotas los cuales prestan fe a esas patrañas, de que rodeasen el Mundo y viviesen por algún espacio de tiempo en una República de esta descripción; pues no dudo que desde los primeros días echarían de ver la diferencia, que por la presente no conocen. Verían un Individuo llano y afable que es Gobernador; otro de la misma suerte que es Consejero, y así de los demás Jueces, Alcades &c. Repararían que el Gobierno no puede ir mejor mientras que tanto el que manda como el que obedece, son todos unidos, amigos e iguales. Llegarían entonces como testigos de vista a decir de común acuerdo que mal estarían los Pueblos, si la ciencia de gobernar consistiese solamente en ser Grande, Milorde o Caballero cruzado.

20 En la Democracia se escoge el Talento y no se distingue la Persona, porque la pública autoridad no consiste en el Individuo sino en el Empleo; aunque pues el hombre que hállase elevado a tal dignidad parezca superior por causa de ella, jamás dejará de ser igual al más ínfimo en el derecho humano.

21 Por lo que toca a la subordinación, es cierto que no hay Gobierno, el cual se pueda comparar en esto a la Democracia. Ella sola tiene el verdadero conocimiento de la subordinación, pues la observa fielmente en la forma que debe ser; por la contra los enemigos referidos suponen que no puede haber subordinación sino bajo una manifiesta cautividad. En las Monarquías se entiende por subordinación aquella ciega y servil humildad, que los vasallos tributan a quien se despacha por Señor; en las Repúblicas al opuesto se mira como una obediencia voluntaria al Superior, el cual en virtud solamente del empleo dispone y manda. Los primeros son forzados a observarla, porque el SOBERANO la impone y pretendo, los segundos la adoptan, porque ellos mismos la instituyeron para la buena armonía de su vecindario. Unos son esclavos en la ejecución y pelean como ganado vendido para el matadero, y otros son obedientes a sus propias leyes combatiendo como hombres libres.

22 He aquí la diferencia que pasa entre la subordinación de los Reinos, y la de los Países democráticos. Colíjase en fin la exactitud de estos últimos en dicha observancia de las victorias que las Armas americanas consiguieron contra el tiránico Yugo Inglés, mediante las cuales lograron con una gloria inmortal la Libertad, Independencia y Soberanía.

23 Como que el objeto mío en el decurso de toda esta obra fue probar lo que la razón patrocina y atacar las controversias, que supongo pudieran resollar con el tiempo en contra de mi sistema, parece que no sea propiedad disimular aquellas, las cuales salieron ya al Público en la imprenta, siendo así que su confutación interesa el punto principal de este Capítulo; sigo pues sin apartarme de mi derrota respondiendo categóricamente aun escrito el cual fue creído aquí por muy sólido y especial, atribuyéndolo a un Autor de un talento sobresaliente (14).

24 El orgullo de la Aristocracia despertó varios enemigos contra Tomás Paine Escritor moderno, y defensor glorioso de la Igualdad. Burke con la elocuencia y Walworth con la teología, parecen dos perritos empeñados en sujetar con sus ladridos a un Toro valiente, y tal es la gana que le tienen que darían voluntariamente sus pescuezos al verdugo si a ese precio pudiesen conseguir la victoria, pero siendo según parece esos dos Solones (15) muy útiles y casi necesarios a la Sociedad, hay toda la probabilidad que no harán tal cosa, pues el Mundo muéstrase muy cuidadoso en no darles algún motivo; pudieran desde luego contar de vivir para siempre, si la muerte de ellos fuese decretada para cuando se logre la susodicha conquista.

25 Walworth considera en la creación de Adara y Eva que Dios sujetó la Hembra al Barón (16), luego (dice) siendo el Hombre él que manda a la Mujer, el Altísimo quitó la pretendida igualdad del derecho.

26 Este teólogo contrahecho se hace desentendido que cuando Dios entregó Eva a Adán fue bajo la inteligencia de que fuese su compañera, y no criada o esclava; consiguientemente declaró que el derecho de un Socio es igual a el del otro. Supongamos por comparación dos hombres desiguales en punto de capacidad, y saldrá que uno es más hábil del otro; en virtud pues del refrán latino (17) el menor aprende del mayor, y a este tenor el sabio aconseja el ignorante, quien para su particular provecho y adelantamiento se alegra de ser instruido, pero jamás tendrá el primero para que ostentar un derecho superior al segundo. Esta pretensión pudiera fundarse solamente en que es más hábil, siendo así que la capacidad del ánimo no es derecho personal, seria luego una usurpación y no legítima propiedad. Si la Sabiduría aumentase el derecho, la ignorancia lo disminuiría, y en escaso tengo para mí que todos los Reyes y Tiranos de la Tierra, no tan solamente serian inferiores a un pobre Carretero, pero aún a su macho.

27 Volvamos al discurso de Adán y Eva. Dios mandó a el uno que diese buen ejemplo y guiase la otra, inculcó después a la mujer que se llevase bien y fuese compañera fiel del hombre. ¿Qué especie de desigualdad puede percibirse en esto? ¿qué superioridad hay en el Varón, y que inferioridad en la Hembra? Hemos visto poco antes que la subordinación no es, ni puede razonablemente considerarse por cautividad; aunque pues sea cierto, que Eva prestó obediencia a Adán, fue no obstante creada del todo igual a él, de la misma suerte que si yo con mi profesión o persona sirviese un hombre cualquiera, no dejaría en el ínterin de gozar la misma libertad e igualdad anterior a dicho servicio.

28 De que Eva necesitase instrucción por ser más ignorante, no hay quien lo dispute, y la opinión de Séneca (18) sobre este punto nos quita cualquiera duda. El consejo que San Juan Crisóstomo (19) da a la Mujer denota claramente que está en ella de adoptar o rehusar los preceptos del Hombre, y todos aquellos que contradicen este cándido parecer no tienen otra idea que la de avasallar los que son iguales a nosotros, como intentó hacer Catón, el cual aconsejó a los Romanos de oprimir por todos lados a las mujeres. (20)

29 Me alegraría de saber si Walworth es casado o cortejó en su tiempo alguna muchacha, como también si entre los requiebros de la conversación lamentó semejante proposición, pues tengo para mí que eso solo hubiera bastado para hacerse despreciar, no digo de una doncella bonita, pero de una vieja fea y asquerosa. Yo por mi parte pisé (como es notorio) hasta por la presente la verea de los solteros, y aunque sea del todo ignorante en lo de cortejar, paréceme las trataría con mayor comedimiento de este filósofo grosero. ¡Infeliz el hombre que aborrece la mujer, única joya de valor que él pueda hallar en este valle de amargura para suavizar los ratos de su vida transitoria!

30 Esta materia sin embargo seria congruente al propósito, siempre y cuando Tomás Paine hubiese escrito sobre el respetivo derecho del Varón y la Hembra poniéndolos en competencia, pero muy sabia y prudentemente se llevó en no entremeterse en una cuestión tan ridícula. El punto importante que trató fue el Derecho del Hombre por extenso, y el modo más acertado de establecer un Gobierno sólido y feliz; siendo así que las mujeres no tienen que ver en eso, dejaremos luego esta Wolfiana porfía (21) al cuidado de aquellos, que quisieren volverse abogados de ellas en caso de alguna pretensión.

31 Por lo tocante a los Padres de familia, Primogénitos &c, que Walworth afirma tenían en tiempos antiguos amplia autoridad sobre sus familias y hermanos, debiera hacerse el cargo que aquellas edades eran más ignorantes y supersticiosas, que sabias y devotas; pues aunque fuera cierto que tal costumbre había, no quita de que la misma fuese una tiranía de marca mayor, y tal que al día de hoy, siendo el Mundo más civilizado, no se consentiría por estilo alguno. Sobre esto me conformo con lo que dijeren hombres imparciales y de un sano criterio, los cuales no dejarán de saber que todo lo que realmente puede pretender un Superior de esta naturaleza, es un respeto moderado y en términos equitativos. Según este extraño modo de razonar, los referidos eran autorizados a quitar la vida a aquellos que quebrantaban sus órdenes, mas si tal cosa se practicara en el día, tales Padres, Hijos mayores o Reyes de familias (usando la expresión de Walworth) sufrirían sin remedio el mismo castigo, que ilícitamente a otros impusieron, y harto lo mereciera aquel Impostor, el cual anda buscando autoridades en la Sagrada Escritura para convalidar sus disparates.

32 Tomás Paine dijo que los Hombres nacen iguales, consiguientemente gozan de un derecho igual. Esta aserción fue falsa y maliciosamente representada por sus enemigos, y por ser yo en todo de la misma opinión, hago a ella una adición diciendo: que no tan solamente el hombre es igual en nacer, sino también en morir (21), y lo pruebo con el siguiente argumento.

33 La creación del hombre (en la unión del alma con el cuerpo) es igual en uno como en otro, y lo mismo sucede en la muerte, esto es separación de las materias; siendo pues el principio y fin respetivamente iguales, es de razón que la vida sea igual; y como que el Derecho es la basa de la vida humana, luego es y debe ser perfectamente igual.

34 El Derecho es una justa pretensión del hombre sobre todo lo que le. pertenece. Es una heredad legal investida en el por el Creador, y la Naturaleza. El primero otórgole sin reserva la libertad del albedrío, es desde luego un derecho suyo inalterable de actuar libremente. Hacienda es la que recibió del segundo, y tan dueño es el Pastor de su pobre choza, como el rico Labrador de su cortijo. Siendo pues estos atributos necesarios e inseparables de la existencia humana, sale por ilación que el derecho es la basa fundamental del hombre. Tan libre es la voluntad del sabio como la del ignorante, ni el ser rico o pobre aumenta o disminuye el derecho, todo es respetivamente igual. Si el hombre llegase a poseerlo a un cierto periodo de su vida, pudiera el derecho padecer alguna mudanza o alteración; siendo así que lo recibe al instante que su alma es creada y juntada con el cuerpo, luego le pertenece aún antes de nacer (mas que no haga uso de él) y en esa virtud ningún evento de la vida puede ocultar o aparentemente variarlo; como que pues el principio es igual al fin (según se ha demostrado) con mayor fuerza el derecho ha de ser igual, siendo una basa inmutable que no admite regla alguna, y no se puede derribarla sin destruir al mismo tiempo la constitución esencial del Hombre.

35 Es costumbre de todos los Charlatanes llevar patentes, pasaportes &c. para certificar sus habilidades, de la misma suerte que los Impostores buscan testigos para justificar sus mentiras; a este tenor la espada del Despotismo y Aristocracia hallándose ya inhábil para cortar, Walworth toma el expediente de buscar autoridades en el viejo Testamento. Preciso es que el pobre halle algún asilo en donde recogerse, de lo contrario sus cavilaciones, enredos y falsedades quedarían desamparadas y confundidas enteramente; sin embargo no es malo que después de haber sido muy travieso con las armas, se haya convertido y vuelto un Santo con la Biblia en las manos.

36 Todos los Hombres (digo con valor y razón) son tan iguales en su derecho, como en la inmortalidad del alma y la material construcción del cuerpo. Es bastante ser hombre (aún loco e ignorante) para poderse igualar con Burke y Walworth. Si en esta materia hay más que objetar, no me faltarán otras respuestas firmes y congruentes de ponerle a la frente. Pruébense los valientes, y me alegraré que el Mundo vea quien tiene mejor puntería; sigo pues considerando la introducción de los Títulos.

37 Tan discreto quiero ser para con el DOCTOR Walworth, que concedo por un momento las varias acotaciones de la Escritura acerca de los títulos, pero pregunto a su Señoría ¿porque fueron introducidos? me responderá puede ser, que fue con el motivo de distinguir las clases de personas.

Si a esto solamente se reduce, no hay mal alguno; diré más, que es útil y necesario de admitir alguna suerte de distinción entre los varios ramos de la Sociedad; pero no por eso se ha de inferir que esta usanza produzca una variedad esencial de derecho. Para que haya orden en esta vida, es preciso diferenciar el Sabio del Ignorante, el Viejo del Mozo, y el Hombre de bien del Pícaro: cada uno ha de quedarse en su esfera, pues una mezcla de ellos sería errónea, imprudente y opuesta del todo a lo de conservar una perfecta armonía y paz.

38 Hasta aquí vamos acordes, pero ¿dónde irá a parar Walworth con su doctrina si porfiare que de dicha distinción de personas resulta la desigualdad del derecho? ¿No son hombres ellos todos? ¿tienen por acaso alguna material diferencia en sus cuerpos, para que uno sea inferior al otro? Si en su junta hubiese algún perro u otro animal, este sin duda no podría compararse con cada uno de ellos; mas siendo todos hombres, todos son iguales y todos gozan de un mismo derecho. Observamos en los Consejos de Estado, Cabildos y Asambleas que muchos tienen menor habilidad de otros, con todo tanto se atiende el voto de uno como él de los demás respetivamente: En fin ningún inconveniente se percibe en distinguir los talentos y genios, en cuanto no resulta de eso preferencia de suerte alguna.

39 La introducción de los Títulos fue uno de los mayores disparates, que cometió la infancia del Mundo. Ignorábase en aquellos tiempos los nombres de Diputado, Senador y Presidente, por eso llamaron a los Jefes Señores. Hombres vivían, consiguientemente había Cabos entre ellos, y para distinguir él que hacía de Pastor de los que metafóricamente pasaban por Ovejas, diéronle aquel título que de pronto les vino en la imaginación. Sabían que Dios como Ente Supremo es el Señor verdadero, a imitación pues de su superioridad quisieron diferenciar a los Gobernadores con el título de Señores. De esta invención ignorante y supersticiosa, tomó trazas el abuso que vemos en el día un obstinadamente arraigado; sin embargo ninguna autoridad puede hacer a un Pueblo desengañado.

40 El partido de la Aristocracia pretende que los títulos pasando de una generación a otra, han llegado a purificar sic: g. la casta de Burke a preferencia de la de Paine.

Colocan la nobleza en el primero, cuya sangre tienen por limpia, refinada y de una calidad superior a la del segundo, la cual suponen vil y ordinaria (23); con todo lo cierto es, que dichos títulos fueron dados a aquellos que mas los merecían, consiguientemente se dirigieron a distinguir el talento y no la persona; como que pues la habilidad del Padre no se puede heredar por el Hijo, luego los títulos no tienen virtud alguna sobre la descendencia de una familia ¿No sería pues una loca porfía de pretender que el espíritu procrea el cuerpo? luego ¿porque el cuerpo ha de participar de lo que es don y pertenece al espíritu solamente? ¿Qué favor puede influir el título de Excelencia sobre la sana o enferma disposición de aquel niño, que sale del vientre de una Duquesa?

41 Uno de los Misterios aristocráticos es de suponer y creer firmemente, que cuando el Rey se digna crear Noble algún Plebeyo, vuelve pura y quilatada aquella sangre que un minuto antes era baja, vil y vulgar; siendo pues tan mirable la virtud del real cumplimiento, preciso es que reconozcamos a todos los Reyes por Santos en vida, siendo así que cada creación de Noble es un Milagro. Quiero desde luego figurar que el tal hombre antes de volverse caballero sea tuerto o cojo, y parece natural que mientras S. M. se sirve purificar la masa interior de la sangre, pueda de la misma suerte perfeccionar la fealdad exterior del sujeto privilegiado. A este tenor la Señoría de las Cortes debiera ser el emporio de la hermosura y el hechizo de las gentes, pero demasiado notorio y visible es a todo individuo que ve una Corte, de que hay Duque y Señor, cuya cara es más fea y asquerosa que la de un cochino; y si formamos una idea del alma en proporción del cuerpo, la cuenta que saco por regla de tres, me lleva la noticia segura que en las personas de muchos Príncipes, Marqueses, Condes &c. &c. caben solamente almas de borricos transmigrados. A esta suma vienen a parar los tanteos y cábalas de la Aristocracia, y si quisiera seguir adelante con su aritmética, llegaría a sacar tantos absurdos y necedades, cuantos locos y abardanes viven en las Cortes de los Soberanos.

42 Si la autoridad de nuestros Reyes introdujo el uso constante de los títulos, e hizo que se admitiera por ley inalterable un abuso fortuito de esta suerte, mayor respeto sin duda y observancia mas rigorosa debemos prestar a los Decretos de aquel Divino Monarca todo poderoso, que nos ama, ampara y reconoce por herederos del Reino Celestial: vamos pues en busca de aquel título, que nuestro Padre Adán recibió después de creado. Estimaré muchísimo en esta ocasión de que Walworth y Burke me hagan el favor, el uno con la Teología y el otro con la Retórica; leer otra vez la Biblia y requisar con mayor atención los Archivos de la Antigüedad, para que después me notifiquen con seguridad el positivo cumplimiento, que el susodicho recibió de su Creador.

43 Adán fue llamado y no Señor Adán, porque este no es un título que cuadra al hombre, ni lo puede pretender. La Señoría es una decoración que solamente pertenece al trono del Creador, y no a la mortaja de la Creatura. Si esta procura elevarse, ha de ser sobre el cadahalso de su monstruosa ingratitud y mala inclinación. Los vicios y perfidia de los Ricos (24) juntamente a la ignorancia de los Pueblos, dieron motivo a que se introdujese esta quimera. La distinción que los títulos aparentan, fúndase comúnmente sobre casuales circunstancias de la fortuna; siendo así que estas no forman o aumentan el mérito del sujeto, consiguientemente tan usurpada como inválida es aquella honra, la cual no es patrocinada de la razón.

44 El que merca papeles de Nobleza porque la ambición le ciega y el dinero le sobra, (tráfico común y frecuente en las Monarquías y Gobiernos aristocráticos) puede hallar distinción entre idiotas e ignorantes solamente. Una ostentación tan necia no hace más que atraerse el desdén y menosprecio de un Pueblo libre e instruido, el cual pierde enteramente aquel buen concepto que formaría quizá del tal hombre, si no hubiese tentado de exaltar a sí mismo. Aspirar a honores sin merecerlos, es buscar su propia ruina (25). Si los vanos dieran oído al consejo que les da Salomón (26), no se elevarían a tanta altura, de miedo de precipitar más abajo (27).

45 Platón considera que las riquezas son útiles a quien sabe hacer uso de ellas, y perjudiciales para los malos y locos (28). No hay la menor duda pues que si muchos fuesen pobres en vez de ser ricos, sería mucho mejor para ellos. No cometerían ciertos abusos que el libertinaje suele dictarles, y se abstendrían de emprender lo que su habilidad es incapaz de rematar con acierto y decencia. La opinión de Petrarca (29) es cuanto cabe en este particular. La nobleza de los Abuelos es lo que hace mayor eco entre Jos caballeros. Sea quien fuere, una vez que pueda cantar su letanía, tiene con él el mérito de toda la preferencia y distinción. Juvenal desde luego parece que supo entender este punto mejor de los referidos, pues dijo que más vale ser hijo de Tersite (30), pero sabio y útil a la Sociedad, que jactar el grande Achiles por padre y ser otro Tersite al mismo tiempo (31).

46 Si volvemos la atención al gran Talento de Walworth, echaremos de ver que toda su doctrina se ocupó solamente en leer el viejo Testamento. Siendo por otro lado tan empeñado en decorar el altar de la nobleza para que los Pueblos lo miren con obsequio y veneración, parece que no le hubieran faltado autoridades a manta, si hubiese querido o sabido buscarlas. Tantos Escritores (32) trataron sobre eso, que la mitad bastaría para hacerle cobrar mayor fama, y corroborar al mismo tiempo (aun superficialmente) su sistema. Siempre que se me permita decir mi opinión, estoy en que nuestro célebre Autor Walworth no es muy bien instruido en la materia que emprendió tratar, y si me apuran, digo que la ignora enteramente. Mas me entiendo yo de pintar (sin haber agarrado una vez el pincel) que él de saber lo que quiere decir Nobleza tampoco. San Gregorio dice: que el Sabio no tan solamente considera el punto que trata, sino también el lugar, el tiempo y las personas en cuya presencia está hablando (33); mas todas estas circunstancias poco se cuida el referido Letrado. Cicerón nos previene diciendo: que cuantas veces hablamos, tantas el Mundo juzga de nosotros (34), él por la contra no se pasma por eso. Piensa que lo que dice tal se ha de quedar, y de esa suerte el empeño suyo es de desahogar a su entera satisfacción el fanatismo de sus conceptos. Puesto que Walworth ha dado en escribir, parece que el mejor expediente para él sería de estudiar un poquito más. Vegecio (35) nos asegura que la basa más sólida sobre la cual podemos contar, es la aplicación e industria. En esta inteligencia no sería malo que se fuese otra vez a la escuela, y no tengo la menor duda que de aquí a cien años, si viviese y le continuase la misma manía, haría en público una comparsa mucho más decente de la que acaba de hacer.

47 Cepolio sale (36) diciendo que la Nobleza merece tantas alabanzas, cuantas estrellas relumbran en el Firmamento. De donde haya sacado esa sentencia no lo dice, ni la razón sobre que la fonda es satisfactoria tampoco. Corta pues es la diferencia, que se percibe entre él, Burke y Walworth: La energía de sus discursos exhala continuamente interés, y si la Democracia (pongo por comparación, aún sin ejemplar) les ofreciese más de lo que chupan del Gobierno aristocrático, verías cuan pronto mudarían casaca. De ninguno se puede aguardar chascos semejantes, sino de Graciosos alquilados para hablar y lisonjear a quien les paga el jornal.

48 ¡Hombre! ¿quién eres tú, que te levantas arriba de tus hermanos? procura conocer a ti mismo (37) y no serás tan vano y soberbio. Sabrás que tú eres una creatura ignorante y flaca, que nada mereces y que todo lo de este Mundo es una pura vanidad (38). Este conocimiento hará que alcances lo que los Caballeros y Señores ignoran del todo, porque no son dignos de gozar la luz de la Verdad.

49 Suponen que la particular educación recibida infundióles lo mejor de la Sabiduría, y creyéndose haber llegado ya a la cumbre de ella, hállanse sumergidos en lo profundo de la ignorancia (39). Si los títulos acarreasen algún provecho temporal o aumentasen la gracia espiritual de nuestras almas, vaya con Dios; alguna razón habría para procurarlos, y tanto el pobre para quitarse el hambre, como los beatos para perfeccionarse en el camino de la virtud y santidad, harían muy bien de trabajar para adquirirlos; pero para cobijarse bajo una sombra tan insignificante y bobería tan clásica ¿quién es aquella creatura racional que se determine a desearlos, cuanto menos recibirlos? Para volverse el ludibrio de los hombres desengañados, no hay más que ostentar títulos y nobleza.

50 Fuera de esta pestilencia, exclama con énfasis y determinación una Tierra libre cuya soberanía reside en el Pueblo solamente ¡Feliz y dichoso aquel Gobierno fundado sobre el escarnio y destierro de los títulos! El nombre de bautismo con el apellido, basta para individuar un miembro de la Sociedad. La sola distinción que puede añadírsele si se quiere, es la de su empleo, arte o profesión. Igual respeto y atención debe prestarse tanto al Presidente y Gobernador, como al Comerciante, Sastre y demás, pues cada uno de por sí pública o privadamente procura el adelantamiento de la República.

51 Bajo este concepto quienquiera que ame los títulos, es un hombre peligroso en el manejo del Gobierno popular. Para cumplir debidamente con la obligación de su empleo, el bien público ha de ser su mira y objeto constante; mas nunca llegará a ponerlo de buen ánimo por ejecución, si prefiere la adulación al deber. La vanidad de oírse cumplimentar de Usía o Excelencia, será en él el solo incitamiento para lograr (con empeños clandestinos) un asiento en el Consejo de Estado. Hínchase como un perezoso camaleón con el humo de las lisonjas que le van echando aquellos, los cuales se le presentan y saben del pie que cojea, siendo más cierto que probable, de que las demás veces sacrificará la justicia y razón, para proteger quien diestramente sabe incensarle. Un hombre de este genio debe ser despreciado y excluido para siempre de la administración del Gobierno.

52 Nada bueno promete la ambición, cuyo fin es de adquirir honores que no merece (40). Una de las señales más seguras que acreditan un Sujeto por apto al Gobierno, es una conducta afable, cortés y comedida. Con mas que el Pueblo le aplaude, más humilde se muestra en su semblante, pues nunca se olvida aquella amable disposición del Romano Orador (41). Ningún Individuo, Oficial y mas que sea el Héroe defensor de la Democracia, puede razonablemente aguardar distinción alguna sobre los demás, si no es el premio proporcionado a su buena obra y servicio. Una mayor pretensión le tacharía de presuntuoso, y le hiciera reo de un insulto al Pueblo en general. La pública libertad lograda con trabajos y sangre, precipitaría del Yugo monárquico, en el Despotismo de un privado Vecino. La Humildad es hija de la Generosidad, y el Gobierno verdaderamente democrático es el idéntico retrato de entrambas.

53 Todas las Naciones del Mundo tienen su moda particular de hablar. Una se vale de la segunda persona del singular, otra de la del plural y la Española acostumbra explicarse en la tercera persona. A todas apruebo y cada una respetivamente, no siendo mi ánimo intentar la reforma de lo que el uso constante ha establecido. Los títulos son los que disputo a cualquiera que haga uso de ellos, por contradictorios al buen senso y a la razón. Lo que autoriza esta preposición, es el silogismo siguiente, y me alegraría que los Señores enemigos de ella lo considerasen bien para confutarlo si se hallan capaces.

54 Toda cosa que aparenta lo que no es en realidad, es una Impostura; siendo así que los Títulos denotan una distinción en la persona, que no es ni puede ser acreedora a ella; luego los Títulos son una clara impostura, fraude y patraña.

55 En fuerza de este argumento podemos quedar convencidos de que tanto quien da, como quien recibe con gusto los títulos, son realmente y merecen ser notados en público por Impostores, sin excepción de personas. Sigan pues regalándose con ellos los de la Aristocracia, que yo por mi parte jamás les tendré envidia en esa distinción. Los Letrados que producen objeciones teológicas en contra de este sistema, o no entienden las autoridades que citan, o procuran maliciosamente interpretarlas según les tiene cuenta (42), sacando mentiras de la misma Verdad infamemente adulterada, según dice Tertuliano (43).

56 Vuelvo otra vez a mi primer punto y discurso afirmando, que la Libertad e Igualdad del Gobierno es el solo medio para promover sólidamente la paz, armonía y felicidad de cualquiera Nación, por extensa que sea. Solo él que vive en un País libre, en un Gobierno igual y en fin en seno de la Democracia, conoce y goza el paraíso terrenal.

57 Los Individuos que componen el Congreso o Consejo, son Diputados que la voz del Pueblo colectivamente ha elegido: todos ellos pues hablan, consultan y determinan en nombre de sus Constituyentes. La Sala queda abierta para que el Público escuche lo que se está tratando, y no ignore la dirección adoptada por el Gobierno; de suerte que todo se hace con llaneza, orden y satisfacción. La libertad de decir, escribir e imprimir opiniones favorables o contrarias, es un derecho inviolable que por expresa ley se otorga a cualquiera habitante sin el menor estorbo: y como que nada hay de oculto, todos se animan con una especie de emulación a observar y defender lo propuesto y mandado.

58 Tampoco el Pueblo carece de un debido informe sobre lo que concierne el interés de la República. A un cierto tiempo periódico publícase en las Gacetas con distinción y exactitud la cuenta corriente de la entrada y salida de los fondos públicos. La cantidad que se recoge de las pechas y derechos, se destina para la manutención del Gobierno &c, y como que los gastos de él no llegan a la centésima parte de lo que una Monarquía consume, todo lo que se paga para eso se puede considerar una bagatela. El Despotismo está calculando la entrada según se le antoja, por el contrario la Democracia arregla la cobranza a lo preciso del gasto. El primero no mira que a sí solo, y el segundo el alivio, posibilidad y satisfacción del Pueblo. De esto resulta que los Comerciantes, Fabricantes, Artistas &c, pueden francamente traficar sus caudales, extender manifacturas y aprovecharse de su industria. No se conocen estanqueros o supercherías, porque toda profesión y renglón de comercio es libre para todos, y él que es mas diestro mas adelanta. No hay luego para que extrañar si la Democracia vióse en lo antiguo y se ve en el día florecer en el tráfico, abundar en productos y aumentar visiblemente en número, crédito y poderío. A la hospitalidad y buena fe de este Gobierno ningún otro diferente puede igualarse. Tan cortés es el acogimiento que presta a toda suerte de Extranjero, que de las más remotas regiones concurren a domiciliarse en su vecindario. El amor, protección y adelantamiento que bajo la suavidad de sus leyes ofrece a cada individuo, es bastante para que el tal se anime a adoptar sus costumbres y volverse su hijo y amigo fiel.

59 La diferencia de Religión no interrumpe de modo alguno la concordia de sus vecinos. Cada uno sigue aquella carrera espiritual en que se crió o que le dicta su conciencia, y por lo tocante a lo temporal todos son hermane. Es cosa de ver el recogimiento y ejemplaridad que cada Religión y Secta profesa en los domingos, y ninguno puede tener una idea cabal del esmero con que los observan, sino él que lo está presenciando.

El Pabellón popular, castigo del orgullo y azote de los tiranos, anda a cada instante rindiéndose glorioso y formidable. Siempre que él pida tropas, tiene militares a manta pues todos concurren, bien entendido que son héroes en defenderse y leones en acometer al enemigo. Raras veces la Democracia determínase a la guerra a menos que otra Potencia la provoque, con todo se necesita un motivo muy interesante para que la emprenda. Quien la declara es el Congreso o Consejo Supremo cuya prudencia, fervor y honradez, es demasiado notoria para que el Pueblo descanse enteramente sobre su decisión. Allí consúltanse la causa, el modo y las consecuencias, y a la hora que a ella se resuelvan, es cierto que la guerra no se puede evitar, y consiguientemente es justa. Un Monarca se deja fácilmente llevar del capricho y codicia en esos casos, pero un Consejo democrático ajeno enteramente de cometer locuras, precave los peligros, provee lo necesario y dispone con acierto ¡Que satisfacción no es para el Pueblo de saber porque, como y cuando ha de tomar las armas! Esto se llama gobernar bien, proteger la vida, hacienda y derecho de los Vecinos, y en una palabra promover el útil y felicidad de toda la República, tanto en tiempo de paz como en él de la guerra.

Para concluir debidamente y con propiedad este Capítulo, se necesitaría un episodio más sublime, elocuente y circunstanciado, pero esto es lo que no puede prometerse mi corto entendimiento. Confieso la verdad que mi retórica no llega a tanto, y mi habilidad (si se mide por la gordura del cuerpo y la vida regalada) muy atrasada se halla para satisfacer la expectación de mi Lector; sin embargo cualquiera falta que se perciba, échese directamente a mi pluma, y no a la intrínseca solidez de la materia; pues tengo para mí que la misma Democracia carece de facundia bastante para explicar completamente las ventajas, que se experimentan bajo su auspicio feliz. Acabo por último con una paridad, la cual creo bastará para que todos me entiendan.

Comparo el Despotismo y Aristocracia a una jaula cerrada y obscura, en donde el desdichado pajarito perdiendo la gana de cantar y comer, se entristece, consume y muere; por la contra paréceme mirar en el Gobierno popular (como emporio de la Libertad, Virtud e Industria) al Espacio inmenso del aire, el cual sin parcialidad alguna otorga un libre pasaporte a toda especie de Volátiles, para que cada uno tome la carrera que quiera, y queden al mismo tiempo todos alegres, contentos y felices.

 

CONCLUSIÓN

Ya rematé los cuatro puntos que forman el compendio de esta Obra, cuyo mérito bueno o malo, queda para que los juzguen los que son verdaderamente imparciales. Si en su respetiva demostración no tuvieren aquel brío que el Título promete, me atrevo afirmar que no es por carecer de buen paño, si no que las tijeras de mi tienda no saben cortar mejor. Dice el Refrán: que quien pequeña heredad tiene a pasos la mide, por esto soy muy diestro en descubrir las faltas de mi talento, y no tengo reparo de confesarlas buenamente, para que el Sabio que me tachare de ignorante, sepa que nada de nuevo dice con eso.

2 Tres géneros de Gobierno obsérvanse en el Mundo político, a saber: Despótico, Aristocrático y Democrático. Por el Capítulo primero hemos visto que el Despotismo implica contradicción con todas las Leyes del Ciclo y de la Tierra, a cuyo pesar se mantiene en los mas Continentes del Globo. Superfluo sería de hablar mayormente sobre el aborrecimiento que los Pueblos oprimidos de un peso tan detestable debieran concebir, pues supongo que la mayor parte de ellos así que lleguen a la lectura de esta conclusión, no carecerán de la idea que la materia requiere: para no interrumpir desde luego mi discurso, voy a tocar con toda brevedad él de la Aristocracia (1), el cual dejé casi en paz, no porque merezca ser adoptado, si no que mi principal objeto fue en la ocasión presente el DESPOTISMO.

3 No hay peor Gobierno en el Mundo que la Aristocracia. Bajo la capa de República encubre la tiranía más austera. Es una especie de Despotismo esparcido entre los Nobles, los cuales créense en la persona, talento y educación del todo sobresalientes a la Plebe. Ellos son los que hacen leyes, mandan &c, sin reconocer otra Soberanía que la de su voluntad y capricho. Las injusticias son el pabellón de su autoridad, y la ambición de su grandeza. Una continua desunión reyna entre ellos originada de la mutua celosía, que nunca acaba en sus pesquisas, pero tratándose de cargar sobre el Pueblo todos van a una, y como que lobo con lobo no se hace daño, procuran constantemente comerse las ovejas, esto es, los pobres Plebeyos. Cada uno de por. sí se supone un hombre de circunstancia, un individuo necesario a la República, y en fin un Príncipe particular para no decir un Rey; todos en breve son Señores, y si el servir a muchos amos sea mejor que a uno solo, lo dejo al juzgado y discreción de cualquiera. Yo por mí soy de parecer, que si fuese posible tener un Monarca tan hábil y altivo, como pide su ministerio, y que no se experimentase aquel abuso en el manejo de sus subalternos; el cual es inevitable y de por sí no ve, no sabe ni puede prevenir, más que fuera además de Legislador el Árbitro de los corazones, elegiría por mil veces su gobierno antes del Aristocrático, pues mas fácil es sin comparación de contentar uno que ciento, y es prudente sujetarse a la esclavitud de un Tirano, que sobrellevar la crueldad de cincuenta indiscretos e inhumanos.

(4) ¡Pueblos amados, que todavía no tenéis la noción agradable de una completa libertad! Dios permita que la tengáis con aquella énfasis y resolución, que muestra al día de hoy la pulida Nación Francesa. No tengo la menor duda que la misma hará frente, y desbaratará a cuantos enemigos se la paren delante, y vivo en la confianza que al pie de su gloriosa victoria caerán quebrados todos los cetros, coronas y solios de la Tierra. Consuelo y protección aguarden aquellos, que quisieren emprender la misma verea, que ella pisó para llegar al descansado Parnaso de la Libertad, siendo cierto que no les costará la mitad del trabajo, que ella ha pasado y tiene todavía de pasar.

5 Con un buen principio se llega de pronto a la mitad de la obra, por la contra un mal remate desgracia lo mejor de ella (2); conque para evitar este inconveniente, es menester asegurar el primer paso. Los Refranes (3) derivados de la experiencia os previenen en un lance de tanta importancia. Una materia delicada como esta en vuestro actual estado, merece la mayor madurez, vigilancia y valor. No os encendáis de pronto hermanos, porque podéis quedar desbaratados si no tenéis una buena Cabeza, que os guíe con precaución, os gobierne con amor, y os empeñe como Padre y Amigo fiel.

6 Si mi sistema no os desagrada, y hace por consiguiente alguna favorable impresión en vuestros ánimos, miréis primero con quien habíais, porque la celosía de vuestro Usurpador mantiene muchas Espías secretas, que andan por todas las calles y rincones sonsacando la intención de los Vasallos; prepárese cada uno de por sí a emprender la mundana redención, así que el Mesia se descubra. Parecerá el Mesia os lo predigo, pero Dios quiera que os sea fiel, y saque felizmente del laberinto. Si su apariencia es tal, obedecedlo y respetadlo, que bien lo merece por el riesgo a que se expone, pero antes de todo mirad que no sea falto de los tres requisitos, que voy a decir para vuestra instrucción. Sabio, esto es, que haya dado adelantadas pruebas de un talento esclarecido, y que tengáis confianza en el plan, que su prudencia y habilidad os proponga. Popular, siendo enemigo de honras, afable y amigo. Valiente, para que los peligros, amenazas y muerte no le asusten hasta el último momento de su vida. Si tal hombre tenéis, no os dé cuidado alguno que vais seguros, y mucho no tardaréis a ver en pedazos aquellos grillos y cadenas, que cruelmente os tienen amarrados en el calabozo de vuestra infelicidad.

7 Así que la mina haya reventado, procuréis de ser buenos hermanos en sostener la Empresa general de la Libertad, y animad mutuamente vuestro fervor y constancia (4). Remarcad los individuos que son mas altivos, y que se acercan a las tres calidades expresadas, y sin mirar su alta o baja condición formad de ellos una Junta, Magistrado o Tribunal para que se asuma el cargo del Gobierno interior, Y mantenga la buena orden posible en vuestras Ciudades y Provincias. Observancia rigorosa y respeto parcial prestad a las Leyes, Decretos y Providencias que declarare, porque serán siempre dirigidas a vuestro bien, protección y seguridad, pues vuestros Jueces y Diputados no serán Milordes o Grandes de España, si no iguales y hermanos.

8 A dicha Asamblea dejad el cuidado de escarmentar los enemigos de la Democracia, a cuyo fin su vigilancia y celo patricio ha de ser naturalmente inclinado, y sobre todo haced la menor sangre posible, no ejecutando crueldades de vuestro motu proprio y primer ímpetu. Considerad que ninguno puede de repente conocer el interior del hombre si no Dios, y las más veces os podéis equivocar. Ninguna Nación que tenga sentimiento de humanidad, puede aprobar tiranías de cualquiera suerte que sean. Hay modo de castigar y extirpar vuestros aleves internos, encarcelándoles y hacer que las Leyes los sentencien. Observando este régimen, os acreditaréis por valientes; pues según el parecer de los Sabios, no es grandeza de ánimo el no tener miedo, si no el temerlas reprehensiones é ignominia (5).

9 me hago el cargo que en los primeros días de vuestra declarada libertad é independencia, no se puede admitir la dilación de un largo proceso y pruebas, pero si quiera dejéis que quien os dirige y gobierna legalmente los condene. Seáis altivos en asegurar a los tales, y los jueces en despacharlos, que tengo para mí los ejemplares serán prontos y frecuentes. Cada rueda trabaje en lo que le pertenece, y veréis que el Relox no tan solamente no se parará, pero irá con la orden más exacta y apetecible. Contened vuestra furia en la guerra civil, y reservad ese coraje para cuando acometáis vuestros enemigos; y finalmente si bajo la capa de Amigo descubristeis el Traidor, haced de él lo que Dios os inspire, porque son tantos los extraños lances que pueden ofrecerse, que do sé aconsejaros el partido mejor, pues me pierdo en la meditación de ellos.

10 Lo que encarecidamente os encomiendo como principio y basa feliz de vuestra libertad, es la elección de vuestros Diputados. Pensad que muchas veces procura uno adquirir vuestra confianza, e introducirse en el manejo de los asuntos públicos, no para aplicarse a ellos con integridad, si no con el solo fin de ejercer su autoridad a vuestro daño cuando la ocasión se presente. El que mira a engañaros, tiene el mas vigilante cuidado de paliar su mala intención, porque ese es el modo de cogeros. No es oro todo lo que relumbra, ni santo tampoco él que está rezando del amanecer hasta la noche. Lo que os puede consolar en peligros de esta naturaleza, es que por diestro que uno sea en disimular su traición, llega el momento imprevisto en que os da algún barrunto de su contrario sistema, y esto es para él irremediable, porque demasiado verdad es: que el engaño pégase siempre al engañador, y el pecado engendra el castigo, la muerte (5). Descubierto y convencido el juda, al cabestro con él sea quien fuere.

11 Venerad el Clero si su conducta es en perfecta neutralidad, pero no os aconsejéis con él en puntos políticos de Estado. El Gobierno espiritual no tiene absolutamente que ver con el temporal, y si los Clérigos con religiosos influjos procuraren entremeterse en ellos, os aseguro que es la mayor imposición que un Pueblo libre pueda tolerar, y necesita sin duda el más pronto y rigoroso castigo. No es ofensa de Dios (repito (6) el pretender lo suyo, esto es, el franco uso de su derecho contra el Usurpador, ni Dios tampoco autoriza de predicar contra tan natural sistema de Gobierno, con que clamad al instante contra el Fraile imprudente, que con un crucifijo en la mano se esfuerza persuadiros lo que es contra vuestro interés, bien y felicidad, porque en aquel momento no es palabra de Dios la que escucháis, sino una maligna amplificación de un falso Ministro. Digan misas los Clérigos y absténganse de hacer sermones, pues en esa ocasión es un derecho que pertenece solamente a vuestro General, Capitán o Diputado. Escuchad atentamente lo que ellos os dicen, adoptad sus consejos y ejecutad sus órdenes, siendo lo único que os puede ser útil y ventajoso.

12 Hemos observado más arriba y es cierto, que el Clero y Soberano van todos a una, y uno con otro se juró mutua y eterna alianza (7) ¿Serán luego los Religiosos amigos vuestros en lo que interesa vuestra Libertad? No lo creáis hermanos si sois amigos del desengaño. Ellos son de profesión y los serán hasta que mas no puedan, enemigos de vuestro Gobierno, si este se declara contra el Despotismo y Aristocracia. Las excomuniones irán muy baratas hasta tanto que el Despotismo resista, pero en llegando a declinar, las mismas se convertirán en bendiciones, y entonces excomulgarán los Reyes y sus partidarios, volviéndose a vuestro favor; siendo así que el Clero arrimase siempre al lado del más fuerte, para gozar de su protección y tener que mamar (8): si digo la verdad o mentira, el tiempo llamo por testigo, y quedo en la seguridad de que llegaréis a ver y tocar con mano lo que ahora os parece un enigma, y quizá os pesará de no haberme creído en tiempo, o tal vez de haberme perseguido.

13 Se muy bien que la Plebe en general no tiene mal corazón, pero está sujeta a voltearse como un gallardete; quien hace que sea tan inconstante, es el Reverendo Padre Confesor, el cual prevaliéndose de la credulidad popular, confunde lo santo con lo profano procurando que el Vulgo para no dejar uno se agarre a entrambos, y de esta suerte piérdase miserablemente en las redes de esas santas Sirenas, y renuncia por fin a la libertad de pensar.

14 Miserable condición la vuestra si os dejáis llevar de los cuentos del Clero en ese particular, pues aunque no tenga alguna espiritual autoridad contra vosotros, hará todo su esfuerzo con amenazas imaginarías y excomuniones, para que gustando la dulzura de la Libertad no la podáis gozar en paz, hasta tanto que el Rey tenga dinero, adherentes y fuerzas. Puédese llamar en realidad el Tirano de la conciencia, pues cada Religioso de por sí tiene más poder de conquistaros que un entero Regimiento de soldados; sin embargo pensad que son fuegos aéreos en apariencia, y que no queman en substancia. Estad bien con Dios, el cual sin los sermones de los Frailes os hablará al corazón, y os dictará el método con que debéis seguir para descansar luego en una quieta libertad. Dios premia la buena intención (9), y para tener esta honrada prerrogativa no es necesario estar de la parte del Clero. La salvación de vuestras almas no la conseguirán los Confesores si sois malos, consiguientemente no os pueden condenar si sois buenos. A estos puntos ninguno tiene que objetar, si el interés no le hace cosquillas, y en ese caso sus mismas simplezas le confundirán como al Montañés, que por defender una necedad dice tres.

15 Habló hasta ahora mi Conclusión a la pluralidad de los Pueblos, con el deseo de verlos unidos, obedientes é intrépidos; mas considerando de que esta Obra lo mas que podrá lograr, será de colarse en las bibliotecas de los curiosos Estudiantes, y aún esto con no poco trabajo, secretez y riesgo, voy a reasumir mi primer coloquio contigo discreto Lector, pues aunque hable a un particular, vivo en la esperanza que la imprenta me habilitará a conversar con los demás al mismo tiempo.

16 Acercando se va el remate de mi emprendida tarea, y no quisiera (la verdad) coronar esta Obra con una superflua y molesta prolijidad; sin embargo quedan todavía en mi pluma ciertas prevenciones, que por juzgarlas de alguna entidad, anda la misma muy ligera a decírtelas.

17 Nace el Hombre en el Mundo, y como miembro de la Sociedad aguarda esta de él aquellas ventajas, que su talento promete; es desde luego una obligación indispensable de este individuo de aplicarse a favor de la misma en todo lo que él se cree hábil, para mejorar las faltas de los que carecen de igual entendimiento. El título de paisano, amigo, hermano, es un gran estímulo para un alma bien inclinada y sensible. Tal es la lealtad, industria y constancia de la misma que no vive para sí, sino para sus cohabitadores: y ninguna dificultad tuviera de sacrificar su vida para promover la felicidad de sus vecinos. Esto se llama cumplir plenamente al deber, que con nosotros nació, esto es ser un árbol fecundo en el jardín de la Sociedad, y por este medio llega la humana Creatura a merecer por todo derecho el título de HOMBRE.

18 Tal te creo, cortés Lector, y aún sobresaliente a mi celo y fervor sin adulación, determínate pues de buen talante (10) a dar muestras semejantes, promoviendo en cuanto pudieres la luz de aquella verdad, que los que llamamos VASALLOS jamás vieron, ni tienen por consiguiente idea alguna de ella. Constituye tu virtuosa ambición en enseñar tan sólida doctrina, y cuenta que tendrás secuaces (11). No descubrirás hombres enemigos de tu sistema, sino FANATICOS ANIMALES que merecen vivir cautivos. Anímete la gran ventaja del Público, como premio exuberante a cualquiera peligro, que te se pueda atravesar. A una mira tan generosa ningún obstáculo puede resistir, y todo enemigo que se oponga ha de quedar vencido (12). Reflexiona que nada se adquiere sin trabajo, y para conseguir el intento se necesita el uso de una asidua perseverancia (13). El sabio Polibio dice: que ningún atajo debe parar el hombre en una empresa útil (14), y otro Letrado añade diciendo: que cualquiera infortunio no acobarda el valiente, antes bien le anima a mayores esfuerzos (15), rindiéndole duro é invencible como la viga de palma citada por el eruditísimo Alciato, (16) la cual con mas carga se la echa encima, mas se va levantando para arriba. Las dificultades que se encuentran, aumentan la gloria del Autor que acaba, y ninguno por fin que aspira a la felicidad de sus iguales y hermanos, puede aguardar públicas alabanzas y fama inmortal, sino él que emprendiere y rematare alguna empresa fuera de lo común y lejos de la probabilidad. (17)

19 Este es el Siglo de la universal reforma, mediante la cual los Pueblos llegarán otra vez a verse HOMBRES como fueron en lo antiguo nuestros Padres primeros ¿Te quedaras pues inmoble, o rehusarás de precipitar del solio al Soberano Usurpador, si eres capaz? ¡Ah no! no lo puedo suponer porque los Hermanos tuyos ya sufrieron bastante, y el continuar en la disimulación de tal impertinencia y orgullo, seria cobardía en ellos y sospechosa pereza en ti. Despierta tu talento, echa mano a la pluma, y añade lo que mi corta habilidad pudiera haber omitido. El valor de un Guerrero se conoce y admira en una batalla, y los ingenios grandes así que la ocasión favorable les presente materias dignas de aplicación. ¿Qué mejor oportunidad puede hallarse de esta, en que el derecho tuyo, la paz y felicidad del Orbe son del todo interesadas?

20 Despliégúese pues en nombre de Dios el glorioso Pabellón de la Libertad, para que aliviadas las Gentes de la despótica Opresión, sean más intencionadas a servirle, amarle y adorarle. Bajo tan delicioso auspicio recójanse a descansar los pobres fatigados de la Tiranía, y la trompa de la terrena Redención lleve la noticia de la dichosa Libertad americana y francesa, para que toda la redondez de la Tierra imite su ejemplar; y por último como que no hay, ni puede haber otra legítima Soberanía que la del Pueblo, diga este con alborozo, determinación y constancia: muera El Rey, viva la Ley.

 

ADICION.

Ninguno en este Mundo es o puede llamarse libre de enemigos, pues por muy circunspecto que sea carece de una ilesa escapatoria. Todos los hechos de la humana creatura son sujetos a censuras, y como que por defecto general cada uno bien o mal quiere decir la suya, resulta que tan crítico es el Hombre de bien como el Picaro. El primero condena lo que no es recto, y el segundo lo que no le cuadra; de esta suerte entrambos gastan el tiempo sin provecho para ellos, y satisfacción para los demás. Si esta moda inexorable es practicada por toda clase de gente ¿cuál será la crítica que puede aguardarse un Escritor, cuyo genio animado de la razón e integridad llegue a sacar públicamente la cara en algún sistema u opinión? El Refrán Filosófico (1) dice: cuantas cabezas hay, tantos pareceres se cuentan, y cada uno procura ir con la suya adelante; con que no es posible tantear la guerra a la cual un Autor se expone. Las faltas que tiene y las que jamás tuvo, salen al público aumentadas por mil telescopios; pero lo mas de admirar es que todos hablan y raros son los que realmente piensan de la misma suerte. A demás de la variedad y extravagancia del humano pensar hay la corrupción de los ánimos que se le opone también, y en la consideración de que la rectitud no puede lograr la justificación que merece, no hay mejor asilo para el tal, que descansar enteramente en la honradez de su intención y tranquilidad de conciencia (2).

Lo que se divulgó en estos años contra el talento, carácter y proceder de Tomás Paine, me rempuja a sospechar lo mismo por lo tocante a mi conducta: por este motivo añadí esta Apéndice, y adelanté las prevenciones de arriba. He leído atenta y maduramente los escritos del referido Autor, y hablando con imparcialidad (3) he descubierto en ellos un talento raro, sinceridad sobresaliente y un fervoroso deseo de promover la felicidad de los hombres; con todo no faltó quien pública e inhumanamente ultrajó su fama, y ha habido jueces que sentenciáronle por Reo en puntos, que ellos tampoco entendieron o no quisieron entender (4). Yo mismo en esta Ciudad he oído muchos sujetos, los cuales no son dignos de besar la tierra que Paine está pisando, y no obstante se holgaron de hablar en contra de él con demasiada sinvergüenza, aún quizá sin conocerle. La prudencia me hizo callar, porque en ciertos lances me faltó alguna receta con que responder a esos habladores; sin embargo he deseado y deseo a sus mentiras, que logren de los demás aquel crédito y aceptación, que secretamente sacaron de mi dictamen. Me hago pues el cargo que habrá ociosos a mantas, los cuales querrán divertirse a costa de mi nombre, honrándome con otros tantos epítetos, y añadiendo algunos mas por si acaso los de Paine no fueren bastantes; a este propósito en todo lo que mi corta experiencia puede precaver, iré previniendo el Público con aquella modestia y sinceridad, que la evidencia puede en cualquier tiempo autenticar.

No llegando yo a la malicia de los críticos, confieso de hallarme del todo indefenso, pero descanso buenamente en la discreción de mi Lector, el cual (no dudo) apreciará los dichos de mis adversarios, si fueren verisímiles y apoyados a pruebas congruentes.

Aunque ninguna confesión se me pide, no puedo dejar de decir en primer lugar que soy Genovés (5). Este informe hará que no carguen mayormente su conciencia aquellas malas lenguas, que sin conocerme ni saberlo dicen que no soy Español; en esta parte la crítica de ellos es muy justa, aún deje algún escrúpulo a quien ciegamente la emprende, y si semejante aserción puede o no desacreditar esta Obra, júzguelo quien tiene menores faltas. Me atrevo afirmar por ser en realidad que la mayor parte de los Españoles sabe hablar, pero no escribir; con que parece no sea algún fenómeno el que un Extranjero haya dado a la luz lo que otros no emprendieron, quizá por ser. . . . . . . . . . . . . . . . . . callo prudente mente el motivo. Ellos son, no lo dudo, muy esclarecidos en materia de comercio é interés, mas andan muy lejos de serlos en lo político del Estado y Gobierno; entrambas nociones son importantes, pero la última sobresale por su necesidad y consecuencias. No es mi ánimo de minorar aquel aprecio, que por una distinguida honradez adquirió entre las demás Naciones el serio carácter Español, pues hice la mención de arriba con el solo objeto de instruir los menesterosos, y por la afición que les tengo; sin embargo volviendo al dicho Idioma, no es necesario a mi parecer ser natural de Castilla, Andalucía ú otro Reino cualquiera para saberlo hablar y escribir con propiedad. Un aplauso particular merece aquel Maestro, de cuya escuela sale un buen estudiante, de la misma suerte es acreedora a debidas alabanzas aquella Nación, que en pocos años habilitó un extranjero a hablar y escribir su lengua. Si esto no fuere instante a sosegar la bulla de los Charlatanes, me atengo al indulto, el cual favorece todos aquellos, que escriben en un extraño lenguaje y cometen en él algunos yerros.

Probablemente preguntarán porque escribí en Castellano y no en Italiano? mas sin quemarme la sangre replico que no me dio la regaladísima gana; si esta respuesta no llegare a cuadrarles, acudan a Salamanca por otra mejor. La curiosidad de muchos quisiera sacar de mi pluma semejante satisfacción, pero (habiéndola tácitamente dado en el principio y decurso de esta Obra) si aguardan a comer hasta tanto que la consigan por lo claro, tengo para mí que el paladar se les irá sin esperanzado recobrarlo.

Los que tiemblan a una publicación de este jaez, porque además de despertarles el remordimiento de sus iniquidades, les provoca a una desatinada venganza, liarán sin falta todos sus esfuerzos para que parezca a la vista del Público él que no soy, ni por imaginación he pensado ser; pero ¿qué? su elocuencia no haya por dónde empezar, las bibliotecas no les ofrecen amparo, y lo único que les queda es la mala intención de dañar sin alguna capacidad de hacerlo. Saben que soy pobre, porque es notorio, y de esto infieren que soy avariento. El solo objeto de mis escritos (según ellos) es de distinguirme entre los demás para adquirir protecciones, y empleos lucrativos, y es mucho si no dicen que esta impresión me ha pródigamente enriquecido (6). Poca ventaja pueden sacar mis rivales si argumentan de esta suerte, y para hacerte ver que sus supuestos no tienen fundamento, siendo en efecto calumnias y mentiras, pido tu atención en lo que brevemente voy a decirte.

Cuando emprendí esta tarea tenía bastantes discípulos, y además el empleo de tenedor de libros en una Casa de Comercio respetable en este Continente, y en las demás partes del Globo; ambas faenas tenían sus horas destinadas sin ininterrupción, y puedo afirmar que vivía ocupado y contento. Seguí la empresa algún tiempo sin faltar a mis diarias obligaciones, pero iba muy de espacio en ella. La priesa que me hacían los Amigos de la libertad para su remate, infundía ánimo a mi trabajo, pues todos a una voz me profetizaban una favorable aceptación. El poco conocimiento que esta Nación tiene del Castellano, (pues raros son los aficionados de él) rae hizo titubear desde el primer instante, siendo así que no hallándome en estado de costear con mis cortas facultades su impresión, algún recelo en mí no era fuera de lo natural. Para prevenir los estorbos que probablemente podían atravesarse, notifique mi proyecto a la Convención de Francia, solicitando de su notorio celo aquel solo amparo, que la publicación de la Obra necesitaba. Escribí también luego después al mencionado Tomás Paine, pero ni uno ni otro me favorecieron hasta por la presente de respuesta alguna (7). Es de considerar pues que para cumplir la palabra, la cual tenía adelantada en mis cartas (8), preví en el principio de este año la necesidad de dejar mi empleo mercantil, y con entera resignación sacrificando el propio interés para el ajeno, lo renuncié el día 14 de enero 1793, y me dediqué sin pararme a escribir. Hasta tanto que pude enseñar a mis discípulos atenta y puntualmente lo hice, pero viendo que el término se iba acercando, también los mas de ellos fueron despedidos. Llegó el tiempo establecido y aún pasó, no por descuido o falta mía, sino por una casual indisposición que me sobrevino: con todo tuve el gusto de presentar al Público mi proyecto el día 25 de febrero inmediato. Entonces fue cuando resolló en mí la curiosidad de observar si se efectuaba lo que con tanto ahínco me habían asegurado los referidos Amigos; pero mis primeros recelos fuéronse punto por punto verificando, pues (parece increíble) solo tres firmas logré en el espacio de un mes, que fijé para la colección de ellas. Con el objeto de conseguir con mayor acierto y viveza el público amparo, di a luz en el mismo intervalo un extracto del Cap. IV. de esta Obra, el cual yo mismo traduje en Inglés para que fuese inteligible; pero todo fue inútil y por añadidura perdí el coste de impresión, pues las copias que se vendieron no llegaron a franquear tampoco los gastos de gacetas que hice para ello en particular. Viendo mi buena intención tan mal correspondida, procuré pasar a Francia para desahogarla con mayor probabilidad y anchura, mas no pudiendo costear el pasaje que se me pedía, me fue preciso desistir en todo y aguantar las inclemencias de mi airada fortuna, hasta que mejor tiempo las apaciguase. El día menos severo a mis pesadumbres fue el 10 de Junio del año pasado, en que un magnánimo Protector se declaró a favor del proyecto. La habilitación quedó improvisa y generosamente rematada, y se me ofreció una ventaja congruente a mi trabajo. Dile mis finos agradecimientos, y concluí rehusando cualquiera recompensa, premio o donación que entendiese hacerme. Deseaba que yo ajustase el gasto de impresión con la suma de contado que iba a pasar sobre la marcha en mi poder, mas no lo admití diciendo: que escribí para publicar, y no con la mira de volverme un codicioso cajero. En vista de esto el Impresor de ella fue encargado de todo (9), y para mí no quedó otro cuidado que el de atender a la corrección del libro (10). Gaste papel, tiempo y dinero para ese efecto, que sin ponderación no dejaron de hacerme falta, mas todo he dado y doy por bien empleado con la sola esperanza de promover algún provecho.

Toda esta narrativa (que para evitar la prolijidad carece de nociones, accidentes y factos interesantes todavía) es lo que sin la menor alteración pasó en el asunto.

De ella puedes con facilidad conocer que el interés jamás su mi guía, pues es constante que renuncié intrépidamente a lo que otro no hubiera dejado, y en lugar de vivir descansado con criados que me sirviesen, quise mas bien pasar una vida económica y solitaria, volviéndome hasta el cocinero de mí mismo. A semejante determinación me animó el estudio de esta Obra, cuyo provecho para otros destiné desde el primer instante. Si fuese rico seria quizá perezoso y libertino al par de los Príncipes herederos del Despotismo, y en vez de procurar el bien público cuidaría de mis conveniencias, pero no nací con tal disposición. Mis padres vivieron con comodidad, y me vi en la flor de la mocedad elevado a una esfera que mucho prometía; cambióse el viento próspero, y me hallé naufragado cuando menos pensaba (11), mas mi genio jamás quedó abatido, pues con igual menosprecio recibí los favores como los quebrantos de aquella chimenea Diosa, que llamamos F O R T U N A.

Mis deudas cada día son pagadas, y por ese lado la cárcel no tiene cuarto alguno para alquilarme. Si los solteros tienen familia, yo también la tengo; vivo como puedo a costa de la Providencia y de mi industria, pasando de este modo la vida hasta que llegue mi hora.

Llámeseme a este tenor codicioso si mi conducta lo merece, vengan críticas si pueden caber, búsquense averiguaciones que para mí solamente ofrezco la de estos Habitadores en general; supongo no serán cloqueantes, pero no dejarán de ser verídicos. A ellos consta lo que mis enemigos ignoran o fingen ignorar, y mayor aprobación ha de prestarse en este caso al juicio de los Plebeyos, que a los cuentos de los Caballeros.

Se suele suponer que la Generosidad es una virtud privativa de los ricos y nobles, con todo hay pobres que innata la poseen y ejercen algunas veces en un grado más meritorio de los Señores. No es el ser pródigo del dinero que muestra la generosidad, sino la honradez y buena disposición del ánimo, como única fuente de donde mana una prerrogativa tan rara y estimable.

No creas que yo diga esto para que me tengas por generoso, sino con el fin de que no me taches de avariento. Ambos estos entremos no cuadran conmigo, sin embargo si uno de los dos ha de ser, venga mas bien el segundo, el cual (siendo yo un pobre según dije) parece más adecuado a mis circunstancias. En ese caso no tendrás muchos reprehensores, y puede ser que te aplaudan más de lo que llegues a suponer.

Si te dieren que no tengo Religión, compara el dicho con esta Obra, y si que soy pícaro o borracho desafía al calumniador insistiendo que produzca la persona, a la cual engañé o me vio en un estado tan deplorable; verás entonces como se calla de miedo que su mentira no le condene.

Sé muy bien que el procurar de justificarse antes de ser acusado, despierta una cierta sospecha que por ningún estilo puede ser favorable. El sabio Séneca (ii) me corrige a este paso; no obstante la necesidad lo pide y la precaución lo consiente. Si no existiesen malas lenguas al día de hoy, todo lo de arriba sería inútil y aún perjudicial a mi punto, pero siendo ellas tan abundantes que no hay Ciudad, Villa y Aldea, las cuales no sean del todo corrompidas con ese contagio, juzgo prudente por todos respectos de decir lo que el tiempo no es capaz de desmentir, para que todos aquellos que no me conocen no queden engañados por dicho de otros, y los que afectan conocerme sepan que no pueden hablar mal de un hombre de bien sin desacreditarse ellos mismos. Así pienso yo, porque todas las veces que he emprendido alguna crítica, fue con argumentos más sólidos de los de aquellos, que (a pesar de la luz de la razón) quisieron terca y porfiadamente apartarse de la Verdad. Por lo demás cada uno diga lo que quisiere que en una palabra no se me dan tres pitos.

Hablo públicamente porque mis hechos y sistema jamás buscaron abrigo secreto, y pueden sin vergüenza parecer a luz en cualquier tiempo. Si mis adversarios háyanse en estado de hacer lo mismo, me alegrare que lo pongan por ejecución; pues parece indispensable que él, que censura a otro dé si quiera una pública satisfacción haciendo constar en primer lugar su integridad sobresaliente, y en segundo exhibir pruebas incontrastables cualmente las aserciones de su rival son erróneas. Todo esto pide mucho trabajo, y tal vez sin efecto.

El hacer invectivas por impulso de pasión, envidia o antipatía, es un ladrar que los perros solamente entienden; de la misma suerte el censurar por efecto de algunas razones, que locamente pueden resollar en contra, si estas no son maduramente consideradas, suele desacreditar su mismo autor; a este tenor dijo el Sabio (12) que los ignorantes no conciban sino necedades, y las palabras de un docto no hacen algún eco a sus oídos. Todas críticas de esta naturaleza no pueden subsistir, porque carecen de una basa estábil y proporcionada. Son la hez de la humana presunción, y como que esta no tiene algún apoyo a la Lógica, derrítese como nieve al Sol trabajando solamente para quitarse el velo de encima, y hacer que otros perciban lo que sin tales maniobras no descubrirían tan por lo claro.

Muchas veces meditando a lo filósofo las cosas de este Mundo, pregunté con admiración a mí mismo diciendo: ¿también la Verdad, Razón e Inocencia tiene crítica? mas la Memoria mi consejera me hizo frecuentemente reír trayéndome al pensamiento las simplezas de los que incapaces de ser Autores por invención, andan a cada instante oliendo todo lo que cae bajo sus espejuelos para tener que decir si no les sabe bien. Si además de mi libro tuviese la oportunidad de presentar a la vista cansada de esos Estudiantes lo que por modestia dejo de mentar, creo hallarían para que murmurar del Creador, el cual proveyendo a las necesidades del cuerpo, dignóse regalarme un par de posaderas. ¿Qué se puede decir: a esa calidad de letrados? lo mejor es dejarles que disputen la valentía con los merlines, molinos y ovejas como (en la imaginación de Cervantes) hacia el Manchego Andante, hasta que rematen de volverse el juicio. Si el gusto de los Loros es de hablar ¿qué menor favor se les puede otorgar siempre que no nos pidan dinero, ni nos aturdan los sentidas? Canten en hora buena sus romances que si no tienen guitarra yo se la emprestaré, y daréles de añadidura un cigarrillo de fumar para que se llenen la barriga de una vez, y ahorren el gazpacho para otro día. ¿Qué más quieren esos Caballeros de un infeliz? si algo más les hace falta, hablen que estando en mi poder se lo daré incontinentemente por tal que no lloren. No hay hombre (creo) que se pueda igualar conmigo en querer a los muchachos o pobrecitos de espíritu, pero así que pegan gritos o se despiertan de mal humor, digo la verdad, me quito del medio y dejo que allá entre ellos se compongan; de este modo me llevo, y si mis rivales no lo aprueban propongan lo que tengo de hacer que siendo mejor no faltaré a ello.

Como que esta Obra y el Impresor de ella pueden evidenciar que además de no haber yo tenido alguna ganancia, costó muchos reales a mi bolsillo, supongo que la conjetura de haberme esta publicación enriquecido irá fácilmente por tierra, queda no obstante la sospecha en mis envidiosos, de que me he vuelto Escritor para mejorar mi estado presente, mediante el logro de alguna protección y empleo.

Si dijera que este no es el sitio favorable para ese objeto, y que los Habitadores de la América Septentrional mas cuidan de vender sus harinas y productos que propagar la República Literaria, me responderían que falto a la verdad; mas no siendo yo amigo de criticar la Tierra en que vivo, y consiguientemente apurar dicha aserción, dejo la materia en el estado que ellos quisieren, y me llamaré, según esto, tonto en no saber aprovecharme de la ocasión: sin embargo quedaría muy gustoso de que adivinasen el motivo principal, que me indujo a renunciar el público empleo que este Estado de Pennsylvania, o (para mayor individualidad) su digno Gobernador se sirvió conferirme (13). Pruébense en buscarlo y siempre que no quieran desviarse de la probabilidad, tengo para mí que no les será difícil de descubrirlo; mi natural disposición será la piedra de toque para aquilatar la opinión de ellos.

No nací para sentarme sobre cojinetes blandos y eminentes, o para públicas distinciones, porque sé que no tengo habilidad para ellas, y otros hay que las merecen y pretenden. Si él que se contenta de su esfera cualquiera sea puede llamarse dichoso, allá voy yo a disputar la felicidad con Júpiter y toda la caterva de Dioses, que fingió la Gentilidad. (14) Contentóme de vivir, y no apetezco más. Si mejor Maestro se lleva mis discípulos, y el Comercio no me necesita, trueco mis vestidos de paisano en un traje humilde de labrador, y me voy a la buena de Dios. Como tenga salud espero no me faltarán medios para sustentarme, y si cayere enfermo sea lo que Dios quisiere. No me crié en trabajos mecánicos, pero no me asustan ni rehusaré emprenderlos siempre que la necesidad lo pida. Lo que mi mayor enemigo puede tener por cierto, es que jamás procuraré (ni siquiera con el pensamiento) de elevarme sobre su ruina; para otros dejo el gusto de semejante satisfacción. No desprecio para lograr, sino desecho porque no necesito. Más rico soy de cualquier Señor de la Tierra, porque tanto estimo la pobreza como la riqueza. Tan desagradecido soy para con mis bienhechores, que tanto quiero él que me da algo de ganar, como él que se alegraría aniquilarme si pudiese (15). ¿Son estas buenas trazas para adelantarme? Cuando Diógenes fue presentado al Héroe de Macedonia, animóle este a pedir, a lo cual patéticamente respondió el mansueto Filósofo diciendo: quítese Vuestra Majestad delante de mí no sea cosa que ya pierda el benigno influjo del Sol (16) Lo mismo digo yo a todos los que quisieren exaltarme, para que estén cerciorados de mi total indiferencia.

En resumidas cuentas, ningún trabajo, peligro o muerte asusta mis hechos cuanto menos mi persona (18). Mi testamento está escrito en la uña de mi pulgar izquierdo, con que los Soberanos me tienen tranquilamente dispuesto, a lo que dice el Refrán (19).

Supongo que esta será la última vez que molesto la imprenta y tu atención, (porque las hijas que tengo todavía, carecen de cortejos, y es más probable que mueran monjas que casadas) con que ruégote contentarte de lo que sincera y sencillamente procuré poner bajo tu reflexión. Creas todo, parte o nada de lo dicho poco cuidado se me da, esto es hablando con ingenuidad. La verdad es una sola, y por cuanto procúrese disfrazarla siempre relumbra: digo esto para que quedes en la seguridad de que si alguno hablare en contra mía, o miente o no me conoce.

Voy por último, hermano de mi alma, a dejarte con un consejo que mi fina voluntad te propone. Procura conocer el Hombre: y si a tanto llegares puedo asegurarte que muy pocos alcanzarán tu conocimiento, y vivirás más sosegado que los, que llamamos Caballeros y Teólogos. Dios te bendiga.

 

 

Notas:

Capítulo I
1. Ref.—Palabras de santo uñas de gato.

2. Quien te hace fiesta que no te suele hacer o te quiere engañar o te ha de menester.

3. Ref. Libro cerrado no saca letrado.

4. Cicerón nos previene sabiamente sobre un punto tan interesante y descuidado al mismo tiempo por la mayor parte de los hombres. No hemos nacido dice (a) para juguetear y volvemos el ludibrio de otros sino para aplicarnos a estudios graves en busca de la verdad.
(a) Cic. de ofic. Non ita a natura generati sensus ut ad ladum, et jocumfacti use videamur; sedadveritatempotius, et quaedamstudiagraviora, atque mayora.

(5) Plutarco, in Alexan. Nil audentibusinexpugnabile, nilsatis munitum contra animosos.

Capítulo I
(1) Laert. de vit. Philosoph. l.

(2) Samuel, lib. I. Chap. VIII. 4 Quamobrem congregantes se omnes Seniores Israelis, venerunt ad Samuelem Ramam.

(3)5 Et dixerunt ei, ecce tu senuisti, et silij tui non ambulant in viis tuis.

(4) nunc propone nobis regem ad vindicandum nos.

(5) 6 Malum autem visum est istud verbum in oculis Samuelis, quum dicerent da nobis regem ad vindicandum nos: quapropter supplicavit Samuel Jehovam.

6. Sed Dixit Jehova Samueli, ausculta voci populi hujus in omnibus que indicunt tibi; non enim te spreverunt solum, sed me spreverunt; ne regnem super ipsos.

7. IX 17 Quumque Samuel videret Saulem Jehova dixit ei, ecce hic est vir quem dixeram tibi, hic imperium obtinebit in populo meo.
X. I Tum acepta Samuel lenticula obi perfundens caput eius osculatus est eum.
24 Tum dixit Samuel toti Populo, videtis ne quem elegit Jehova? tunc vociferantes totus populus dixerunt: vivat Rex.

8. lib. II II. 4Quo advenientes homines Jehude unxerunt ibi Davidem in Regem super familiam Jehude.
V. 3 et unxerunt Davidem in Regem super Israelem.
Reg. I. II. 10 Postea ocubit David cum patribus suism et sepultus est in civitate Davidis.

9.Chronic. lib. I. Chap. XXIX 28 et regnavit Salomo fililius eius pro eo.
Reg I II 12 Quum itaque; Salomo sederet in solio Davidis patris sui; et confirmaretur regnum eius valde.

10. Palabra derivada del Idioma Latino Rex, que significa regir, gobernar, proteger.

11. Ese Toro era de bronce hueco para dentro: bajo de su barriga hacíase candela, y por la parte posterior había una puertecilla por donde introducían el desdichado, que debía morir asado: poniendo por ejecución dicho tormento oíase por la boca del toro salir un bullido espantoso y horrible formado de la víctima que se quejaba, y el Tirano teníalo a diversión y gustosa melodía. El Autor de tal máquina, en pago de su invención, fue echado por orden. del Rey en ella, y cantó la primera tonadilla.

12. Samuel. lib. I. Chap. VIII. 20. Utsimus nos quoque sicutomnesiste gentes, et vindicet nos Rexnoster, et procedens ante nos gerat bella nostra.
La mira del Pueblo en las últimas palabras de esta sentencia es, de que el Rey trabajase como los demás y aun mayormente, en efecto los Antiguos despreciaban peligros y peleaban a la frente de sus tropas: en el día por la contra parece que los Soberanos son cobardes y perezosos, pues mientras los Vasallos pelean, derraman la sangre y sacrifican sus vidas, el Monarca se huelga en Galas, Teatros y Crápulas.

13. Samuel. lib. 1. Chap. XII. 14. Quum Jehova Deus vestersitRexvester.

14. El verso 8o. del Cap. VIII en el lib. I. de Samuel contiene unas quejas, por donde evidentemente se acredita que Dios resistió a la demanda, pues conocía que no tan solamente dicho Rey no sería de algún provecho a los Pueblos, sino que llegaría a oprimirlos, según lo echamos de ver en las prevenciones, que el mismo Dios quiso darles por boca de Samuel desde el verso 10 hasta el 17 inclusivamente, explicando los abusos de dicha dignidad.

15. Abundantes pruebas nos da sobre este punto el Creador nuestro, el cual inclinando con un amor paternal a satisfacer su pueblo, protestó primeramente que todos sin excepción los tenía por iguales ante de él (a); luego mandó de que entre ellos como hermanos se eligiese el Rey, para que no fuese extranjero sino paisano, igual y amigo(b). Fue también dando sus instrucciones a él tal, como lo manifiestan los versos 17, 18, y 19 del Cap. XVII en el Deuteronomio, y por fin concluye mandándole que no se exalte sobre los demás, los cuales son sus hermanos (c).
(a) Deuterorom. Clap. XII. 8. Quisque quidquidrectum videturin oculis eius.
(b) XVII. 15 e medio fratrumtuorum statuitosuper te Regem, non poteristulipraeficerevirumextraneum, qui non frater tuussit.
(c) 20 Neefferaturanimuseius pre fratribussuis.

16 Tan necios, fanáticos é importunos fueron los Hombres para con Dios en esa petición, que por último no quiso mas sino intimarles por medio de Samuel las debidas protestas (d); en efecto el mismo profeta ejecutó el mando prediciéndoles: que llegaría el día en que les pesaría de haber pedido el Rey, pero que Dios no les escucharía entonces (e). Rehusaron de conformarse y no hicieron caso de los consejos, antes bien insistieron con intolerancia (f). Dios entonces reveló a Samuel lo que había de hacer, y fue lo que expresan los versos 15 y 16 del Cap. IX para la elección de Saúl mencionada más arriba.
(d) Sam. lib. X. Chap. VIII. 9. Nunc itaque ausculta vori illorum; veruntamen quum seduló contestatus fueris contra eos, et indica-veris eis rationem istam regis qui regnaturus est super eos.
(e) 18 adeo ut clamaturi sitis die illa propter regem vestrum quem elegeritis vobis, sed non exaudiet vos Jehova dies illa.
(f) 19 Renuerunt tamen populus auscultare voci Samuelis, et dixerunt, nequaquam sed rex praeerit nobis.

17. Verificándose por menudo la profecía de Samuel, empezaron los Vasallos (así que sintieron la opresión del Despotismo) a aborrecer y despreciar su Rey diciendo ¿Qué protección o provecho podemos sacar de este embustero? con todo él se quedó muy descansado en su empleo (g). Hízoles el profeta conocer la gravedad del pecado que cometieron contra Dios (h), y aunque contritos pidieron les intercediese perdón (i), no hubo remedio.
(g) Sam. lib. I. Chap. X. 27 At homines nequam dicebant quid servaret nos iste? contemnentes cum ut ne aserrent quidem ei munus: tamen plave conticuit.
(h) XII. 19 Itaque agnoscite et videte malum vestrum quod fecistis, magnum esse iu oculis Jehove petendo. vobis regem.
(i) Sam. lib. I. Chap. XII. 21. Quamobrem dixerunt totus populus Samueli, supplicia pro fervis tuis apud Jehovam Deum tuum, et ne moriamur; adjecimus enim ad omnia peccata nostra malum, petendo nobis Regem.

18. Reg. lib. III. Chap. X. 9. Constituit te Regem ut faceres judicium & justitiam.

19. Tácito Annal. lib. I. Nec unios mentem esse tante molis capacem.

20. III. Principem sua scientia non potest cuncta complecti.

21. En el principio del año 90 (estando el Autor en Cádiz) siendo Don Pedro de Llerena Secretario de la Real Hacienda, salió de la Corte de Madrid, una orden a todos los Reinos de la España Europea, mandando cobrar del Comercio un nuevo derecho de cinco por ciento sobre los géneros ya introducidos, y que por consiguiente hablan pagado la entrada según arancel. Cada comerciante tendero &c había de hacer y presentar por escrito un fiel inventario de sus mercaderías en almacén, bajo la penal de ser dados por decomiso aquellos, que se hubiesen aprendido sin manifiesto; había también el vendedor de tener en lo futuro un registro exacto de los compradores a quienes cargábase otro derecho, y de esta suerte si un barril de grana (pongo por comparación) hubiese pasado en 15 o 20 manos, lo que sucede comúnmente traficando, la Real Hacienda se hallaba con todo el importe en el bolsillo. El plan no era mal ideado, si hubiese tenido efecto. En cada puerto y plaza de comercio se había ya publicado el edicto con toda la solemnidad; Administrador, Contadores y Dependientes estaban nombrados a dicho oficio, y hasta las nuevas Escribanías hallábanse listas; cuando de la noche a la mañana pareció otra orden del todo opuesta a la primera, la cual sosegó de pronto los Vasallos, cuyas quejas llegaron a la Corte en un mismo tiempo, y eran (por lo que se conjeturó) todas unánimes y determinadas. El cuento es, que en el espacio de pocos días se oyeron con atambores y bandas proclamar en nombre del Rey dos cédulas diametralmente contrarias, lo que contentó a los comerciantes y asombró a los políticos.

22. Semejante sentencia asombró la edad presente: a excepción del Gobierno Democrático todos la desaprobaron a más no poder. Una de las razones, o (para explicarme según merecen los enemigos de la República Francesa) necedades que producen es, que justificaron a Luis XVI por el solo delito de ser Rey de Francia; convienen al mismo tiempo en que cometió algunos delitos, pero pretenden que la Dignidad Real no está sujeta a reprehensión o castigo. El motivo porque hablan de esa suerte es, de no saber ni tener si quiera la menor noción del Derecho de las Gentes; si hubiesen leído no dejarían de saber que: con mas elevado es un Individuo, mas Reo es del crimen que comete (l); pues lo que en un Plebeyo se disimula y perdona, en un Grande se acusa y castiga (m).
(l) Salvian, de gubern. Dei. l. 4. Ubi sublimiorest prerogativa ibimajorest culpa.
(m) Isidor de sum. bon. l. 2. Crescitdelicticumulus iuxta ordinemmeritorum, et sepe quodminoribusignosciturmajoribusimputatur.

23. Ecclesiast. Chap. X. 2. Qualis est judex populi tales etiam sunt Ministri eius, et qualis est Dux Civitatis tales omnes, habitatores eius.

24. véase el § 34 de este Cap.

25. véase el § 11 de este Cap. y la acotación (17).

 

Capítulo II

(1) Ref. Cuanto sabes no dirás, cuanto ves no juzgarás, si quieres vivir en paz.

(2) A quien duele la muela que la eche fuera.

(3) A mediado del año 1785 uno de los Embajadores extranjeros (callo el nombre por no ser amigo de hacer mala obra al particular) a S. M. C. pidió de la Corte el permiso de ausentarse por un mes, y vino a ver el Emporio Gaditano, en donde moraba un cierto S. F. Capitán de una Orca detenida en Puntales, sobre la cual estaba pleiteando. Ese capitán no tenía otra ocupación en aquel tiempo sino extraer por alto dinero efectivo de la Monarquía. Así que pareció Su Excelencia logró el referido una favorable introducción con él, y parece que el proyecto del Capitán no desagradó al Embajador, el cual con la expectación de franquear sus gastos de ida y vuelta, tomó una porción de interés en una especulación de esa calidad sobre la cual S. F. estaba trabajando: pero dio la casualidad que en lo mejor de la faena el Teniente de Renta Varrientos, cogió el buchón a bordo de un barco Raguseo, que estaba para salir con destino a Lisboa. La cantidad confiscada subía a catorce mil pesos fuertes, en la cual el Excelentísimo hallábase interesado de cinco mil, y aunque el conocimiento expresaba haber cargado dicho dinero SAN ANTONIO DE PADUA sacó la cara el Embajador, y pidiendo como tal su dinero la Renta se lo pagó sobre la marcha.

(4) Ester c. ult. n. 2. Multi bonitate Principium et honore, qui in eos collatus est, abusi sunt in superbiam.

(5) Todo lo que interesa una materia se debe tratar, y encontrando algún punto en el cual sea preciso, para mayor claridad, señalar el objeto a que se tiene de aplicar, parece que su Escritor no pueda dejarlo en silencio. Por otro lado la mira que el Autor se ha propuesto es de no individuar, Estado o Nación alguna, pues todas para él son lo mismo una vez que tengan Gobierno Despótico. En estas circunstancias algún medio término hiciera una obra muy buena, pues el Lector quedaría satisfecho, y el Autor libre de odio y censura, mas esto es lo que no puede ser, porque falta la capacidad de hallarlo. Considerando desde luego la precisión de producir algunas cuentas, en virtud de las cuales consta de que la prodigalidad del Despotismo es inútil y perjudicial a los Vasallos, no ha podido excusarse de hacerlas; por lo tocante pues a la aplicación de ellas, deja que el industrioso Lector procure de su parte penetrarla, porque tantas y varias son las Monarquías en el Mundo, que el hacer a cada una de ellas su cuenta respetiva sería un trabajo prolijo y difícil al mismo tiempo. La diferencia en fin que pueda haber, resultará de la mayor o menor extensión de un Reino, siendo así que todos los Soberanos son igualas en la profusión del Erario.
La siguiente es una cuenta figurada de lo que gasta el Rey para mantener los dependientes de su Real Hacienda. La discreción es la que suple las faltas de su exactitud, y el Autor quedaría gustoso de que todos fuesen inteligentes en esta materia, pues hallarían algo más que añadir a la suma total.

Dependientes

Reales Villon

diarios a cada uno

Pesos fuertes

I. Clase

30000

a 6

9000

 

16000

8

6400

 

12000

10

6000

II

10000

12

6000

 

8000

15

6000

 

6000

20

6000

III

2000

30

3000

 

1000

40

2000

 

600

50

1500

 

400

60

1200

 

 

Diarios

47100

 

 

 

366

 

 

 

282600

 

 

 

282600

 

 

 

141300

 

 

Anuales

17,238,600

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(6) En cada casilla, puerta de ciudad o muelle hay una Cuadrilla de dependientes, los cuales componen pro tempore a Hermandad particular. Unos están destinados para requisar la gente que entra y sale, quitándola el dinero y géneros de contrabando que lleva, otros por la contra con una cara menos severa están continuamente pidiendo para café. Alcahueteando de esta manera cada uno por su giro aumenta el fundo común, pues conforme reciba algo lo va pasando al Cajero, el cual nunca se quita de encima.

(7) § 4.

(8) Comúnmente los derechos de salida son una cortedad en comparación de los de entrada; mas sean los que fueren, nunca llegarán a justificar esa picardía, siendo así que la mayor o menor cantidad robada no aumenta ni disminuye la malicia del Ladrón.

(9) El Autor se explica de esta suerte porque no hay regla sin excepción. Muchos han conocido de una conducta muy diferente, con que otros habrá entre los demás que tengan la misma hombría de bien; sin embargo aún sea este el crédito que la Oficialidad ha cobrado, no es su ánimo agraviar el carácter particular por medio del general.

(10) Parece increíble lo que el Autor acaba de decir, pero es constante y notorio. Quisiera dejar en silencio las pruebas de dicha proposición, mas para que sus enemigos no digan que escribe sin razón y fundamento, le precisa hacer mención de un facto sucedido en una de las Islas de barlovento; sin embargo para no quebrantar la determinación, que ha tomado de no señalar por lo claro Reino alguno (acotación (5) de este Cap.) procura disimular en cuanto le es posible el nombre de los puertos en Cuba y Golfo de México.
En la guerra pasada llegó al Comercio de la H. cerca de cuatro millones de pesos bajo registro del puerto de V. C. El Gobernador se echó encima de ellos por parte del Rey, pidiéndolos prestado de sus varios dueños. Unos consintieron y otros se opusieron a la demanda, mas toda la referida cantidad (como, o como no) paró en la Tesorería Real. Con todo eso no queriendo dicho Comercio cargar al Rey interés alguno (pues el Gobernador solemnemente se lo prometió) hízole ese empréstito para un dato tiempo, con el pacto y condición que a su vencimiento se lo hubiese de volver, y sacó de conformidad sus recibos y documentos. Acabóse el plazo establecido y aún pasaron algunos meses, cuando el dicho Comercio hizo la instancia para el cobro de su caudal. No faltaron escusas para dilatar el pago, pero insistiendo en que querría el dinero, además de no lograr satisfacción alguna, vióse insultado con términos indecentes y peculiares de un Gobierno ingrato. Fueron los Diputados del mismo Comercio a la Corte, y después de haber sacrificado tiempo y gastos considerables, lograron del Rey (esto es cuando le dio la gana) casi a título de limosna aquella cantidad, que generosamente y por efecto de una demasiada lealtad le emprestaron los Hs.

(11) La Real Academia Matritense, la cual en varias dedicatorias hechas a su Soberano siempre se ha esmerado en profesarle aquella humillación, que los Reyes suelen notar en sus distinguidos Vasallos, explícase en una de sus obras muy, libremente: las precisas palabras de la. misma son: "y por lo común a Príncipes, cuyos defectos por pequeños que sean, son muy perjudiciales a la Sociedad, y sus resultas trágicas y lastimosas."
Pretender que los Reyes no tengan defectos, es una bobería: pues sería lo mismo como si se dijese, que los Reyes no son Hombres y consiguientemente Reyes tampoco; luego (sin alterar la cuenta) algunas faltas es preciso que tengan, siendo así que estas por pequeñas que sean, son prejudiciales en superlativo grado; conque es bastante ser Príncipe, Rey &c. para ser pernicioso, y en una palabra repugnantes al bien público y a la razón. Mi argumento es fundado sobre la esclarecida frase de la prelodada Academia, y si el sentido de día es variado o no, sírvase el Lector llamar a la vista el Tomo I. del Quijote, Análisis del mismo, art. II. pág. LXXIV, nueva edición impresa en Madrid año de 1782.
Parece que la referida Academia Española fue rectamente imitando la sabia opinión de un antiguo historiador (a) el cual dice por lo claro, que el Rey tiene la culpa de las calamidades de sus Pueblos.
(a) Floscul hist. p. 26. 2 ad fin. In principe culpa est suorum flabilium.

(12) O Luis XVI, último Rey de Francia: Capet es el verdadero apellido de su Casa. Por lo tocante a su ejecución véase el Cap. I. § 26 en el fin y la acotación (22).

(13) Por lo que se acaba de observar, consta evidentemente que la guerra actual es justa por parte de los Franceses. Tal requisito es una gran ventaja para alcanzar victoria. (b) Verdad es que ellos fueron los primeros en intimarla, mas cuando los enemigos no quieren entender razón alguna, conviene tomar las armas (c). Contra la fuerza no hay si no oponer otra fuerza (d), siendo así que el rechazar toda suerte de opresión, es un derecho irreprehensible en cualquiera Ente que vive (e), cuanto más en una Nación sabia, honrada y formidable. El que desea gozar la paz, prepárese a pelear (f). Un objeto tan recto y prudente vuelve la guerra inevitable y necesaria, pues omitiéndola perdióse la paz para siempre (g). Todos los procedimientos de la prelodada República son apoyados a la pura equidad, y legalizados por los Sabios más afamados.
(b) Polib. l. 2. Cause aequitatem mulinum in bello valere compertum est.
(Casiodor. l. 3. Ep. I. 'Tunc utile solum est ad armas concurrere, cum locum apud adversarium justitia non potest invenire.
Cicer. de offic. 2 Duo sunt genera decertandi; unum per disceptationem, alterum
(c per vim; cumque illud proprium sit hominis, alterum belluarum, confugiendum est ad posterius si uti nor licet superiore.
Liv. dec. I l. 9 in princip. Pia arma quibus nulla nisi in armis relinquitur spes.
(d) Just. Lips. Polit. I. 5. c. 4 Quid est quod contra vim sine vi fieri possit?
(e) Cicer. pro Milon. Hoc et ratio doctis, et necessitas barbaris, et mos gentibus et feris, natura ipsa praescripsit, ut omnem semper vim quacumque ope possent, a corpore, a capite, a vita sua propulsarent.
Veget, in prolog. de re milit. Qui desiderat pacem
(f) praeparet bellum.
Tucidid. I. I. Et bello enim pax firmatur.
(g) Cicer. Philip. 7 Si pace frui volumus bellum gerendum est, si bellum omittemus pace nunquam fruemur.

 

Capítulo III

(1) Tal es la corrupción e ignorancia del hombre, que se satisface solamente de lo exterior. No queriendo valerme de autoridades profanas, pues pudiera producir un montón de ellas, me contento poner a la vista de mi cristiano lector una sola de la Sagrada Escritura, la cual traducida sin alteración de sentido dice; no alabes ni aborrezcas alguno por su buena, o mala apariencia. (a)
(a) Ecclesiast. Chap. XI. 2. Ne laudes quemquam de pulcritudine ipsius, neque abominatis ullum ex aspectu ejus.

 

Capítulo IV

(1) Genes. Cap. L.

(2) véase el Cap. III. § I.

(3) Cap. I. §. 12.

(4) Cap. I. § 27 y 28.

(5) Cap. I. § 54 al fin.

(6) Marc. Tull. Philip. II. Lex nihil aliud est, nisi reda et a numinc Deorum ratio.

(7) D. August. de Civit. Dei. I. 9.

(8) Usa el Autor esta expresión para significar la diferencia, que pasa entre los dos Gobiernos Despótico, y Democrático, los cuales son irreconciliables. El primero tiene leyes porque las llama tales, sin embargo mas merecieran el título de Imposiciones. Prohíben lo que parece malo, é impiden al mismo tiempo lo que es bueno, esto es, el adelantamiento de su pueblo. Tira la piedra y esconde la mano, lo cual acredita ser un Gobierno, que si hace algún bien es aparente, y con la mira solamente de sazonar la píldora de amargura.

(9) Término usado en las Escuelas para significar el modo silogístico de razonar.

(10) Frase latina de los Filósofos los cuales distinguen la Libertad de hacer en dos maneras a saber: poder absoluto, y poder ordinario; el primero denota un acto de la voluntad sin consultar el pro y contra, y el segundo es arreglado enteramente a la razón en cuanto sea bueno, prudente y que convenga.

(11) La Nación Inglesa presumió en todo tiempo de ser la Maestra de las demás en Europa, y en las otras partes del Mundo también. De muchos años a esta parte ostenta de poseer y gozar una completa Libertad. Tiene un Rey cuyos predecesores vinieron a ocupar el Trono de esa Isla por materia de un salario anual, pero al día de hoy ya es Monarca y Dueño de él, pues llama a los Ingleses sus Vasallos. Hay un Parlamento hereditario en la Grandeza, cuyo orgullo sobresale a él del Congreso Infernal. Tiene otro que llaman bajo o de los Comunes, y sus Miembros (aunque inferiores a los Milordes) inclinan los mas de ellos a la Aristocracia. Dicen que la Imprenta es libre, más raro es aquel impresor que publique escritos dirigidos a instruir y abrir los ojos al pueblo; en efecto este año después que Su Majestad Británica emprendió (a pesar de su misma Nación) la guerra contra la República de Francia, no había hombre que se atreviese hablar en materias políticas, de miedo que el nuevo Tribunal de Inquisición Seglar no le apremiase, encarcelase e hiciese pagar alguna multa exorbitante, según hubo ejemplares a manta en aquel Reyno. La Inglaterra se iguala con las demás Monarquías acerca de empobrecerse cada día mas con las untas alcabalas, pechas, derechos, tributos y extorsiones, que sufren buenamente para mantenerse la cadena al pescuezo. Con todas estas é infinitas otras miserias evidentes, las cuales acreditan el Pueblo Inglés por ignorante, sin buen gobierno y cobarde en no reformarlo, pretende ser libre, llámase por tal y se cree feliz y contento.

(12) Cap. I. §. 14.

(13) Cap. II. §. 4.

(14) Para información del Lector juzgo necesarias algunas prevenciones que conciernen esta confutación.
Edmundo Burke Inglés es un Escritor Aristocrático tan indigno como hablador. Emprendió una obra en la cual pone en ridículo la Revolución de Francia, porque no adoptó la misma forma de Gobierno que hay en Inglaterra. Tomás Paine previamente amigo suyo, Escritor grave y de un sistema enteramente popular, viéndose picado de un escrito tan insolente, sacó la cara y dio a luz en diferente tiempo dos obras intituladas el Derecho del Hombre, Primera y Segunda parte, con las cuales confundió del todo la retórica de Burke. El Gobierno de Inglaterra hizo proceso criminal contra dicho Paine (sobre el cual hablaré probablemente en la Adición) y todos aquellos, que siguen el partido de la Aristocracia declaráronse sus enemigos con un desatino increíble, pero no hicieron mas que aumentar la fama de Paine. El día 7 de agosto del año pasado pareció en una gaceta de Londres un escrito (el cual filé publicado en la de Andrés Brown de esta Ciudad en 13 de Octubre inmediato) en contra del prelodado. El fin de dicha crítica fue de probar la desigualdad del Derecho humano. Pasó luego a hablar sobre los Títulos, porfiando en que fueron instituidos desde un tiempo casi inmemorial. Varias acotaciones acompañaban la composición, y aunque parecía firmada de un Anónimo bajo el nombre de Walworth, hay toda la probabilidad que haya sido escrita por el referido Burke; sin embargo el Autor de esta obra incluye en la confutación a los dos, para que no haya equivocación.

(15) Solón natural de Atenas, legislador insigne.

(16) Genes. III. 16. Sub viri potestate eris, et ipse dominabitur tibi.

17) Ref. A bove majore discit arare minor.

(18) Magit. senten. l. 2 dift. 21 in princip.
Mulierem lentavit in qua minus quam in viro rationem valere novis.

(19) D. Chrisostom. in Gen. Hom. 17 Melius est ut tu sub illo sis et illum Dominum habere, quam impavide et libere vivens per praecipitia feraris.

(20) Cat. ad Rom. apud Liv. dec. 4 l. 4 Date franu impotenti nature et indomito animali, nec sperate ipsus modum licentie futuras nisi vos faciatis.

(21) Wolfio fue un filósofo, el cual afirmó que el alma de la mujer no es inmortal.

(22) Tacit. hist. l. I. Mors omnibus ex natura equalis est; oblivione apud posteros vel gloria distinguitur.

(23) Todas las Monarquías del Mundo han adoptado constantemente semejante simpleza, y aunque claro se vea y conozca que todos tienen una sangre de la misma color, gusto y virtud, no hay razón que les pueda persuadir lo contrario. La Española particularmente se distingue de las demás en esta manía de pensar, y ya que sangre va, no puedo dejar a este paso de palesar que en las Canarias hay en el día una familia antigua, la cual se despacha por Noble y se llama públicamente la de la Sangre Azul. Esa sí que se puede considerar por muy distinguida; sin embargo (razonando a lo basto) me parece que la misma debiera en vez ser más ordinaria, pues es notorio que el Añil no llega a valer la mitad del precio, que se paga por la Grana ¡Habrá tontería y superstición mayor de esta! A esa gente se le puede con razón tener lástima. Yo por mi parte no dejo de tenérsela, pero si en el ínterin me río no lo puedo remediar.

(24) D. August. Serm. 24 Difficile est ut non fit superbus dives.

(25) D. Gregor. 7 Moral. I. Honor malis exibitus in eorum commutatur ruinam.

(26) Proverb. XXVII. 2 Laudet te alienus, et non os tuum; extraneus, et non labia tua.

(27) Claudiam. l. I in Ruf. Tolluntur in altum ut lapsu graviore ruant.

(28) Plat. apud Stob. ferm. 92 Scientibus quomodo divitijs utendum sit, divitie commode sunt; improbis vero, et imperitis male.

(29) Petrar. de prosp. font. dial. 101 in princip. Alii potentie fines sunt, decoris Alii, non quod possis, sed quod decet extimandum est; ne, si quantum potes velis nil posse melius út.

(30) Tersite fue el hombre más cobarde e ignorante que jamás se conoció, y tan particular se mostró en eso, que adquirió una fama muy grande en las historias antiguas.

(31) Juvenal. satir 8 in fin. Malo pater tibi fit Tersites, dum modo tu sis Eacide similis, vulcania que arma capessas, quam te Tafite similem producal Achilles.

(32) Ovid. trist. I. 4 eleg. 3. —
Statius silv. I. 5 ad Crisp.
Traquel de Nobilitate.
Juan García
&c. &c. &c. &c...

(33) D. Gregor. in Proverb. 15 Sapiens non solum quid loquatur, sed etiam opportunitatem loci, et temporis, et persone quam loquitur, diligenter inquirit.

(34) Tuli. de orat. Quoties aliquid aut dicimus aut. loquimur, toties de nobis judicatur.

(35) Veget. de re milit. I. 3 c. 26 Paucos viros fortes natura procreat, bona institutione plures reddit industria.

(36) Cepol. in trad. mil. leg. veri, nobilitatis in fine. Tot laudes habet nobilitas, quot in Etere sidera fulgent.

(37) D. Bern. in formul. honest. vit. Ista tria semper mente habeas. Quid fuisti? quid es? quid eris?

(38) Eccles. I. 2 Vanitas vanitatum, et omnia vanitas.
II. 11 Vidi in omnibus vanitatem.
Sense, sis tranquil. vit. Multi ad culmen scientis pervenissent, nisi se jam pervenisse petessent.

39.D. Paul. ad Rom. l. 22 Dicentes enim se esse sapientes, stulti facti sunt.

(40) D. Thom. 2. 9. 131. art. 2. Ambitio impartat appetitum inordinatum honoris.

(41) Cicer. de offe. Cuanto superiores fimus, tanto nos submissius geramus.

(42) D. Hieron. epist. ad Paul. Ad voluntatem suam scripturam tradere repugnantem.

(43) Tertul. apolog. c. 47 Omnia adversus veritatem de ipsa veritate constructa sunt, operantibus aemulationem istam spiritibus erroris.

 

 

Conclusión.

(1) Gran falta puede achacarse a esta obra en haber su Autor dejado en la pluma lo que particularmente concierne a este Gobierno, cuya maldad debidamente trasquilada, pudiera servir de una prevención salutar en el establecimiento de un Gobierno sólido y feliz. En el Cap. IV. trató sobre eso, pero fue de paso y sin alguna satisfacción; para otro tiempo pues se reserva mejorar este defecto, siendo muy ajeno de hacer tregua con cualquier enemigo de la Democracia.

(2) Tacti, hist. l. 4. Finis turpis laudem egregiam maculat.
Quien presto se determina de espacio se arrepiente.

(3) Ref. Quien adelante no mira atrás se halla.

(4) De la perfecta unión resultan todos los bienes imaginables. La Sagrada Escritura os amonesta sobre una observancia tan importante diciendo: que no hay cosa mejor y mas agradable para los que se tienen por hermanos, como el vivir y concurrir todos a una.
Psalm. CXXXIII. I. Ecce quam bonum et amenum est habitare fratres etiam una.

(5) Proverb. Chap. XXVI. 27 Qui fodit foveam in eam decidet et qui devolvit lapidem in ipsum revertetur lapis.
Apocalipf. XIV. 13 Opera enim illorum sequuntur illos.

(6) Cap. III. § II y 12.
Cap. III. §. 9.

(8) Refiere la Sagrada Escritura que el Rey Balack mandó llamar el Profeta Balaam, para que maldijese a los que sacudieron el yugo de su monarquía. Parece que Balaam no tenia de pronto dificultad, mas detúvose considerando que Dios no consiente tales picardías, pues conocióse de por sí mismo incapaz a satisfacer el objeto del vengativo Rey, en efecto dijo: ¿porque maldiré yo a los que Dios no ha maldito; y como me atreveré a odiar aquellos que el Creador no aborrece? (a) Esta santa reflexión le animó a hacer todo lo contrario de lo que el Rey le había mandado, de cuyas resultas Balack quejoso dijo al Profeta: ¿qué haces? te empleé para que maldijeses a mis enemigos, ¿y sin pararte les estás bendiciendo? (b) Querido Lector si has leído o te determinas a leer lo que precede y sigue a las autoridades que cito, echarás de ver que el Clero a nadie tiene facultad de excomulgar, y si lo hace, sale de su mal ánimo aún sin efecto alguno para con Dios.
(a) Numer. Chap. XXIII 12 Quid execraren? non exerratur Deus fortis illum: aut quid detestarer? non detestatur Jehova.
(b) 15 Tum dixit Balad Bilhamo quid facis mibi? Ad execrandum inimicos meos affumi te, ecce autem indesinenter benedicis?

(9) Proverb. XI. 20. Abominabile Domino cor pravum, et voluntas ejus in ijs qui simpliciter ambulant.

(10) Eccles. VII. 9. Noli esse pusillanimis in animo tuo.

(11) Cicer. 3. de orat. Duo illa maxime movent, similitudo et exemplum.

(12) Tacit. annal. lib. 12. Cuncta virtute sunt expugnabilia.

(13) Senec. de benefic. lib. 2 chap. II. Nihil infractum pervenit quod non a primo usque ad extremum, aequali cultura prosequitur.

(14) Polib. lib. 10 Nulla te utili abstinendum est propter apparentes difficultates.

(15) Carol. Paschal. in Axiom. polit. Virorum fortium animi non modo accepta insigni aliqua clade non remittuntur aut infringuntur, quin potius ad majora audenda incenduntur.

(16) Alicat. Emblem. 36 Nititur in pondus palma, et consurgit in altum, quo magis et premitur hoc mage tollit onus.

(17) Heredot. hist. I. l.

 

Adición.

(1) Prover. Philos. Quot capita tot sententie, mille hominum species, et rerum dis color usus, velle suum cuique est nec voto viritur uno.

(2) Tomás a Kemp. sup. I. 2. c. 6. n. 2 in princip. Habe bonam conscientiam et habebis semper letitiam.

(3) No puede un Escritor alabar el mérito de otro sin que parezca interesado o lo que abusivamente se dice adorador. En las varias citas que hice y otra que inmediatamente he de hacer tocante Tomás Paine, no faltará quien me tenga por tal, pero le aseguro que está muy equivocado. No conozco dicho Autor que por sus escritos, y si en afirmar que es un hombre de habilidad me muestro interesado, entonces diré que no se puede decir verdad sin parcialidad, lo que es absurdo. Sus obras desde luego son las que hablan de por sí y acredítanlo por sabio, como él es. Por lo que respeta a la estimación con la cual hablo de él, deriva de celebrar la solidez de la materia que emprendió tratar, pero es muy ajena de adorarle, no siendo Paine algún Oráculo para merecer incienso. Es un hombre como los demás, y supongo su pluma no habrá salido de las alas de S. Miguel, para que pueda ostentar un quid magis sobre la de otros. A fin de que mi Lector vea que miro a Paine con una total indiferencia, y que ningún respeto humano detiene mi pluma en escribir la verdad, voy a descubrir en sus obras la mayor falta que un orgulloso e ignorante Escritor pueda cometer. En el libro intitulado Derecho del Hombre parte II, reimpreso en esta Ciudad, pag. 54 en la acotación lin. 7 y 8, se explica de la forma siguiente: "jamás he leído libro alguno, ni he estudiado las opiniones de otros. 'Todo salió de mi cabeza" Pienso pues que cuando escribió semejante disparate tenía algún barrunto de Aristocracia, porque ningún Escritor Democrático tiene tanta presunción. Jamás leyó libros porque a la cuenta juzgó que sus Autores fueron todos ignorantes, y temió ensuciar la pureza y excelencia de sus conceptos. Todo salió de sí mismo y seguramente se cree haber nacido Maestro. Supongo también que no estudió las opiniones de otros porque (no entendiendo otra lengua que la suya) o se conoció incapaz de comprehenderlas a fundo o fue perezoso en buscarlas. De esto se originó que Paine escribió sus libros faltos enteramente de lo que se llama Erudición, y dio motivo a que los Aristocráticos Charlatanes de Inglaterra fuesen buscando autoridades para deslucir su sistema. El consultar las opiniones ajenas, muestra la docilidad y cautela de un Autor. Es una indispensable satisfacción que se debe al Público, para que eche de ver con cual fundamento el Escritor produce sus ideas, y que desconfiando con prudencia de su mismo talento, humildemente las encomienda a las autoridades respetables de los Sabios. Lo que rinde celebre a Paine, es de haber tomado en sus tareas el camino seguro de la razón y verdad, por este motivo apruebo y alabo enteramente sus obras, a excepción de las referidas proposiciones, las cuales hubiera hecho mejor de dejarlas en la pluma, pues desacreditan de mala suerte su ingenio.

(4) El referido Tomás Paine publicó (según se dijo en el Cap. IV. acot. 14) dos libros, es a decir, Primera, y Segunda Parte del DERECHO DEL HOMBRE. Ambos son diametralmente opuestos al Despotismo y Aristocracia, pero el segundo en particular, es una Obra exquisita y completa. Irritado de eso el Gobierno Inglés hízole sumaria, la cual se concluyó y publicó el día 18 Diciembre 1792. Los jueces elegidos expresamente para dicha causa juraron y despacharon imparcialidad; sin embargo hay toda la moral certidumbre que cada uno por respetos y fines particulares, pronunció la sentencia que con disimulo aquella Corte le fue dictando. Una copia de dichos autos es bastante para probar la indignidad de aquel juzgado, pues obstinadamente declara que la Verdad se vuelve mentira cuando ofende a los Tiranos, y que todo hombre que se protesta amigo del Pueblo, es Reo de lesa Majestad. Cuan hipócrita, envidioso y venal se mostró en el debate aquel mercenario fiscal, unto resplandeció y resplandecerá para siempre la defensa, que hizo en favor de Paine aquel segundo Cicerón Tomás Erskine.

(5) Nació el Autor de esta obra el día 1° de Mayo 1760 en Génova Ciudad Capital y República Aristocrática. Fue bautizado el mismo día en la Iglesia Parroquial y Colegiada de Santa María de las Viñas. Su Padre Juan Domingo, del Comercio de dicha Ciudad, es natural de la Prefectura de Bienio jurisdicción de los tres Cantones Suizos, Uri, Switz y Underwalden. Sentiría muchísimo el Autor de que alguno le creyese ambicioso en decir que es Genovés; muy al contrario, siendo su único objeto de probar que no es Español. Un alma que tiene democrática disposición niega y aborrece su Patria, si tiene otro Gobierno menos del popular. Pésale desde luego de haber nacido en Génova, y de tal casualidad sus padres tienen la culpa; siendo así que otra Patria no conoce para sí, sino la Tierra en donde reina la verdadera Libertad, según decía el inmortal Doctor Franklin.

(6) Las Naciones en su primer establecimiento imitan la infancia del Hombre, la cual se entretiene en juguetes, muñecas y simplezas. Mayor aceptación logra de ellas una gaceta o novela, que la seria moral de Orígenes, Séneca 6c. Si un Profesor (pongo por hipótesis) propusiese imprimir alguna Obra para facilitar el conocimiento de una Lengua, o se dedicase por otro lado a promover de alguna suerte la Literatura, apuesto que de 300 firmas que el impresor necesita, no llega en tres meses a recoger 24; por la contra vengan Epidemias para ser contador de difuntos, el que en semejante oportunidad intentare ocupar públicamente el asiento de Autor, tendrá alentamiento, reimprimirá las tres y cuatro veces sus cuentos, y llenárase el buche a su satisfacción. Lector mío, si no estás informado de lo que pasa en el Mundo, creerás que perdí el juicio en esta parábola; sin embargo estoy en que no faltará quien me entienda por cuerdo, y para no dejarte plantado con metáforas, me explicaré un poco más diciendo: que el talento original perece, y él que (á pesar de su presunción) es copia florece. Hasta aquí liega también el Desengaño del Hombre.

(7) Parece que a este paso no sería malo que el Lector tuviera una completa noción de la correspondencia de este Autor con los referidos, pero siendo las cartas algo difusas y con varias adiciones, omite su publicación, pues le tacharían tal vez de ambicioso si lo hiciese. El contenido de ellas se reduce a lo que acaba de decir, y como que no pueden añadir por ahora mayor autoridad de la que sus dichos llevan, más vale dejarlas en silencio, siendo así que no harían otra cosa sino aumentar el gasto y bulto de esta edición, la cual con más pequeña que sale más fácilmente se puede colar en donde precisa.

(8) El proyecto del Autor a la referida Convención Nacional de Francia, fue de tener la Obra lista para la prensa a mediado de febrero 1793, en cuyo tiempo proponía dar el correspondiente aviso público en las Gacetas para recoger las firmas, que se necesitasen a dicho efecto.

(9) La orden por escrito fue dada en primer lugar a Child y Swaine Impresores de esta Ciudad. Tuvieron en su poder el Original desde mediado de junio hasta el de ju lio, en que no hallándose en estado de imprimirlo, substituyeron a Francisco Bailey, y de conformidad endosáronle dicha orden.

(10) Esta Obra fue presentada en la Imprenta de Francisco Bailey a mediado de julio 1793. Aplicóse a ella con mucha actividad, pero corto fue el galope, pues otros asuntos de mayor entidad se llevaron su atención. Llegó en eso el fin de agosto inmediato, en que apareció en esta Capital una general enfermedad epidémica, la cual duró hasta los principios de noviembre. En ese triste espacio quedó la Ciudad casi solitaria, el Comercio, Manifacturas &c paradas, y consiguientemente dicha Imprenta hizo lo mismo. Si otros fueron circunspectos en regresarse, Bailey mostró serle más que todos, pues fue de los últimos que parecieron en Ciudad. Volvió por último cerca el fin de noviembre, y viendo que en lugar de apresurarse iba siguiendo con la misma pachorra, hízole el Autor sus quejas, a las cuales respondió produciendo la falta de jornaleros, y las dificultades que naturalmente acarrea una impresión en un Idioma extranjero, y concluyó diciendo: que si el Autor se determinaba prestarle su asidua asistencia y auxilio, la publicación se acelerarla. En semejantes circunstancias previo este mayores atrasos en dejar su nuevo empleo de Tenedor de libros, que tenía con otra Casa de este Comercio, pero mas pudo su antigua disposición que el diario interés, con que determinóse hacer otro sacrificio y aceptó la proposición el día 10 de Diciembre pp. Por no haberse criado en esa arte, figurósele. de pronto un obstáculo insuperable, mas considerando que volanti nihil difficile empezóse en la impresión, continúa con perseverancia, y es resuelto de no pararse hasta que la ponga a la vela. Repara, Lector, los atajos que encuentran las empresas de un Pobre, y no extrañarás de ver que la necesidad haya vuelto un Escritor en medio impresor.

(11) El Autor fue Comerciante en la Ciudad y Plaza de Cádiz. Por atrasos improvisos é irremediables quebró el año 87. Refugióse en la Iglesia y fue sacado de ella ¡padeció 18 meses de prisión en la cárcel de dicha Ciudad, y así que la inhumanidad de un codicioso é injusto Acreedor vióse cansada, decretósele libertad en marzo de 89. Pobre y desvalido aprovechóse de su antigua amistad con un Capitán Americano, quien le trajo gratuitamente a esta en donde llegó el día 22 de Julio 1790, y empezó a buscar su vida ensenando la lengua Castellana. Parecen increíbles los procedimientos del Fuero Español en esa parte, sin embargo es un facto constante. Los Autos que yacen entregados al polvo y olvido en la Escribanía del Consulado de Cádiz, pueden ser en todo tiempo la prueba auténtica de lo que esta lacónica narración contiene. Déjanse en silencio las nulidades que se cometieron en el principio y decurso de ellos, como también las opresiones y trabajos que el infeliz pacientemente toleró, pues alguno pensaría que estos escritos procedan de un ánimo vengativo. Dios perdone al juez (a),
(a) Dos jueces de varia jurisdicción tuvo el Encarcelado, es a decir: Gaspar de Aranda Alcalde mayor, y el Tribunal del Consulado. Tan bribón fue el primero, como compasivo se mostró el segundo escribano, perseguidor, y en particular al Juzgado Eclesiástico, el cual por materia de algún secreto galardón vendió los privilegios del sagrado, quebrantó la fe de hospitalidad, y consintió un atropellamiento tan escandaloso y sin ejemplar. Todos los referidos tienen que dar cuenta a Dios de tal picardía, y habiéndoles el sujeto agraviado (como buen Cristiano y Católico) perdonado enteramente antes de ahora, lo que más importa para sus respectivas conciencias que lo consigan del Tribunal Divino. Un Refrán latino (b). dice: lo que no acaece en un año, acaece en un rato y si no es imprudente el supuesto, que los juzgados mas rectos y bien administrados no dejan de tiempo en tiempo de cometer alguna injusticia, esa es la que en aquella hora nula, tocó en suerte a este desdichado Escritor.
(b)Accidit in punto quod non contingit in anno, y según otro: Quod non jacíum anno, pando sit tempori: uno.

(II] Senec. epist. 103 ad med.

(12) Salom:. Proverb. XVIII. 2. Non recipit stultus verba prudentis, nisi ea dixerit, que versantur in corde ejus.

(13) El día 25 de agosto del año 1792 fue el Autor elegido intérprete jurado de la Lengua Castellana por el Esta do de Pennsylvania, y renunció dicho Oficio en 30 de abril 1793.

(14) Senec. Epist. 25. Intra que quis desideria sua claudit cum ipso Jove de felicitate contendet.

(15) Demasiado cristiana parece esta proposición, para no carecer de crítica. Dirán algunos que el Autor no puede querer tanto a sus propios enemigos, aborreciendo los Monarcas del modo que es notorio, siendo así que estos, no le son contrarios puesto que él quiera serle de ellos. Muy equivocado está quien razona de esta suerte, porque confunde el pecado con el pecador. El Autor detesta lo que es malo, y tiene lástima al malhechor. Odia los Usurpadores por presuntuosos, pertinaces y malvados, mas no deja al mismo tiempo de amarles como hombres, hermanos é iguales. Por mucha severidad que use el Autor en contra de ellos, nunca se olvida de aquella humana obligación, que cada uno debe recíprocamente profesarse.

(16) Laert. de vit. Philosoph. I. 6. in Diogen. ante med. Noli mili umbram facere.

(18) Proverb. XII. 21. Non contristabit justum quidquid acciderit.

(19) Ref. No vive mas el leal que lo que quiere el traidor.