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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1757 Discurso del padre Abrahán o el camino de la riqueza. Benjamín Franklin.

Pensilvania, julio 7 de 1757

 

Atento lector:
He oído decir que nada le produce a un autor tanto placer como encontrar sus obras respetuosamente citadas por otros autores. Este placer yo lo he disfrutado rara vez, pues aunque he sido, si lo puedo decir sin vanidad, un autor eminente de almanaques anuales por espacio de 25 años, mis compañeros de oficio han sido siempre, por no sé qué razones, muy tacaños en sus aplausos y ningún autor ha hecho jamás ninguna referencia a mi obra; pues, si mis escritos no me produjesen una buena suma, la falta de elogios me hubiese desanimado por completo.

Pero a fin de cuentas el pueblo es el mejor juez de mis méritos, al comprar mis obras, y en mis correrías por donde nadie me conoce personalmente, he oído repetir con frecuencia algunos de mis adagios con la coletilla "como dice el Pobre Ricardo". Esto me produce alguna satisfacción, pues me ha demostrado que mis instrucciones han sido recogidas y me han descubierto el respeto que se tiene por mi autoridad; y yo reconozco que para ayudar a recordar y a repetir aquellas sentencias muchas veces me he citado a mí mismo con gravedad.

Juzga, pues, lo orgulloso que me pondría este incidente que voy a relatarte. Paré algún tiempo mi caballo en la subasta de un mercader donde un gran número de gentes se había reunido. La hora de la venta no había llegado aún y conversaban sobre las dificultades de los tiempos; y uno de los concurrentes, dirigiéndose a un viejo sencillo y pulcro de guedejas blancas, le dijo: Padre Abrahán, ¿qué piensa usted de estos tiempos? ¿No cree usted que los impuestos están arruinando completamente al país? ¿Cómo vamos a poder pagarlos nunca? ¿Qué nos aconseja usted que hagamos? El padre Abrahán se levantó y dijo: Si quieren ustedes tomar mi consejo se los daré en pocas palabras, pues "una palabra es bastante para el sabio" y "muchas palabras no llenarían nunca un saco'', como dice el Pobre Ricardo. Todos se agruparon y le rodearon para oír sus palabras y él prosiguió de esta manera:

"Amigos y vecinos: los impuestos son, en verdad, muy pesados; pero si los impuestos del Gobierno fuesen los únicos que hubiésemos de pagar, podríamos llevarlos fácilmente; pero tenemos otros mucho más graves para nosotros. Estamos gravados doblemente por la pereza, tres veces más por el orgullo y cuatro veces más por la necedad; y de estos impuestos no puede librarnos nadie ni aligerarnos de su carga. Sin embargo, escuchemos un buen consejo y tal vez podamos conseguir algo: Dios ayuda a los que se ayudan, como dice el Pobre Ricardo en su Almanaque de 1733.

Sería un mal Gobierno el que gravase a su pueblo con la décima parte de su tiempo, para emplearlo en su servicio; sin embargo, la pereza nos grava más a muchos de nosotros, si hacemos cuenta de todo el tiempo que gastamos en no hacer absolutamente nada, y del que gastamos sin provecho o en diversiones que no sirven de nada. La pereza nos acarrea enfermedades y nos acorta la vida. "La pereza, como el orín, corroe más de prisa que el trabajo, mientras que la llave que se usa está siempre brillante, como dice el Pobre Ricardo. Pero ¿tú. amas la vida? Entonces no desperdicies el tiempo, que es el paño del que está hecha la vida, como dice el Pobre Ricardo. Durmiendo gastamos más de lo que es necesario, olvidando que la zorra dormida no caza gallinas y que ya dormiremos en la tumba bastante, como dice el Pobre Ricardo. Si el tiempo es la más preciada de las cosas, el desperdicio del tiempo debe ser -como dice el Pobre Ricardo- la más grande prodigalidad, pues como él nos dice en otra parte, el tiempo perdido no se vuelve a encontrar y lo que nosotros llamamos tiempo suficiente, viene a ser poco suficiente. Levantémonos, pues, y trabajemos apropiadamente; así con diligencia haremos más con menos perplejidad. La pereza hace todas las cosas difíciles, mientras que el trabajo las facilita, como dice el Pobre Ricardo; y el que se levanta tarde tiene que trotar todo el día hasta la noche sin haber hecho sus negocios, pues la pereza camina tan despacio que la pobreza le alcanza en seguida, como leemos en el Pobre Ricardo, que añade todavía: Domina tus asuntos; no dejes que ellos te dominen a ti, y Acostarse temprano y levantarse temprano hacen al hombre rico, sabio y sano.

Así pues, ¿qué significa desear y esperar mejores tiempos? Nosotros podemos hacer mejores estos tiempos si nos movemos. El trabajo no necesita deseo, como dice el Pobre Ricardo, y el que vive esperando morirá hambriento. No hay ganancias sin penas; por lo tanto, ¡arriba muchachos!, pues no tenemos tierras, y si las tenemos están sabiamente gravadas. Y como el Pobre Ricardo observa también: el que tiene un oficio tiene una hacienda y el que tiene una vocación tiene honor y provecho; pero en el oficio hay que trabajar y la vocación hay que seguirla bien, porque si no, ni la hacienda ni el oficio nos darán para pagar nuestros impuestos. Si somos trabajadores nunca nos moriremos de hambre; porque, como dice el Pobre Ricardo, en la casa del hombre trabajador mira el hambre, pero no se atreve a entrar. Ni entrará tampoco el escribano ni el alguacil, porque el trabajo paga las deudas, mientras que la desesperación humana las aumenta. Pues aunque no hayas encontrado ningún tesoro, ni tengas ningún pariente rico que te legue una fortuna, la diligencia es la madre de la buena suerte, como dice el Pobre Ricardo, y Dios da todas las cosas al trabajo. Cava profundo mientras duerme el haragán y tendrás trigo para vender y para guardar, dice el Pobre Ricardo. Trabaja hoy porque no sabes si lo podrás hacer mañana; esto le hace decir al Pobre Ricardo: un hoy vale por dos mañanas, y más adelante, ¿Tienes algo que hacer mañana?, pues hazlo hoy. Si fueses un sirviente, ¿no te avergonzarías de que un buen amo te sorprendiese ocioso? Y ¿no eres tú. el amo de ti mismo? Pues avergüénzate de encontrarte ocioso, como dice el Pobre Ricardo. Puesto que tienes tanto que hacer para ti, para tu familia, para tu país y para tu noble Rey, levántate al despuntar el alba. No dejes que el sol siga mirando hacia abajo; diciendo aquí yace sin gloria. Maneja tus herramientas sin guantes; recuerda que gato con guantes no caza ratones, como dice el Pobre Ricardo. Es verdad que hay mucho que hacer, que acaso tú tienes las manos débiles; pero no ceses y harás grandes milagros, pues el gotear constante taladra la roca, y con paciencia y tesón parte la cuerda el ratón; y pequeños golpes derriban los robles, como dice el Pobre Ricardo en su Almanaque, el año no recuerdo ahora bien.

Creo haber oído a alguno decir: ¿Debe el hombre complacerse en el ocio? Te diré, amigo, lo que dice el Pobre Ricardo: Si quieres tener ocio emplea bien el tiempo y puesto que no estás seguro de un minuto no desperdicies una hora. El ocio es tiempo para hacer alguna cosa útil. Este ocio es del hombre diligente, pero no del hombre perezoso; así, pues, como dice el Pobre Ricardo, una vida de ocio y una vida de pereza son dos cosas distintas. iSe imaginan que la pereza les proporcionará más comodidades que el trabajo? ¡No! Porque, como el Pobre Ricardo dice: De la pereza nace la molestia y del reposo inútil los afanes crueles. Muchos que no trabajan vivirían de su ingenio solamente si éste no se les acabase tan pronto; mientras que el trabajo proporciona comodidad, abundancia y respeto. Huye de los placeres y ellos te seguirán; la hiladora diligente tiene un vaivén más amplio y ahora que tengo una oveja y una mula todas las gentes me saludan. Todo lo cual nos lo dice muy bien el Pobre Ricardo.

Pero con nuestro trabajo debemos también ser constantes, ordenados y cuidadosos, y vigilar nuestros propios negocios con nuestros propios ojos y no fiarnos demasiado de los otros; pues, como el Pobre Ricardo dice:

Nunca vi un árbol trasplantado
ni una familia vagabunda
que floreciesen como los arraigados.

Y también: Tres mudanzas son peores que un incendio, y también: Guarda tu tienda y tu tienda te guardará; y también: Si quieres que marche tu negocio, atiéndelo, si no, véndelo. Y también:

El que quiera prosperar por medio del arado,
que él mismo Jo sostenga y lo conduzca.

Y también: El ojo del amo trabaja más que las dos manos; y también: la falta de cuidado daña más que la falta de sabiduría; y también: no vigilar a los obreros es dejarles abierta tu bolsa. Confiarse demasiado al cuidado de otros ha sido la ruina de muchos; pues, como dice el Almanaque: En los negocios de este mundo los hombres se salvan no por su fe sino por la falta de fe; pero el propio cuidado de un hombre es provechoso: porque, como decía el Pobre Ricardo, la sabiduría es para el estudioso y las riquezas para el cuidadoso, lo mismo que el poder para el osado y el cielo para la virtud. Y más adelante: Cuando quieras un siervo fiel y otro que te agrade, sírvete a ti mismo. Y aconseja la circunspección y el cuidado aun en los asuntos más insignificantes; porque algunas veces una pequeña negligencia puede originar un gran infortunio, y añade: Por falta de un clavo se perdió la herradura; por falta de una herradura se perdió el caballo, y por falta de un caballo se perdió el jinete y le prendió el enemigo y le mató; todo por no tener un poco de cuidado con el clavo de la herradura de un caballo.

Esto, amigos, en cuanto al trabajo y a la atención en los negocios, pero a estas virtudes debemos añadir la frugalidad si queremos que nuestro trabajo nos rinda más provecho. Un hombre puede, si no sabe ahorrar lo mismo que ganar, estar con la nariz pegada al trabajo toda su vida y morir sin un penique. Una cocina opulenta crea una voluntad débil, como dice el Pobre Ricardo, y:

Muchas haciendas gastaron su caudal
porque las mujeres cambiaron por el té el huso y el dedal
y los hombres por el ponche el hacha y el azadón.

Si tuvieses riquezas, dice en otro Almanaque, procura tanto ahorrar como ganar. Las Indias no enriquecieron a España porque sus salidas eran mayores que sus ingresos. Deja, pues, tus locos despilfarros y no tendrás motivos para quejarte de los malos tiempos, de los impuestos pesados, ni de la carga de la familia; porque, como dice el Pobre Ricardo:

Las mujeres, el vino, el juego y la mentira
hacen pequeña la riqueza y las necesidades infinitas.

Y más adelante: con lo que se sostiene un vicio se pueden educar dos hijos. Tal vez tú pienses que un sorbo de té y un trago de ponche de vez en cuando, una comida un poco más costosa, unos trajes un poco más finos y un poco de diversión de tarde en tarde no importan mucho, pero recuerda que el Pobre Ricardo dice: muchos pocos hacen un mucho, y más delante: Ten cuidado con los pequeños dispendios, una pequeña vía de agua puede hundir un gran barco, y también: El que ama las golosinas acabará en mendigo, y además: Los tontos dan los banquetes y los listos los devoran.

Aquí están tocios reunidos en esta feria de galas y chucherías. Tú dices que son buenas, pero si no tienes cuidado serán perniciosas algunas. Tú esperas comprarlas baratas, tal vez por menos de su costo; pero si no tienes uso para ellas tal vez resulten caras para ti. Recuerda que el Pobre Ricardo dice: Si compras lo superfluo, después venderás lo necesario, y también: Deténte ante las grandes gangas, lo cual quiere decir que lo barato sólo es aparente y no real; y la ganga puede hacerte más daño que beneficio. Y en otro lugar dice: Muchos se arruinaron comprando cosas buenas por nada. Y también dice el Pobre Ricardo: Es una locura hacer compras de las que nos hemos de arrepentir; y sin embargo, esta locura se practica todos los días en las ferias por no recordar el Almanaque. Los discretos -como dice el Pobre Ricardo- aprenden en cabeza ajena; los simples apenas en la suya; pero Felix quem faciunt aliena Pericula cautum. [Feliz el hombre que se hace prudente ante el peligro de los demás.] Muchos por cubrir lujosamente sus hombros han ido con el vientre vacío y han dejado su casa sin pan. La seda, el satín, la escarlata y el terciopelo -como dice el Pobre Ricardo- apagan el fuego del fogón. Estas no son las necesidades de la vida; apenas se les puede llamar las conveniencias; y sin embargo, sólo porque lucen bonitas todos quieren tenerlas. Las necesidades artificiales de la humanidad vienen a ser de esta manera más numerosas que las naturales y, como dice el Pobre Ricardo, por una persona pobre hay un centenar de indigentes. Por estas y otras extravagancias el hidalgo se reduce a la pobreza y se ve forzado a pedir prestado a los que en otro tiempo desdeñó, pero que mediante su trabajo y frugalidad se han sostenido en su puesto; en cuyo caso aparece claramente aquello de que un villano de pie es más alto que un caballero de rodillas, como dice el Pobre Ricardo. Tal vez heredaron una pequeña hacienda que no sabían lo que daba y pensaron: Es de día, nunca vendrá la noche y gastar un poco de tanto no vale la pena (el niño y el necio, como dice el Pobre Ricardo, se imaginan que veinte chelines y veinte años no se acaban nunca); sin embargo, si siempre se saca y nunca se mete pronto se llega al fondo. Entonces, como dice el Pobre Ricardo, cuando se seca el pozo conocemos el valor del agua. Pero esto lo hubiesen conocido antes si hubiesen seguido su consejo. Si quieres conocer el valor del dinero, pídelo a otro, porque el que va a pedir va a sufrir, y así sufre también el que presta a tales hombres cuando reclama lo prestado. El Pobre Ricardo más adelante nos amonesta diciendo:

El ansia orgullosa de vestir es una verdadera maldición;
antes que a tu fantasía, consulta a tu bolsa.

Y también: El orgullo es un mendigo tan escandaloso como la necesidad y mucho más insolente. Cuando has comprado una cosa bonita, tienes que comprar diez más para que tu apariencia sea toda de una pieza, pero el Pobre Ricardo dice: Es más fácil reprimir el primer deseo que satisfacer todos los que siguen. Y es tan necio que el pobre quiera imitar al rico como que la rana se esponje para igualarse al buey.

Las grandes fortunas se pueden aventurar,
pero los pequeños botes deben navegar junto a la costa.

Es una locura que se paga muy pronto, porque el orgullo que come con vanidad, cena con desprecio, como dice el Pobre Ricardo. Y en otro lugar: El orgullo desayuna con abundancia, come con pobreza y cena con infamia. Y después de todo, ¿de qué sirve el orgullo de aparentar cuando tanto se arriesga y tanto se sufre? Ni puede mejorar la salud, ni aliviar las penas; no aumenta el mérito de la persona, crea envidia y precipita el infortunio.

¿Qué es una mariposa? En el mejor de los casos
sólo un gusano vestido;
su réplica es un atildado petimetre,

como dice el Pobre Ricardo.
Pero, ¿Qué locura lleva a entrampar a la gente por estas cosas superfluas? Se nos ofrecen en las condiciones de estas ventas seis meses de crédito; y esto sin duda ha inducido a algunos a venir; porque no damos el dinero en seguida creemos que nos vestimos de balde. Pero ¡ah!, ¿sabes lo que haces cuando te entrampas? Darle a otro poder sobre tu libertad. Si no puedes pagar a tiempo, te avergonzaras al ver a tu acreedor, estarás cohibido cuando le hables ofreciéndole excusas pobres, lastimeras y resbaladizas, hasta perder la veracidad, hundirte en la bajeza y precipitarte en la mentira; porque, como dice el Pobre Ricardo, el segundo vicio es la mentira, el primero es endeudarse. Y tratando de lo mismo, la mentira cabalga sobre los lomos de la deuda y un inglés que ha nacido libre no debe avergonzarse ni tener miedo de mirar a ningún hombre viviente. Pero la pobreza priva al hombre con frecuencia de todo espíritu y virtud. Es muy difícil que un saco vacío se sostenga derecho, como el Pobre Ricardo dice con verdad. ¿ Qué pensarías de aquel príncipe o del gobierno que expidiese un edicto prohibiendo que te vistieras como un caballero o una dama so pena de prisión y servidumbre? ¿No dirías que tú eres libre, que tienes derecho a vestirte como te plazca y que tal edicto era un ataque a tus privilegios hecho por un gobierno tiránico? Y sin embargo, estás a punto de caer bajo tal tiranía cuando te entrampas por vestirte de ese modo. Tu acreedor tiene autoridad cuando quiera para quitarte tu libertad y llevarte a la cárcel de por vida o venderte como siervo si no puedes pagarle. Cuando has adquirido el préstamo piensas muy poco en pagar, pero los acreedores -como nos dice el Pobre Ricardo- tienen mejor memoria que los deudores; en otro lugar dice también: Los acreedores son unos supersticiosos, son grandes observadores de los días y fechas. El día de la paga vienen sin sentirlo y te hacen la demanda antes de que estés preparado para satisfacerla; y si recuerdas la deuda, el término que al principio parecía largo, disminuye y aparece extremadamente corto. Al tiempo, entonces, le nacen alas en los tobillos lo mismo que en los hombros. Tienen una cuaresma muy corta -dice el Pobre Ricardo- los que han de pagar en Pascua. Así, pues, el que pide prestado es un esclavo del que le presta y el deudor del acreedor. Desdeña las cadenas, conserva tu libertad y mantén tu independencia. Trabaja y sé libre. Tal vez pienses hoy que te hallas en circunstancias prósperas y que puedes permitirte alguna extravagancia sin gran menoscabo; pero

Ahora mientras puedas ahorra para la vejez y la indigencia;
No hay sol de mañana que dure todo el día,

como dice el Pobre Ricardo. La ganancia puede ser temporal e incierta; pero los gastos siempre son constantes y seguros y es más fácil construir dos chimeneas que tener encendida una sola, como dice el Pobre Ricardo, y también mejor es acostarse sin cenar que levantarse lleno de deudas.

Gana lo que puedas y retén lo que ganes;
ésta es la piedra que cambiará todo tu plomo en oro,

como dice el Pobre Ricardo. Y cuando hayas encontrado la piedra filosofal ya no te quejarás de los malos tiempos ni de las contribuciones onerosas.
Esta doctrina, amigos míos, es razón y sabiduría; pero después de todo, aunque el trabajo, la frugalidad y la prudencia son cosas excelentes, nada significa sin la bendición de los cielos; por lo tanto, pedid humildemente esta bendición y no os mostréis sin caridad con aquellos que parecen necesitarla; confortadlos y ayudadlos. Recordad que Job sufrió y después ganó prosperidad.

Y ahora, para concluir, la experiencia es una gran escuela, pero los necios no aprenderán en ninguna y apenas en ésta; porque es verdad que, podemos dar consejo, pero no podemos dar conducta, como dice el Pobre Ricardo. Sin embargo, recuerda esto: Los que no piden consejo no quieren ayuda, como dice el Pobre Ricardo; y más adelante: si no oyes la razón ella golpeará tus nudillos.

Así terminó el viejo caballero su discurso. La gente lo oyó y aprobó su doctrina, e inmediatamente hizo todo lo contrario, como si hubiese sido un sermón ordinario. Porque tan pronto como se abrió la subasta comenzaron a comprar extravagancias a pesar de toda su cautela y de su miedo a los impuestos. Yo vi que el anciano había leído todos mis Almanaques y digerido cuanto yo había escrito durante veinticinco años. La frecuente mención que hizo de mí tal vez haya fatigado a alguno, pero mi vanidad se encontró satisfecha aunque sé muy bien que ni una décima parte de aquella sabiduría que me atribuyó es propiamente mía; yo no he hecho más que espigar en la sabiduría de las edades y de los pueblos. Sin embargo, quise portarme mejor ya que era el eco de todo aquello; y aunque al principio había determinado comprarme tela para un traje nuevo, al fin resolví continuar con esta vieja indumentaria algún tiempo más Si tú, lector, quieres hacer lo mismo, tu provecho será tan grande como el mío Y como siempre seré tuyo para servirte,
RICARDO SAUNDERS
7 de julio de 1757