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2014

 


Toman españoles la ciudad de México-Tenochtitlan

13 de Agosto de 1521

Cae en manos de los españoles la ciudad de México-Tenochtitlan después de setenta y cinco días de asedio, tras ser aprehendido hoy Cuauhtémoc por el capitán español García Holguín.

Hernán Cortés aisló a la ciudad para tomarla. Contó con sus propios hombres, armas, caballos, trece bergantines y los miles de soldados de los ejércitos indígenas aliados de Texcoco y de Tlaxcala. El sitio se desarrolló de manera planeada.

En Chapultepec, Pedro de Alvarado y Cristóbal de Olid, tras fuerte batalla, rompieron el acueducto que surtía de agua a los mexica.

Gonzalo de Sandoval fue a Ixtapalapa auxiliado por Cortés y sus bergantines, pero fueron atacados por los mexica cuando pasaban por el peñón de Tepopolco.

Cortés desembarcó y tomó el peñón. Mientras tanto, unas quinientas canoas atacaron a los bergantines, pero la acción del viento las hizo chocar con las naves enemigas. Ya aislado, Cuauhtémoc acudió al Tlalocan para sujetarse a la voluntad de su gente: decidieron que era mejor morir antes que ser esclavos de los españoles; organizaron la defensa de la ciudad, mandaron sacar a los que no podían ayudar en la guerra y aprovisionarse de gran cantidad de víveres y armas; ordenó que todo aquél que pudiera lanzar una piedra o una lanza y blandir una macana, fuera hombre, mujer o niño defendiera la Gran Tenochtitlan.

Ni mexicas ni españoles pensaron que el sitio se prolongaría tanto tiempo; los víveres escasearon. Para evitar que los bergantines se acercaran a la ciudad, los mexica colocaron grandes estacas debajo del agua que bloquearon el avance de las naves y también hicieron zanjas en las calzadas para impedir el avance por tierra.

Contra la costumbre indígena, Cuauhtémoc emprendió combates nocturnos que desconcertaron a los españoles. La lucha fue sin cuartel: mientras los indígenas eran muertos, los españoles eran hechos prisioneros para sacrificarlos. Cortés cayó prisionero por los tlatelolca, quienes trataron de llevarlo a una canoa rumbo al teocalli de Huitzilopochtli para ser sacrificado, pero uno de sus hombres cortó de un tajo las manos del guerrero que lo detuvo, lo que dio tiempo a que Antonio de Quiñones lo salvara de la furia mexica.

Poco a poco Cortés cerró el cerco, destruyó todo a su paso. Cortés ordenó un ataque general, nuevamente fue rechazado y derrotado; además, le faltaron pólvora y municiones, pero casualmente llegó un barco a Veracruz que lo aprovisionó.

Señala Brian Hamnett (Historia de México): “La ventaja estratégica de Cortés fue haber llegado a Tenochtitlán en un momento de debilidad política dentro del régimen gobernante. Al mismo tiempo, las potencias rivales y subordinadas ardían de resentimiento hacia el dominio azteca y buscaban una oportunidad para devolverle el golpe. Aunque la hegemonía de la ciudad se encontraba en su punto culminante, los errores tácticos de Moctezuma proporcionaron la oportunidad de asestar un golpe repentino contra la autoridad del jefe del estado azteca. Con todo, la reducción de Tenochtitlán requirió un esfuerzo ingente, pues los métodos bélicos aztecas plantearon grandes dificultades a los españoles. En primer lugar, las calzadas de 7 m de anchura que unían la ciudad con las orillas de los lagos podían cortarse con fines defensivos, lo cual, unido a su angostura, neutralizaba la ventaja española de combatir a caballo; los aztecas demostraron una gran destreza en el empleo del arco; sus lanzas de punta de piedra cortaban mejor que el acero español; los dardos lanzados con tiradores podían penetrar la armadura y matar; las piedras de las hondas también infligieron daños a los españoles. Como consecuencia de una resistencia sostenida, si bien minada por el temprano impacto de las enfermedades europeas, los españoles y sus aliados tuvieron que conquistar la capital azteca calle por calle.”

Al principio del sitio, los mexica incineraban a sus muertos; después, la intensidad de la lucha les impidió hacerlo. Según las crónicas los muertos tapizaban el suelo y el olor era insoportable. Sin dejar de combatir los mexica se refugiaron en el último reducto indígena: Tlatelolco. Cuauhtémoc ya no pudo resistir más, se preparó para huir pero fue apresado. El sitio terminó y comenzó una nueva era que duraría trescientos años.

La derrota producirá un trauma profundo. Destruidos sus dioses, su gobierno hecho pedazos, su gloria perdida y su civilización arrasada sin más límite que los intereses de los nuevos amos, el recuerdo de la derrota arraigará en el espíritu de los vencidos.

En los caminos yacen dardos rotos,
Los cabellos están esparcidos,
Destechadas están las casas,
Enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas,
Y en las paredes están salpicados los sesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas..."
(Versión de textos nahuas de: Ángel Ma. Garibay K.)

Escribe Ramón Eduardo Ruiz (México. Por qué unos cuantos son ricos y la población pobre): “La sed de ganancias explica, en gran medida, la Conquista española. En ese tiempo, España no tenía una población excedente dispuesta a emigrar, ni intención alguna de colonizar el Nuevo Mundo. Su propósito, como subrayó el filósofo mexicano Samuel Ramos, fue la explotación. Desde el principio, la corona dio carta blanca a una horda de filibusteros, pidiendo sólo una parte del botín. El anhelo de oro y plata, ya fuera de mercenarios o déspotas reales, sentó las bases del México colonial. El deseo de aventura y la cruzada para cristianizar a los paganos tuvieron algo que ver en esto, desde luego; pero, en definitiva, fue el sueño de hacer fortuna lo que impulsó a los españoles a jugarse la vida.”

La esclavización y la extrema explotación a que se someterá a los indígenas, junto con las enfermedades traídas por los europeos, provocarán uno de los peores desastres demográficos que han aquejado a la humanidad: el territorio del Anáhuac, antes densamente poblado (de 14 a 25 millones), a la vuelta de poco más de un siglo, en 1640, sólo registrará 1.3 millones de sobrevivientes. A nivel de América, casi toda la población indígena de las islas caribeñas desaparecerá y morirá cerca de un 80% de la población indígena continental; de unos 75 millones de indígenas existentes a la llegada de los españoles, un siglo después sólo sobrevivirán 7 millones. La falta de mano de obra sujeta a la explotación, será subsanada con esclavos negros, que serán el tercer componente del mestizaje americano.

Sin embargo, la caída de Tenochtitlan no significará la conquista definitiva española sobre los pueblos indígenas. Principalmente en el norte y el sureste del actual territorio mexicano, la resistencia de los indígenas se prolongará los siguientes siglos de la Colonia y del México ya independiente.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.