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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Concluye una etapa de la lucha entre liberales y conservadores: Urrea se rinde.

Julio 27 de 1840

José Urrea se rinde después de trece días de combates en la ciudad de México, así concluye una etapa de la lucha por el poder entre liberales y conservadores.

Urrea era preso sujeto a proceso por alzamiento, pero sus hombres del quinto batallón de infantería lo liberan de los calabozos de la ex inquisición y juntos, atacan Palacio Nacional y apresan a Anastasio Bustamante. Por su prestigio político, es llamado Valentín Gómez Farías para negociar; pero el centralista Gabriel Valencia ataca la plaza de la ciudad y pone como condición para negociar la liberación de Bustamante.

Siguen los combates hasta que el día 26, Urrea solicita un nuevo arreglo para garantizar la vida de los sublevados y cambiar la constitución.

Son firmados los convenios.

A las dos y media de la tarde del domingo 26 de julio, se reunieron en el edificio de la Gran Sociedad los comisionados: los generales Ignacio Inclán, Benito Quijano y José Vicente Miñón, por parte del general en jefe del ejército del gobierno, y Manuel Andrade, el coronel Eleuterio Méndez y el comisario general Andrés Centeno por parte del jefe de las fuerzas pronunciadas quienes a las once de la noche convinieron que: “Se garantizan en todo el sentido de la palabra las vidas, personas, empleos y propiedades, entendiéndose respecto a los empleos los dados por el Supremo Gobierno. El general en jefe don Gabriel Valencia, de todos los modos legales posibles, ofrece interponer su influjo con el gobierno general, para que se pida la Cámara se proceda a las reformas de la Constitución. Se echa un olvido total en todos los sucesos políticos ocurridos desde el 15 del presente hasta la fecha, pudiendo acogerse este convenio las fuerzas que se hubiesen adherido al plan verificado en esta capital el repetido 15 del corriente. Se franqueará pasaporte para fuera de la República cualquier individuo de los comprendidos en este convenio, siempre que lo solicite, aun cuando tengan causa pendiente por opiniones políticas. Las tropas pronunciadas saldrán a situarse donde les demarque S. E. el general don Gabriel Valencia, designando éste el jefe de los pronunciados que deba mandarlas, el que será responsable de cualquiera desorden que cometan y del cumplimiento de las órdenes que le diere dicho general. El general en jefe don Gabriel Valencia y los generales de su ejército se comprometen por su honor ante el mundo entero, hacer que este convenio sea fiel y lealmente cumplido en todas sus partes. Este convenio sólo será extensivo a los mexicanos. Tan luego como sea ratificado por los jefes de ambas fuerzas, tendrá su puntual cumplimiento, quedando suspensas las hostilidades hasta las seis de la mañana del 27, tiempo que se calcula para que quede ratificado”.

Urrea, temiendo ser perseguido, dejó el mando a Manuel Andrade, quien ratificó el acuerdo. Valencia, escribirá en su parte oficial: “a las seis de la mañana del 27, ratifiqué las bases bajo las cuales se pusieron los enemigos a disposición del Supremo Gobierno, y al efecto evacuaron el Palacio para disponer de ellos en el punto que les señalé”.

El saldo es de más de novecientos muertos entre soldados y civiles cuyos cuerpos yacen por toda la ciudad siendo presa de los perros callejeros. Los partidarios del centralismo acusan a Bustamante de tratar con suavidad a los federalistas y proponen que Santa Anna regrese al poder.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.