Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

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ISBN 970-95193

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Jarauta, opositor a los Tratados de Guadalupe-Hidalgo, es fusilado en la mina de Valenciana.

19 de julio de 1848

Celedonio Domeco de Jarauta, quien comanda una guerrilla contra los invasores norteamericanos, es fusilado en las minas de La Valenciana, Guanajuato. Anastasio Bustamante, monárquico y usurpador, ordena en nombre de la República su fusilamiento por la espalda. Era “bajo de cuerpo y robusto, nariz aguileña y ojos foscos y encapotados”.

Domeco nace en 1814 en Zaragoza, España, donde toma el hábito de San Francisco y participa en la primera guerra carlista; viaja a La Habana y en 1844 se le concede una parroquia en Veracruz. Se seculariza en este puerto y obtiene del obispo Vázquez una parroquia en Puebla, que deja poco después para domiciliarse en el convento de la Merced de Veracruz. Por su carácter dominante deja el empleo de vicario y se convierte en el cura de moda como clérigo particular.

Al desembarcar los norteamericanos, de inmediato acude al llamado de la guerrilla y con algunos rancheros combate a los invasores en las playas de Collado. Es nombrado capellán del 2° Batallón de Infantería, al mando del coronel Arzamendi, y luego jefe del hospital de sangre. Al capitular el puerto, se dedica a interrumpir sus comunicaciones entre Jalapa y Veracruz. Asalta convoyes norteamericanos, intercepta correos y detiene destacamentos en la región veracruzana e hidalguense. En Huamantla  dirige la acción de guerra en que muere Sam H. Walker, jefe de los rangers de Texas, lo que obliga a los norteamericanos a organizar un cuerpo antiguerrilla en su contra. Se hace famoso y popular porque causa más estragos a los estadounidenses que los propios soldados de Santa Anna.

Cuando los invasores entran a la capital mexicana, abandonada por el general Santa Anna sin intentar luchar, Jarauta, al grito de ¡Viva México! ¡Mueran los yanquis!, encabeza la resistencia civil que durante tres días amaga a los norteamericanos y les causa numerosas bajas. Después se repliega a Tulancingo y Zacualtipán, en donde combate contra los estadounidenses enviados por el general Scott en su persecución.

Firmada la paz con Estados Unidos, Jarauta radica en Lagos de Moreno, Jalisco, donde el 1° de junio de 1848 lanza el plan revolucionario que lleva su nombre, en contra de los Tratados de Guadalupe-Hidalgo. Mariano Paredes se le une y el 15 de julio, también Manuel Doblado, que había votado en contra de esos Tratados: juntos marchan y ocupan la plaza de Guanajuato. Sostienen violentos combates con las tropas del general Anastasio Bustamante. El 18 del mismo mes, Jarauta sale de Guanajuato hacia Mellado y Valenciana con cincuenta hombres, y mientras reconoce el terreno, es sorprendido y aprehendido. Paredes y Doblado logran escapar. Presentado al general Cortázar, es remitido al general Bustamante y éste ordena su fusilamiento.

Su lucha será continuada por Joaquín Murrieta, sonorense que se había unido a Jarauta, tras de que su esposa fue violada y asesinada por la soldadesca norteamericana. Entre 1849 y 1853, Murrieta operará en la zona minera de California ya arrebatada a México: asaltará diligencias, tomará poblaciones ubicadas en la nueva frontera, robará conductas transportadoras de oro y plata. Encarnará el dolor, la rabia y la impotencia de los derrotados. Hará justicia con su propia mano y repartirá el fruto de sus atracos entre los mexicanos condenados a la miseria al ser despojados de sus bienes. Se ganará el nombre de “El Patrio”, pero su lucha terminará con una traición que hará posible su asesinato manos del capitán Harry Love y que su cabeza sea exhibida en un establecimiento de las calles de San Francisco, California, antes territorio mexicano.

En 1853, hipócritamente, Santa Anna emitirá un decreto para honrar la memoria del padre Celedonio Domeco de Jarauta.

Doralicia Carmona. MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.