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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Raousset ocupa Guaymas, pretende apoderarse de Sonora para establecer un gobierno autónomo.

Julio 13 de 1854

 

El filibustero francés conde de Raousset-Boulbon al mando de cuatrocientos hombres ataca el puerto de Guaymas, pero es derrotado por el comandante militar de Sonora, general José María Yáñez.

Dos años antes, había creado la Compañía Restauradora de la Mina Arizona a invitación de la Casa Jecker, Torre y Compañía (CJT&C). Así logró obtener del presidente Mariano Arista, los derechos de explotación de dicha mina, además de $30,000 pesos de fondos de la CJT&C para organizar a 250 franceses para colonizar la zona. Al efecto se otorgó a los colonos la mitad de los terrenos y del oro y de la plata que se extrajera de dicha mina. Era obligación de De Raousset llevar a Guaymas una compañía francesa armada para la defensa de la mina. Uno de sus accionistas era Levasseur, ministro de Francia en México.

De Raousset-Bulbon regresó a San Francisco y reclutó 250 hombres fuertemente armados y desembarcó en Guaymas el 1 de junio de 1852. Alarmado, el general Miguel Blanco ordenó a los franceses que no fueran más allá de Guaymas. De manera subrepticia apareció la empresa competidora Compañía Bolton y Baron, propiedad de banqueros de San Francisco y apoyada por las autoridades civiles y militares locales que se decía la propietaria de la mina Arizona. De Raousset se sintió traicionadoy tras vencer muchos obstáculos pudo marchar a la mina, pero sujeto al requisito de desnacionalización para hacerse mexicanos.

Ante las desavenencias crecientes con los mexicanos, De Raousset tomó la ciudad de Hermosillo el 14 de octubre de 1852, al grito de ¡Vive la France! y portando una bandera con la inscripción Independencia de Sonora y apoyado por los colonos franceses que vieron en la separación de México la oportunidad de sacar ventajas personales. El general Blanco tuvo que abandonar la plaza y huir a galope a Ures. Cuando esto se supo en California, se aprestaron a venir en su ayuda cuatro o cinco mil aventureros. Diezmadas sus fuerzas y él mismo por la disentería, la ciudad fue evacuada casi de inmediato.

De Raousset marchó a Guaymas, en donde se rindió al general Blanco y aceptó regresar a San Francisco en noviembre de ese mismo año, al efecto le fueron proporcionados once mil dólares para la renta de un barco. La Compañía Restauradora fue disuelta. Se dice que de no haberse retirado habría recibido a miles de aventureros, pero no hubo tiempo porque la noticia de su rendición los desalentó. Así fracasó su primera expedición a Sonora.

El nuevo presidente de México, Antonio López de Santa Anna, vio con mucha reserva a este personaje, lo consideró peligroso; para tratar de neutralizarlo, por medio de la legación francesa hizo que se enterara que quería tratar con él un proyecto de colonización en la frontera del Norte y que se le otorgarían los recursos necesarios. De Raousset salió inmediatamente para la ciudad de México y urgió que se le diera dinero para establecer una colonia militar en Sonora y en otros departamentos fronterizos.

Cuando lo que se le ofreció fue el grado de coronel del ejército mexicano, se dio por ofendido y no sin participar en algunas conspiraciones contra Santa Anna, salió de la capital hacia Acapulco, desde donde se embarcó a San Francisco, California. Ahí reclutó gente con la intención de realizar una nueva expedición. También hizo contacto con los franceses reclutados como soldados por el propio Santa Anna para defender Sonora de los apaches. Obsesionado por el creciente poderío de los Estados Unidos y la indiferencia de Francia respecto a México, en una carta escribió:

"De un día a otro, Sonora, Sinaloa, las altas y magníficas llanuras de Durango y de Chihuahua van a ser presa de los estadounidenses. Hay que prevenirlas. Echar en esta parte del Pacífico los fundamentos de un pueblo nuevo, es erigir una barrera, un poder rival que se prepara, y en un próximo futuro esta rivalidad podría ser el equilibrio del continente americano.
Nos escandalizamos en Europa de la expansión de los Estados Unidos, y tenemos razón. Si ellos no se dislocan, si no se eleva al lado de ellos un poder rival, por su comercio, por su fuerza naval, por su población, por su posición geográfica sobre ambos océanos, los Estados Unidos serán los verdaderos dueños del mundo. Dentro de diez años, no saldrá un cañonazo en Europa sin permiso de ellos.
No olvidemos que la independencia de Sonora sería proclamada por los sonorenses mismos; que yo desembarcaría en su país solo llamado por ellos. El país es tan rico que la emigración está segura. Unos años deben bastar para asegurar su independencia y ponerlo en condiciones de secundar la política europea. Tanto Francia, como España e Inglaterra estarían interesadas en este resultado. Que estas naciones no cuenten con México no parará nada, no impedirá nada. Ceguera, ignorancia, fanatismo, necedad, odio al extranjero, vicios inveterados, impotencia radical, esto es México, mi amigo. En el mismo momento cuando escribo esto, cincuenta estadounidenses intentan apoderarse de Baja California y van a tener éxito tal vez; esto es los Estados Unidos. Saca tú tus conclusiones..."

Los cónsules francés y mexicano, lograron frustrar sus planes por un tiempo, sólo lo desanimó la noticia de que Santa Anna vendería Sonora a Estados Unidos, pero al saber que era falsa continuó la organización de su pequeño ejército.

"México es un país donde la civilización puede entrar solo con violencia. Lo que Hernán Cortés hizo por el imperio de los aztecas, hay que empezarlo de nuevo hoy; hace falta que una raza más fuerte venga a tomar el lugar de los descendientes enervados de este gran hombre, mezcla impotente de dos razas también bastardeadas, los mestizos hispano-indios, peores que los pueblos que regaló a Carlos V".
Un pueblo no tiene derecho de dejar sus campos infecundos, sus minas enterradas, sus fronteras amuralladas; hay que perecer o andar con los siglos.
Aquí, millares de franceses languidecen en la miseria. Antiguos soldados, la mayoría, no teniendo la costumbre del trabajo, no ejerciendo ningún estado, no sirven para nada en la sociedad californiana, y sin embargo pueden devolver al mundo entero un servicio señalado abriendo a la industria de todos los pueblos este país cerrado, que, ciertamente, no tiene rival sobre el globo.
¿Se trata de empezar de nuevo las invasiones de la Edad Media, de robar y de masacrar, de gritar vœ victis, y de establecer la servidumbre? ¡Claro que no! Este abuso de la fuerza estará tal vez aún en nuestras costumbres, pero no en mi carácter. Mis hombres tendrán un sueldo y tierras; cada individuo se encontrará clasificado según su valor en la nueva patria. Ellos llevan con ellos la prosperidad y no la desolación. El pueblo de Sonora lo sabe bien; ellos están conmigo. Contra mí tengo a los grandes propietarios, a la oligarquía que estruja este desafortunado país, a los que sacan provecho de la explotación de los pobres diablos, y el que ven en la introducción de un elemento más iluminado el fin de su poder".

Finalmente De Raousset, emprendió una nueva invasión y en junio de 1854 llegó discretamente a Guaymas para sublevar a los colonos franceses y seducir a los soldados mexicanos. La idea era apoderarse del puerto, fortificarse y atraer refuerzos de California.

Tras varios días de preparación, y cuando las relaciones entre los franceses y los mexicanos eran cada vez más tirantes, Raousset ataca la guarnición militar de Guaymas en este día de julio. Antes había escrito: "Tengo la convicción que mi obra, el establecimiento de los franceses en Sonora, será solo el primer paso de Francia hacia la ocupación de este país magnífico"... El gobierno mexicano cree ver en mi empresa actos de piratería... Como extranjeros en Sonora no tenemos el derecho de tomar la iniciativa, aun cuando fuera por su propio bien: esta iniciativa pertenece a los habitantes. Entonces, ellos la han tomado y nos llaman; nuestro derecho es responder a esta llamada. Es pues a una revolución totalmente nacional a la que vamos a prestar el concurso de nuestras armas..."

El combate comienza a las cuatro de la tarde y dura más de tres horas en las principales calles, lo mismo a cañonazos y tiros de fusil, como a la bayoneta calada. A pesar de que las fuerzas mexicanas son escasas, con la participación de los pobladores de Guaymas y de las tribus locales, como los guaimas y yaquis, es posible enfrentar a los invasores. Se cuenta que uno de los defensores de Guaymas fue el yaqui Cajeme, quien años después encabezaría la rebelión de su tribu.

Derrotado, De Raousset se refugiará en el consulado francés, en donde será aprehendido. Un consejo de guerra juzgará y sentenciará a muerte al francés como conspirador y rebelde. A las seis de la mañana del 12 de agosto siguiente, será fusilado y sus restos sepultados en el cementerio local.

Charles René Gastón Gustave de Raousset-Boulbon nació en Aviñón el 5 de mayo de 1817, Fue un noble francés rural arruinado que intentó tener éxito económico como colonizador de tierras, primero en Argelia, África. Ahí fundó un diario que nombró La Libertad y trató de incursionar en la política sin buenos resultados. Ahí comenzó a escribir en apoyo al colonialismo.

Regresó a Paris, en donde lo sorprendió la revolución de 1848; después se fue en tercera clase de un vapor inglés a Estados Unidos, pasando por Panamá, a California, recién arrebatada a México.

Llegó el 22 de agosto de 1850 a San Francisco, y en vez de buscar oro, compró un barco para descargar los buques anclados en alta mar, negocio que al construir muelles se vino abajo, por lo que se mudó a Los Ángeles a comerciar ganado con muy poco éxito. Sin embargo, fue ahí en donde escuchó de las grandes riquezas de Sonora, que animaron sus sueños de colonialista francés.

Regresó a San Francisco y junto con el marqués de Pindray y un centenar de franceses fracasados y hartos de la vida que llevaban, desembarcó en Guaymas para ofrecer al gobierno mexicano protección a sus fronteras de los apaches y demás tribus indígenas. Obtuvo la concesión de colonizar el valle de Cocóspera cerca de Sáric. Pero sus aspiraciones no fueron satisfechas porque no se cumplieron las promesas que le había hecho el gobierno mexicano siempre en bancarrota. Además, Pindray murió asesinado o por su propia mano. Fue entonces que Raousset pensó en explotar la mina Arizona, a pesar de que estaba sujeta permanentemente a la amenaza de los apaches. Por eso viajó a la ciudad de México, en donde creó la Compañía Restauradora de la Mina Arizona.

Fue así como inició su contacto con México.

Para algunos historiadores, la pequeña tragedia colonialista de De Raousset-Boulbon anuncia lo que diez años después será una tragedia colonialista mayor: el Segundo Imperio Mexicano, a cuyo término, Maximiliano de Habsburgo, al igual que De Raousset, encontrará la muerte ante un pelotón de fusilamiento.

 

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.