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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Elecciones violentas: “Verdes” y “Rojos” se enfrentan durante la jornada electoral. Resultan numerosos muertos y heridos

7 de Julio de 1940

Partidarios de Ávila Camacho, “Verdes”; Juan Andrew Almazán, “Rojos” y de Rafael Sánchez Tapia, provocan muertos y heridos al ametrallar y atropellar filas de votantes, asaltar casillas y robar cientos de urnas. Tanto Ávila Camacho como Almazán dicen haber ganado.

Las pasiones de los “avilacamachistas” y “almazanistas” se habían desbordado desde la campaña, por lo que las autoridades habían anunciado que ejercerían una estricta vigilancia tanto en la capital de la República como en los Estados para evitar que fuera alterado el orden.

El 3 de julio pasado, en su carácter de simple ciudadano, el general Abelardo L. Rodríguez, expresidente de la República, dirigió a los candidatos, generales Manuel Ávila Camacho, Juan Andrew Almazán y Rafael Sánchez Tapia, la siguiente exhortación:

Ha llegado la hora de los sacrificios, muy especialmente para los pueblos débiles que aspiran a ser grandes y fuertes. México exige el sacrificio de sus hijos en aras de la Patria.”

Almazán responde al general Rodríguez: “Refiérome su atento mensaje de ayer. Siempre he tenido como norma de mi vida subordinar intereses personales y políticos al supremo interés de la Patria. En todos los casos seguiré la misma línea de conducta”.

El candidato Ávila Camacho, durante su gira electoral por la República condenó las pasiones y los ataques a sus enemigos políticos, y expresó que serenamente y confiado esperaba el día de las elecciones.

En vísperas de las elecciones, el presidente Cárdenas se dirigió a la Nación: “El Ejecutivo Federal ha reiterado en el curso de la campaña su posición desinteresada, obligando a sus colaboradores militares a separarse de sus cargos y garantizando a los empleados de base la expresión de sus simpatías electorales. Se ha exhortado a las autoridades de los Estados a otorgar amplias garantías a todos los electores y candidatos; cuidando que se cumplan las disposiciones de la Ley Electoral y obrando con un criterio de tolerancia, excesiva en muchos casos ante los desbordamientos de individuos o de grupos exaltados… y una vez que hayan cumplido los ciudadanos fielmente con sus deberes cívicos y pasados los instantes álgidos de la lid electoral, debemos contribuir a acallar los antagonismos surgidos por las discrepancias de hombres y de programas y pensar que, por encima de ellos, tenemos el deber de preocupamos por el mayor bienestar de la comunidad, y que al amparo de los nobles principios de justicia social, mantengamos la solidaridad de todos los mexicanos para cumplir con disciplina, cohesión y dignidad las obligaciones que la hora internacional nos imponga; y, con esta elevación de conducta, cualesquiera que sean los escollos que se presenten, sabremos sortearlos con éxito, confiados en que todos los buenos mexicanos lucharán sin escatimar intereses, bienestar y sacrificios, por afirmar y mantener incólumes la unidad y la independencia de México”...

Durante la jornada electoral las pasiones se desbordan a pesar de las medidas tomadas por las autoridades. Abundan los tiros, las palabras hirientes, las pedradas, los asaltos a las casillas por ambos bandos, resultando numerosos muertos y heridos. Al final del día, los almazanistas protestan ante el Procurador; los avilacamachistas proclaman su triunfo por abrumadora mayoría.

Después de las elecciones, el general Juan Andrew Almazán saldrá a Cuba, y allí pronunciará un discurso que la Comisión Permanente del Congreso de la Unión considerará subversivo:

“Amigas y amigos de todo México: Sólo estando ausente de mi patria he podido tener la satisfacción de hablar a ustedes por radio… Durante la reciente campaña electoral, como les consta a ustedes, se me impidió el uso de este medio moderno de difusión de ideas. Cumple a mi deber reiterar a mis compatriotas mis promesas, que serán puntualmente cumplidas, de que el 1º de diciembre protestaré como Presidente de la República acatando el mandato casi unánime de todos los electores... El pueblo acudió a las urnas y al expresar su voluntad puso en mis manos la bandera de la legalidad inobjetable, que sabré sostener… A la mujer mexicana que nos dio sin reservas su cooperación, su angustia y su fe; a todo el pueblo mexicano en cuyas manos están los destinos de nuestra nacionalidad. Que el pueblo de México sepa que sí cumplió con su deber ante las urnas electorales, yo sabré también cumplir inflexiblemente con mi compromiso”…

El 2 de septiembre siguiente, el general Almazán hará declaraciones en Nueva York en contra del gobierno de Cárdenas, quien responderá: “El brote en Chihuahua (en Pedernales) no tiene importancia. El gobierno no considera rebelde al general Almazán, sus partidarios, que han salido al extranjero por temer persecuciones, pueden regresar seguros de que tendrán amplias garantías”.

Sin embargo, el 19 de agosto pasado habían sido aprehendidos los generales Garro y Lizama, y el 10 de octubre, muerto el general Andrés Zarzosa en Monterrey, supuesto cabecilla de una sublevación almazanista.

El 26 de noviembre siguiente regresará a la ciudad de México el general Almazán y declarará que renuncia a la Presidencia de la República y se retira de la política.

Cuatro días después, el 30 de noviembre, serán aprehendidas las señoras María Luisa Merigat, Virginia Hernández de Bishap, Atilana Espinosa, Josefina Rubio Flores y Guillermina Hernández Gálvez, en una casa de la avenida Madero acusadas de preparar un atentado contra Ávila Camacho después de que rinda su protesta como presidente, a su paso de la Cámara de Diputados a Palacio Nacional.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.