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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Por ley se convoca a la nación a la defensa de la independencia nacional

4 de Junio de 1845

Ante la amenaza de la usurpación de Tejas, el presidente provisional José Joaquín de Herrera decreta la ley enviada por el Congreso. En la exposición de motivos se da cuenta que las cámaras de Estados Unidos han resuelto la incorporación de Tejas a su territorio y que este modo de apropiarse territorios, preparado desde hace mucho tiempo a pesar de las declaraciones norteamericanas de amistad, pone en peligro la soberanía de las naciones y la paz mundial, ataca los derechos de México sobre ese territorio y viola todos los tratados firmados, especialmente de límites, con los Estados Unidos: Por lo tanto, México tiene el derecho de usar todos los recursos disponibles para impedir este despojo injusto. En consecuencia, la ley dispone:

“Artículo 1. La nación mexicana convoca a todos sus hijos a la defensa de la independencia nacional, amenazada por la usurpación del territorio de Tejas, que se intenta realizar con el decreto de agregación dado por las cámaras, y sancionado por el presidente de los Estados Unidos del Norte.

Artículo 2. En consecuencia, el gobierno pondrá sobre las armas toda la fuerza del ejército, conforme a la autorización que le conceden las leyes vigentes, y para la conservación del orden público, sostén de las instituciones, y en caso necesario, servir de reserva al ejército; el gobierno, usando de la facultad que se le concedió en 9 de Diciembre de 1844, podrá levantar los cuerpos de que habla el mismo decreto, bajo el nombre de: Defensores de la independencia y de las leyes”.

Años antes, el presidente norteamericano Jackson se había declarado “neutral” durante la rebelión de los texanos, pero había permitido que entraran dinero, hombres y armas “para liberar a Texas” de México y en marzo de 1937 había reconocido la independencia texana. Lo mismo habían hecho Francia en 1839 e Inglaterra en 1840.

Después, el presidente norteamericano Tyler había patrocinado la anexión de Texas, pero en 1844 el senado la había rechazado, pues los estados norteños temían que con la incorporación aumentaran su poder los esclavistas estados sureños. Entonces presentó el asunto de la incorporación como un problema doméstico para que pudiera ser sometido a la resolución conjunta de ambas cámaras y aprobada por mayoría simple. Así se hizo el 1º de marzo pasado, ya siento presidente Polk, que en su campaña electoral había proclamado la “reanexión de Texas”.

Tras la derrota de Santa Anna, México, ocupado en la “guerra de los pasteles” contra Francia, había sido incapaz de mandar una nueva expedición que recuperara Texas y aunque se tenía conciencia de que ese territorio estaba prácticamente perdido, no aceptaba la pretensión de los texanos de fijar sus fronteras en el Río Grande y menos estaba de acuerdo con su anexión a los Estados Unidos. Al aprobarse la incorporación texana en las cámaras norteamericanas, México protestó y retiró a su embajador. También Inglaterra y Francia protestaron contra ella, para impedir la extensión de la esclavitud y el incremento de poderío estadounidense.

A partir de entonces, el presidente Herrera, con autorización del Congreso, ha intentado inútilmente de evitar la guerra con la colaboración de Francia e Inglaterra, mediante un tratado con Texas que reconozca su independencia con la única condición de que no se anexe a Estados Unidos.

Por su parte, el presidente Polk ha exagerado al máximo sus reclamaciones para que México no pueda pagarle más que con alguna porción de su territorio, y como parte del pueblo norteamericano no apoya la guerra contra los mexicanos, aparentará que México es el primero en romper las hostilidades, dándole con ello el derecho a los Estados Unidos de emprender una guerra defensiva y consumar la invasión.

En este contexto se expide la presente ley.

La guerra que vendrá es parte de la política expansionista de los Estados Unidos iniciada casi desde la independencia de las trece colonias originales. El despojo territorial a México es una operación encubierta, planeada y ejecutada con muchos años de anticipación.

Señala José María Roa Bárcena ("Recuerdos de la invasión norteamericana"): “Los Estados-Unidos comenzaron por dar gente, armas y recursos pecuniarios á los tejanos rebelados; siguieron por reconocer su independencia y admitir los cómo Estado en su Confederación; y acabaron por ensanchar las fronteras de Tejas para ponemos en el caso de resistir la invasión, y que esto les sirviera de pretextó para traer la guerra al interior de México y apoderarse de las demás partes de nuestro territorio que codiciaban”. Si así no hubiera sido, la guerra “no habría tenido lugar si el gobierno de los Estados-Unidos, una vez efectuada la absorción de Tejas, se hubiera limitado á defender su presa, no estando México en aptitud de ir á quitársela. Pero dicho gobierno codiciaba otra presa de igual o mucho mayor importancia, y era preciso, tras despojar á México de la primera, agredirle para obligarle á la propia defensa dentro de sus nuevas fronteras, determinando así el estado de guerra entre uno y otro país; y al amparo de tal situación y prevaliéndose de las ventajas que en la lucha obtiene forzosamente el fuerte sobre el débil, quitar nos todo el territorio que, además de Tejas, quedó en poder de la nación vecina en virtud del tratado de 1848”.

Obtenida la victoria, ocupado México por las tropas norteamericanas y en vísperas de las negociaciones de paz, el presidente Polk informará ya abiertamente, en diciembre de 1847, de sus verdaderas motivaciones. "Bien sabido es qué la única indemnización posible de parte de México a las justas y largo tiempo desatendidas reclamaciones de nuestros ciudadanos, y su único medio de reembolsar nos de los gastos de la guerra, consisten en la cesión de una parte de su territorio a los Estados-Unidos. México carece de dinero para pagar y de cualesquiera otros medíos de efectuar la indemnización exigida”.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.