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Se libra la Batalla del cerro del Telégrafo (Cerro Gordo) contra los invasores norteamericanos; Santa Anna sigue los pasos de quienes le abandonan.

Abril 18 de 1847

Combaten cerca de Jalapa las fuerzas norteamericanas de invasión al mando del general Scott y las fuerzas mexicanas al mando de López de Santa Anna.

Al amanecer de hoy, desde la “Atalaya” la artillería norteamericana abrió el fuego con piezas de grueso calibre y baterías de obuses de montaña sobre el “Telégrafo”, y sus columnas cargaron por diferentes puntos: la primera al mando del coronel Harney se dirigió al Telégrafo por su frente; la segunda, bajo las órdenes del coronel Riley, cargó sobre el mismo cerro por su izquierda o retaguardia y sobre el frente de la batería de reserva; y la tercera, al mando del general Shields, trazando una extensa curva, flanqueó esa batería, apoyando a la columna de Riley.

El general mexicano Ciriaco Vázquez muere en combate en el “Telégrafo”, lo que provoca la confusión de sus tropas, que emprendan la retirada en desorden, abandonando la posición al enemigo que había ascendido por la larga y áspera pendiente a pesar del fuego de artillería y fusilería que se le había hecho. Francisco Urquidi, ayudante de Santa Anna, relata que sobre la cumbre del cerro se veía, en medio de una columna de humo denso, una multitud de americanos “circundados de la rojiza luz de sus fuegos, dirigidos sobre la enorme masa de hombres que se precipitaba por la pendiente, cubriéndola como de una capa blanca, por el color de sus vestidos”. Según Urquidi, entre el humo y el fuego, sobre la faja azul que formaban los americanos alrededor de la cima del Telégrafo, flameaba aún nuestro pabellón abandonado y “desprendido con violencia entre la algazara y el estruendo de las armas de los vencedores, y los ayes lastimeros y la grita confusa de los vencidos”; pronto, en la misma asta, por la parte opuesta, se eleva el pabellón de las barras y estrellas, y por un instante flotan entrambos confundidos, cayendo, por fin, el nuestro a las diez de la mañana. El enemigo obliga a capitular al general Jarero. “La brigada de Arteaga, llegada fuera de tiempo de Jalapa, se envolvía con otros cuerpos en confusión, frente al cuartel general”.

La columna de Shields, atraviesa breñales y barrancas para acercarse a la batería de reserva. La caballería de Canalizo no puede atacarla porque lo impide el bosque y pronto vuelve grupas retirándose velozmente a Jalapa. Los artilleros de la batería de reserva, los coraceros de Velasco, que allí muere, Robles, Malagón, Argüelles y Holzinger hacen todavía valerosos esfuerzos de resistencia, pero sin resultado alguno. Antonio López de Santa Anna dice que ante la perspectiva de caer prisionero, prefiere seguir las huellas de los que lo abandonan.

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El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa