Marzo 14 de 1858
Aprehendido el presidente Benito Juárez y los miembros de su gabinete el día anterior en la ciudad de Guadalajara, irrumpen en el Palacio de Gobierno -donde se les tenía, el teniente Filomeno Bravo y veinticinco de sus soldados, quienes llevan el firme propósito de fusilarlos a todos.
Por la mañana de este día, Landa vio cómo se había debilitado su prestigio personal y su autoridad entre sus compañeros. A las nueve, la corneta tocó a parlamento, cesó el fuego y se abrieron las conferencias en San Agustín. Mientras esto ocurría, Cruz Aedo, con una columna de treinta hombres escogidos entre voluntarios, decidió asaltar el palacio. Marcharon “a la deshilada” y al llegar a la esquina de la cárcel, vieron que había un cañón custodiado por un centinela, se lanzan sobre la pieza para ronzarla y abrir fuego sobre el palacio; los muchos curiosos que estaban en la plaza huyeron lo que alertó a los pronunciados que salieron a los balcones y descargan la fusilería sobre la columna que retrocedió destrozada. Con los pocos que quedaban, Cruz Aedo se retiró a San Francisco.
Mientras tanto, Filomeno Bravo, quien el año anterior había sido el causante de la muerte del gobernador Manuel Álvarez y que en ese momento era el capitán de 5º Batallón y estaba a cargo de la guardia del presidente, escuchó el grito de “traición” y sin órdenes hizo tomar las armas a los soldados de la guardia los formó al frente de Juárez que de pie apoyaba la mano en el picaporte de la puerta que conducía a otra pieza, dio la voz de fuego, en aquel momento se presentó Guillermo Prieto que ante las bocas de los fusiles y cubriendo con su cuerpo al del Presidente, dirigió una sentidas palabras a los soldados: “¡Alto, los valientes no asesinan!... sois unos valientes, los valientes no asesinan, sois mexicanos, éste es el representante de la ley y de la patria”. Entonces, los soldados sin aguardar otra orden echaron sus armas al hombro y se quedaron impasibles. Sobre su discurso, Justo Sierra señala: “era el efecto, casi físico de aquella voz musical, comunicadora como ninguna de emoción, que estaba hecha para penetrar en el corazón del pueblo, de donde salían aquellos hombres”. Landa entró para reclamar la violación del armisticio, después de algunas explicaciones, quedó satisfecho y se retiró. La corneta volvió a tocar a parlamento y siguieron las negociaciones.
El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa
|