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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Con el objetivo de perseguir y capturar a Francisco Villa, el gobierno norteamericano decide enviar una expedición punitiva a México

10 de Marzo de 1916

El gabinete presidencial reunido, toma la decisión con la idea de “resguardar la frontera” y para acallar las críticas internas que reclaman y piden que México sea invadido, como consecuencia del reciente ataque de Villa a Columbus. El presidente Wilson, declaró a la prensa que enviaría una fuerza militar para perseguirlo y capturarlo, respetando la soberanía de México.

El ataque de Villa a Columbus sirve al gobierno de Estados Unidos de pretexto para presionar a Carranza para que restablezca el orden en el país y garantice las vidas y bienes a los extranjeros; y, aunque el Congreso autoriza el uso de la fuerza militar, Wilson no desea declarar la guerra a México, por eso decide enviar una expedición punitiva que elimine a Villa. Dicha expedición dirigida por el general Pershing -antiguo admirador y amigo de Villa-, e integrada por cinco mil hombres –luego serían diez mil-, penetra el 15 de marzo al territorio nacional, sin autorización.

Fernando Medina Ruiz (Francisco Villa: Cuando el Rencor Estalla), describe a la expedición: “El aparato de la expedición punitiva fue imponente. Digno de una de esas paradas que tan peculiar acento dan a las ciudades de Nueva York, Washington, Los Ángeles y Chicago; una división o poco menos de soldados norteamericanos selectos, al mando del futuro héroe de una contienda universal: caballería, infantería, artillería de montaña, servicios de transmisiones, de zapadores, de intendencia, de inteligencia y de sanidad militar; aviones que si no eran como los de hoy, sí resultaban demasiado para los pobres Dorados que no contaban sino con sus mal comidos rocines y sus carabinas historiadas; trenes más largos que espantasuegras, Estado Mayor, técnicos en fortificaciones, todo un cuerpo de oficiales de enlace y servicio de relaciones públicas; sabuesos y palomas mensajeras; dragones rubios e infantes negros, artilleros filipinos y portorriqueños; antiguos vagabundos del Bronx y gangsters dados de baja, lo mismo que extras de cine, sin empleo por el poco desarrollo del séptimo arte; periodistas y autores en embrión; novísimas máquinas de transmisión de noticias y cubiles para los concienzudos historiógrafos y cronistas de guerra; un almacén de cámaras fotográficas; girls que actuarían en los campamentos de la caravana singular, para hacer menos pesadas a los soldados las faenas de la guerra de exterminio contra Villa y sus guapos; cómicos, danzarines y tañedores de vihuela con amplísimo repertorio de cantos del Far West y de esa música que invita a la molicie y a la melancolía y que se toca en las riberas del Mississippi...”

“Todo cuanto en los Estados Unidos de América, país de vanguardia, creador de sistemas de vida, es susceptible de ser usado con fines bélicos o de propaganda, para reafirmar las instituciones o llenar los ocios de los charlistas en los clubes de banqueros y en los mentideros de Broadway y de Hollywood, fue convenientemente aderezado, ataviado y empacado, para que viniera a este México de nuestros amores, país de epopeya, tierra de dolor y de gesta, en pos del osado que había puesto un manchón sobre la ejemplar historia de la primera democracia del mundo...”

“Se cuenta que en la expedición punitiva llegaron hasta auténticos apaches y pieles rojas al mando de descendientes directos de los grandes jefes Caballo Blanco y Oso Sentado, con todo y sus vistosos plumajes, a cazar a flechazos al mexican bandit que, bien visto, no era acreedor a la distinción del plomo de los Winchester y los Mausser, sino al oprobio del pedernal y del afilado bambú... Y que, para el caso de que hubiera que permanecer por largo tiempo en Chihuahua y Durango, los artistas se aprestaban a diseñar un nuevo pabellón de las barras y las estrellas, con dos estrellas más... […] soldados del tío Samuel que esperaban pacificar y hasta civilizar esas tierras broncas, mexicanas hasta la pared de enfrente, infestadas a la sazón por el aliento luciferino de quien antes era honrado por los generales norteamericanos, Pershing entre ellos, y tenido nada menos que como the mexican Bonaparte...”

“Alguna vez, llevados de la mano por doña casualidad, los expedicionarios tropezaron con alguno de los hombres de Villa por el rumbo de Ciudad Guerrero, allá hacia Babícora, que ya era terreno yanqui por tener en él sentados sus reales la ilustre familia de William Randolph Hearst... […]”.

Pere Foix (Pancho Villa.), refiere: “El Gobierno de Wilson protestó enérgicamente ante el Gobierno de Carranza y en una de las notas que Washington envió a México, anunció que se procederla a organizar una expedición norteamericana, la cual penetraría en territorio mexicano para ir en persecución del bandido Pancho Villa y fusilarlo en donde lo encontraran, sin formación de causa. Y el 15 de marzo de 1916, las tropas norteamericanas, en número de diez mil hombres al frente de los cuales iba el general John J. Pershing, cruzaron la frontera mexicana. […] no tardó Carranza en apercibirse de la gravedad de la incursión norteamericana y envió a la Casa Blanca otra nota, muy enérgica por cierto, protestando de lo que calificaba de invasión sin precedente entre dos países amigos, y pedía el retiro inmediato de las tropas norteamericanas del territorio mexicano. Wilson contestó que la expedición punitiva era el único medio de calmar a los indignados norteamericanos, en el momento en que multitud de sus connacionales le apremiaban a declarar la guerra a México, y la expedición punitiva debía ser aceptada como mal menor. […] Los norteamericanos pusieron precio a la cabeza de Pancho Villa; cien mil dólares a quien lo entregara vivo o muerto.”

Venustiano Carranza se prepara por si es declarada una guerra, protesta enérgicamente contra la invasión y exige el retiro de la expedición. Propone un acuerdo para proteger la frontera, en el que se permitiría el paso recíproco de tropas en persecución y castigo de asaltantes en una zona de sesenta kilómetros hacia ambos lados más allá de la cual no podían avanzar las tropas y limita cualquier expedición a mil hombres como máximo durante cinco días. No hay acuerdo pues Estados Unidos quiere que no se incluya en él expedición de Pershing.

Por más de diez meses Pershing busca a Villa. Ocurren dos enfrentamientos con fuerzas ajenas al villismo. Franck Tompkins, jefe de una de las columnas de la expedición punitiva, (Chasing Villa: The Story behind the Story of Pershing's Expedition into México), dice: “Los mexicanos se negaban a vender forrajes y provisiones a pesar de que eran pagados a precios excesivos; los guías extraviaban las columnas y en algunas poblaciones, las fuerzas americanas eran recibidas al grito de ¡Viva Villa!

El Departamento de Estado ordena a los norteamericanos regresar, prohíbe la exportación de armas; el 18 de junio Wilson llama a la Guardia Nacional para servicio en la frontera. Carranza, exige a Estados Unidos el inmediato retiro de sus tropas y ordena a los jefes en la zona fronteriza que respondan con violencia si tropas norteamericanas pasan a territorio nacional; además, informa a los gobiernos de los países latinoamericanos que el de Estados Unidos busca pretextos para intervenir en México.

Álvaro Obregón, y Hugh L. Scott negocian directamente del 29 de abril al 11 de mayo para evitar la guerra: Estados Unidos se niega a fijar la fecha del retiro de la expedición punitiva; finalmente, del 6 de septiembre de 1916 al 15 de enero de 1917 hay otras negociaciones en New London, Atlantic City y Filadelfia: Estados Unidos pretende influir en los asuntos internos del país (en Querétaro, el Congreso, discute la nueva Constitución); tratando de imponer condiciones que incluyen la tolerancia religiosa; los delegados de Carranza se niegan a discutir otra cosa que no sea el retiro de la expedición punitiva. Refiere Foix: “La prensa de Nueva York ya empezaba a censurar al general Pershing y de manera particularmente ruda cuando los telegramas de México daban cuenta de las incursiones villistas a importantes poblaciones, sin que los norteamericanos pudieran apresar al temible guerrillero. Y en vista del fracaso de la expedición, con intento de salvar, en lo posible, el prestigio del general Pershing, el Presidente Wilson ordenó la repatriación del cuerpo de ejército expedicionario”. Así, el 15 de enero de 1917, Wilson ordena el retiro de la expedición y reconoce al gobierno de Carranza; esto, debido a la inminente entrada de Estados Unidos en la Guerra Mundial y por el temor de que Alemania apoyara a México.

Posterior al retiro de la expedición, hay una concentración villista. Carranza había enviado un telegrama al jefe de operaciones militares del Estado de Durango: “Precise usted en dónde está Francisco Villa.” Cuando recibió la respuesta, Carranza encolerizó: “Señor, tengo el honor de comunicarle que Francisco Villa, según informes verídicos llegados a esta Comandancia Militar, ahora se encuentra en todas partes y en ninguna.” Después se enteró que su telegrama había sido interceptado por los villistas y que la contestación la había dictado el propio Villa.

Uno de los resultados de este hecho, es que Villa se convierte en símbolo popular de la resistencia nacional contra los norteamericanos.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.