10 de Marzo de 1916
El gabinete presidencial reunido, toma la decisión con la idea de “resguardar la frontera” y para acallar las críticas internas que reclaman y piden que México sea invadido, como consecuencia del reciente ataque de Villa a Columbus. El presidente Wilson, declaró a la prensa que enviaría una fuerza militar para perseguirlo y capturarlo, respetando la soberanía de México.
El ataque de Villa a Columbus sirve al gobierno de Estados Unidos de pretexto para presionar a Carranza para que restablezca el orden en el país y garantice las vidas y bienes a los extranjeros; y, aunque el Congreso autoriza el uso de la fuerza militar, Wilson no desea declarar la guerra a México, por eso decide enviar una expedición punitiva que elimine a Villa. Dicha expedición dirigida por el general Pershing -antiguo admirador y amigo de Villa-, e integrada por cinco mil hombres –luego serían diez mil-, penetra el 15 de marzo al territorio nacional, sin autorización.
Fernando Medina Ruiz (Francisco Villa: Cuando el Rencor Estalla), describe a la expedición: “El aparato de la expedición punitiva fue imponente. Digno de una de esas paradas que tan peculiar acento dan a las ciudades de Nueva York, Washington, Los Ángeles y Chicago; una división o poco menos de soldados norteamericanos selectos, al mando del futuro héroe de una contienda universal: caballería, infantería, artillería de montaña, servicios de transmisiones, de zapadores, de intendencia, de inteligencia y de sanidad militar; aviones que si no eran como los de hoy, sí resultaban demasiado para los pobres Dorados que no contaban sino con sus mal comidos rocines y sus carabinas historiadas; trenes más largos que espantasuegras, Estado Mayor, técnicos en fortificaciones, todo un cuerpo de oficiales de enlace y servicio de relaciones públicas; sabuesos y palomas mensajeras; dragones rubios e infantes negros, artilleros filipinos y portorriqueños; antiguos vagabundos del Bronx y gangsters dados de baja, lo mismo que extras de cine, sin empleo por el poco desarrollo del séptimo arte; periodistas y autores en embrión; novísimas máquinas de transmisión de noticias y cubiles para los concienzudos historiógrafos y cronistas de guerra; un almacén de cámaras fotográficas; girls que actuarían en los campamentos de la caravana singular, para hacer menos pesadas a los soldados las faenas de la guerra de exterminio contra Villa y sus guapos; cómicos, danzarines y tañedores de vihuela con amplísimo repertorio de cantos del Far West y de esa música que invita a la molicie y a la melancolía y que se toca en las riberas del Mississippi...”
El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa
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