Home Page Image

Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

El contenido de la Memoria está a disposición como apoyo didáctico para los docentes de historia. Solicítelo en el siguiente enlace:

Solicitud de Descarga

Contacto:
MemoriaPoliticadeMexico@gmail.com

 
 
 
 
 

 


 


Rebelión de los “Polkos”: les parece injusto que personas acomodadas sean expuestas a contratiempos en las campañas para defender el país.

Febrero 26 de 1847


Los “Polkos” se pronuncian en contra del gobierno de Valentín Gómez Farías, presidente sustituto de Antonio López de Santa Anna. El hecho ocurre mientras el país está siendo invadido por los Estados Unidos. Matías de la Peña Barragán, se subleva en protesta por el decreto de ocupación de los bienes de la iglesia para obtener recursos para sostener la guerra contra los invasores norteamericanos. La Iglesia había colaborado antes con el gobierno porque temía que los norteamericanos impusieran la libertad de cultos.

El “Plan para la Restauración de los Verdaderos Principios Federativos”, exige la derogación de dicha ley y el regreso de Santa Anna a la presidencia. Los batallones de “polkos” son comandados por oficiales surgidos de las clases acomodadas y se les llama así, porque sus jefes son aficionados a bailar polkas, baile de moda; pero también, por su actitud ante la invasión, ya que son partidarios del presidente Polk de los Estados Unidos, de quien se dice recibieron no menos de cincuenta mil dólares para estallar su movimiento. Tiene éxito la recomendación del presidente Polk a sus jefes militares en campaña contra México, de alentar sublevaciones militares e indígenas (como sucedió en Xichú y otros pueblos), de promover el alejamiento de la población de su gobierno y de incitar a la gente a adoptar una actitud neutral ante la invasión norteamericana.

El 18 de diciembre de 1821 la Junta Provisional Gubernativa había dispuesto que las temporalidades de las religiones de reciente supresión fueran entregadas al Ayuntamiento de México; el primer Congreso General Constituyente, en marzo de 1822, vendió bienes de temporalidades para cubrir urgencias del erario; el 5 de mayo de 1823, los bienes de la Inquisición y de otras comunidades sufrieron la misma suerte; Santa Anna, el 1º de julio de 1843, mandó que “capitales y bienes raíces de toda clase que se administran por la jurisdicción episcopal, no se puedan vender ni enajenar sin previa licencia del Supremo Gobierno, dejando para la pura administración de esos bienes expedita la autoridad diocesana, con arreglo á los cánones de la Iglesia y á las leyes nacionales.” El 16 de octubre de 1843 Manuel de la Peña y Peña demostró jurídicamente que el gobierno en uso de la soberanía temporal que corresponde a la nación sobre los bienes todos en su territorio, tenía autoridad competente para prohibir la venta de las alhajas de oro y plata de las iglesias nacionales.

Así, el gobierno de Valentín Gómez Farías, hacía uso de sus facultades cuando el 11 de enero de 1847 decreta la ocupación de los bienes de manos muertas, para destinarlas al auxilio de las tropas que defendían el territorio nacional. Las corporaciones eclesiásticas se resisten a entregar al gobierno los títulos de las fincas; el gobierno encarga al gobernador del Distrito que adquiera los títulos, Juan José Baz procedió incontinenti a ejecutar lo mandado; en respuesta, el clero se propuso quitar a Gómez Farías del poder.

A partir de entonces circulan rumores de la poca confiabilidad de los batallones de cívicos Independencia y Victoria -integrados por “médicos, abogados, comerciantes, almacenistas y personas de cierta posición social, considerados como aristócratas, combatidos desde su fundación por los cuerpos populares”. […] Los escapularios, las medallas, las cintas y las reliquias, en docenas pendían del cuello de los pronunciados, especialmente de los de la sibarita y muelle juventud que formaba la clase de nuestros elegantes, denominados polkos”.

Después de un incidente en que los miembros de los batallones se dan por ofendidos porque “se duda de su lealtad”, inician abiertamente la sedición.

A las once de la noche del 26 de febrero, los regimientos Independencia y el Hidalgo, el batallón Victoria y parte de los cuerpos de Mina, de Zapadores y de Chalchicomula, a las órdenes todos del general Matías de la Peña y Barragán, proclaman un plan redactado por unos individuos del Cabildo y por Anzorena que llamaron para la restauración de los verdaderos principios federativos. Esta proclama anuncia la rebelión de los Polkos que pretenden declarar cesantes en sus funciones los poderes generales Legislativo y Ejecutivo en ejercicio, por haber desmerecido la confianza nacional (Ver documento), y crea una administración provisional, encomendada al presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Al día siguiente, 27 de febrero, Gómez Farias. Vicepresidente interino en ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, será informado por el Ministro de Guerra que las fuerzas americanas tienen la intención de apoderarse de Tuxpan y Veracruz, y que al disponer la marcha de la división de Oriente que debía salir a encontrar al enemigo, el batallón de guardia nacional Independencia, “que en unión de otros permanentes estaba prevenido que saliera á su destino, dicho cuerpo de la guardia nacional, faltando á sus deberes y haciendo causa común con otros cuerpos de la referida guardia, tomó una actitud hostil... que se han negado a marchar aduciendo que parecía injusto hacer salir á campaña á personas acomodadas que en la capital dejarían expuestas á contratiempos y escaseces á sus familias”.

El cónsul norteamericano Black John escribe acerca del suceso: “¿Qué pueden pensar las naciones extranjeras de esta gente, que bajo ninguna circunstancia deja de entregarse a luchas civiles para aniquilarse recíprocamente, no obstante que más de la mitad de su país se encuentra ocupado por fuerzas extranjeras, y la otra en peligro de correr la misma suerte? Su conducta los exhibe como incapaces, tanto para gobernarse por sí mismos, como para ser gobernados por los demás, aunque su proceder los arrastra a este último destino, hasta el grado de que, si persisten un poco más, no dejarán otra alternativa a nuestro país que someterlos a su protección paternal.”

El general Valentín Canalizo, quedará al mando de las tropas (dispone de 800 elementos en la Ciudadela al mando del general Rangel: el 6º de infantería permanente, el escuadrón de Oaxaca y los cuerpos fieles de la Guardia Nacional) y emitirá una proclama: “Compañeros de armas: Parte de la Guardia Nacional se ha alzado contra la República en los críticos momentos en que su suerte se decide en la frontera. Después que nuestro ejército afronta los peligros, la traición y la cobardía se esmeran en proclamar la anarquía para buscar á México un funesto destino. Se acaba de establecer el orden y se proclama el desorden: apenas es derribada la facción monarquista, y ya levanta la cabeza; se necesita reforzar á Veracruz y los miserables que tienen miedo de presentarse ante los enemigos exteriores, tienen la osadía de provocar á una guerra fratricida. Ahogarla en su cuna es nuestro deber, y á cumplirlo os exhorta vuestro sincero amigo. —México, Febrero 27 de 1847. —Valentín Canalizo."

Mientras tanto, en el Congreso dividido, de inmediato los diputados se entramparán en violentas discusiones: se apodarán con epítetos de traidores, perversos, corrompidos y otros… El clero financia la guerra civil de modo que los pronunciados están bien pertrechados mientras que los han ido a Veracruz a combatir a los ejércitos invasores de Estados Unidos, padecen por falta de provisiones. “A los once días de tiroteo, el 9 de marzo, existían en las arcas de los pronunciados noventa y tres mil pesos, pagados todos sus gastos, que eran exorbitantes”.

Por su parte, Gómez Farías “privado de todo, con un puñado de hombres del pueblo, luchando contra las más poderosas é influyentes clases de la sociedad, luchando contra el Congreso mismo y reducido á la última extremidad, no desmintió ni un solo momento su carácter”, enfrentará la rebelión.

Entre el 13 y 14 de marzo, los polkos se percatarán que el pueblo no toma la parte en su revuelta pese a las prédicas e incitaciones del clero; además, ellos mismos están divididos, razón por la que tienen que modificar su plan que el 9 de marzo quedará reducido únicamente pedir la separación de Gómez Farias; “los días pasaban sin que se pudiese derribar al gobierno, y las masas del pueblo, no tan fanatizadas como se las suponía, no se adherían al grupo de personas llamadas honradas y decentes por ellas mismas y aristócratas por las demás: estaban, pues, en ridículo y en falsa posición, no bastándoles su celebrado prestigio para derribar á un hombre que sin recursos, sin elementos, los mantenía, no obstante, a raya en los mismos edificios, torres y trincheras que ocuparon ó formaron por sorpresa en el día de su alzamiento”. Ante tal situación, el clero tratará de forzar a los pronunciados, retirándoles los recursos si no incluían la derogación de las leyes. Los polkos no aceptarán.

Uno de los polkos, se entrevistará con el deán Irisarri quien le dirá que dado que había comenzado a correr mucha sangre, “no le era permitido al clero ministrar ni un solo peso, por el justo temor de incurrir en irregularidad.” Dejémonos de hipocresías, señor arzobispo, -dirá el representante de los polkos- […] “siendo ustedes los que han fraguado esta revolución y protegídola con el dinero que dieron para ella, ustedes son los que han hecho correr la sangre que se ha vertido”. El polko imperioso le intimará que “si para las doce de la mañana de aquel mismo día no estaba en su poder el dinero que le exigía, abandonarían sus cuarteles y se trasladarían á Tacubaya, para arreglar con el gobierno su sumisión, dejándolos abandonados á los recursos de los polkos”. El deán entregará el dinero que prolongará la guerra que muchas bajas civiles ha causado: “[…] hemos presenciado que al disparar los fusiles, por cubrirse los que los dirigen, absolutamente no se cuidan de apuntar... Tal vez ninguna víctima de la venganza, pero sí casi todas de la imprudencia, están cayendo hora por hora hombres, mujeres y niños, bárbaramente despedazados”

Entretanto, comenzarán a llegar noticias de la lucha sostenida contra los invasores norteamericanos, de la Batalla de la Angostura y de Veracruz, referirá Juan Bautista Morales: “[…] “Un puñado de valientes, descalzos, mal vestidos, pero sin más afecciones que las que inspira el verdadero patriotismo, son todos mis recursos: los elementos que pudieran cooperar á un absoluto triunfo se me han escaseado, mientras más afanosamente los he pedido: entretanto, en esa capital la discordia civil hace derramar la sangre de los que podrían verterla honoríficamente en defensa de la patria”.

El 9 de marzo el Congreso expedirá un manifiesto por el que llama a Antonio López de Santa Anna para que se encargue de la presidencia interina para la que estaba electo. De esta manera Santa Anna se beneficiará de la rebelión de los polkos: él llega el 21 de marzo, en la villa de Guadalupe se reunirá con una comisión del Congreso que le tomará juramento como Presidente interino de la República; dos días después, entrará a la ciudad de México. Por no estar de acuerdo, el gobernador del Distrito Juan José Baz se despedirá de Santa Anna: “Hay un partido artero y mañoso que asesinó á Guerrero y á Iturbide: ese partido, tomando mil formas y diversos pretextos, busca con ansia una nueva víctima […].Yo no puedo felicitar á V. E. porque V. E. y la libertad están en inminente peligro. Me retiro á mi casa en este momento porque V. E. se ha entregado voluntariamente á sus enemigos, y sólo le pido, en premio de mis cortas fatigas y de mi amor ardiente á la libertad, que me llame á su lado cuando marche á batir á los yankees á las ardientes playas de Veracruz.”

Santa Anna pedirá al jefe de los polkos y a Canalizo, se pongan de acuerdo y ordenen a sus tropas volver a los cuarteles. Reunidos Canalizo y Peña Barragán convendrán acabar la guerra civil en los siguientes términos: liberar a los presos de uno y otro bando; demoler trincheras y fortificaciones, volver a los cuarteles, los paisanos irán a sus casas desarmados; los cuerpos rurales o de guardia nacional procedentes de puntos de fuera de la capital regresarán a sus pueblos. El 28 de marzo, saldrán con dirección a Veracruz los granaderos de la guardia de Supremos Poderes, el 6º regimiento infantería, el batallón Libertad, el de Galeana, el ligero de caballería, el fijo de México y algunas piezas de artillería.

Santa Anna, en su versatilidad política, romperá con los puros y los polkos se declararán a sí mismos vencedores

Por otra parte, el asunto de la ocupación de los bienes eclesiásticos, que había sido el origen del levantamiento de los polkos, sin resolverse aún, seguirá siendo tema de discusión en el Congreso, bajo las mismas formas que antes habían causado tantos alborotos, pero ahora sobre cantidades mayores (veinte millones) que deberán sacarse de los bienes eclesiásticos…

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.