Febrero 5 de 1857
El acto de promulgación de la Constitución de 1857, es realizado en el abarrotado salón de sesiones del Congreso ubicado en Palacio Nacional. El recinto, lleno de curiosos arremolinados en pasillos y escaleras, hacen total silencio cuando el vicepresidente del congreso, León Guzmán, abre la sesión y cede la palabra a José María Mata, quien lee el texto y más de noventa diputados, conforme escuchan el nombre de su estado, pasan a firmarla. Zarco refiere que la ceremonia de inauguración tuvo un momento de emoción profunda cuando el presidente del congreso, Valentín Gómez Farías, anciano enfermo de casi 76 años, “patriarca de la libertad de México, prestando el apoyo moral de su nombre y de su gloria al nuevo código político”, se levanta de su escaño y ayudado por varios diputados, llega al centro del salón, se arrodilla delante del evangelio y jura la nueva Ley. Después, todos, de pie y con el brazo extendido, responden a la pregunta de si juran reconocer, guardar y hacer guardar la Constitución, con un enérgico y uniforme: ¡Sí, juramos!
Concluida la ceremonia, Zarco lee el manifiesto del Congreso (Ver documento) en el que refiere la situación extraordinaria en que la Cámara se había reunido y los obstáculos enfrentados, la guerra fratricida, el amago de la libertad; resume las bases establecidas en la Constitución y al hablar de las garantías individuales, señala: “La acta de derechos que va al frente de la Constitución, es un homenaje tributado en vuestro nombre, por vuestros legisladores, a los derechos imprescindibles de la humanidad. [...] La igualdad será de hoy mas, la gran ley en la República; no habrá más mérito que el de las virtudes; no manchará el territorio nacional la esclavitud, [...]; el domicilio será sagrado; la propiedad inviolable; el trabajo y la industria libres; la manifestación del pensamiento sin más trabas que el respeto a la moral, a la paz pública y a la vida privada; el tránsito, el movimiento, sin dificultades; el comercio, la agricultura, sin obstáculos; los negocios del Estado encaminados por los ciudadanos todos: no habrá leyes retroactivas, ni monopolios, ni prisiones arbitrarias, ni jueces especiales, ni confiscación de bienes, ni penas infamantes, ni se pagará por la justicia, ni se violará la correspondencia [...]. Tales son, conciudadanos, las garantías que el congreso creyó deber asegurar en la Constitución, para hacer efectiva la igualdad [...] para que las instituciones desciendan solícitas y bienhechoras hasta las clases más desvalidas y desgraciadas [...]”
Zarco, señala también en su discurso, que la federación es la fuerza de la República para sostener su independencia, símbolo de los principios democráticos; proclama la soberanía del pueblo, que todos los poderes se derivan del pueblo: “El pueblo se gobierna por el pueblo”. Señala también que el campo electoral está abierto a todas las aspiraciones y a todos los partidos y que el Congreso de la Unión, será el país por medio de sus delegados. Que la Constitución no está hecha para un partido, sino para el pueblo. Concluye Zarco llamando a la nueva Constitución la más democrática que ha tenido la República, y diciendo que así queda cumplida la promesa de la Revolución de Ayutla.
Después, una comisión anuncia al presidente sustituto de la República, Comonfort, quien acompañado de su ministerio, jura la Constitución. Y lee un pequeño (Ver documento) discurso. León Guzmán responde a ese discurso con otro (Ver documento) y es levantada la sesión.
El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más verifique la Edición Completa
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