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Ernesto Zedillo Ponce de León asume la presidencia de la República para el periodo 1994-2000

1o. de Diciembre de 1994

Ernesto Zedillo Ponce de León, nacido en la ciudad de México el 27 de diciembre de 1951, en el seno de una familia de bajos recursos, graduado economista en el Instituto Politécnico Nacional y doctorado en la Universidad de Yale, exsecretario de Programación y Presupuesto y de Educación Pública, así como excoordinador de la campaña presidencial del Partido Revolucionario Institucional PRI, asume la presidencia de la República.

Designado candidato en sustitución del asesinado Luís Donaldo Colosio, realiza una deslucida campaña electoral improvisada por el corto tiempo disponible e intrascendente en medio de sucesos conmocionantes, como la rebelión zapatista. Con los lemas "Bienestar para tu familia y "Él sabe cómo hacerlo", que ante su falta de carisma pretende resaltarlo como buen administrador, Zedillo pierde el primer debate televisivo efectuado en México, después del cual se ve como seguro vencedor a Diego Fernández de Ceballos, candidato panista.

Sin embargo, Fernández de Cevallos baja extrañamente el ritmo de su exitosa campaña y en 38 de los 68 días restantes no hace un solo acto electoral. Esto permite que la estructura nacional del PRI se imponga y Zedillo finalmente triunfe, porque como señala Enrique Krauze (Los Sexenios) “representaba la certidumbre de la continuidad” (otros dijeron que fue el voto del miedo). Los resultados de los comicios realizados el 21 de agosto de 1994 fueron: PRI 17,160,011 votos (48.75%); PAN 9,142,679 (25.97%); y PRD 5,838,021 (16.59%). La mayor votación a favor de alguno del resto de los partidos no rebasó el porcentaje de votos nulos (2.81%). Zedillo será el último presidente del PRI en más de 70 años consecutivos.

Zedillo, con manifiesta ausencia de vocación política y con limitada experiencia ejecutiva, integrará su gabinete, mayoritariamente, con jóvenes tecnócratas inexpertos no militantes de partido alguno o abiertamente miembros de la oposición, como el procurador General de la República Fernando Antonio Lozano Gracia del Partido Acción Nacional. Errores cometidos por inexperiencia y falta de sensibilidad política harán que el gabinete de Zedillo sea el más inestable de toda la época moderna de México (25 cambios).

Su gobierno será la continuidad del salinismo, sin Salinas. La no ratificación del salinista Pedro Aspe como secretario de Hacienda, y la duda de los inversionistas de que los nuevos funcionarios hacendarios serán capaces de manejar la economía como lo habían hecho los salinistas, contribuirán a desencadenar la caída estrepitosa del peso, conocida como el “error de diciembre”, cuando en las primeras semanas de su gobierno, se registra una creciente pérdida de reservas en el Banco de México motivada por la sobrevaloración del peso y la acometida de los especuladores; de modo que el 22 de diciembre de 1994, Zedillo decidirá la libre flotación de la paridad peso-dólar, lo que provocará una fuga masiva de capitales especulativos y en menos de un año, el peso perderá el 60% de su valor. La inusitada gravedad de la crisis mexicana, hará que por primera vez en la historia, tenga también repercusiones en las bolsas de otros países en el llamado “efecto Tequila”.

Para enfrentar el derrumbe mexicano que amenaza a la economía mundial, el 21 de febrero siguiente, el sistema financiero internacional, coordinado por el FMI y dirigido por el Tesoro de Estados Unidos, aportará 51,000 millones de dólares. A cambio, el gobierno se obligará a implantar un plan de austeridad que comprende el alza de los impuestos indirectos (aumento del IVA del 10 al 15%) y de las tarifas de los servicios públicos, así como la contención de los salarios por debajo de los nuevos precios. Además tendrá que depositar en un banco norteamericano los ingresos de las ventas de petróleo. A pesar del empobrecimiento generalizado, el crédito de emergencia será reembolsado el 15 de enero de 1997, tres años antes del plazo establecido.

Como resultado del “error de diciembre”, durante 1995, el PIB tendrá un crecimiento negativo de -6,9% y la inflación llegará al 52%. El encarecimiento del dólar causará la quiebra de miles de empresas y agudizará el desempleo. Como muchos deudores se verán impedidos de pagar sus deudas y la mayoría de los bancos queda al borde de la quiebra, Zedillo comprará, sin autorización del Congreso, la cartera vencida con pagarés y los canalizará al Fondo Bancario de Protección al Ahorro FOBAPROA para apoyar a la banca nacional reprivatizada; el monto de aproximadamente 467,000 millones de pesos, (cifra equivalente al 40% del PIB de 1997, a las dos terceras partes del Presupuesto de Egresos de 1998 y el doble de la deuda pública interna) se convertirá en deuda pública con la aprobación del PRI y el PAN sin investigar ni castigar los malos manejos de los improvisados banqueros que adquirieron la banca poco años antes. “Fue el camino menos costoso”, dirá Zedillo. Los deudores se organizarán en asociaciones como El Barzón, pero la Suprema Corte declarará legal el pago de intereses sobre intereses bancarios. En su ayuda, Zedillo propondrá a los deudores de la banca reestructurar sus deudas por medio de unidades de inversión (Udis). Además, dada la ambigüedad de las leyes vigentes, Zedillo enviará una iniciativa para tipificar delitos de cuello blanco.

Por otra parte, Zedillo continuará la integración económica con los Estados Unidos mediante el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); el intercambio comercial crecerá y al final de su gobierno, México será el segundo socio comercial de Estados Unidos después de Canadá. Asimismo, será un gran receptor de la inversión extranjera en maquiladoras o empresas de ensamblaje de productos destinados a la exportación. Además, Zedillo firmará tratados de libre comercio bilaterales con Chile, Costa Rica, Bolivia y Nicaragua, entre otros; y en el último año de su gobierno, con la Unión Europea (UE).

Para atraer capital y fomentar el empleo, Zedillo repetirá la fórmula salinista de la privatización: venderá los ferrocarriles y las comunicaciones vía satélite; asimismo, concesionará a empresas privadas la administración de la mayor parte de los puertos marítimos y aéreos. Asimismo, promulgará la Ley de los sistemas de ahorro para el retiro que permitirá a operadoras financieras privadas nacionales y extranjeras, administrar con baja rentabilidad, las pensiones de millones de trabajadores mexicanos (Afores).

La economía reiniciará su recuperación a partir de 1996, aunque en septiembre de 1998 el peso sufrirá una nueva devaluación de 7.3 % como efecto de las crisis económicas de otros países.

En 1997 Zedillo contribuirá a la consolidación del monopolio de Televisa. A petición de Emilio Azcárraga Milmo, que vivía sus últimos días, ordenará a la Comisión Nacional Bancaria que insista a los bancos acreedores de esa empresa para que reestructuren sus deudas, de modo que Emilio Azcárraga Jean resulte accionista mayoritario y presida Televisa.

Al final del sexenio, la economía crecerá en promedio al 3.6% anual y la inflación al 22.1%; el comercio exterior llegará al 42% del PIB; los salarios reales bajarán casi el 25%; y los gastos en educación, salud y subsidios alimentarios decrecerán no menos de 6%, 7% y 10%, respectivamente para ser canalizados en su mayor parte (más de siete mil millones de pesos) al programa PROGRESA, en que se convertirá el anterior programa clientelar salinista llamado SOLIDARIDAD. Asimismo, más de siete millones de mexicanos estarán ocupados en el sector informal y unos cuatro millones sufrirán el desempleo abierto, de modo que el déficit ocupacional aumentará en 3.4 millones (35% de la población económicamente activa). La desigualdad y la concentración de la riqueza alcanzarán nuevos límites. Un 70% de la población estará en la pobreza y el 26% de estos pobres se encontrará en pobreza extrema; en contraste, aumentará el número y la fortuna de los pocos millonarios que resultarán favorecidos con el neoliberalismo.

En lo político, el gobierno zedillista romperá con su antecesor para librarse de su tutelaje. El acelerado desplome del peso, también resultado de la decisión de Salinas de no devaluar en año electoral para asegurar el triunfo de Zedillo, será cargado al expresidente. Zedillo iniciará una campaña de desprestigio del gobierno de Salinas, en primer lugar, para culparlo de la crisis económica y en segundo término, para exhibir su corrupción, mediante la puesta al descubierto de la cuantiosa fortuna acumulada por su hermano Raúl Salinas, acusado del asesinato de su cuñado José Francisco Ruiz Massieu. El éxito de la campaña antisalinista culminará con una huelga de hambre y el exilio voluntario del expresidente. “En México se acabó la impunidad”. Así, para Krauze, Zedillo romperá de este modo la regla de intocabilidad de los expresidentes y de sus familias que regía en el sistema político mexicano.

Zedillo tendrá una “sana distancia” con el Partido Revolucionario Institucional porque al afectarse las bases económicas del régimen priísta con su política neoliberal, perderá control sobre el priísmo; así se alejará del partido que lo llevó al poder. Sin embargo, mantendrá un férreo control sobre la cúpula del partido, lo que le permitirá entregar, pacíficamente, al término de su mandato, el poder presidencial a la oposición panista.

Para mantener su control y obligado por las circunstancias, removerá a diecisiete gobernadores de doce entidades federativas, número superior al destituido por el presidente Lázaro Cárdenas en 1935 para liberarse de la tutela del general Plutarco Elías Calles. Pero su poder se verá afectado cuando el gobernador tabasqueño Roberto Madrazo Pintado se niega a dejar su cargo a cambio de la secretaría de Educación Pública, para resolver la acusación de fraude electoral que le hizo el candidato derrotado Andrés Manuel López Obrador. A partir de entonces, se romperá la férrea autoridad presidencial y todos los gobernadores priístas dejarán de ser incondicionales del presidente como antes lo habían sido so pena de su remoción, y se esforzarán por desarrollar sus propias bases locales de poder. Zedillo tendrá que emplear otros recursos para que los gobernadores Rubén Figueroa, de Guerrero, acusado de complicidad en la matanza de Aguas Blancas, y Jorge Carrillo Olea, de Morelos, implicado en escandalosos actos delictivos, dejen sus puestos de elección popular. Por su parte, Manuel Bartlett, gobernador de Puebla, impondrá contra la voluntad de Zedillo, una ley estatal de distribución de recursos federales entre los municipios, que era fuertemente objetada por el PAN.

Los priístas recuperarán algo de su ideología de “nacionalismo revolucionario” contra el “liberalismo social” que había impulsado Salinas y le quitarán a Zedillo la posibilidad de escoger sucesor dentro de los miembros de su grupo cercano mediante la imposición de estrictos requisitos para aspirar a la candidatura presidencial de su partido. Sin embargo, Zedillo conservará el poder suficiente para imponer cambios en la dirigencia y nombrar a Francisco Labastida Ochoa como el candidato presidencial del PRI, sobre Roberto Madrazo y Manuel Barlett, también aspirantes a la candidatura.

En 1995, Zedillo suscribirá con los cuatro partidos representados en el Congreso (PRI, PAN, PRD y PT) un acuerdo para realizar una reforma electoral definitiva y terminar el problema de los conflictos postelectorales, la cual culminará con la aprobación unánime por el Congreso de la reforma de 19 artículos de la Constitución en 1996. Las elecciones de 1997 serán realizadas ya conforme a la nueva legislación y por un IFE sin injerencia del gobierno. El resultado será que por primera vez desde su nacimiento como PNR, el PRI perderá la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y tampoco tendrá en el Senado la mayoría de dos tercios necesaria para aprobar reformas constitucionales. El PAN ganará los gobiernos de Querétaro y Nuevo León, que se agregarán a los ya panistas de Guanajuato, Jalisco, Chihuahua y Baja California; y el PRD triunfará abrumadoramente en el Distrito Federal. En adelante, Zedillo se verá obligado a gobernar con la oposición legislativa, a la que ignoró y a cohabitar con el gobierno de Cárdenas en la capital de la República.

Zedillo no resolverá el problema de la guerrilla en Chiapas: romperá negociaciones con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional EZLN y fracasará en desacreditar y aprehender al subcomandante Marcos, cabecilla del mismo; aceptará la firma de los Acuerdos de San Andrés, pero los interpretará a su manera, lo que provocará el rechazo de los indígenas; no apoyará la iniciativa de ley indígena elaborada por la Comisión Parlamentaria de Concordia y Pacificación, COCOPA, porque implica “desunión” y “desintegración”; por lo que mantendrá el conflicto en suspenso, aunque continuará la militarización y el virtual estado de guerra en Chiapas. En este contexto tendrá lugar la matanza de Acteal, que quedará sin castigo. “Es lo más triste que ocurrió durante mi presidencia” declarará Zedillo.

La crisis agudizará la delincuencia, por lo que Zedillo creará la Policía Federal Preventiva PFP en enero de 1999, cuya acción inaugural será la toma de la Ciudad Universitaria para terminar la huelga estudiantil en la UNAM; “fue la aplicación irrestricta del estado de derecho” dirá Zedillo. La PFP será más un cuerpo paramilitar represor hacia la sociedad civil, que un órgano preventivo contra la delincuencia. Obviamente, este organismo no será capaz de enfrentar el creciente narcotráfico ni el fortalecimiento de los cacicazgos que usan impunemente la represión para acallar el descontento social, como sucederá en el sonado caso de la matanza de Aguas Blancas en el Estado de Guerrero, que quedará impune. Tampoco podrá impedir el surgimiento de nuevos grupos guerrilleros en las zonas más pauperizadas del país, como el Ejército Popular Revolucionario EPR.

Por otra parte, Zedillo reformará la ley para que sea el Senado a propuesta del Ejecutivo, el que designe al procurador general de la República, y el Consejo de la Judicatura, ya no la Suprema Corte, el que nombre a los ministros de circuito y de distrito.

En materia de relaciones internacionales, Zedillo reiniciará el viraje de la tradicional diplomacia mexicana no injerencista, al instar a Cuba a ampliar la “democracia” y “libertad” en la isla. Asimismo, promoverá una cumbre internacional especial contra la droga en 1998 y participará en las cumbres anuales de la Cooperación Económica de Asia-Pacifico (APEC), de la Comunidad Iberoamericana y del Grupo de Río.

Al final de su gobierno, el 1º de diciembre de 2000, Zedillo entregará la presidencia a Vicente Fox, candidato de oposición, no sin despertar la sospecha, sobre todo entre los priístas, de que traicionó a su propio partido y pactó la alternancia con los neopanistas cuando durante su campaña se vio superado por Diego Fernández de Ceballos. En contraste, para Enrique Krauze, junto con el pueblo, Zedillo “fue el artífice de nuestra transición democrática”.

Para Rogelio Hernández Rodríguez (Gobernantes Mexicanos): “En realidad, la generación que tomó el poder en 1982 y de la cual la presidencia de Zedillo es un ejemplo destacado, contribuyó al cambio más por los errores cometidos como resultado de su inexperiencia y sus prejuicios, que por deliberado propósito. En la crisis sistémica que llevó a la alternancia, la administración de Zedillo fue una parte sustantiva, no un factor que determinara el proceso.”

De cualquier manera, para bien o para mal, con la presidencia de Zedillo terminarán setenta y un años de gobiernos de un mismo partido: PNR, PRM y PRI.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO