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1o. de Diciembre de 1970
Su gobierno se caracterizará por una extraordinaria actividad personal y por la incorporación de jóvenes a destacados puestos gubernamentales para neutralizar la crítica al gobierno después de la huelga estudiantil de 1968. Su política de “apertura democrática” (para contener la agitación estudiantil y la creciente formación de guerrillas) lo conducirá a tratar de reformar las organizaciones políticas y sindicales.

A partir de su discurso de toma de posesión en que señala que “no es cierto que exista un dilema inevitable entre la expansión económica y la redistribución del ingreso”; comenzará sus diferencias y enfrentamientos con la iniciativa privada organizada, a cuyas reclamos responderá que “más que con críticas injustas al gobierno, los empresarios deberían estar recomendando a sus compañeros de asociación velar por los intereses patrios que representa cada industria nacional”.
A mitad de su periodo se exacerbará el conflicto con el Grupo Monterrey: “No basta con crear fábricas eficaces; es necesario canalizar los recursos económicos de los ricos y poderosos, de los banqueros e industriales de Monterrey, para resolver el problema de sus semejantes. Se dicen cristianos y no lo son porque no ayudan a sus semejantes, en muchas cosas podrían ayudarlos; se dicen cristianos y se dan golpes de pecho, lo cual es muy fácil, pero no establecen instituciones de desarrollo económico y en especial de los marginados de la zona metropolitana de Monterrey. Tienen malos consejeros que ven más al pasado que al futuro. Por eso, a veces, aunque crean industrias, son profundamente reaccionarios, enemigos del pueblo. Todavía, si dejan de escuchar a sus malos consejeros que son emisarios del pasado, tienen un camino abierto en esta sociedad de economía mixta”.
Contrariamente a los deseos de los empresarios, promoverá la intervención del Estado en todo tipo de actividad, por lo que realizará diversas nacionalizaciones, como la del cobre, y comprará empresas en quiebra para sostener el empleo; además, impulsará los ejidos colectivos y el reparto masivo de tierras, todo lo cual lo agravará el conflicto con los organismos de empresarios, especialmente al final de su periodo con motivo de la expropiación de cien mil hectáreas de los valles del Mayo y del Yaqui, hecho que desencadenará una campaña de desprestigio en su contra por parte de los poderes fácticos empresariales que lo etiquetarán de “populista”.
Para dar credibilidad a su política de apertura, realizará algunas medidas tendientes a mejorar la distribución del ingreso, pero al no efectuar una reforma fiscal que las sustentara, aumentó el gasto público de manera deficitaria. Su afán por cambiar el llamado modelo de “desarrollo estabilizador”, el crecimiento acelerado de la inversión y obra pública, el incremento de la deuda externa y la coyuntura económica internacional desfavorable, lo conducirá a una grave crisis económica, que lo obligará a devaluar el peso frente al dólar un 40% el 1º de septiembre de 1976.
Creará los Estados de Baja California Sur y Quintana Roo, el INFONAVIT, el Instituto Mexicano de Comercio Exterior, la Universidad Autónoma Metropolitana y el Colegio de Bachilleres.

Su política internacional le hará realizar 40 visitas de Estado a diversos países; apoyar a la República Española, a Fidel Castro y a Salvador Allende; y obtener la aprobación de la ONU de su Carta de los Deberes y Derechos Económicos de los Estados; participará en la fundación del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), organismo regional destinado a fomentar el desarrollo independiente de los países de la región; y dará asilo a refugiados chilenos perseguidos por Pinochet, así como a otros exiliados políticos.
Durante su gobierno tendrá lugar la matanza del 10 de junio de 1971 y la “guerra sucia” contra los grupos guerrilleros rurales y urbanos, en la que morirán Genaro Vázquez y Lucio Cabañas.

Su periodo terminará en medio de la crisis económica y la incertidumbre política. Escribe Lorenzo Meyer (Una Historia Contemporánea de México): “Con la crisis de 1976 se fue por la borda la política económica seguida desde mediados de siglo, en la que el gasto público era el motor del crecimiento. Igualmente pareció enterrarse la idea de hacer de México un país líder del ’tercer mundo’, como lo había pretendido el presidente Echeverría, viajero incansable, crítico un tanto confuso del ‘imperialismo’ a lo largo de todo su sexenio y autor de la iniciativa de la Carta de derechos y deberes económicos de los Estados adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas contra la voluntad de los países más desarrollados.”
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.
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