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San Juan de Ulúa, último reducto español en México, capitula ante el general Miguel Barragán

18 de Noviembre de 1825

La guarnición española del Castillo de San Juan de Ulúa, último reducto español en México, firma la capitulación ante el comandante militar y gobernador de Veracruz, general Miguel Barragán.

San Juan de Ulúa es una isleta ubicada frente al puerto de Veracruz. Durante el virreinato fue construida una fortaleza con las instalaciones propias para el desembarco de mercancías provenientes de España.

A pesar de haber sido consumada la independencia de México, San Juan de Ulúa se mantuvo como el único territorio de la anterior Nueva España, que seguía en manos de los peninsulares. En 1821, el encargado fue el general José Dávila, luego fue el general Francisco Lemour quien lo entregó al brigadier José Coppinger, quien bombardeó Veracruz causando severos daños.

En 1825 Guadalupe Victoria, como presidente de la República, organizó la ofensiva para rescatar el fuerte que recibía auxilios de España desde La Habana; compró a Inglaterra una flotilla de barcos, bloqueó la isleta y apresó unos buques norteamericanos que intentaban romper el bloqueo.

Desde La Habana salieron embarcaciones españolas con destino a San Juan de Ulúa para brindarles auxilio a los peninsulares, pero estos barcos se retiraron al avistar a la flota mexicana. Entonces los españoles decidieron capitular condicionadamente y pidiendo un plazo para retirarse; era una treta, pues esperaban auxilio.

Finalmente, en este día capitularon ante el comandante Pedro Sainz de Baranda y los españoles son trasladados a La Habana en buques mexicanos. El territorio nacional queda libre del dominio español ejercido durante más de trescientos años.

En adelante el Castillo de San Juan de Ulúa no sólo servirá para la defensa, sino será convertida en prisión para criminales y presos políticos y así funcionará hasta la época revolucionaria. A sus celdas se les conocía como “tinajas”, por lo pequeñas y húmedas, pues el agua del mar es absorbida por las paredes. Muchos personajes notables pasaron por esas tinajas, desde “Chucho el roto”, el bandido generoso, hasta Ricardo Flores Magón, el más grande intelectual de la Revolución Mexicana.

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El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa