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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Moisés Austin obtiene permiso para colonizar Texas. Será el origen de muchos problemas de consecuencias drásticas para el país.

Enero 17 de 1821

 

El gobierno de la Nueva España expide permiso al ciudadano norteamericano Moisés Austin, para colonizar con trescientas familias procedentes de la Luisiana el territorio de Texas. Como requisito se le señala que sean católicos romanos, o hacerse tales antes de entrar en el territorio de Texas; que traigan consigo constancias fidedignas de su buena vida y costumbres; y que presten todos el debido juramento de obedecer y defender al gobierno del rey de España, y de observar la constitución política de la monarquía española, sancionada en 1812. Se les otorgarán 259 hectáreas por jefe de familia, 129.5 para la esposa y 40.469 para cada hijo, así como una exención de impuestos por siete años. Se acepta la importación de esclavos, pero con libertad de vientre para los mismos y la prohibición de su venta.

“El fundador más importante de las colonias angloamericanas de Texas fue Moses Austin, originario de Durham, población del Estado de Connecticut, quien pasó a radicarse después a la Luisiana. Audaz y afortunado impostor, Austin logró que el Gobierno de España lo creyese representante de una multitud de católicos perseguidos en territorio angloamericano y que buscaba asilo al Sur de la línea divisoria. Llevó su farsa hasta el punto de naturalizarse súbdito español en 1779. El viejo Moses Austin se estableció en San Antonio de Béjar con su hijo Stephen Fuller Austin. Murió aquél en 1821 en Misuri, y su hijo se encargó de consumar la tarea que su padre dejó inconclusa”. (Prieto Yeme Guillermo. Preliminares a la obra de William Jay. Revista de las causas y consecuencias de la guerra mexicana).

La conquista del territorio de Nueva España no se extendió de inmediato a la región del norte, habitada por los llamados indios apaches. Hasta el siglo XVII, en Texas fueron establecidos presidios y misiones: San Antonio de Béjar que fue fundado en 1692 y Bahía del Espíritu Santo en 1716, formaban parte de la intendencia de San Luís Potosí. Luego que en 1803 Francia cedió la Luisiana a los Estados Unidos, éstos quisieron apoderarse del territorio de Texas argumentando que formaba parte de Luisiana, pero renunciaron a sus pretensiones por el tratado Adams-Onís del 22 de febrero de 1819 firmado en Washington, a cambio de que España cediera en sus reclamos del territorio de Oregón.

Al consumarse la independencia de México, se logró que Estados Unidos reconociera los límites que tenía la Nueva España, pero su primer embajador Poinsett, planteó la compra de los territorios del norte. Al no obtener una respuesta favorable del gobierno mexicano, Poinsett optó por apoyar la colonización de Texas por sus nacionales, para en su momento, una vez tomado el territorio texano proceder a negociar su cesión. Esto obligó al gobierno mexicano a una urgente busca de colonos extranjeros para tratar de detener el agresivo nacionalismo norteamericano que amenazaba el territorio norte.

Esteban F. Austin continuará la empresa colonizadora con inmigrantes esclavistas de Tennessi, Misisipi y Luisiana. La colonia angloamericana, se llamará Fredonia y tendrá como centro San Felipe de Austin. El 11 de marzo de 1823, recibirá por parte del gobierno imperial de Agustín de Iturbide un permiso de colonizar. Como teniente coronel nombrado por el comandante de las Provincias Internas de Oriente, Esteban ejercerá una amplia autoridad en la zona y gracias a la confianza de que gozará en los círculos gubernamentales obtendrá nuevas concesiones para colonizar, especialmente a través de José Antonio Navarro, futuro firmante de la Declaración de Independencia de Texas, terrateniente, comerciante y diputado local en el Estado de Coahuila y Texas y también en el congreso federal mexicano.

Al poco tiempo, las provincias de Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, formarán una Junta en Monterrey para tratar de separarse y hacerse independientes y en prevención de mayores problemas, el gobierno mexicano tomará algunas medidas, la principal será la prohibición de colonizar a los extranjeros limítrofes en aquellos Estados y territorios mexicanos que colindaran con sus naciones.

Al ser promulgada la constitución de 1824, Texas pasará a formar parte de la provincia de Coahuila, más para mantener el control territorial frente al acoso norteamericano, que por no tener suficiente población para integrar un solo estado, pese al flujo de inmigrantes; de modo que se formará el Estado de Coahuila y Texas. El 18 de agosto de 1824, se expedirá un decreto de colonización para poblar el territorio del norte que dejará la administración de los terrenos baldíos en manos de los estados, por lo que el 24 de marzo de 1825, la legislatura local expedirá una ley de colonización abriendo por completo las puertas a la colonización de extranjeros y otorgándoles privilegios de tierras y exención de impuestos por diez años. Esta oportunidad será aprovechada por los especuladores de tierras que relajarán más las restricciones a la inmigración e incluso venderán la tierra que se otorgaba gratuitamente, a los colonos extranjeros.

La inmigración de estadounidenses será abundante y se irán formando comunidades que conservarán su lengua, religión y costumbres, por lo que tendrán un vínculo muy débil con el resto del país, no obedecerán sus leyes y mantendrán la esclavitud en territorio mexicano. Es por esto que desde 1826, se manifestará el separatismo cuando Haden Edwards proclama la República de Fredonia, aunque será sometido por la propia milicia de San Felipe de Austin.

El 22 de diciembre de ese mismo año, David G. Burnet, abogado, empresario y futuro presidente interino de la República de Texas, recibirá la concesión para establecer 300 familias al norte del Viejo Camino Español y alrededor de Nacogdoches, con la que iniciará sus especulaciones comerciales de tierra aun considerada mexicana.

En 1827 se promulgará la Constitución del Estado de Coahuila y Texas que prohibirá la esclavitud. Dado que los colonos más ricos se dedican al cultivo del algodón y del tabaco empleando mano de obra esclava, se anunciará una ley que establecerá la manera en que el gobierno del estado indemnizará a los propietarios de esclavos. Austin protestará porque considerará injusto arrebatar su propiedad a los esclavistas y porque también le parecerá injusto gravar para obtener recursos con ese fin a la población de Coahuila. Entonces los legisladores coahuilenses optarán por atenuar su prohibición, estableciendo únicamente la libertad de vientre y disponiendo que sólo el diez por ciento de los esclavos podrá heredarse y de no haber herederos, los esclavos quedarán libres. De este modo, a largo plazo se haría desaparecer la esclavitud. En respuesta, los esclavistas radicados en Texas inventarán contratos y deudas que en la práctica mantendrán a los negros en condición de esclavos.

En 1828 John McMullen y James McGloin comprarán la concesión otorgada por el Estado de Coahuila y Texas a Benjamin Drake Lovell y John G. Purnell para establecer una colonia de 200 inmigrantes católicos.

En 1829 el presidente Vicente Guerrero decretará el 15 de septiembre la abolición de la esclavitud, pero ante la presión de Austin y del gobernador del estado de Coahuila y Texas, que advertirán que la medida creará graves consecuencias, aceptará que no tenga vigencia en Texas, con la condición de que no se importe un esclavo más.

El gobierno mexicano enviará una comisión encabezada por Manuel Mier y Terán, para investigar la situación de Texas. El informe señalará que prácticamente no existe control sobre esta región, que los colonos de habla inglesa superan diez a uno a los hispanoparlantes, que estos colonos ignoran las leyes mexicanas y practican su propia religión, así como que el comercio de esclavos sigue en auge.

Como resultado de este informe, el gobierno mexicano expedirá el 6 de abril de 1830, a iniciativa de Lucas Alamán, una nueva ley de colonización para restaurar el control sobre Texas. La ley dispondrá la supervisión federal del cumplimiento de los contratos de colonización, limitará la introducción de esclavos y favorecerá la llegada de familias mexicanas pobres y de expresidarios que hayan obtenido su libertad; así mismo establecerá ocho guarniciones con nombres náhuatl para “mexicanizar” la zona.

Dada la incapacidad del gobierno mexicano para hacer cumplir la ley, los colonos extranjeros, con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, continuarán con su labor de resistencia separatista. Así, en 1832, los texanos organizarán una convención para plantear que desaparezcan los controles establecidos en la ley de 1830 y el 4 de julio de ese mismo año, atacarán el cuartel Anáhuac por la instalación de una primera aduana y por la negativa del comandante de la misma, coronel David Bradburn, a devolver dos esclavos prófugos.

Al año siguiente, después de celebrar una segunda convención, Esteban Austin viajará a México a presentar sus peticiones, entre ellas, principalmente, que Texas forme un estado separado de Coahuila, se derogue la ley de 1830 y se amplíe el periodo de exención de impuestos. Al no ser atendido, Austin ordenará al ayuntamiento de San Antonio que se erija el gobierno autónomo de Texas y será aprehendido en la ciudad de México. Después será liberado y los texanos continuarán con sus intentos separatistas. Sin embargo, el Congreso mexicano quitará la prohibición de recibir colonos norteamericanos y les concederá algunas mejoras.

El 2 de octubre de 1833 Austin enviará una carta al Ayuntamiento de Béjar en el que señala: “… espero que no perderá V. S. un solo momento en dirigir una comunicación a todos los ayuntamientos de Texas, excitándoles a reunirse en la medida de organizar un gobierno local independiente de Coahuila, aunque negase el gobierno general su consentimiento…”

El 22 de junio de 1835, con el pretexto de no estar de acuerdo con la adopción de un sistema centralista de gobierno, será proclamada el acta de pronunciamiento de independencia de Texas y finalmente, Texas se declarará plenamente independiente el 2 de marzo siguiente y quince días después adoptará una Constitución estableciendo la esclavitud perpetua. Para entonces, la mayor parte del territorio texano, como se muestra en el mapa tomado del Atlas Conmemorativo 1810-1910-2010, se hallará distribuido entre diferentes “empresarios” a los que se les han otorgado extensas concesiones de colonización y que de pronto se convertirán en “patriotas” texanos y paladines de la “libertad” para negociar su anexión a los Estados Unidos.   

Justo Sierra (Evolución Política del Pueblo Mexicano) escribirá: “La codicia de los Estados Unidos se manifestó con mil pequeñas tentativas de ensanche de límites desde que su movimiento expansivo los constituyó en vecinos de la comarca texana, fértil, bien regada y abundantísima en ganados. El gobierno español procuró ser muy firme en cuanto a sus derechos y muy parco y cauteloso en sus concesiones; la que dio origen a la colonización americana en Texas, fue la hecha a Austin, el padre, para establecer trescientas familias católicas en las provincias. La necesidad de contar con la simpatía de los Estados Unidos y nuestra casi impotencia para hacer valer nuestros derechos, nos obligaron a descuidar las restricciones y a consentir en el hecho fundamental; pronto Texas fue un grupo de pequeñas, pero activas colonias americanas; los terrenos cedidos allí a ciudadanos mexicanos como Mejía, Zavala y otros, eran vendidos a norteamericanos, que corrían a establecerse en el rico Estado. El peligro era tan claro y se juzgó tan inminente que en la primera administración de Bustamante se dio una ley prohibitiva sobre propiedades raíces de extranjeros en los Estados limítrofes, ley enderezada contra los norteamericanos, que continuaron su lenta invasión colonizadora a pesar de las medidas militares tomadas… El Estado, entonces unido a Coahuila, comenzó por tomar parte resuelta en la revolución que el comercio contrabandista de Veracruz inició contra la rigorosa administración de Bustamante en 1832, a cuya cabeza se puso el inevitable Santa Anna; luego, al siguiente año, se declaró motu proprio desligado de Coahuila. [Lorenzo de] Zavala, propietario allí, a quien empujaban el interés, el odio intenso de jacobino y de sectario contra el catolicismo que, ciertamente, en la República mexicana tenía entonces el triste aspecto de una superstición inmensa, la admiración incondicional por los Estados Unidos y su apego ingénito de yucateco por la federación y hasta por la autonomía y escisión de los Estados, llevó a Texas la noticia del advenimiento del centralismo. Los colonos, conmovidos profundamente por sus incitaciones elocuentes y por las de Austin, decidieron separarse de México y declararse independientes, seguros del apoyo eficaz de los Estados Unidos. Esto era triste e inevitable; todas las ligas de Texas estaban entre sus hermanos, ninguna íntima tenían con los mexicanos; por desgracia, la ruptura del pacto federal dio a la separación, que habría acontecido tarde o temprano, un estricto carácter legal... Si la Constitución del 24 hubiese sido legalmente reformada, claro es que nada habría podido obligar a los Estados federados a que siguieran unidos sin nuevo convenio que, pues contrato era, dependía de la voluntad de los que lo pactaban y podía no ser renovado. Si Texas no dio a su separación toda esa solemnidad, fue porque no hubo reforma de la Constitución en el sentido central, sino supresión revolucionaria de ella, proclamación del centralismo y convocación de una asamblea que sancionase el hecho… Si nuestros políticos hubieran tenido la presencia de ánimo suficiente para ver así las cosas…”

Santa Anna perderá la guerra con la llamada República de Texas, apoyada por el gobierno norteamericano con armas, gente y suministros, pero Estados Unidos formalmente declarará su neutralidad en el conflicto y expresará que “sólo defenderá su frontera”. Al mismo tiempo, el presidente Jackson enviará cuatro cónsules a Texas, presionará al gobierno mexicano para que atienda sus reclamaciones y posicionará un ejército frente a Nacogdoches.

Los años siguientes, Texas será una nación independiente de facto. Los distintos gobiernos mexicanos, enfrascados en luchas internas y ocupados en defenderse de agresiones externas, como la “guerra de los pasteles”, no se avocará a solucionar, cuando aun será tiempo, el problema de Texas y así salvar el resto del territorio norte del expansionismo norteamericano.

En el campo internacional, los texanos lograrán avances: en marzo de 1837, el presidente Jackson reconocerá su independencia y en 1840, Inglaterra procederá en el mismo sentido.

El 18 de febrero de 1844, se firmará finalmente un armisticio entre México y Texas.

El 12 de abril de 1844, el presidente de Estados Unidos John Tyler celebrará un tratado de anexión con Texas, que no será ratificado por el Senado norteamericano por no contar con el consentimiento previo de México. Entonces, Tyler buscará la vía de la Cámara de Diputados y el 1º de marzo de 1845, se aprobará el proyecto de anexión inmediata de Texas como un nuevo estado de la unión. Las relaciones entre México y Estados Unidos quedarán suspendidas.

Entonces, el gobierno norteamericano presidido por James Knox Polk, que había basado su campaña en el expansionismo territorial, buscará una manera de hacer que México le declare la guerra para vencerlo rápidamente y despojarlo de territorios. Finalmente, al no lograrlo, acusará a México de una agresión en territorio “norteamericano” y con este pretexto, en mayo de 1846, los Estados Unidos declararán la guerra e invadirán México.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO