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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Del esfuerzo de un Virrey por gobernar bien, resulta una pugna que termina en motín

15 de enero de 1624

El virrey Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, Marqués de Gelves, sostiene una pugna con el arzobispo de la Nueva España, Juan Pérez de la Serna, por lo que al ser aprehendido junto con los oidores de la Audiencia, el clero instiga al pueblo a que se amotine, asalte e incendie el palacio virreinal.

En octubre anterior, al llegar el virrey a la Nueva España, de inmediato se percató de los vicios y males que provocaba el acaparamiento del maíz; era tan escandalosa la situación que el precio había subido de 12 reales la fanega hasta 40; lo peor era que el Ayuntamiento protegía ese monopolio, de manera que el virrey fijó el precio en 20 centavos la fanega. Melchor Pérez Veráez, además de ser uno de los favorecidos por la situación, era acaparador de puestos públicos, Corregidor de México y Alcalde de Ixtlahuaca, tenía almacenadas doce mil fanegas y al verse afectado, se declaró enemigo del virrey.

Por otra parte, ocurría que el obispo invadía la jurisdicción de la Audiencia, por lo que el virrey se reunió con él para tratar de persuadirlo que se mantuviera en los asuntos de su competencia; sin embargo, siendo los dos de carácter áspero, no se pusieron de acuerdo. El virrey cansado de los excesos del alcalde de Ixtlahuaca, lo mandó apresar, pero éste se dirigió a la ciudad de México y se mantuvo en su casa particular; el virrey le mandó salir so pena de una multa de 2 mil ducados; el alcalde no hizo caso y entonces se refugió en el convento de Santo Domingo. Entonces siguió la causa contra él y fue condenado a 70 mil ducados de multa y al destierro perpetuo de las Indias. Cuando la sentencia se le fue notificar, los monjes informaron a los ejecutores que había huido a Veracruz; entonces el virrey mandó tapiar la celda en que se alojaba Pérez. El arzobispo mandó excomunión a los ejecutores, el virrey ordenó que fueran absueltos; el arzobispo dijo que excomulgaría a todos los que consideró opositores; enterado el virrey, mandó juntar a los oidores y les preguntó si procedía la excomunión.

Después de una serie de entredichos, le fue notificado al arzobispo que dejara el palacio virreinal so pena de 4 mil ducados. No obedeció. En la segunda notificación se le avisó que perdería sus temporalidades y sería extrañado del reino. A la cuarta notificación, seguía sin obedecer y el virrey dispuso que fuera sacado por la fuerza del palacio virreinal y mientras eso ocurría, al arzobispo enviaba anatemas y excomuniones contra todos los que ejecutaban la sentencia de llevarlo a San Juan de Ulúa para que fuera embarcado. En San Juan Teotihuacan, tomó la sacristía y se negó a seguir el viaje al tiempo que excomulgaba al virrey, lo cual produjo un gran alboroto, porque este día, aparecieron publicadas las dos sentencias. El clero azuzó a la masa ignorante y se lanzó contra el Palacio. El virrey tuvo que huir disfrazado de franciscano y no fue sino hasta la llegada del arzobispo, cuando los ánimos se calmaron.

El resultado de esto fue que los dos fueron removidos de sus cargos, cuatro instigadores del motín ejecutados y otros cinco clérigos que debían ir a galeras, huyeron porque les avisaron que serían prendidos.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.