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Edicion 2017

 

Autora: Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

 

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Velasco Luis de

1511-1564

Nació en Carrión de los Condes, Palencia, en Castilla la Vieja, España, en 1511. Perteneció a la noble e ilustre casa del condestable de Castilla. Desde su adolescencia empezó a prestar sus servicios en la Corte del emperador Carlos V, además de ingresar a la milicia. Años más tarde, hacia 1530, participó en la guerra contra Francia; fue veedor y capitán general de las guardias de España, así como de las que se encontraban en las fronteras del reino de Navarra. Fue virrey de Navarra, cargo en el que mostró una gran eficiencia y distinción, lo que le valió ser ordenado Caballero de Santiago.

Tras su notable desempeño en Navarra, fue designado virrey de la Nueva España, en sustitución de Antonio de Mendoza (quien partió al Perú), a cuyo territorio llegó a finales de 1550.

Como virrey se esforzó por hacer cumplir las Leyes Nuevas de 1542 que reforzaban la autoridad real y prohibían la esclavitud de los indios y el establecimiento de futuras encomiendas, así como heredarlas a los descendientes de los encomenderos. Los esclavistas alegaban que la liberación de esclavos pondría en peligro a la minería, particularmente del oro y por consiguiente, los ingresos reales derivados de esta actividad; pero la Corona pensaba que los hombres libres se convertirían en sujetos tributarios del rey.

En 1551, Velasco tomó la decisión de abolir la esclavitud de 150 mil indios que laboraban en las minas: “Más importa la libertad de los indios que todas las minas del mundo; y las rentas que percibe la Corona no son de tal naturaleza que por ellas se deba atropellar las leyes divinas y humanas.”  Además redujo los altos tributos que desde 1521 los indígenas estaban obligados a pagar a los conquistadores españoles.

Por otra parte, Velasco inició la colonización del territorio de Nueva Vizcaya (posteriores estados de Chihuahua, Durango y parte de Coahuila), fundó las poblaciones de Durango, Nombre de Dios, San Sebastián Chametla, San Felipe y San Miguel el Grande con el objeto de que sirvieran de valladar contra las incursiones de los indios bárbaros. Asimismo, impulsó la explotación de las minas de plata en Zacatecas; durante su gestión se descubrió el beneficio de la plata por amalgamación.

Además, fundó la Real y Pontificia Universidad de México, cuya inauguración presidió el 25 de enero de 1553.

En 1555 realizó el Primer Concilio Provincial Mexicano, buscando la moralidad y buena conducta del clero y la conversión y buen trato a los indios. También tomó medidas contra la piratería que ingleses y franceses mantenían en la zona de la Florida; al efecto trató de colonizar Florida en 1559, cuando Tristán de Luna desembarcó en la bahía de Pensacola, pero el clima, la hostilidad de los indígenas, las enfermedades y el hambre hicieron fracasar el establecimiento de poblaciones y los españoles sobrevivientes tuvieron que regresar a México.

Durante su gobierno tuvo que enfrentar grandes calamidades en la capital novohispana: la inundación de la ciudad de México en 1552, y la peste de 1555; en ambas catástrofes actuó con gran humanidad.

En 1564, Velasco envió la expedición de Miguel López de Legazpi y fray Andrés de Urdaneta a las Filipinas, quienes después de establecer asentamientos permanentes que prepararon la dominación española de estas islas y abrieron una ruta de comercio con oriente, regresaron a las costas de California y finalmente a Acapulco.

Aficionado a las suertes de toros y a la equitación, impulsó la ganadería caballar y mejoró las razas mediante la cruza de caballos andaluces y árabes: también modificó la silla de montar que convirtió en vaquera e inventó el freno mexicano.

Su gobierno en la Nueva España fue notable, tanto que fue llamado “El prudentísimo” e incluso fue llamado “el padre de la patria”. De él escribió Manuel Orozco y Berra: “fue íntegro, justiciero, amigo y protector de los indios. A sus esfuerzos se debió la abolición de la esclavitud que pesaba sobre los vencidos; y si sus disposiciones no lograron ponerlos en la condición de hombres libres, al menos delante de la ley no eran siervos. Activo y trabajador, dio lustre y ensanche a la colonia, ya adelantando algunos ramos de la industria, ya avanzando sobre los bárbaros los límites de la frontera. Castellanos e indios le dieron el glorioso nombre de Padre de la Patria, título que explica por sí solo las virtudes que le adornaban.”

Artemio del Valle-Arizpe (Virreyes y virreinas de la Nueva España) coincide con esta apreciación: “Un modelo de buenos, de perfectos gobernantes, fue Don Luis de Velasco el primero. Siempre estuvo inclinado a la suave tolerancia, a la misericordia. No se excedía jamás de lo dispuesto por las leyes, no iba más allá de ellas su rigor. Era afable, era humano, estaba lleno de piedad para todos; pero dentro de los mandatos legales era severo, inexorable,  inflexible. Jamás quebrantaba su decisión para hacer cumplir todo lo mandado a favor de los indios, con lo cual se suscitó muchas malas voluntades, no sólo de los encomenderos sino que también de los oidores y oficiales reales, a quienes no permitía tener granjerías ni tener repartimientos”.

Al final de su administración, Luis de Velasco había acotado el poder de los encomenderos y consolidado la autoridad de la Corona en Nueva España.

Falleció el 31 de julio de 1564; sus restos fueron depositados en la iglesia vieja de Santo Domingo. Su hijo del mismo nombre, marqués de las Salinas, será también virrey de la Nueva España.


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.


Efeméride: Nacimiento 1511        Muerte 31 de julio de 1564.