Home Page Image
 
 

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

 


 
 

 


 


Francisco Villa (Doroteo Arango Arámbula)

1878-1923

Doroteo Arango Arámbula, Pancho Villa, nace el 5 de junio de 1878 en el Rancho de Río Grande, cerca de San Juan del Río, Durango. Dada la pobreza de sus padres, Agustín Arango y Micaela Arámbula, no tiene educación escolar. Trabaja de leñador y de labrador cuando fallece su padre. Se dedica al comercio, con ayuda de Pablo Valenzuela, que le fía mercancía.

En 1894 es mediero junto con sus hermanos Antonio e Hipólito en la hacienda de Gogojito de la familia López Negrete, pero huye a la sierra después de herir en una pierna al hacendado Agustín López Negrete, que intentó raptar a su hermana Mariana. Se dedica al bandidaje y cambia su nombre por el de Francisco Villa, en alusión a que su padre había sido hijo natural de Jesús Villa. También se cuenta que cambió su nombre porque desertó cuando fue reclutado a la fuerza por el ejército federal de 1901 a 1902.

Se integra a la banda jefaturada por Ignacio Parra, es encarcelado brevemente en Durango y abandona la banda cuando uno de sus miembros asesina a un anciano panadero que se resiste a ser robado. Trabaja en la mina de El Verde en Hidalgo del Parral y de albañil y comerciante en Chihuahua, lo que le permitió conocer al gobernador Abraham González. Pero su condición de prófugo de la “justicia” le impide reincorporarse al trabajo honrado. Al ser descubierto, vuelve a la sierra y al abigeato perseguido por la policía.

En 1910 se une al maderismo con su compadre Eleuterio Soto, y después, con Abraham González. Ataca la Hacienda de Chavarría el 17 de noviembre de 1910. Su audacia y sentido de organización lo hacen sobresalir como jefe en las batallas que se libran contra el ejército federal en San Andrés, Santa Isabel, Ciudad Camargo, Las Escobas y Estación Bauche.

Durante el sitio de Ciudad Juárez, Villa y Pascual Orozco, impacientes por las lentas negociaciones de paz entre los contendientes, y en previsión de una desbandada de sus tropas, fingen un tiroteo espontáneo e incontrolado entre federales y revolucionarios, para obligar a Madero a ordenar la toma de la ciudad. Cuando los combates arrecian, ambos se retiran a El Paso para que Madero no les ordene dar marcha atrás. Una vez generalizado el ataque, Orozco convence a Madero de ocupar la plaza, ya que no había habido reacción estadounidense a pesar de lo nutrido del fuego. Orozco ataca Ciudad Juárez por el norte y Villa por el sur. El ejército federal se rinde. Tras la victoria, tiene lugar un desacuerdo de Orozco y Villa con Madero, quien pone en libertad al derrotado general federal Navarro sin siquiera someterlo a juicio y nombra secretario de Guerra al exporfirista Venustiano Carranza. Tampoco Villa está de acuerdo con los tratados que están por firmarse porque desconfía del ejército y de la burocracia federal, e intuye que nada cambiará a favor de los pobres, y que el porfirismo, aunque sin Díaz, será restaurado. Pero ya no se volverá a enfrentar a Madero.

A partir de sus triunfos, la fama de Villa corre por toda la nación. También comienza a formarse su fama negra de bandido, asesino, violador y saqueador, resultado de su carácter violento y vengativo que se agudiza en el contexto de la lucha revolucionaria. En la hacienda de Bustillo, Madero le otorga el grado de Coronel. Vuelve a la vida civil como criador de ganado y carnicero después de la firma de los Tratados de Ciudad Juárez.

A diferencia de otros jefes revolucionarios, Villa no logró poder suficiente para apoyar a sus seguidores, así que para conseguirles algunos beneficios, tiene que realizar estériles gestiones ante Madero, el gobernador Abraham González y aun ante el jefe militar José de la Luz Soto, quien lo ve como su potencial enemigo.

En 1912 rechaza secundar la rebelión orozquista, a la que se une el jefe militar Soto. En una maniobra sorpresiva, Villa toma Parral en alianza con Maclovio Herrera, aprehende a Soto, confisca armas y municiones, obliga a los ricos a préstamos forzosos y se apodera del dinero del Banco Minero como "botín de guerra" porque es propiedad de la familia Terrazas, instigadora de la rebelión de Orozco. La manera correcta como se comportan los villistas disipa el temor de los habitantes. Días después tiene que abandonar Parral ante la superioridad de los orozquistas, quienes sí saquean la ciudad. Pero Villa logra detener la marcha de los rebeldes hacia Torreón y puede ratificar su lealtad a Madero y al gobernador González.

Villa continúa el combate en Chihuahua y Durango. En Torreón ingresa por petición de Madero a la División del Norte, comandada por Victoriano Huerta, y pese al desprecio que sufre por parte de los oficiales federales, participa en las batallas de Tlahualilo, Conejos, Escalón y Rellano, por lo que es ascendido a general brigadier honorario. Huerta increpa a Villa por incautar un caballo que deseaba otro oficial federal y Villa ante el maltrato, expresa su deseo de dejar la División del Norte. Entonces Huerta lo acusa de rebelión y ordena fusilarlo por insubordinación; ya ante el cuadro de federales, por intervención del coronel federal Guillermo Rubio Navarrete, es enviado a la penitenciaría de la ciudad de México y después a la prisión militar de Santiago Tlatelolco. En el trayecto hacia la capital fracasan dos intentos de Huerta para que se le aplique la ley fuga.

Al ingresar a la cárcel, Villa piensa que Madero lo liberará, pero ignora que el embajador norteamericano Henry Lane Wilson presiona al presidente para que lo sujeta a consejo de guerra, acusado de saquear una hacienda propiedad de ingleses ubicada en Tlahualillo. Madero resiste, pero lo mantiene preso. Durante siete meses se desarrolla lentamente su juicio, en el que cuenta con el apoyo del gobernador González y de Gustavo A. Madero, pero el presidente se mantiene casi al margen. Para la contrarrevolución lo importante es mantener a Villa fuera de Chihuahua. (Katz Friedrich. Pancho Villa).

La leyenda dice que ahí conoció a Gildardo Magaña, quien le enseña a leer (hay cartas escritas por Villa antes) y le instruye acerca del agrarismo; lo cierto es que Magaña lo inició en el conocimiento de la historia patria. En la prisión también conoció al general Bernardo Reyes, poco antes de su levantamiento. A fines de este año de 1912, se fuga con la ayuda de Carlos Jáuregui, escribiente del juzgado de la cárcel, y logra llegar a El Paso, Texas, vía Toluca, Manzanillo y Mazatlán.

Katz, ya citado, especula si quien ayuda con dinero al escape de Villa es paradójicamente Pablo Escandón, el mismo porfirista que apoya a Zapata para evitar la pérdida de sus haciendas en Morelos, con el propósito oculto de usar en el norte a Villa, -a sus ojos un simple bandido comprable- en un levantamiento futuro contra Madero. También se menciona que el gobernador Maytorena le da dinero para continuar su huida al extranjero.

Ya en El Paso, Villa trata de obtener la amnistía que se les concede a los exorozquistas, y cuando Madero, a instancias de Abraham González, está a punto de ceder, es víctima del cuartelazo de Huerta.

Al enterarse Villa del asesinato del presidente Madero y habiendo sufrido en sus diversas manifestaciones el poder de los latifundistas que lo arrojó al bandolerismo, Martín Luís Guzmán (Memorias de Pancho Villa) pone en labios de Villa la amarga frustración de quien intenta dar fin al régimen de explotación e injusticia: “Porque la fuerza de los ricos es muy grande hasta cuando ya parece vencida, y tienen ellos muchas maneras de cerrar el camino a los pobres, para lo cual corrompen y conchaban con su dinero, y amenazan a unos, y acarician a otros”.

En marzo de 1913, ayudado nuevamente por Maytorena, regresa a México a luchar contra Huerta junto a Carranza, quien lo nombra general brigadier. Su popularidad crece porque desde su entrada al país realiza acciones justicieras que le ganan la admiración de los campesinos, como la ocupación de la hacienda El Carmen, propiedad de Terrazas, en la cual ejecuta a su odiado administrador que exigía derecho de pernada, y a su ayudante; además, abre los graneros a los peones y reparte alimentos al pueblo. De modo similar actúa en las haciendas de San Lorenzo, Las Ánimas y Saucito. Por otra parte, combate a los bandidos y saqueadores, en especial los que destruyen haciendas utilizables para proveer a su ejército, o que atacan propiedades de extranjeros que pueden ocasionar conflictos internacionales, especialmente con los Estados Unidos, su fuente de abastecimiento de armas y municiones.

Su popularidad le facilita el reclutamiento de soldados y la plata tomada a un tren, la compra de abastecimientos militares en El Paso, a pesar del embargo decretado por el presidente Wilson. Para el entrenamiento eficaz de su gente cuenta con el exmilitar federal Juan Medina, su jefe de Estado Mayor, y en tres meses organiza un ejército de setecientos hombres entrenados, disciplinados y equipados. Al unírsele los quinientos hombres de Toribio Ortega, se forma la principal fuerza revolucionaria de Chihuahua.

La agresiva ofensiva del ejército federal dirigida por Pascual Orozco en agosto de 1913, obliga a los diversos contingentes revolucionarios a unir fuerzas. El 29 de septiembre siguiente, en la Hacienda de La Loma, Durango, los jefes revolucionarios del norte Toribio Ortega, Rodolfo Fierro, Juan N. Medina, Maclovio Herrera, Tomás Urbina y Manuel Chao -candidato de Carranza a dirigir la coalición- entre otros, deciden constituir una nueva División del Norte. "Durante la reunión, el general Francisco Villa afirmó que las necesidades de la campaña exigían la unificación de todas las fuerzas ahí reunidas bajo un mando común, por lo que proponía que de inmediato se eligiera, de entre los presentes, a un jefe que asumiera dicha responsabilidad, para lo cual Pancho Villa se proponía a sí mismo, o también a Tomás Urbina y Calixto Contreras como opciones. Siguieron en el uso de la palabra varios de los presentes sin hacer otra cosa que darle vueltas al asunto, hasta que el coronel Juan N. Medina, jefe de Estado Mayor de la Brigada Villa, explicó claramente la situación, mostrando que cuanto podía alcanzarse mediante la lucha guerrillera se había alcanzado ya, y que había llegado el momento de pasar a la guerra regular o estancarse y ceder la iniciativa al enemigo; y la guerra regular, dijo, requería una organización superior y una indiscutible unidad de mando." (Salmerón Pedro. Los ejércitos en la revolución: un ensayo comparativo).

A diferencia de los carrancistas, en Chihuahua y Durango, los rebeldes pertenecientes a un mismo pueblo o región se encuadran en regimientos -luego brigadas- que eligen a los oficiales y al coronel. Villa es el general revolucionario con mayor experiencia en la guerra regular, no sólo de guerrillas, por eso es electo por los jefes de las brigadas como jefe de la División. "Los caudillos que eligieron a Pancho Villa como jefe tuvieron siempre la conciencia de que éste les debía su mando y era responsable sólo ante ellos, tanto como ellos eran responsables ante sus hombres". (Salmerón, ya citado). Así, la jefatura de Villa tiene una legitimidad revolucionaria y representativa. El periódico oficial de la naciente División del Norte se llama Vida Nueva.

Pronto inicia una exitosa campaña que le vale ser llamado “el Centauro del Norte”, por los estados de Chihuahua, Durango y Coahuila: la toma de Torreón mediante constantes ataques de día y de noche -los más eficaces,- así como la ocupación ordenada de la ciudad, sin saqueos ni violencia contra civiles, cambia la imagen de bandolero de Villa a la del mejor general revolucionario, y en el norte, marca el paso de la guerra de guerrillas a la guerra regular entre ejércitos.

Antes de terminar el año, la nueva División del Norte del Ejército Constitucionalista casi se apodera de Chihuahua, toma Ciudad Juárez, aniquila una división federal en Tierra Blanca y entra a Chihuahua el 8 de diciembre siguiente. Por ese tiempo, Villa conoce al entonces coronel norteamericano J.J. Pershing, quien le solicita coordinar sus fuerzas para mantener la paz en la zona fronteriza.

Villa se revela como un carismático caudillo campesino y gran organizador militar (llegaron a llamarlo el Napoleón Mexicano), al que hasta jefes militares profesionales maderistas, como el general Ángeles obedecen con respeto. Es capaz de mantener en operación la red ferrocarrilera para usos militares y económicos. Su imaginación, valor y audacia le permiten emplear estratagemas como la de meter a sus tropas dentro de un tren militar federal para engañar a los huertistas y entrar a Ciudad Juárez sin resistencia, y sorprender y derrotar a los federales, o como la de poner sombreros en las trincheras para aparentar un mayor número de revolucionarios y disuadir al enemigo de atacarlo.

También Villa se convierte en un gran propagandista, su contrato con la Mutual Film Corporation para filmar sus batallas y su manejo de la prensa escrita norteamericana, lo hicieron pronto un personaje de novela y de película en Estados Unidos y en México. El 28 de diciembre 1913 declara al New York Tribune que la paz sólo llegará con la salida de Huerta, la rendición incondicional del ejército federal, la restauración de la Constitución de 1857 y la designación de un presidente provisional que convoque a elecciones. Además, deberán hacerse leyes que distribuyan mejor la tierra, ratificarse la confiscación de los grandes latifundios y nulificarse todos los actos del gobierno huertista.

Es nombrado gobernador provisional de Chihuahua por los jefes de brigada de la División del Norte, Maclovio Herrera, José E. Rodríguez y Manuel Chao. Ejerce el cargo por breve tiempo con el auxilio del periodista Silvestre Terrazas, a quien nombra secretario general de Gobierno. Su primer logro es conservar en funcionamiento la economía a pesar de la guerra revolucionaria. Se financia con préstamos forzosos obtenidos de los ricos y del clero, y con la venta a los norteamericanos del ganado y del algodón de las haciendas expropiadas, por lo que para mantener este comercio no afecta las propiedades de estadounidenses. Cobra impuestos a las empresas nacionales y extranjeras; condona las contribuciones atrasadas; manda imprimir diversos billetes (“dos caritas” y “sábanas”) y acuñar moneda de plata; decreta el establecimiento del Banco del Estado; embarga tiendas y sustituye a sus voraces dueños con administradores honorables; llena el mercado local con reses de las haciendas que interviene y la carne baja de un peso a quince centavos; también abarata los precios del maíz y del frijol.

Por otra parte, expulsa del estado a los españoles acusados de ayudar a Huerta, y ordena la aprehensión de Luis Terrazas hijo, refugiado en el consulado británico, lo obliga a entregar el oro escondido en el Banco Minero, y lo mantiene como rehén para evitar que su padre, exiliado en Estados Unidos, pueda afectar el comercio que los villistas mantienen con ese país. Será liberado hasta 1915, pese a que el presidente Wilson le solicita su liberación.

Para evitar su destrucción por los soldados, recoge libros y pianos de las casas ocupadas sin autorización por sus oficiales y los manda a la biblioteca pública y al Instituto Científico y Literario que reabre. Asimismo, instala el primer telégrafo inalámbrico del norte y reorganiza los ferrocarriles de gran valor estratégico para el movimiento de tropas.

Asimismo, por decreto de 12 de diciembre de 1913, confisca bienes -sin compensación- a quienes se han enriquecido con la complicidad de los porfiristas, a costa del erario y de la explotación de los pobres: los Terrazas, los Creel, los hermanos Falomir, los Luján, los Molinar, entre los más destacados; y promete restituir las propiedades a su legítimos dueños, así como adjudicar tierras mediante cómodos y módicos pagos. Los ingresos derivados de su explotación de los bienes explotados serían utilizados para financiar la lucha revolucionaria hasta su triunfo y para mantener a las viudas y huérfanos de los revolucionarios. Alcanzada la victoria, tales propiedades serian destinadas a: 1) el financiamiento de pensiones para viudas y huérfanos de los soldados revolucionarios; 2) la distribución de tierras entre los veteranos de la revolución; 3) la restitución de tierras a todos los pueblos despojados por los hacendados; y 4) a cubrir los impuestos que adeudaran los hacendados.

Crea la Administración General de Bienes Confiscados para el control administrativo de las haciendas, que mantiene en sus puestos a la mayoría de los administradores de las mismas. Una tercera parte de estas haciendas es controlada por jefes revolucionarios y el resto por el gobierno a su cargo. Todo lo dedica a levantar la División del Norte, hasta lo que le pagan por filmar sus batallas. Así puede comprar en Estados Unidos toda clase de armamento, cartuchos, uniformes y demás implementos de guerra para sus soldados, a los que dedica todos sus cuidados: "General que no ama a su tropa, que no la cuida, que no se desvela por ella, que no se sacrifica, no es general ni merece serlo; por él no se dejará matar ningún hombre, por él no luchará, sino que huirá en el primer momento que pueda..." (Villa Guadalupe. Pancho Villa. Retrato Autobiográfico).

Agrega el citado Katz: "Villa tenía una memoria fotográfica, privilegiada, del territorio de Chihuahua y Durango; asimismo, conocía el nombre de centenares de soldados. Por las noches recorría el campo, saludaba a sus soldados y les preguntaba si podía comer con ellos. Esto no lo hacía sólo por compartir los alimentos, sino también para evitar ser asesinado".

Todas estas medidas generan orden en la administración gubernamental y permiten que de grupos revolucionarios heterogéneos y leales a distintos jefes, Villa logre constituir un ejército integrado por unidades con alto grado de independencia, bien pertrechadas y disciplinadas, que ya alcanzan un total de doce mil hombres, tres mil de ellos bajo sus órdenes directas, en especial las secciones de artillería, a veces manejadas por mercenarios extranjeros. También cuenta con el mejor tren hospital con 40 médicos y centenares de enfermeras. Los numerosos trenes de que dispone le permiten mantener un eficaz sistema de intendencia, pero Villa centraliza la adquisición de armamentos, parque y equipos militares, así como el control de las exportaciones hacia el mercado de Estados Unidos.

A partir de entonces, cuando Villa ocupa una ciudad, lo primero que hace es cerrar las cantinas y el soldado que se emborracha es fusilado; no permite el saqueo pues coloca tropas frente a las tiendas y hasta después de la batalla reparte bienes y dinero a la tropa; la compleja organización villista contrasta con la violencia, arbitrariedad y bandolerismo de las indisciplinadas huestes federales de Pascual Orozco.

Lo más importante desde la perspectiva de la política, es que estas acciones concretas le ganan el apoyo entusiasta de las clases medias y bajas de Chihuahua. Escribe el ya citado Katz, que Villa: "Más que ningún otro líder, se había convertido en una leyenda viva. Esto de ningún modo era el simple resultado de una respuesta racional a las disposiciones que dictaba. En el pensamiento popular, Villa se adecuaba a una serie de tradiciones e imágenes profundamente arraigadas... Era la encarnación de la imagen tradicional mexicana del macho: tenía todas las cualidades combativas que el machismo exigía, era valiente, era un luchador de primera, su puntería con la pistola era proverbial y su habilidad como jinete era tan grande que los bardos escribían corridos sobre sus caballos. Su interés por las peleas de gallos y su reputación de mujeriego eran elementos esenciales de esa imagen. También lo era su crueldad, asimismo adecuada al modelo del macho... Encajaba por igual en otra imagen: la del vengador de los pobres, el hombre de clase baja que la había hecho en grande pero que no olvidaba sus orígenes y volvía para castigar a los culpables de sus sufrimientos.... Otra tradición de la frontera norte era la del buen caudillo".

"El personaje de Villa no sólo encajaba con esos modelos: él hacía un esfuerzo consciente por realzarlos. Aunque su gobierno distribuía alimentos a los pobres, él se encargaba de dar personalmente dinero y regalos a los necesitados. Muchas familias que ni siquiera conocía le pedían que apadrinara a sus hijos, y a menudo aceptaba y los llenaba de regalos. Tenía una memoria notable para las personas y los nombres, y recordaba no sólo a todos aquéllos que le habían hecho un favor, sino incluso a los que conocía por azar. Con frecuencia se saltaba las estructuras judiciales existentes para impartir personalmente severa justicia contra aquéllos acusados de maltratar a quienes él consideraba pobres u oprimidos. Incluso los que criticaban sus lances de mujeriego le reconocían la forma en que cuidaba de todas sus esposas e hijos. En todas las entrevistas que dio, Villa insistía en sus orígenes humildes y, como lo hizo en sus memorias, incluso exageraba el grado de persecución que había sufrido para mostrar que se había visto forzado a actuar fuera de la ley".

Su sueño, que le cuenta a John Reed (México Insurgente), es una especie de república de pequeños propietarios independientes, armados, agrupados en pueblos o colonias militares autárquicos y autosuficientes, apoyados por el Banco del Estado mediante créditos de avío, obras de irrigación y otras mejoras:

"Cuando se establezca la nueva república ya no habrá más ejército en México. Los ejércitos son el mayor apoyo de la tiranía. No puede haber dictador sin ejército.

Pondremos a trabajar a las tropas. Por toda la república estableceremos colonias militares compuestas por los veteranos de la Revolución. El estado les daría tierras agrícolas y establecería grandes empresas industriales para darles trabajo.

Trabajarían muy duro tres días a la semana, porque el trabajo honesto es mejor que la lucha y sólo el trabajo honesto produce buenos ciudadanos; los otros tres días recibirían instrucción militar y saldrían a enseñar a la gente a luchar. Entonces, cuando la patria fuera invadida, sólo tendríamos que llamar por teléfono desde el palacio de la ciudad de México, y en medio día toda la nación mexicana se levantaría desde los campos y las fábricas, totalmente armados, equipados y organizados para defender a sus hijos y sus hogares.

Mi mayor ambición es pasar mis días en una de esas colonias militares entre mis compañeros que quiero, quienes han sufrido tanto tiempo y tan profundamente por mí. Me gustaría que el gobierno estableciera una fábrica para producir buenas sillas de montar y bridas, porque yo sé hacer eso; y el resto del tiempo me gustaría trabajar en mi pequeña granja, criando ganado y cultivando maíz. Sería bueno, creo yo, ayudar a que México fuera un lugar feliz".

Deja en manos de Manuel Chao el gobierno del estado el 8 de enero de 1914 y reanuda sus actividades militares. El 16 de febrero siguiente, sufre un intento de asesinato por parte de William S. Benton, un terrateniente inglés, enfurecido porque Villa deja que los campesinos pasten sus animales en tierras que el extranjero despojó a su comunidad; se ignora si Villa o Fierro le disparan o es sometido a un consejo de guerra que lo condena a morir fusilado. También hay la versión que Benton era un traficante de armas que pretendió cobrar a Villa comisiones exorbitantes. Esta muerte provoca un conflicto internacional al gobierno de Carranza, pues el de Gran Bretaña solicita una investigación del caso al gobierno norteamericano, siempre presto a intervenir en los asuntos internos de México. Carranza no acepta la intermediación de los norteamericanos y el asunto se diluye porque los británicos se niegan al trato directo para no reconocer implícitamente a Carranza.

La importancia que los Estados Unidos le conceden a Villa se expresa en la presencia de George C. Carothers como cónsul especial acreditado ante la División del Norte, distinción que no le merecen otros jefes constitucionalistas. Pero Villa, a diferencia de Carranza, no envía representantes a Washington, sino trata de usar los servicios de agentes estadounidenses mercenarios. Con quien tiene más acercamiento directo y simpatiza es con el general Hugh C. Scott, quien le obsequia documentos sobre las reglas de la guerra y la convención de Ginebra sobre trato a prisioneros.

Cuando los marines ocupan Veracruz, su reacción es menos airada que la de Carranza. Se entrevista con Carothers para señalar que no condena la invasión y que esos hechos no deben provocar una guerra entre países amigos. Su actitud se explica sobre todo porque su ejército depende de las armas y municiones norteamericanas. Sabe, desde la revolución maderista, que los Estados Unidos emplean el derecho de comprar armas en su territorio como un medio de influencia político-militar en favor de una u otra facción.

Ante el nacionalismo acendrado de Carranza, los norteamericanos se preguntan si Villa será capaz de mantener el orden, de proteger los intereses estadounidenses, si hará la necesaria reforma agraria, si escuchará consejos y sugerencias. Villa comienza a ser una opción para los políticos y empresarios norteamericanos, algunos de los cuales sueñan con anexarse el norte de México. Según Katz, ya citado, Villa no hubiera estado dispuesto a partir el país y las expropiaciones de las propiedades de los nacionales realizadas por él, eran la mejor manera de impedir que las malbarataran a los extranjeros. En la izquierda estadounidense también Villa comienza a ganar simpatías como la del escritor John Reed de gran influencia política en su país; pero otros izquierdistas importantes relacionados con los magonistas, como John Kenneth Turner, lo consideran un instrumento de Wall Street. Ambas tendencias, a partir de 1915 comenzarán a tomar partido por Carranza, tras sucesos como la muerte del inglés Benton y sobre todo el asalto a Colombus.

La rivalidad entre Villa y Carranza en el campo internacional, también comienza tomar cuerpo en los hechos. Para Carranza, siempre desconfiado de Villa, la fuerza del villismo amenaza su primera jefatura y requiere someterla. El primer conflicto entre Villa y Carranza estalla porque el general Chao, con apoyo de Carranza, se niega avanzar hacia Torreón por órdenes de Villa, quien casi lo fusila por insubordinación, pero cede ante la intervención de Carranza.

Incorporados a la División del Norte, Raúl Madero, Felipe Ángeles (su mejor artillero, estratega e ideólogo) y José Isabel Robles, Villa combate en Gómez Palacio y toma Ojinaga, Torreón y San Pedro de las Colonias. Después, el 17 de mayo, con una carga de seis mil jinetes liderados por los “dorados” (primero guardia personal de Villa integrada por cien efectivos, llamados así por el color caqui de sus camisas o la insignia dorada de sus sombreros, después un cuerpo de élite de 400 elementos, también encargado de imponer disciplina y hasta dar muerte a los que mostraban cobardía en combate), derrota en Paredón al huertista Joaquín Mass y se apodera de Saltillo. Ahí, sensible a la necesidad de quebrantar las fuerzas espirituales contrarias a la Revolución, Villa, cuenta Martín Luis Guzmán (Balance de la Revolución) ordena "recoger" a todos los curas: a los extranjeros, "jisuitas" y altos prelados los deporta, pero a los curas mexicanos modestos y humildes, amigos de los pobres, los regresa a sus iglesias "para que nuevamente se encarguen del alma de sus feligreses". Después, no intenta conservar los territorios de Coahuila ocupados, sino los entrega a Carranza para que establezca su cuartel general en la capital de su propio estado; antes ha cedido el mando de los estratégicos ferrocarriles a un carrancista, en muestra de buena voluntad hacia el Primer Jefe.

Villa pretende atacar Zacatecas, pero Carranza ordena al general Natera que avance hacia esa ciudad, lo cual provoca la renuncia de Villa, que Carranza acepta de inmediato nombrándolo gobernador de Chihuahua; pero los generales villistas, en franca rebelión, vuelven a nombrar a Villa Jefe de la División del Norte y escriben a Carranza: "el general Villa es el jefe de mayor prestigio entre cuantos defienden el progreso de nuestra causa, y que si él obedeciera la disposición de usted, y se retirara de donde está, el pueblo de México se lo afearía con razón, y se lo tomaría a muy grande debilidad, pues el dicho pueblo sólo quiere nuestro triunfo, como también lo acusaría a usted de ser el causante de tan grande yerro [...] Esto más le decimos señor: que sabemos bien cómo espiaba usted la ocasión de parar en sus hechos al general Villa, porque [...] no favorece el propósito con que usted aspira a no dejar en el panorama revolucionario hombres de poder que miren sin que usted les ordene, y que no lo lisonjeen y alaben, y que luchen por los solos beneficios del pueblo, no por el engrandecimiento de usted". (Katz, ya citado)

El 23 de junio, Villa toma Zacatecas desobedeciendo las órdenes de Carranza y aniquila prácticamente al ejército federal. Carranza destituye al general Ángeles como subsecretario de Guerra por la insubordinación; asimismo, corta el suministro de carbón para los trenes villistas y de armas y municiones para sus hombres. Esto y el embargo de armas que temporalmente le imponen los Estados Unidos, que contrasta con el permiso concedido a los carrancistas para ingresar armamento por Tampico, impiden a Villa la toma de la capital de la República, reservada por Carranza para Álvaro Obregón.

Para solucionar discrepancias con Carranza, Villa firma el Pacto de Torreón, entre la División del Norte y el Cuerpo de Ejército del Noroeste al mando de Pablo González, por el cual le reconoce a Carranza su jefatura y éste lo asciende a divisionario; asimismo, acepta que Carranza asuma la presidencia interina, pero exige el cumplimiento del Plan de Guadalupe, que se inhabilite a los militares como candidatos a la presidencia y que se convoque a una convención de generales y gobernadores revolucionarios a fin de formular un programa de gobierno y después celebrar elecciones. Además, en la cláusula octava del pacto, se establece el compromiso de desaparecer al ejército federal, de atender las demandas de los “desheredados” y de luchar contra el pretorianismo, la plutocracia y la clerecía.

En agosto siguiente, el conflicto con los constitucionalistas se reaviva cuando apoya al gobernador sonorense Maytorena contra el grupo de Obregón, quien es enviado por Carranza a Chihuahua para tratar de llegar a un acuerdo. Villa se disgusta por lo que supone un doble juego de Carranza y Obregón, por lo que ordena el fusilamiento de éste último, pero la ejecución se suspende por la intervención de varios generales villistas y sobre todo de Luz Corral de Villa, su esposa, quien lo convence de que "la hospitalidad es sagrada". Sin embargo, Villa ordena que en el trayecto a Aguascalientes, lo fusilen; se salva nuevamente protegido por Roque González Garza, José Isabel Robles y Aguirre Benavides que no estaban de acuerdo con la ejecución.

Habiendo estallado la Primera Guerra Mundial, para los Estados Unidos tener un México en paz es prioritario. Además, Wilson espera que con la derrota de Huerta se instaure un gobierno democrático, afín a los intereses norteamericanos, pero capaz de emprender la reforma agraria que él consideraba necesaria.

Carranza convoca una convención de gobernadores y generales revolucionarios para unir a las tres facciones principales (carrancistas, zapatistas y villistas). Zapata se niega a asistir hasta que se acepte el Plan de Ayala; Villa exige el cumplimiento inmediato del Plan de Guadalupe.

La Convención se inicia en la ciudad de México, pero se traslada a Aguascalientes para que Villa asista y Zapata acepte enviar representantes. Ahí Villa de pie ante los convencionistas; dice, según Vito Alessio Robles (La Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes):

“-Con su venia, quiero decir unas cuantas palabras a mis hermanos de luchas y de ideales.

-Señores generales, señores oficiales que han sabido estar a la altura del deber para que todos unidos derrocáramos una tiranía como fue la del llamado gobierno de Huerta: Ustedes van a oír de labios de un hombre enteramente inculto, palabras sinceras que le dicta su corazón porque comprendiendo yo que entre las personas presentes hay hombres conscientes que sepan comprender los deberes para con la Patria y los sentimientos de humanidad, debo decir a ustedes que Francisco Villa no será vergüenza para todos los hombres conscientes, porque será el primero en no pedir nada, para él.

Únicamente me concreto a decirles que quiero mirar claro en los destinos de mi país, porque muchos son los sufrimientos porque ha atravesado.

En manos de ustedes están los destinos de la Patria, y si la Patria se pierde, sobre la conciencia de ustedes que son hombres conscientes, pesará.”

Villa es destituido al igual que Carranza por la Convención y se nombra como presidente a Eulalio Gutiérrez, a propuesta de Obregón, que cree lo puede manipular. Villa no sólo acepta la destitución sino manifiesta que está dispuesto a que los fusilen a ambos. Carranza se niega a aceptar la decisión, abandona la capital, viaja a Puebla y finalmente traslada su gobierno a Veracruz. Entonces Villa lanza un manifiesto en el que desconoce a Carranza, señala las intrigas políticas de éste y el incumplimiento de los convenios de Torreón.

Así se separan los revolucionarios norteños que habían luchado juntos contra Huerta, defendido la democracia, la no reelección presidencial, la soberanía nacional sobre los recursos naturales y una aun vaga reforma agraria. Rivalidades personales, diferencias culturales y de clase, divergencias sobre el centralismo, el federalismo, la autonomía de las comunidades, la fortaleza del estado nacional, la propiedad agraria, el bienestar social, las relaciones con los Estados Unidos, etc., hacen que se enfrenten en el campo de batalla en la etapa más sangrienta de la revolución. Desgraciadamente, la guerra fratricida es la regla, no la excepción, en la historia de la mayoría de las revoluciones.

Villa es designado por el presidente convencionista Eulalio Gutiérrez, jefe de operaciones del Ejército de la Convención, con este carácter avanza hacia la ciudad de México y antes de entrar a la capital, acepta el Plan de Ayala y firma con Zapata el Pacto de Xochimilco el 4 de diciembre de 1914. Ambos convienen en elevar a la presidencia a un civil identificado con la Revolución. Desfilan juntos por las calles principales de la ciudad de México dos días después. En Palacio Nacional, Villa se sienta, jocosamente, en la silla presidencial: ha llegado a la cúspide de su carrera político-militar. Este acto simboliza el momento cumbre de la revolución popular, sin cuya existencia la revolución mexicana no hubiera tenido la trascendencia que tuvo en la vida de México.

A corto plazo Villa parece estar en ventaja para derrotar a los carrancistas. Lo que hace débil a los convencionistas es su heterogeneidad. Se trata de una frágil alianza multiclasista en que se mezclan facciones muy radicales –Zapata, Lucio Blanco, Ángeles- y muy conservadoras -Maytorena, Madero, Buelna,- que le restan unidad. Villa no se somete realmente a los presidentes surgidos de la Convención, los que carecen de todo poder económico y militar; el choque entre ambos es inevitable, lo mismo que entre jefes y soldados villistas y zapatistas. Las fuentes de financiamiento villista, ganado y algodón, disminuyen, mientras los precios de las armas aumentan por la guerra en Europa. A mediano y largo plazo, Carranza logra una coalición más coherente, mantiene una gran unidad militar, -que se dividiría hasta 1920,- tiene una oficialidad más capacitada, dispone de los vastos recursos del puerto de Veracruz que recupera, y sobre todo, cuenta con el beneplácito de los Estados Unidos.

Villa abandona la ciudad de México y desde Chihuahua, trata de organizar un gobierno para el norte del país, cuya jefatura asume con antiguos maderistas: Juan Escudero en Relaciones Exteriores, Miguel Díaz Lombardo en Hacienda y Luis de la Garza Cárdenas en Comunicaciones. Esto dificulta aún más la existencia del gobierno central convencionista, que después de lanzar un programa de reformas desde Cuernavaca, termina por disolverse.

El conflicto entre los dos grandes grupos revolucionarios también se da en el campo de la ideología y de la propaganda en México y Estados Unidos: entre diciembre de 1914 y enero de 1915, Carranza promulga desde Veracruz una serie de leyes que pretenden quitar banderas a sus opositores; en los diarios, Villa es etiquetado como un bandido manipulado por los “reaccionarios” Maytorena y Ángeles, ahora los verdaderos “revolucionarios” resultan ser los carrancistas. El mismo John Kenneth Turner escribe contra Villa. Los esfuerzos villistas de contrapropaganda no resultan tan eficaces.

La batalla decisiva entre villistas y carrancistas está por venir. Lo pactado en Xochimilco no se cumple: Los zapatistas se niegan a pelear fuera de sus lugares de origen en un ataque a Veracruz y los villistas tampoco les suministran armas, municiones y equipo para mejorar su capacidad de fuego. Villa tiene que enfrentarse a Carranza sólo con su División del Norte.

“Al empezar el 1915, los recuentos villistas hacían ascender a cincuenta mil el número de sus fusiles de diferentes marcas y calibres; a diez millones, el de cartuchos disponibles en las plazas de Chihuahua y Torreón; a ciento cincuenta ametralladoras y a veintidós mil caballos en el norte del país.

“Por lo que respecta al numerario, para la adquisición de más armas y materiales bélicos, el villismo recibía poco menos de medio millón de dólares mensuales de la exportación de metales preciosos y ganado vacuno. Las rentas interiores apenas eran suficientes para los gastos de la administración civil, por lo cual, para la compra de material rodante que en cuatro años de guerra tenía muchas mermas en su eficiencia, no había dinero, de manera que para el caso, Villa imponía préstamos forzosos; y... no es exagerado decir que los ingresos del villismo... no equivalían al cincuenta por ciento de los ingresos de Carranza”. (Valadés José C. Historia General de la Revolución Mexicana).

Cuidando de no alejarse demasiado de sus líneas de abastecimiento, Villa no persigue a Obregón a Veracruz, como le sugiere el general Ángeles, y por lo tanto, pierde su ventaja inicial y permite a su enemigo fortalecerse y preparar la campaña final. Entonces, Ángeles aconseja replegarse al norte y tomar Tampico, puerto de una rica región petrolera, pero Villa decide erróneamente, dispersar sus fuerzas en más frentes y pasar a la ofensiva no solo en el norte sino también en el occidente. Logra tomar Guadalajara y Monterrey, pero no Tampico, pues los villistas son derrotados en El Ébano.

Obregón, enterado de la obsolescencia de las cargas de caballería superadas por la guerra de trincheras que tenía lugar en Europa, se acerca a Irapuato, en donde Villa mantiene al grueso de su ejército y escoge el mejor campo para usar la nueva táctica de trincheras. En 1915 las batallas decisivas tienen lugar en el Bajío: escaso de municiones y sin conservar tropas de reserva, Villa lanza su caballería en audaces pero inútiles ataques a las fortificaciones obregonistas, cuando lo que aconseja Ángeles es pasar a la defensiva para desgastar a Obregón y alejarlo de sus fuentes de abastecimiento. Mientras se combate, los zapatistas hacen esfuerzos poco eficaces para cortar las líneas de suministros de Obregón en el sur. Aunque Villa intenta cambiar de táctica, en las siguientes semanas es derrotado sucesivamente por los constitucionalistas en las batallas de Celaya, Trinidad, León y Aguascalientes. Al parecer, carente de información de la guerra europea, lejos de sus asesores –Ángeles trataba de impedir en Estados Unidos el reconocimiento al gobierno de Carranza,- y envanecido por el poder, Villa actúa con arrogancia y exceso de confianza, lo que le hace subestimar la capacidad militar del “perfumado” Obregón. Así se pierde la gran División del Norte.

El 24 de mayo de 1915, en León, Guanajuato, Villa expide su Ley General Agraria porque “la gran desigualdad en la distribución de la propiedad territorial ha producido la consecuencia de dejar a la gran mayoría de los mexicanos, a la clase jornalera, sujeta a la dependencia de la minoría de los terratenientes, dependencia que impide a aquella clase el libre ejercicio de sus derechos civiles y políticos”. Porque la concentración de la propiedad perpetua la pobreza y obstaculiza la superación de los jornaleros, es causa de que permanezcan incultas o mal cultivadas grandes extensiones y permite los abusos de los hacendados y obliga al pueblo a rebelarse, lo cual impide la evolución pacífica del país. Es necesario en consecuencia, reducir las grandes propiedades territoriales a límites justos, distribuyendo equitativamente las excedencias.

La ley dispone en su artículo primero: “Se considera incompatible con la paz y la prosperidad de la República la existencia de las grandes propiedades territoriales. En consecuencia, los gobiernos de los Estados, durante los tres primeros meses de expedida esta ley, procederán a fijar la superficie máxima de tierra que, dentro de sus respectivos territorios, pueda ser poseída por un solo dueño y nadie podrá en lo sucesivo seguir poseyendo ni adquirir tierras, en extensión mayor de la fijada, con la única excepción... en favor de empresas agrícolas que tengan por objeto el desarrollo de una región, siempre que tales empresas tengan carácter de mexicanas y que las tierras y aguas se destinen al fraccionamiento ulterior en un plazo que no exceda de seis años”. Así, a diferencia de Zapata, considera a la pequeña propiedad como la solución del problema agrario.

Con los restos de sus tropas, Villa marcha a Torreón y trata de fortalecerse en Chihuahua. Pero la derrota lo sigue: el valor de sus billetes se desploma y la gente los rechaza, los precios se disparan al alza, los alimentos escasean aun para su ejército que aun incluye miles de soldados y sus familias. Las deserciones se multiplican, lo mismo que las traiciones hasta de su gente de mayor confianza. Emplea mano dura para financiarse y mantener la disciplina con resultados contraproducentes. Ordena ejecuciones como la del general Tomás Urbina, su viejo amigo. Sin fuentes de financiamiento el ejército entra en crisis, mientras los carrancistas avanzan.

Antes de la derrota de 1915, numerosos hombres y mujeres se enganchaban voluntariamente al ejército villista, ya vencido, Villa se ve obligado a reclutar por la fuerza nuevos hombres mediante amenazas a ellos mismos y a sus familiares. En agosto del mismo año, el gobernador de Chihuahua, Andrés Ortiz ofrece $50,000 pesos a quien aprehenda al bandolero Villa.

Al no poder sostenerse en chihuahua, Villa marcha penosamente a caballo rumbo a Sonora, para obtener apoyo del gobernador Maytorena, quien huye al saber de su llegada. En el trayecto muere el general Rodolfo Fierro. En el ínterin, el 16 de octubre de 1915, Wilson reconoce al gobierno carrancista.

Tampoco Sonora le ofrece una opción para recuperarse, pues los carrancistas han tomado varios poblados y el importante puerto de Guaymas. Entonces Villa pretende hacerse de Agua Prieta. El 1° de noviembre de 1915, ataca de noche, que es cuando sus tropas han demostrado ser más efectivas, pero son sorprendidas por grandes reflectores que iluminan el campo de batalla. La artillería y las ametralladoras acribillan fácilmente a los atacantes. Desconcertado y desesperado, Villa achaca a los norteamericanos su derrota por haber permitido el paso de refuerzos carrancistas por territorio estadounidense y el uso de los reflectores desde el otro lado de la frontera. Acusa de perfidia al presidente Wilson. A partir de entonces, se vuelve un antiyanqui furibundo.

Cuatro días más tarde, desde Naco, lanza su última proclama. En ella, Villa intenta quitarse la etiqueta de “reaccionario” por haber aceptado en sus filas muchos oficiales federales; señala a Carranza como el verdadero reaccionario, no sólo por utilizar a diputados, senadores, altos funcionarios y periodistas porfiristas, sino por su política reaccionaria de restitución del poder de hacendados como Creel y Terrazas, y de alianza con los más corrompidos “científicos”. Lo acusa de haber traicionado a Madero, de tratar de imponer una nueva dictadura y vender la Patria a los Estados Unidos, pues sólo así se explica por qué un hombre como Carranza, que hasta mira con repugnancia a los norteamericanos, de pronto obtiene su reconocimiento, un préstamo de 500 millones de dólares y permiso para el tránsito de tropas por su territorio.

Sostiene que Carranza ha aceptado “ocho condiciones impuestas por Estados Unidos: 1. La amnistía a todos los presos políticos; 2. Una concesión por noventa y nueve años sobre Bahía de la Magdalena, Tehuantepec y una región innominada en la zona petrolera; 3. Un acuerdo de que las secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores y Hacienda serían ocupadas por candidatos que contaran con la aprobación del gobierno de Washington; 4. Todo el papel moneda emitido por la revolución sería unificado tras consulta con un asesor nombrado por la Casa Blanca; 5. Todas las justas reclamaciones de extranjeros por los daños causados por la revolución serían pagadas y todas las propiedades confiscadas serían devueltas; 6. Los Ferrocarriles nacionales quedarían bajo el control de una junta directiva en Nueva York, hasta que se pagaran las deudas a esa junta; 7. Estados Unidos, a través de los banqueros de Wall Street, otorgaría un préstamo de quinientos millones de dólares al gobierno mexicano, garantizado por una intervención sobre todos los ingresos de la hacienda mexicana, y un representante de ese gobierno supervisaría la forma en que México cumplía con esa disposición, y 8. El general Pablo González sería nombrado presidente provisional y convocaría elecciones en un plazo de seis meses”. (Katz, ya citado)

Por lo tanto, Villa declara que pese a su agradecimiento a Wilson y su admiración por el pueblo norteamericano queda relevado de la obligación de dar garantías a los extranjeros, particularmente a los estadounidenses. Y aunque plantea la posibilidad de un conflicto armado con Estados Unidos, aclara que no tiene intención de provocarlo.“¡Que la historia defina responsabilidades!"

Villa basa sus acusaciones en que esos mismos puntos ya se los habían propuesto enviados norteamericanos y él los rechazó. Pero no hay pruebas de que Carranza firmara ese pacto. Lo evidente es que ante el conflicto europeo y el interés de los alemanes en mantener el desorden en México, Wilson tiene prisa por pacificar su “patio trasero” y opta por Carranza que ya domina la mayor parte del país y que por su conservadurismo no es capaz de afectar propiedad alguna, menos las de los estadounidenses.

Vuelve a ser vencido en otro desastroso intento por tomar Hermosillo. La derrota lleva a Villa a cometer cada vez más arbitrariedades y su sed de venganza contra quienes considera que lo traicionan, lo conduce a realizar horrendas matanzas como la de San Pedro de las Cuevas o ejecuciones automáticas de exvillistas que caen en sus manos.

Ante la debacle varios generales villistas negocian con Obregón la rendición del grueso de la División del Norte. Logran amnistía, licenciamiento y dinero para todos los ya exvillistas, menos para Villa, su hermano Hipólito, Miguel Díaz Lombardo, Lázaro de la Garza Cárdenas y Francisco Escudero. Decenas de generales y miles de oficiales y soldados dejan las armas.

Villa se niega a rendirse y a buscar asilo en suelo norteamericano o europeo. El 20 de diciembre de 1915, Villa disuelve lo que queda de la División del Norte y se despide de sus hombres, dejándolos en libertad para regresar a sus hogares. Con quienes no quieren abandonarlo, se dedica a hostilizar al gobierno de Carranza mediante la toma momentánea de ciudades y pueblos. Ahora es un fugitivo al que todavía siguen varios cientos de revolucionarios.

Disgustado Villa por el reconocimiento que los Estados Unidos otorgan a Carranza, quien había pactado la entrega de México (según le habían hecho creer agentes estadounidenses encubiertos), así como por el embargo de armas que le imponen los norteamericanos, el 10 de enero de 1916, en Santa Isabel, Chihuahua, da muerte a 18 estadounidenses que viajaban en un tren; y el 9 de marzo siguiente, asalta con 360 hombres la población fronteriza de Columbus, Nuevo México, en represalia porque se le impide el paso de pertrechos y se le congelan sus cuentas en el Colombus State Bank. Los verdaderos propósitos de estos desafíos al presidente Wilson, aún se discuten: lo financiaron empresarios estadounidenses para obligar a una invasión que les resultaba conveniente, o fueron los alemanes que lo estimularon para evitar que Estados Unidos entrara a la guerra en europea, o el propio Villa pensó que si estallaba un conflicto, ante una invasión extranjera se provocaría una reacción nacionalista que le permitiría convocar a la formación de un frente de unión de todos los mexicanos, que le daría una oportunidad de encabezar esa lucha. Estas acciones harían de Villa un símbolo de la resistencia nacional contra el imperialismo norteamericano.

Dos días después, el cónsul norteamericano en Ciudad Juárez, Thomas Edwards, notifica al general Gabriel Gavira, que las tropas de Estados Unidos entrarán en territorio mexicano a perseguir a Villa. Una columna al mando del general John Joseph Pershing, -experimentado militar en combatir guerrillas en Filipinas,- compuesta por 3 mil hombres, 28 piezas de artillería, 200 ametralladoras y un escuadrón aéreo sobre automóviles, entra por Palomas a México. Otra penetra cerca de Ciudad Juárez. Carranza ordena la salida de 2,500 soldados con el mismo objetivo.

La “expedición punitiva” norteamericana, que llega a tener 10,000 hombres perfectamente equipados, dura del 14 de marzo de 1916 al 15 de febrero de 1917, y libra varias escaramuzas con los villistas, pero no atrapa a Villa, quien regresa a su actividad de guerrillero. En una de esas escaramuzas, pero con las tropas carrancistas, Villa resulta herido en una rodilla y tiene que refugiarse dos meses en una cueva de la Sierra de Santa Ana.

A su regreso, Villa convoca a los pueblos a unirse contra la invasión yanqui y acusa a Carranza de entregarse al extranjero. Su discurso nacionalista aviva su movimiento y arma nuevos contingentes con las armas y parque escondidas en depósitos secretos tiempo atrás. El 15 de septiembre, siguiente, Villa toma sorpresivamente Chihuahua, libera a los presos y lanza un manifiesto en donde propone la expropiación de las empresas mineras y ferroviarias extranjeras. Después toma momentáneamente Torreón.

En el contexto de la guerra en Europa, Villa vuelve a la escena internacional: la prensa norteamericana lo denigra, los alemanes intentan que desate un conflicto bélico México-Estados Unidos, los ingleses pretenden que derroque a Carranza, los contrabandistas de armas y estafadores tratan de aprovecharse del dinero de que nuevamente dispone.

Durante los siguientes meses, Villa divide su ejército en pequeños contingentes que toman temporalmente Ojinaga, Jiménez, Villa Ahumada, Parral y Santa Eulalia. Establece fábricas de cartuchos. Libra una guerra brutal contra los carrancistas del general Francisco Murguía. Las pugnas de ambos bandos destruyen la economía y la sociedad chihuahuense se hastía de tanta violencia.

Villa establece una especie de servicio militar, que en realidad es leva y que recibe el repudio de la gente. Esto, los asesinatos de chinos, los fusilamientos de prisioneros y hasta de mujeres soldaderas carrancistas, las violaciones y el saqueo constante de haciendas y ranchos, así como de todo tipo de negocios grandes y pequeños, nacionales y extranjeros, hacen que se desplome el apoyo popular a Villa, al grado de hacer surgir defensas civiles en su contra, primero espontáneamente, después auspiciadas por los carrancistas. El declive se acelera con la salida de los norteamericanos del territorio nacional en febrero de 1917, pues el villismo pierde su causa nacionalista. Además, en un giro a la derecha para fortalecer su gobierno, Carranza devuelve a los hacendados las propiedades expropiadas para conseguir su apoyo, muchas en plena ruina, sin protestas de Villa ni del peonaje.

A fines de 1918, se le reincorpora el general Ángeles porque cree que los norteamericanos invadirán México tras triunfar en la guerra europea. Trae una nueva bandera: en Nueva York constituyó la Alianza Liberal Mexicana con el propósito de unir a todos, -villistas, zapatistas, maderistas, porfiristas, felicistas- en un gran frente amplio para derrocar a Carranza, e instaurar la paz, la democracia, el respeto a la propiedad y a la religión, y las buenas relaciones con los Estados Unidos, Así lanza el Plan de Río Florido, que propone el regreso a la Constitución de 1857, entre otras cosas, el cual es aceptado por Villa, pese a su carácter retrógrado. En lo que Villa no consiente es en organizar otra vez un gran ejército como le sugiere Ángeles, quien entonces se dedica más a predicar sus ideas políticas en los pueblos por los que pasa, que a la guerrilla.

Durante 1919 Villa reanuda su actividad guerrillera y ataca algunas ciudades de Chihuahua, como Moctezuma e Hidalgo del Parral. Ángeles trata de dar al villismo un "rostro humano" para cambiar su imagen violenta; confía en que si el presidente Wilson rechaza a Villa, sí lo aceptará a él, como dirigente de unidad nacional. Logra que Villa refrene sus abusos y fusilamientos, y hasta que libere a soldados carrancistas prisioneros. Pero surgen varios desacuerdos entre ellos, como el suscitado por la orden de dar muerte al padre y a los hermanos del finado general carrancista Maclovio Herrera, acusados de encabezar las defensas sociales que combaten a los villistas. Termina separándose de Villa por su decisión unilateral de tomar Ciudad Juárez el 15 de junio de 1919, de la que resulta una gran derrota porque al vencer a los carrancistas y ocupar la ciudad, el general norteamericano E. B. Erwing, con el pretexto de que han caído proyectiles sobre El Paso, Texas, hace cruzar la frontera a sus soldados para combatir a los villistas y que los cañones del Fuerte Bliss disparen contra el puesto de mando del propio general Villa, quien tiene que abandonar su presa y retirarse a Durango. Villa amenaza con matar a todo yanqui que encuentre y destruir sus propiedades. Aunque no lo hace, Ángeles se convence que Villa nunca volverá a gozar de las simpatías de los Estados Unidos, por lo que ha fracasado rotundamente y se retira.

En los primeros meses de 1920, Villa ocupa sin combatir Ciudad Lerdo y Gómez Palacio y en la estación de Rellano, se apodera de $100,000 pesos que transportaba un tren. Entonces sobreviene el movimiento del Plan de Agua Prieta.

Una vez asesinado Carranza, Villa acepta rendirse con dos generales, 83 jefes, 160 oficiales y 558 elementos de tropa al gobierno de Adolfo de la Huerta el 26 de junio de 1920, mediante los convenios de Sabinas, por los cuales se le entrega la hacienda de Canutillo y se le otorga una guardia de 50 hombres a cargo del erario.

Habiendo depuesto las armas, se retira a esa hacienda, cercana a Durango, que el gobierno le cede en propiedad. Ahí organizó el trabajo comunal, convirtió la iglesia en troje, compró maquinaria agrícola, sembró trigo, maíz y frijol; fundó un banco de crédito agrícola; instaló talleres de carpintería y zapatería; construyó una escuela para los niños y casas para los trabajadores.

 

Entrevistado por periodistas norteamericanos, Villa declara que se volvería a levantar en armas si Estados Unidos ataca a México y si Don Adolfo (De la Huerta) requiere su ayuda. Señala que el pacto de Sabinas con el gobierno tiene sólo vigencia durante el gobierno de Obregón. A fines de 1922, expresa al periodista Hernández Llergo sus simpatías por De la Huerta para la próxima sucesión presidencial y advierte que le temen los políticos porque puede levantar un ejército de cuarenta mil hombres en poco tiempo. También manifiesta su deseo de ser gobernador de Durango. Al parecer estas declaraciones motivan a Obregón y Calles a no impedir su asesinato habiendo tenido conocimiento previo del ataque que se urdía en su contra, sea por decisión propia, o quizás para que no obstaculice la venta del latifundio de Terrazas al norteamericano McQuatters, o por qué no, como parte de las negociaciones secretas del llamado Tratado de Bucareli con el gobierno norteamericano, que no olvida el ataque a Colombus.

Tras sufrir varios atentados, muere emboscado en Hidalgo del Parral, Chihuahua, el viernes 20 de julio de 1923 (el 7 de diciembre siguiente De la Huerta se levantaría en armas). Melitón Lozoya, quien se decía amenazado de muerte por Villa, fue señalado como autor del crimen. El diputado local duranguense Jesús Salas Barraza se declaró públicamente culpable del asesinato, fue encarcelado y condenado a veinte años de prisión, pero en abril del siguiente año fue indultado por el gobernador de Chihuahua Ignacio Enríquez. Se dice que el general Eugenio Martínez, tras el asesinato de Villa, encontró en Canutillo cerca de 8,000 fusiles, medio millón de municiones, granadas de mano y bombas, que pasaron como "trigo", con anuencia de las aduanas cuando De la Huerta era el secretario de Hacienda.

Para Pedro Salmerón (¿Por qué perdió Pancho Villa? Relatos e Historias en México, ): "En el asesinato del Centauro está probada la responsabilidad del presidente de la República, Álvaro Obregón, y de su secretario de Gobernación y virtual sucesor, general Plutarco Elías Calles; así como la de los gobernadores de Chihuahua y Durango, generales Ignacio Enríquez y Jesús Agustín Castro, respectivamente".

Escribe Everardo Gámiz Fernández: “En Parral termina la vida de Villa, pero solamente física, pues con ello se agiganta su figura, sus acciones se reconocen y realza la personalidad del que sirvió a los pobres, a los humildes, y fue y seguirá siendo ejemplo de patriotismo, audacia y valentía”.

Katz, ya citado, le reconoce grandes méritos: Villa contribuyó como nadie a la destrucción del antiguo régimen: al lado de Madero, con la audaz toma de Ciudad Juárez, impidió una retirada desastrosa de los revolucionarios; con Carranza, su acción fue decisiva en la derrota final del ejército huertista y en la expulsión masiva de hacendados, que debilitó el poder de los mismos como clase social; su ataque a Colombus restó a Carranza capacidad para exterminar a los movimientos campesinos, como el de Zapata, que pudieron sobrevivir para pactar concesiones progresistas con Obregón; la expedición punitiva que provocó, vigorizó el nacionalismo y radicalizó a los constituyentes de 1916-1917. En suma, gracias a Villa, el sistema de haciendas y el viejo régimen nunca se repusieron, pese a las acciones reaccionarias de Carranza.

Además, en su momento cumbre 1913-1914, en Chihuahua los villistas hicieron funcionar tan eficazmente la administración estatal de gran parte de la economía, que "en algunos sentidos, puede ser considerado el primer estado benefactor de la historia mexicana".

"Finalmente, Villa produjo uno de los mitos revolucionarios más poderosos, fascinantes y persistentes, que se difundió desde México a gran parte del mundo".

La leyenda de Villa continúa después de su muerte. Su vida ha sido tema de muchos corridos, películas y series de televisión, caracterizado por artistas de la talla de Pedro Armendáriz. Como dato curioso, según la película Villa, Itinerario de una pasión, en el primer aniversario de su asesinato, los Halcones Dorados, cuatro pilotos norteamericanos que integraron el escuadrón aéreo de la División del Norte, al frente de cincuenta biplanos, lanzaron desde el aire diez mil orquídeas sobre su tumba en Parral.

El 5 de febrero de 1926 se profana su tumba y su cabeza desaparece. Algunos señalan al coronel villista Francisco Durazo Ruiz que la toma para venerarla según él, o para venderla a un norteamericano, según otras fuentes. Algunos dicen que la enviaron a la Universidad de Chicago para estudiarla; y también se especula que está en poder de la fraternidad secreta “Skull & Bones” de la Universidad de Yale fundada por Prescott Bush, ancestro de los presidentes norteamericanos. Para Paco Ignacio Taibo II, autor de una biografía narrativa de Villa, su cabeza, depositada en una caja de parque, fue enterrada por el propio Durazo dentro del territorio nacional. Otro novelista, Jorge Pech Casanova (Juntos en el infierno), señala al traficante de armas y mercenario sueco Emil Lewis Holmdahl, quien colaboró brevemente con las tropas norteamericanas durante la Expedición Punitiva, como quien robó la cabeza y la entregó esa misma noche a Durazo que llegó a Parral en un biplano por ella y que de inmediato despegó para llevarla a Obregón.  Pero Holmdahl se guardó la cabeza verdadera para venderla en Estados Unidos y temeroso, finalmente la enterró en lugar desconocido.

Lo único real es que su cabeza sigue perdida...

En el estado de Durango, Pancho Villa es venerado como un santo por muchos de sus paisanos, quienes aseguran que resulta "muy cumplidor" en cuestiones de amor y de dinero. Héroe o santo para el pueblo, y asesino y bandido para los explotadores, finalmente, en 1966, después de un prolongado debate, la XLVI Legislatura acepta que su nombre se inscriba con letras de oro en la Cámara de Diputados. El diputado del PPS, Lombardo Toledano expresa: “El movimiento revolucionario de México tenía una gran deuda con Francisco Villa, y nuestro pueblo también. Hoy se paga, en parte, esa deuda; no totalmente, porque la única manera de pagar totalmente una deuda, si se quiere y reconoce que existe tal, es no formular loas a los personajes, sino cumplir su mandato histórico. Al colocar el nombre de Francisco Villa se paga esa deuda en parte; pero también se adquiere una gran responsabilidad… tenemos que sentirnos orgullosos de que, por fin, la memoria de Francisco Villa aliente, aunque sea por unas horas, este recinto, que debe vibrar, mentalmente, de emoción y de promesas de construir un México nuevo, a impulsos de la Revolución, que no ha terminado”.

En 1969 se devela su estatua ecuestre en la ciudad de México. En 1976 sus restos, sin la cabeza, se depositan en el Monumento a la Revolución. (No obstante, en Parral, Chihuahua, existe una tumba en la que se afirma que realmente descansan los restos de Villa).


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride. Nacimiento 5 de junio de 1878. Muerte 20 de julio de 1923.