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Villa Francisco (Doroteo Arango Quiñones)

1878-1923

Doroteo Arango Quiñones, Pancho Villa, nace el 5 de junio de 1878 en el Rancho de Río Grande, cerca de San Juan del Río, Durango. Dada la pobreza de sus padres, Agustín Arango y Micaela Quiñones, no tiene educación escolar. Trabaja de leñador y de labrador cuando fallece su padre.

Se dedica al comercio, con ayuda de Pablo Valenzuela, que le fía mercancía.

En 1894 es mediero junto con sus hermanos Antonio e Hipólito en la hacienda de Gogojito de la familia López Negrete, pero huye a la sierra después de herir en una pierna al hacendado Agustín López Negrete, que intentó raptar a su hermana Mariana. Se dedica al bandidaje y cambia su nombre por el de Francisco Villa, en alusión a que su padre había sido hijo natural de Jesús Villa.

Se integra a la banda jefaturada por Ignacio Parra, es encarcelado brevemente en Durango y abandona la banda cuando uno de sus miembros asesina a un anciano panadero que se resiste a ser robado. Trabaja en la mina de El Verde en Hidalgo del Parral y de albañil y comerciante en Chihuahua, lo que le permitió conocer al gobernador Abraham González. Vuelve a la sierra y al abigeato cuando es otra vez perseguido por la policía.

En 1910 se une al maderismo con su compadre Eleuterio Soto, y después, con Abraham González. Ataca la Hacienda de Chavarría el 17 de noviembre de 1910. Su audacia y sentido de organización lo hacen sobresalir como jefe en las batallas que se libran contra el ejército federal en San Andrés, Santa Isabel, Ciudad Camargo, Las Escobas y Estación Bauche. Al lado de Pascual Orozco, participa en la toma de Ciudad Juárez. A partir de sus victorias, su fama corre por toda la nación. En la hacienda de Bustillo, Madero le otorga el grado de Coronel. Vuelve a la vida civil como criador de ganado y carnicero después de la firma de los Tratados de Ciudad Juárez.

En 1912 rechaza unirse a la rebelión orozquista y la combate en Chihuahua y Durango. En Torreón ingresa a la División del Norte, comandada por Victoriano Huerta. Participa en las batallas de Tlahualilo, Conejos, Escalón y Rellano, por lo que es ascendido a general brigadier honorario. Huerta intenta fusilarlo por insubordinación con el pretexto del robo de una yegua, pero por intervención del coronel federal Guillermo Rubio Navarrete, es enviado a la prisión de Santiago Tlatelolco en México. La leyenda dice que ahí conoció a Gildardo Magaña, quien le enseña a leer y le instruye acerca del agrarismo, lo cierto es que ahí conoció al general Bernardo Reyes, poco antes de su levantamiento. A fines de este año, se fuga con la ayuda de Carlos Jáuregui, escribiente del juzgado de la cárcel, y el gobernador Maytorena le apoya con dinero para que se refugie en El Paso, Texas.

En marzo de 1913, ayudado nuevamente por Maytorena, regresa a México a luchar contra Huerta junto a Carranza, quien lo nombra general brigadier. Así, inicia una exitosa campaña que le vale ser llamado “el Centauro del Norte”, por los estados de Chihuahua, Durango y Coahuila: batalla en Estación Bustillos, Casas Grandes, San Andrés, Avilés, Ciudad Lerdo, Gómez Palacio y Torreón. El 29 de septiembre siguiente, en la Hacienda de La Loma, Durango, los jefes revolucionarios del norte Toribio Ortega, Rodolfo Fierro, Juan N. Medina, Maclovio Herrera, Tomás Urbina y Manuel Chao entre otros, deciden unir fuerzas en una nueva División del Norte: los rebeldes pertenecientes a un mismo pueblo o región se encuadran en regimientos -luego brigadas- que eligen a los oficiales y al coronel; Villa es electo por los jefes de las brigadas como jefe de la División. Antes de terminar el año, la nueva División del Ejército Constitucionalista aniquila una división federal en Tierra Blanca y toma Ciudad Juárez y Chihuahua el 8 de diciembre siguiente.

Villa se revela como un carismático caudillo campesino y gran organizador militar (llegaron a llamarlo el Napoleón Mexicano), al que hasta jefes militares profesionales maderistas, como el general Ángeles obedecen con respeto. Es capaz de mantener en operación la red ferrocarrilera para usos militares y económicos. Su imaginación, valor y audacia le permiten emplear estratagemas como la de meter a sus tropas dentro de un tren militar federal para engañar a los huertistas y entrar a Ciudad Juárez sin resistencia, y sorprender y derrotar a los federales, o como la de poner sombreros en las trincheras para aparentar un mayor número de revolucionarios y disuadir al enemigo de atacarlo.

También Villa se convierte en un gran propagandista, su contrato con la Mutual Film Corporation para filmar sus batallas y su manejo de la prensa escrita norteamericana, lo hizo pronto un personaje de novela y de película en Estados Unidos y en México. El 28 de diciembre de 1913 declara al New York Tribune que la paz sólo llegará con la salida de Huerta, la rendición incondicional del ejército federal, la restauración de la Constitución de 1857 y la designación de un presidente provisional que convoque a elecciones. Además, deberán hacerse leyes que distribuyan mejor la tierra, ratificarse la confiscación de los grandes latifundios y nulificarse todos los actos del gobierno huertista.

Es nombrado gobernador provisional de Chihuahua por los jefes de brigada de la División del Norte Maclovio Herrera, José E. Rodríguez y Manuel Chao. Ejerce el cargo por breve tiempo, pero logra conservar en funcionamiento la economía a pesar de la guerra revolucionaria. Se financia con préstamos forzosos obtenidos de los ricos y del clero, y con la venta a los norteamericanos del ganado de las haciendas expropiadas, por lo que para mantener este comercio no afecta las propiedades de estadounidenses. Condona las contribuciones atrasadas; expulsa del estado a los españoles acusados de ayudar a Huerta; manda imprimir diversos billetes (“dos caritas” y “sábanas”) y acuñar moneda de plata; decreta el establecimiento del Banco del Estado; embarga tiendas y sustituye a sus voraces dueños con administradores honorables; llena el mercado de reses de las haciendas que interviene; y abarata los precios del maíz, frijol y carne. También reabre el Instituto Científico y Literario, instala el primer telégrafo inalámbrico del norte y reorganiza los ferrocarriles.

Asimismo, por decreto de 12 de diciembre de 1913, confisca bienes a quienes se han enriquecido con la complicidad de los porfiristas, a costa del erario y de la explotación de los pobres: los Terrazas, los Creel, los hermanos Falomir, los Luján, los Molinar, entre los más destacados; y promete restituir las propiedades a su legítimos dueños, así como adjudicar tierras mediante cómodos y módicos pagos. Su sueño, que le cuenta a John Reed (México Insurgente), es una especie de república de pequeños propietarios independientes, armados agrupados en pueblos o colonias militares autárquicos y autosuficientes, apoyados por el Banco del Estado mediante créditos de avío, obras de irrigación y otras mejoras: “Cuando México sea una nueva república, el ejército será disuelto, pues ya no lo necesitaremos. Daremos trabajo a los soldados y estableceremos en todo el país colonias agrícolas con los veteranos de la revolución. El Estado les dará tierras y creará muchas empresas industriales para que tengan donde trabajar. Trabajarán tres días por semana y lo harán con todas sus fuerzas, porque el trabajo honesto es más importante que cualquier guerra, y sólo él hace del hombre un buen ciudadano. Los tres días restantes aprenderán arte militar y se lo enseñarán al pueblo. Entonces, en caso de que nuestra patria se vea amenazada por una invasión enemiga, bastará con llamar por teléfono desde la capital a todos los confines del país, para que todo el pueblo abandone los campos y las fábricas a fin de defender como un solo hombre, armas en mano, organizadamente, sus hogares y sus hijos. Sueño con terminar mi vida en una de estas colonias, entre mis queridos compañeros que pasaron conmigo momentos de tanto sufrimiento y privación”.

Deja en manos de Manuel Chao el gobierno del estado el 8 de enero de 1914 y reanuda sus actividades militares. El 16 de febrero siguiente, sufre un intento de asesinato por parte de William S. Benton, un terrateniente inglés, enfurecido porque Villa deja que los campesinos pasten sus animales en sus tierras; y lo somete a un consejo de guerra que lo condena a muerte. Este fusilamiento provoca un conflicto internacional al gobierno de Carranza, pues el de Gran Bretaña solicita una investigación del caso al gobierno de los Estados Unidos, ya presto a intervenir en los asuntos internos de México. Carranza no acepta la intermediación de los norteamericanos y el asunto se diluye porque los británicos se niegan al trato directo para no reconocer implícitamente a Carranza.

La importancia que los Estados Unidos le conceden a Villa se expresa en la presencia de George C. Carothers como cónsul especial acreditado ante la División del Norte, distinción que no le merecen otros jefes constitucionalistas.

Incorporados a la División del Norte, Raúl Madero, Felipe Ángeles y José Isabel Robles, Villa combate en Gómez Palacio y toma Ojinaga, Torreón y San Pedro de las Colonias. Después, el 17 de mayo, con una carga de seis mil jinetes lidereados por los “dorados” (guardia personal de Villa integrada por cien efectivos, llamados así por el color caqui de sus camisas) derrota en Paredón al huertista Joaquín Mass y se apodera de Saltillo. Se dice que cuando ocupa una ciudad, lo primero que hace es cerrar las cantinas y que el soldado que se emborracha es fusilado; que no permite el saqueo pues coloca tropas frente a las tiendas; y que tiene el mejor tren hospital con 40 médicos y centenares de enfermeras.

Villa pretende atacar Zacatecas, pero Carranza ordena al general Natera que avance hacia esa ciudad, lo cual provoca la renuncia de Villa, que acepta de inmediato Carranza; pero los generales villistas, en franca rebelión, vuelven a nombrar a Villa Jefe de la División del Norte. El 23 de junio, Villa toma Zacatecas desobedeciendo las órdenes de Carranza y aniquila prácticamente al ejército federal. Carranza destituye al general Ángeles como subsecretario de Guerra por la insubordinación; asimismo, corta el suministro de carbón para los trenes villistas y de armas y municiones para sus hombres. Para solucionar discrepancias con Carranza, firma el Pacto de Torreón, entre la División del Norte y el Cuerpo de Ejército del Noroeste al mando de Pablo González, por el cual le reconoce a Carranza su jefatura y éste lo asciende a divisionario; asimismo, acepta que Carranza asuma la presidencia interina, pero exige el cumplimiento del Plan de Guadalupe, que se inhabilite a los militares como candidatos a la presidencia y que se convoque a una convención de generales y gobernadores revolucionarios a fin de formular un programa de gobierno y después celebrar elecciones. Además, en la cláusula octava del pacto, se establece el compromiso de desaparecer al ejército federal, de atender las demandas de los “desheredados” y de luchar contra el pretorianismo, la plutocracia y la clerecía.

En agosto siguiente, el conflicto con los constitucionalistas se reaviva cuando apoya al gobernador sonorense Maytorena contra el grupo de Obregón, quien es enviado por Carranza a Chihuahua para tratar de llegar a un acuerdo. Villa se disgusta por lo que supone un doble juego de Carranza y Obregón, por lo que ordena el fusilamiento de éste último, pero la ejecución se suspende por la intervención de varios generales villistas.

Carranza convoca una convención de gobernadores y generales revolucionarios para unir a las tres facciones principales (carrancistas, zapatistas y villistas). Zapata se niega a asistir hasta que se acepte el Plan de Ayala; Villa exige el cumplimiento inmediato del Plan de Guadalupe.

La Convención se inicia en la ciudad de México, pero se traslada a Aguascalientes para que Villa asista y Zapata acepte enviar representantes. Ahí Villa de pie ante los convencionistas; dice, según Vito Alessio Robles (La Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes):

“-Con su venia, quiero decir unas cuantas palabras a mis hermanos de luchas y de ideales.

-Señores generales, señores oficiales que han sabido estar a la altura del deber para que todos unidos derrocáramos una tiranía como fue la del llamado gobierno de Huerta: Ustedes van a oír de labios de un hombre enteramente inculto, palabras sinceras que le dicta su corazón porque comprendiendo yo que entre las personas presentes hay hombres conscientes que sepan comprender los deberes para con la Patria y los sentimientos de humanidad, debo decir a ustedes que Francisco Villa no será vergüenza para todos los hombres conscientes, porque será el primero en no pedir nada, para él.

Únicamente me concreto a decirles que quiero mirar claro en los destinos de mi país, porque muchos son los sufrimientos porque ha atravesado.

En manos de ustedes están los destinos de la Patria, y si la Patria se pierde, sobre la conciencia de ustedes que son hombres conscientes, pesará.”

 Villa es destituido al igual que Carranza por la Convención y se nombra como presidente a Eulalio Gutiérrez. Carranza se niega a aceptar la decisión, abandona la capital y traslada su gobierno a Veracruz. Entonces Villa lanza un manifiesto en el que desconoce a Carranza, señala las intrigas políticas de éste y el incumplimiento de los convenios de Torreón. Villa es designado por el presidente convencionista Eulalio Gutiérrez, jefe de operaciones del Ejército de la Convención, con este carácter avanza hacia la ciudad de México y antes de entrar a la capital, acepta el Plan de Ayala y firma con Zapata el Pacto de Xochimilco el 4 de diciembre de 1914. Ambos convienen en elevar a la presidencia a un civil identificado con la Revolución. Ocupa junto con Zapata la ciudad de México dos días después. Este acto simboliza el momento cumbre de la revolución popular, sin cuya existencia la revolución mexicana no hubiera tenido la trascendencia que tuvo en la vida de México.

El 24 de mayo de 1915, en León, Guanajuato, Villa expide su Ley General Agraria porque “la gran desigualdad en la distribución de la propiedad territorial ha producido la consecuencia de dejar a la gran mayoría de los mexicanos, a la clase jornalera, sujeta a la dependencia de la minoría de los terratenientes, dependencia que impide a aquella clase el libre ejercicio de sus derechos civiles y políticos”. Porque la concentración de la propiedad perpetua la pobreza y obstaculiza la superación de los jornaleros, es causa de que permanezcan incultas o mal cultivadas grandes extensiones y permite los abusos de los hacendados y obliga al pueblo a rebelarse, lo cual impide la evolución pacífica del país. Es necesario en consecuencia, reducir las grandes propiedades territoriales a límites justos, distribuyendo equitativamente las excedencias.

La ley dispone en su artículo primero: “Se considera incompatible con la paz y la prosperidad de la República la existencia de las grandes propiedades territoriales. En consecuencia, los gobiernos de los Estados, durante los tres primeros meses de expedida esta ley, procederán a fijar la superficie máxima de tierra que, dentro de sus respectivos territorios, pueda ser poseída por un solo dueño y nadie podrá en lo sucesivo seguir poseyendo ni adquirir tierras, en extensión mayor de la fijada, con la única excepción ... en favor de empresas agrícolas que tengan por objeto el desarrollo de una región, siempre que tales empresas tengan carácter de mexicanas y que las tierras y aguas se destinen al fraccionamiento ulterior en un plazo que no exceda de seis años”. Así, a diferencia de Zapata, considera a la pequeña propiedad como la solución del problema agrario.

Señala Friedrich Katz: "Villa tenía una memoria fotográfica, privilegiada, del territorio de Chihuahua y Durango; asimismo, conocía el nombre de centenares de soldados. Por las noches recorría el campo, saludaba a sus soldados y les preguntaba si podía comer con ellos. Esto no lo hacía sólo por compartir los alimentos, sino también para evitar ser asesinado".

Cuidando de no alejarse demasiado de sus líneas de abastecimiento, Villa no persigue a Obregón a Veracruz, como le sugería el general Ángeles, y por lo tanto permite a su enemigo fortalecerse y preparar la campaña final. Entonces, Ángeles sugiere replegarse al norte y tomar Tampico, puerto de una rica región petrolera, pero Villa decide pasar a la ofensiva y enfrentar a Obregón en el Bajío; lanza su caballería en audaces pero inútiles ataques a las fortificaciones obregonistas, cuando lo que aconsejaba Ángeles era pasar a la defensiva para desgastar a Obregón y alejarlo de sus fuentes de abastecimientos. Es así, como es derrotado sucesivamente en 1915 por los constitucionalistas en las batallas de Celaya, Trinidad, León, Aguascalientes, Agua Prieta y Alamito, Villa disuelve lo que queda de la División del Norte y se dedica a hostilizar al gobierno de Carranza mediante tomas momentáneas de ciudades.

Disgustado por el reconocimiento que los Estados Unidos otorgan a Carranza y por el embargo de armas que le imponen los norteamericanos, el 10 de enero de 1916, en Santa Isabel, Chihuahua, da muerte a 18 estadounidenses que viajaban en un tren; y el 9 de marzo siguiente asalta con 360 hombres la población fronteriza de Columbus, Nuevo México, en represalia porque se le impide el paso de pertrechos y se le congelan sus cuentas en el Colombus State Bank. Dos días después, el cónsul norteamericano en Ciudad Juárez, Thomas Edwards, notifica al general Gabriel Gavira, que las tropas de Estados Unidos entrarán en territorio mexicano a perseguir a Villa. Una columna al mando del general John Joseph Pershing, compuesta por 3 mil hombres, 28 piezas de artillería, 200 ametralladoras y un escuadrón aéreo sobre automóviles, entra por Palomas a México. Otra penetra cerca de Ciudad Juárez. Carranza ordena la salida de 2 500 soldados con el mismo objetivo. En septiembre, Villa toma sorpresivamente Chihuahua y lanza un manifiesto en donde propone la expropiación de las empresas mineras y ferroviarias extranjeras. Después toma momentáneamente Torreón.

La “expedición punitiva” norteamericana, que llega a tener 10,000 hombres perfectamente equipados, dura del 14 de marzo de 1916 al 15 de febrero de 1917, y libra varias escaramuzas con los villistas, pero no encuentran a Villa, quien regresa a su actividad de guerrillero.

Durante los siguientes meses, Villa toma Ojinaga, Jiménez, Villa Ahumada, Parral y Santa Eulalia. A fines de 1918, se le reincorpora el general Ángeles, con el Plan de Río Florido, que propone el regreso a la Constitución de 1857 y reformas al ejército, el cual es aceptado por Villa, pese a su carácter retrógrado.

Una vez asesinado Carranza, Villa acepta rendirse al gobierno de Adolfo de la Huerta el 26 de junio de 1920, mediante los convenios de Sabinas, por los cuales se le entrega la hacienda de Canutillo y se le otorga una guardia de 50 hombres a cargo del erario.

Habiendo depuesto las armas, se retira a esa hacienda, cercana a Durango, que el gobierno le cede en propiedad. Ahí organizó el trabajo comunal, convirtió la iglesia en troje, compró maquinaria agrícola, sembró trigo, maíz y frijol; fundó un banco de crédito agrícola; instaló talleres de carpintería y zapatería; construyó una escuela para los niños y casas para los trabajadores.

 

Entrevistado por periodistas norteamericanos, declara que se volvería a levantar en armas si Estados Unidos atacaba a México y si Don Adolfo (De la Huerta) requería su ayuda. A fines de 1922, expresa al periodista Hernández Llergo sus simpatías por De la Huerta para la próxima sucesión presidencial y advierte que le temen los políticos porque podía levantar un ejército de cuarenta mil hombres en poco tiempo. Al parecer estas declaraciones motivan a Calles y a Obregón a ordenar su muerte.

Tras sufrir varios atentados, muere emboscado en Hidalgo del Parral, Chihuahua, el 20 de julio de 1923 (el 7 de diciembre siguiente De la Huerta se levantaría en armas). Melitón Lozoya fue señalado como autor del crimen. Jesús Salas Barraza se declaró culpable de su muerte, fue encarcelado, pero el mismo año fue liberado.

Escribe Everardo Gámiz Fernández: “En Parral termina la vida de Villa, pero solamente física, pues con ello se agiganta su figura, sus acciones se reconocen y realza la personalidad del que sirvió a los pobres, a los humildes, y fue y seguirá siendo ejemplo de patriotismo, audacia y valentía”.

Villa inicia su leyenda después de muerto. El 5 de febrero de 1926 se profana su tumba y su cabeza desaparece. Algunos señalan al coronel villista Francisco Durazo Ruiz que la toma para venerarla según él, o para venderla a un norteamericano, según otras fuentes; otros dicen que la enviaron a la Universidad de Chicago para estudiarla; y también se especula que está en poder de la fraternidad secreta “Skull & Bones” de la Universidad de Yale fundada por Prescott Bush, ancestro de los presidentes norteamericanos. Para Paco Ignacio Taibo II, autor de una biografía narrativa de Villa, su cabeza, depositada en una caja de parque, fue enterrada por el propio Durazo dentro del territorio nacional. En realidad, su cabeza sigue perdida...

En el estado de Durango, Pancho Villa es venerado como un santo por muchos de sus paisanos, quienes aseguran que resulta "muy cumplidor" en cuestiones de amor y de dinero. Héroe o santo para el pueblo, y asesino y bandido para los explotadores, finalmente, en 1966, después de un prolongado debate, la XLVI Legislatura acepta que su nombre se inscriba con letras de oro en la Cámara de Diputados. El diputado del PPS, Lombardo Toledano expresa: “El movimiento revolucionario de México tenía una gran deuda con Francisco Villa, y nuestro pueblo también. Hoy se paga, en parte, esa deuda; no totalmente, porque la única manera de pagar totalmente una deuda, si se quiere y reconoce que existe tal, es no formular loas a los personajes, sino cumplir su mandato histórico. Al colocar el nombre de Francisco Villa se paga esa deuda en parte; pero también se adquiere una gran responsabilidad… tenemos que sentirnos orgullosos de que, por fin, la memoria de Francisco Villa aliente, aunque sea por unas horas, este recinto, que debe vibrar, mentalmente, de emoción y de promesas de construir un México nuevo, a impulsos de la Revolución, que no ha terminado”.

En 1969 se devela su estatua ecuestre en la ciudad de México. En 1976 sus restos, sin la cabeza, se depositan en el Monumento a la Revolución. (No obstante, en Parral, Chihuahua, existe una tumba en la que se afirma que realmente descansan los restos de Villa).


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride. Nacimiento 5 de junio de 1878. Muerte 20 de julio de 1923.