1848- 1912
Hijo de don Justo Sierra O’Reilly, destacado abogado y literato yucateco, nació en la ciudad de Campeche, Campeche, el 26 de enero de 1848. Fue precisamente en su ciudad natal donde inició sus estudios, y después los continuó en Mérida, a la que abandonó para viajar a la ciudad de México a la muerte de su padre en 1861. En la ciudad capital ingresó al Liceo Franco Mexicano, de ahí pasó al Colegio de San Ildefonso, donde ganó varios reconocimientos por su inteligencia, talento y esfuerzo. Obtuvo el título de abogado en 1871.
Su brillantez intelectual lo llevo a integrarse, aún antes de titularse, a los círculos literarios más importantes de la época, de la mano de su tutor, Ignacio Manuel Altamirano, quien escribiría en 1889, antes de viajar a España, una pieza oratoria en donde lo consagra como guía para las nuevas generaciones. También tuvo otro gran maestro que le enseñó la doctrina positivista, Gabino Barreda. Desde entonces comenzó a publicar diversos textos en diversas publicaciones: por ejemplo, escribió “Conversaciones del domingo” en El Monitor Republicano, colaboraciones que fueron reunidas en Cuentos románticos; además de publicar la novela El ángel del porvenir, en El Renacimiento. También colaboró en otras publicaciones como El Domingo, El Siglo XIX, La Libertad y El Federalista. Asimismo, abordó el drama en su obra La piedad.
Pero Sierra no se limitó a la literatura, sino que su obra se amplió debido a su interés en la historia, la sociología y la pedagogía. Mientras pergeñaba sus extensos libros sobre esas materias, también continuó con una intensa obra periodística, ya que siguió publicando artículos en La Tribuna y La Libertad(de la que fue director) y El Federalista. Asimismo en el periódico El Mundo fue donde publicó originalmente sus impresiones de viaje a los Estados Unidos (1897-1898), que después se editarían reunidas en el libro En tierra yankee.
Literato y periodista, también se dedicó a las tareas políticas. De esa forma ocupó cargos tales como diputado suplente (1884) y propietario (1884) por Sinaloa al Congreso de la Unión; magistrado de la Suprema Corte de Justicia (1894) y subsecretario de Instrucción Pública (1901-1905). Pero sin duda su grandes obras como funcionario público, que realizó como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes (cargo que ocupó de 1905 a 1911), bajo su lema de “educar es poblar”, fueron el establecimiento de los jardines de niños y la reapertura de la Universidad Nacional en 1910, “para nacionalizar la ciencia y universalizar el saber”. También hizo la apertura de la Escuela de Altos Estudios. Con esa obra se plasmaba su idea educativa: "Convocaremos [...] a los principios de las ciencias y las letras humanas [...] Nuestra ambición será que en esa escuela, que es el peldaño más alto del edificio universitario, se enseñe a investigar y a pensar, investigando y pensando".
Dentro de los festejos del Centenario de la Independencia, durante el congreso nacional de educación primaria, se pronunció por revalorar las manifestaciones de la cultura mexicana de todos los tiempos, incluyendo la prehispánica y por hacer llegar la educación al mayor número de mexicanos para convertir a México en un país de ciudadanos conscientes, cultos y llenos de virtudes cívicas. En es mismo congreso quedó claro que el 74.6% de los niños en edad escolar no asistían a las aulas.
Su obra histórica y sociológica es ya clásica y se expresa en libros como México y su evolución social, Evolución política del pueblo mexicano y Juárez y su tiempo. Como porfirista pensaba que mediante la enseñanza de la historia patria y el culto a los héroes se podrían integrar las identidades regionales y étnicas en una sola identidad nacional.
Al llegar a su fin la dictadura de Porfirio Díaz y triunfar la revolución maderista, Justo Sierra fue designado ministro Plenipotenciario de México en España, nombrado por el propio presidente Francisco I. Madero. Fue en ejercicio de sus funciones diplomáticas cuando le alcanzó la muerte en Madrid, el 13 de septiembre de 1912. Sus restos fueron trasladados a México, donde fueron sepultados en el Panteón francés.
En 1948, centenario de su nacimiento, la Universidad Nacional Autónoma de México lo declaró “Maestro de América”, a la vez que se dio a la tarea de editar sus obras completas, las que abarcan 15 tomos. También ese año fueron trasladados sus restos a la Rotonda de los Hombres Ilustres, de la que había sido su creador en 1880.

A pesar de haber pertenecido al gobierno de Díaz, mantuvo siempre una actitud de avanzada, es famosa su frase: “La Nación tiene hambre y sed de justicia”.
Como escribió Jesús Silva Herzog, “Sierra puede ser clasificado como periodista, orador, poeta, escritor político, historiógrafo y educador; a veces es sociólogo y economista, y sobre todo, sobre todo y siempre, maestro en el cabal sentido del término. Además, fue hombre bueno que gustó de prodigar el don de la amistad. ¡Hombre admirable!, que jamás se fatigó de hacer el bien. Su robusta personalidad supo reunir la mayor suma de virtudes que puede soportar el ser humano”.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.
Efeméride Nacimiento 26 de enero de 1848. Muerte 13 de septiembre de 1912.
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