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1600-1659
Nació el 24 de junio de 1600 en Fitero, Navarra, España. Hijo natural de don Jaime de Palafox y Mendoza, marqués de Ariza y de una noble de la corte; su madre lo mandó ahogar en un río y después se hizo monja, pero fue rescatado y criado por la familia de Pedro y María de Navarro. Educado en el seminario de Zaragoza, estudió jurisprudencia en las Universidades de Alcalá y de Salamanca. Ahí adquiríó su convicciones regalistas, esto es, la idea de que el Estado y la Iglesia deben estar en estrecha unión, bajo la supremacía del primero y el apoyo de la segunda a la monarquía, de modo que se mantenga la unidad del Estado cristiano. Sin embargo, Palafox combatió el absolutismo estatal, creía que los príncipes estaban obligados a sujetarse a las normas y deberes religiosos, que las disposiciones reales debían contar con el consenso de la sociedad, que el pueblo también debía participar en la toma de decisiones políticas y que estas decisiones debían beneficiar a la sociedad entera.
En 1626 fue enviado a Flandes a la guerra contra las Provincias Unidas y después representó a la nobleza como diputado ante las cortes de Aragón. Fue fiscal del Consejo de Guerra y del Supremo de Indias en Madrid, pero finalmente, se ordenó de sacerdote y en 1639 fue consagrado obispo. Fue capellán de la emperatriz María y Limosnero del rey (encargado de distribuir las limosnas que los monarcas daban a las instituciones de beneficencia). En la corte, Palafox gozó del favor de Felipe IV por su gran entrega al interés real, se cuenta que decía del rey: “No nos importa la hacienda si nos falta su favor; no nos importa la vida, si duda su Majestad que con vivir le servimos; no tenemos más honra que la que nos acredita en su real concepto. Hacienda, vida y honra se han de posponer por asegurar su gracia, por evitar su indignación”.
En 1640 fue designado obispo visitador de Puebla, y por lo tanto, encargado de verificar las denuncias que había en contra de la orden de los Carmelitas Descalzos de Guadalajara; de atender las acusaciones de que los dominicos, agustinos, mercedarios, franciscanos y jesuitas de la zona de Veracruz, no obedecían sus reglamentos ni guardaban la clausura. Además, tenía el encargo de comprobar que se hubieran efectuado con rectitud los juicios de residencia de los dos virreyes, Cerralvo y Cadereyta, anteriores al marqués de Villena.
Como obispo se encargó de la organización del clero secular y de impulsar varias obras: las de la catedral de esa ciudad, la unión de los Seminarios de San Juan y San Pedro para la enseñanza de la gramática, la retórica , el canto llano, además de establecer el de San Pablo para otorgar grados académicos; asimismo fundó el convento de Santa Inés.
El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa
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