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Madero González Francisco Ignacio

1873-1913

Nace en la Hacienda del Rosario, municipio de Parras de la Fuente, Coahuila, el 30 de octubre de 1873. Su abuelo Evaristo Madero amasó una de las cinco fortunas más grandes del país mediante empresas agrícolas, ganaderas, vinícolas, textiles y de transporte. Ingresa al colegio jesuita de San Juan en Saltillo; luego, pasa al colegio católico Saint Mary’s College en Baltimore; después va a París en donde estudia contabilidad, economía política y sistemas de comercio en el Liceo Versalles y en la Escuela de Altos Estudios Comerciales de Francia; ahí gustaba asistir a las sesiones del parlamento y comenzó a practicar el espiritismo. Finalmente ingresa a la Escuela Técnica de Agricultura de Berkeley, en San Francisco, California. Regresa a México en 1893 y se dedica a administrar las haciendas y demás posesiones de su padre; hace estudios sobre la producción vitivinícola de Coahuila; moderniza sistemas de cultivo; fomenta la educación y funda la escuela comercial de San Pedro; practica sus conocimientos de medicina homeopática y hace sesiones de espiritismo.

Propone la construcción de represas para dotar de agua a la zona en tiempo de sequías y, al publicarse la propuesta, recibe una carta de felicitación del presidente Díaz en 1900. Sin embargo, le conmueven la miseria de la gente del campo y las condiciones infrahumanas de los obreros de las fábricas. Asimismo, le indigna el régimen de desigualdad que provoca el porfirismo. Se opone a las acciones fraudulentas de las elecciones que llevan a otra reelección a Díaz; señala que es necesario un cambio hacia la democracia.

El porfiriato autoritario y centralista que le toca vivir a Madero, comienza a ser cuestionado por distintos grupos urbanos, a pesar de que en la población, casi 90% rural dominada por hacendados mexicanos y extranjeros que concentran la riqueza, sólo un 20% de los quince millones de mexicanos sabe leer y escribir. Los católicos, influidos por la encíclica Rerum Novarum de 1891 critican el anticlericalismo, la concentración de la propiedad rural, las condiciones laborales existentes, el caciquismo y la falta de democracia. En contraste, los liberales, con Camilo Arriaga y los hermanos Flores Magón al frente, atacan el clericalismo de Díaz, la falta de libertad de expresión, de separación de poderes, de autonomía municipal, de justicia en los tribunales y, desde luego, de democracia electoral; al radicalizarse, extienden su crítica a los “científicos”, a Bernardo Reyes, a la inversión extranjera y a las condiciones deplorables de obreros y campesinos. Lógicamente el gobierno reprime a los descontentos y obliga a sus dirigentes a expatriarse a Estados Unidos.

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El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa