1868-1940
Hijo de Anastasio Molina, abogado, y de Francisca Enríquez de la Cabrera, nació en Jilotepec, estado de México, el 30 de noviembre de 1868. Siendo todavía muy joven entró al Instituto Científico y Literario de Toluca. De ahí pasó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, en la ciudad de México, donde fue contemporáneo de Jesús Urueta y Francisco M. Olaguíbel. Desde entonces se dedicó al periodismo como editorialista de El Siglo XIX. Pronto se dedicó a la judicatura, se hizo cargo de un juzgado local. Además una enfermedad de su padre lo obligó a hacerse cargo de la notaría que éste manejaba en Jilotepec, lo que le dio la oportunidad de conocer en detalle el proceso de concentración de la tierra en manos de unos cuantos españoles y criollos, mediante el sistemático despojo de ranchos y ejidos a los indios y mestizos que carecían de titulación escrita; y pudo advertir cómo los jefes políticos amenazaban con la deportación y el “contingente” (leva) a los campesinos que trataban de defenderse.
Llamado en 1896 por el gobernador José Vicente Villada, en Toluca estuvo a cargo de la Dirección de Fomento: Por esos días reinició sus estudios de jurisprudencia, y poco después obtuvo su título de abogado. En 1906 ganó un concurso por el centenario del natalicio de Benito Juárez. Dos años después pasó a trabajar en el Departamento de Etnografía; al mismo tiempo empezó a dar cátedra en el Museo Nacional, y escribía en publicaciones como El Partido Liberal y El Reformador. También fue oficial mayor de la Secretaría de Gobierno del estado, y más tarde juez de Letras en Tlalnepantla, donde conoció al licenciado Luis Cabrera, con quien abrió un despacho.
En la primera década del siglo XX publicó varios ensayos acerca de la situación agraria del país, entre los que se encontraban El evangelio de una reforma y La cuestión del día: la agricultura nacional. Pero sin lugar a dudas su obra más trascendente y uno de los libros más influyentes sobre la cuestión agraria del país fue Los grandes problemas nacionales (1909), en el que explicaba los desafíos originados por la extraordinaria concentración de la tierra, una de las cuestiones fundamentales que darían origen a la Revolución Mexicana poco tiempo después y que conduciría a la caída de la dictadura de Porfirio Díaz. Después de un detallado análisis de la cuestión agraria y de los efectos de las compañías deslindadoras sobre la economía y las comunidades, Molina Enríquez concluyó que el latifundio debía desaparecer y que las tierras que resultaran de su división debían ser colonizadas, no por los inmigrantes extranjeros que pretendía el porfirismo, sino por campesinos mexicanos sin tierras, quienes motivados por su nueva condición de propietarios harían la grandeza nacional. Este libro ejercería gran influencia sobre Carranza y su ley del 6 de enero de 1915, por la que se creó la Comisión Nacional Agraria y de igual modo sobre los diputados constituyentes de 1917.
En agosto de 1911, inconforme porque el gobierno provisional de Francisco León de la Barra no daba muestra de interesarse por el problema agrario, se lanzó a la lucha armada proclamando el Plan de Texcoco, considerado antecedente del Plan de Ayala, en el que desconocía al gobierno interino, atacaba la gran propiedad, los abusos de los latifundistas y de sus administradores, la venalidad de los jefes políticos, el sistema de tiendas de raya y los bajos salarios de los campesinos, y proponía la repartición de la tierra. Fue aprehendido y pasó dos años en la cárcel, desde donde escribió para El Diario del Hogar.
El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa
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