1881-1955
Nace en Hermosillo, Sonora, el 26 de mayo de 1881. Estudia en el Colegio Sonora de Hermosillo e ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria en México, además, realiza estudios de contabilidad, música y canto. En 1900, tuvo que regresar a su estado natal por la muerte de su padre. Trabaja como profesor de canto, contador del Banco Nacional de México y gerente de la tenería "San Germán". Goza de popularidad por sus dotes artísticas y sus gustos bohemios.

En 1909, es representante del Club Antirreeleccionista en Guaymas y se dedica a la propaganda en el campo y en el periodismo. A triunfo de Madero es diputado a la Legislatura local y participa en los tratados de paz con los indios yaquis. Durante la decena trágica se encuentra en México y acompaña a Madero desde el Castillo de Chapultepec hasta el local de la fotografía Daguerre. Tras el asesinato de Madero, viaja a Hermosillo y la Legislatura local lo comisiona como delegado a la Convención de Monclova, que trata de unir a los revolucionarios de Coahuila, Sonora y Chihuahua bajo el Plan de Guadalupe. Lucha en Sonora contra las fuerzas de la dictadura con acciones cívico-militares y de propaganda. En mayo de 1913 vuelve a ser diputado local y en octubre siguiente, Carranza lo nombra oficial mayor de la Secretaría de Gobernación, de cuyo despacho se encarga en 1915.
En abril de 1916 es gobernador provisional de Sonora. Durante su gobierno logra pacificar a los yaquis que demandaban la devolución de las tierras de sus antepasados; restablece el Supremo Tribunal de Justicia; erige los municipios de Agua Prieta, Nacozari, Chico, Trincheras y Yécora; restituye los ejidos de la Ciudad Álamos; establece la Cámara Obrera y expide el primer reglamento local en materia laboral; apoya a los obreros huelguistas de la Cananea Cooper y del Ferrocarril SudPacífico, ambas empresas norteamericanas; y exige su manifestación de bienes a los empleados y funcionarios locales. Asimismo, promulga la Constitución de 1917. Convoca a elecciones y entrega el poder el 30 de junio de 1917.
En julio de 1917 es nuevamente oficial mayor de la Secretaría de Gobernación. En 1918, senador y cónsul general de México en Nueva York. El 1º de abril de 1919 vuelve a ser gobernador de Sonora, ahora con carácter de constitucional.
En 1920, se enfrenta a Carranza por los acuerdos logrados con los yaquis y la “federalización” de las aguas del Río Sonora, en realidad por la postulación a la presidencia de Bonillas. Ante el arribo de fuerzas federales, el 13 de abril siguiente, declara que Sonora reasume su soberanía y el día 23 proclama el Plan de Agua Prieta con Obregón y Calles, en contra de Carranza. Al triunfo de la rebelión, el 24 de mayo es nombrado presidente interino para el periodo del 1º de junio al 30 de noviembre de ese año de 1920.

Al asumir la presidencia, De la Huerta enfrenta una situación internacional poco favorable: la Primera Guerra Mundial ha terminado y los precios de las materias primas han bajado, en tanto que los gobiernos de las empresas extranjeras afectadas por la guerra revolucionaria y temerosas de la aplicación de las nuevas leyes, presionan sobre México para proteger y extender sus intereses; el pago de la deuda externa sigue suspendido y la renegociación está pendiente. En Estados Unidos, un nuevo presidente, Harding, endurece sus posiciones respecto a México y su Revolución. De la Huerta tiene enfrentar la problemática interna sin agravar la situación interna y bajo la amenaza de nuevas intervenciones extranjeras.
Como presidente, emprende la pacificación con magnanimidad para unificar a los revolucionarios alrededor del grupo sonorense. A los generales leales a Carranza los pone en libertad para que partan al exilio los más importantes. A los zapatistas los incorpora al Ejército Nacional como División del Sur y asciende a divisionario a Genovevo de la O, a quien nombra comandante militar de Morelos. Aprueba el fusilamiento de Guajardo y perdona, pero destierra a Pablo González, ambos autores del asesinato de Zapata. Finalmente, tras largas negociaciones, logra que los generales Eugenio Martínez y Francisco Villa firmen el 28 de julio los Convenios de Sabinas por los que Villa se retira a la vida privada, a pesar de la oposición de Obregón que temía la reacción norteamericana y de Calles que recelaba de que ese retiro fuera real. A los contrarrevolucionarios como Félix Díaz los manda al exilio. Asimismo, logra el licenciamiento de 30,000 efectivos del ejército mediante el establecimiento de colonias militares.
Desconoce a los gobernadores carrancistas electos y cesa a los que ya ocupan el puesto, y con un manejo austero y escrupuloso del presupuesto destinado a la pacificación y a cumplir los compromisos contraídos, logra reorganizar la hacienda pública y un modesto superávit, que desde el gobierno de Díaz no había existido.
Trata de someter a la legislación federal a las compañías petroleras norteamericanas que son apoyadas por el presidente Wilson y por decreto del 10 de julio de 1920 fija las condiciones y los requisitos para otorgar concesiones de explotación petrolera. Para negociar con el gobierno norteamericano estos asuntos y obtener el reconocimiento de su gobierno, envía agentes confidenciales a Washington sin obtener éxito.
De la Huerta, a pesar de que no es partidario de destruir los latifundios, reparte 165,974 hectáreas a 128 pueblos y restituye 44,582.19 hectáreas a sus dueños originales para apaciguar a huicholes, coras, yaquis y mayos. También devuelve a los gobernadores la capacidad para dividir latifundios, crear la pequeña propiedad y establecer nuevos centros de población. Expide la Ley de Ley de Tierras Ociosas para poner a trabajar toda tierra cultivable. Alienta la organización de los campesinos en el Partido Nacional Agrario del zapatista Soto y Gama y, por otra parte, es el primer presidente que reconoce y estimula el movimiento obrero en apoyo del gobierno, e inclusive nombra a dirigentes sindicales, como Morones, Gasca y Yúdico, en varios puestos de la administración pública. Negocia 195 movimientos de huelga y funda el Departamento de Trabajo y Previsión Social y reforma la Junta de Conciliación y Arbitraje, de modo que al término de su gobierno no existen huelgas.
Según Dulles (Ayer en México), “fue un excelente jefe del Ejecutivo durante su interinato de 6 meses, y su conducta satisfizo las expectativas populares de la época. De ninguna manera se le podría acusar de ser majestuoso, austero o ampuloso. Era persona sencilla y franca, que evitaba las ceremonias... vivía sencillamente, sin pompa. Tenía gran afición por el canto y se dice que su primera ambición en Sonora había sido cantar en la ópera Metropolitana de Nueva York. Tenía excelente voz, aunada a cierto sentido dramático personal, que usaba en todas las ocasiones. Su informalidad y su reconocida honestidad, así como su buena voluntad hacia todos, tuvieron amplia acogida”...
Según Sergio de la Peña (De la revolución al nuevo Estado): “en sus seis meses de gestión cobró vida la nueva estructura del poder político del flamante Estado de la revolución mexicana y se delinearon las tareas a realizar para darle estabilidad”.
Convoca a elecciones para el 5 de septiembre y el 1º de diciembre de 1920, entrega la presidencia a Obregón y asume la secretaría de Hacienda de su gabinete. Por su labor muchos le llaman “el presidente de las manos limpias, limpias de sangre y limpias de oro”. Escribe Pedro Castro (Gobernantes Mexicanos): “De la Huerta deja a su breve paso por la presidencia de la república un país pacificado, listo para la siguiente etapa de reconstrucción. Ha impreso un sello personal a su breve gobierno, en el que sobresalen su manejo civilizado de la política, su inclinación al diálogo y su honestidad a toda prueba, herencia que no es asumida por sus sucesores, quienes con frecuencia potan por métodos rudos de hacer política.”
Como secretario de Hacienda reanuda los servicios de la deuda pública exterior, y el 16 de junio de 1922 concierta los tratados De la Huerta-La Montt, por los que México acepta pagar íntegramente el capital e intereses de la deuda con EUA a partir de la suspensión, la mitad de la cual corresponde a los ferrocarriles; así, consolida y reduce las responsabilidades financieras contraídas por las administraciones anteriores. También reorganiza las finanzas nacionales y hace los preparativos para la fundación de un banco central.
Al iniciarse la sucesión presidencial, muestra simpatía por Calles y niega aspirar a la presidencia. En sus “Apuntes personales”, De la Huerta cuenta que dada una supuesta enfermedad de Calles que lo incapacitaba para ocupar la Presidencia, Obregón le propuso “que yo me lanzara a la lucha con la completa seguridad del triunfo. Recuerdo sus palabras: Tu no tendrás ni que moverte de tu casa, no se necesita ni propaganda electoral". Pero declinó la propuesta porque implicaba la subordinación al general Obregón.
Francisco Villa, quien era partidario de la candidatura de De la Huerta, es asesinado en abril de 1923. El 25 de septiembre siguiente, De la Huerta renuncia para buscar la presidencia y rompe con Obregón por su apoyo a Calles, quien lanza su candidatura pese a su impedimento constitucional por ser funcionario público en ese momento.

De la Huerta acepta la candidatura del Partido Nacional Cooperativista, pero en realidad representa el antiobregonismo, por lo que fue capaz de aglutinar rápidamente una heterogénea masa de seguidores que incluía lo mismo porfiristas que izquierdistas. Durante su campaña es acusado por Obregón de peculado y de ser el responsable de las negociaciones desventajosas con Estados Unidos; la Cámara de Diputados lo llama a comparecer y De la Huerta se defiende eficazmente de esa imputación. Obligado por Obregón o por iniciativa propia, (se cuenta que estando en Veracruz, el 6 de diciembre, se entera con gran disgusto que era jefe de una revuelta por el diario El Dictamen y ya no tiene manera de retroceder) el 7 de diciembre del mismo año, proclama una nueva rebelión armada contra Obregón y Calles, apoyado por treinta y seis generales, entre ellos, Salvador Alvarado, Cándido Aguilar, Antonio I. Villarreal, Manuel M. Diéguez y Manuel García Vigil, a los que se suman otros militares de alta graduación, dos tercios del ejército nacional, la Marina del Golfo al mando de los almirantes Hiram Toledo y Alfonso Calcáneo Díaz, así como algunos latifundistas y caciques de varios estados que ven la oportunidad de luchar contra el agrarismo.

El movimiento rebelde llega a agrupar a poco más de 56 mil efectivos entre ellos 102 generales, 573 jefes, 2417 oficiales y 23224 individuos de tropa. En tanto que 44518 miembros del ejército permanecen leales al gobierno. Los focos levantados se ubican principalmente en Jalisco, Michoacán, Colima, Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Tamaulipas y Nuevo León. También hay levantamientos más pequeños en San Luis Potosí, Hidalgo, Durango, Zacatecas y Chihuahua.
En su proclama, De la Huerta desconoce al general Obregón como presidente de la República, así como a los miembros de los Poderes Legislativo y Judicial; denuncia violaciones a la Constitución cometidas por Obregón y la intención de imponer a Calles mediante el fraude electoral con la idea de asegurar para sí mismo una reelección posterior; se pronuncia por la reglamentación del artículo 123 constitucional, el impulso a la educación y el otorgamiento de seguridad a las inversiones extranjeras, y establece su gobierno en el puerto de Veracruz. Estas demandas, obviamente, no despiertan el apoyo de las masas populares y la conformación contradictoria de sus seguidores causa confusión entre la gente. Tampoco logra interesar al gobierno norteamericano ni a las empresas extranjeras.
Los rebeldes llegan a dominar la zona petrolera del Golfo y disponen de casi toda la flota anclada en los puertos del mismo. Por eso los Estados Unidos ayudan a Obregón impidiendo el tránsito de barcos que pudieran realizar el suministro de armas, cartuchos y abastecimientos a los levantados y asegurando el comercio petrolero. EI despliegue naval norteamericano en aguas mexicanas, hace perder a los delahuertistas la ventaja inicial que tenían en el mar.
Así, De la Huerta queda confinado a una franja en la costa del Golfo y a algunas zonas aisladas del resto del país, y presionado por el asedio naval de Estados Unidos y el avance del ejército federal, no tiene otra opción que retirarse al sureste y establecer su “capital” en Frontera, Tabasco. Desde ahí, el 20 de febrero de 1924, denuncia el sometimiento de Obregón "al más poderoso gobierno extranjero, a precio de barcos de guerra, aeroplanos, carabinas, proyectiles y dinero", mientras en lo militar sufre constantes derrotas:
“Cuando apenas comenzábamos a merecer el respeto y la consideración de los pueblos libres con el mantenimiento inquebrantable de una política digna y doblemente nacionalista, Obregón traiciona a su patria, y traiciona a su raza, implorando, con ademán humillante y cínico, y obteniendo ayuda de un gobierno extranjero para perpetuarse en el poder y para iniciar con Plutarco Elías Calles una era de atentados y crímenes sin nombre… No importa que Obregón adquiera cañones de gobiernos extranjeros para derramar sangre de mexicanos… No importa que Obregón alquile pilotos norteamericanos para que desde sus aviones asesinen a ancianos, mujeres y niños… Todos los que anhelen un porvenir de libertad para sus hijos, empuñarán las armas contra los traidores.”
Derrotado en junio de 1924 tras cruentos combates en Oaxaca, Veracruz y Jalisco, y de múltiples asesinatos como el de Felipe Carrillo Puerto, De la Huerta se exilia en Los Ángeles, California, donde abre una academia de canto.
Por su parte, Obregón logra eliminar a todos los militares de alta graduación que podían disputarle el poder legítimamente, como los generales Alvarado y Diéguez, por lo que con la muerte o expatriación de los militares más distinguidos, al asumir el mando sus subalternos, el ejército nacional quedó por completo leal a Obregón o a quien él le señalara.
Adolfo de la Huerta regresa al país en 1936, muerto Obregón y socavado el poder de Calles. Es visitador general de consulados y director general de pensiones civiles. El 9 de julio de 1955 muere en la Ciudad de México.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.
Efeméride. Nacimiento 26 de mayo de 1881. Muerte 9 de julio de 1955.
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