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1720-1787
En la época de Gálvez, ante el avance de las potencias rivales, los monarcas borbones emprendieron reformas en sus colonias con el propósito de obtener mayores ganancias y mayor poder para la Corona Española. Se basaban en las ideas de la Ilustración, que confiaba en la razón y el conocimiento cientítico y técnológico para tranformar el mundo, en lugar de la tradición y de la religión. Las élites españolas estaban influidas por Benito Jerónimo Feijoó, que combatía las ideas comunes que erróneamente creía la gente y en materia económica, por José Campillo, que consideraba que España no aprovechaba sus colonias como lo hacían otros imperios, e inspirado en Inglaterra, proponía terminar el monopolio comercial de Cádiz, otorgar tierras a los indígenas, fomentar la minería y crear un mercado para los productos españoles.
Las reformas llamadas “borbónicas” comprendían diversas medidas en la Nueva España. Para reducir el poder de la Iglesia que controlaba grandes extensiones de tierra y fungía como el principal banquero de los terratenientes, quitaron fueros y privilegios personales al clero, especialmente a los jesuitas, no sujetos al Patronato Real, sino al Papa; restaron poder al Arzobispado de México; limitaron las funciones de los obispos; y prohibieron la intervención del clero en la redacción de testamentos civiles. Para que la Corona participara más en la economía y se corrigieran las fugas fiscales, se centralizaron los ingresos reales, el gobierno cobró los impuestos directamente (antes se daban en arrendamiento) y se creó una burocracia que asumió esta función; se aumentaron los impuestos; se establecieron monopolios reales; se fomentó la actividad económica (especialmente la minería) para que con su crecimiento aumentara la recaudación. Pero lo más importante fue el establecimiento del sistema de intendencias para que la metrópoli ejerciera un control más directo y efectivo sobre las regiones del imperio.
José de Gálvez perteneció a la nueva generación de funcionarios poco interesados en respetar las tradiciones y costumbres que durante siglos habían regido las relaciones entre gobernantes y gobernados en las colonias, a los que recurrió la Corona Española para establecer un colonialismo de mayor beneficio económico para la metrópoli y una más sólida sujeción de los dominios americanos amenazados por el predominio marítimo inglés.
De modesta familia, José de Gálvez nació en Macharaviaya, Málaga, el 2 de enero de 1720. Inició sus estudios en el seminario de Málaga y concluyó la carrera de derecho en la Universidad de Alcalá. Ejerció en Madrid, en donde contrajo matrimonio con María Magdalena de Grimaldo. Viudo, se volvió a casar con Lucía Romet y Pichelín descendiente de franceses; gracias a este matrimonio fue abogado de la embajada francesa en Madrid. Fue secretario del marqués Jerónimo Grimaldi en 1761 y uno de los mejores hacendistas y administradores del reino de Carlos III, como lo demostró desde que fue Alcalde de Casa y Corte, así como ministro del Consejo de Indias. Gracias a sus logros, fue nombrado visitador general de Nueva España, cargo que ocupó debido a la renuncia del primer designado, don Francisco Carrasco.
Gálvez llegó a la Nueva España el 2 de agosto de 1761 para investigar la causa de los reducidos envíos de valores a España, e investido de poderes extraordinarios para reorganizar la administración en empleos e impuestos, poderes tan amplios como los del propio virrey Montserrat, lo que generó un conflicto entre ambos. Debido a estas dificultades tuvo que esperar hasta 1764 la llegada de nuevas cédulas que confirmaran ante el virrey los amplios poderes de sus cargos, que fueron “Visitador General de todos los Tribunales y Cajas Reales, e “Intendente de los Ejércitos”, los que ejerció hasta 1771 en Nueva España.
El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa
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