1859-1920
Hijo del coronel liberal Jesús Carranza Neira y de María de Jesús Garza, familia de clase media alta poseedora de grandes extensiones de terreno, nació en Cuatro Ciénegas, Coahuila, el 29 de diciembre de 1859. Realizó sus primeros estudios en su pueblo natal, de donde pasó a Saltillo, en donde ingresó al Ateneo Fuente, para después estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México en 1874, con la idea de cursar la carrera de medicina. Pero desde joven padeció de una enfermedad de la vista que le impidió continuar sus estudios, por lo que regresó a Coahuila para trabajar en los ranchos Las Animas y El Fuste, ambos pertenecientes a su familia. En 1882 contrae matrimonio con Virginia Salinas, con quien procreó dos hijas.
Se integró a la vida política en 1887, cuando resultó electo presidente municipal de Cuatro Ciénegas; terminó renunciando a su cargo debido a su mala relación con el gobernador de la entidad José María Garza Galán. Meses más tarde, encabezó la oposición contra la reelección fraudulenta del gobernador y logró que renunciara a su cargo. Años después volvió a aquel puesto, que en esta ocasión ocupó entre 1894 y 1898. Después su carrera política siguió en ascenso: fue diputado en la legislatura del estado, y diputado suplente y senador en el Congreso de la Unión. En 1908 llegó a ser gobernador interino de Coahuila por ausencia del titular. Quiso ser gobernador electo al año siguiente, pero por su simpatía hacia el general Bernardo Reyes, fue derrotado por la fuerza de Porfirio Díaz y del grupo de los “científicos”.
Este último acontecimiento lo condujo a militar en la oposición y aguardó el lanzamiento de la candidatura de Bernardo Reyes a la presidencia, y al no ocurrir éste, apoyó, algo tardíamente, a Francisco I. Madero, quien lo nombró secretario de Guerra y Marina en el gabinete provisional de Ciudad Juárez. Criticó acremente los acuerdos de paz firmados por Madero porque significaban continuar el porfiriato pero sin Porfirio Díaz: “Revolución que transa se estanca”, expresó Carranza parafraseando la frase de Saint-Just: “Quien hace revoluciones a medias, cava su propia tumba”.


Al triunfo del maderismo, fue nombrado gobernador de su estado, cargo para el que fue también electo por votación poco después. Durante su gobierno se ocupó especialmente de los pobres mediante campañas contra la prostitución, el alcoholismo y los juegos de azar, así como la creación de escuelas. Asimismo, trató de proteger a los campesinos contra los abusos de las tiendas de raya y de promover las actividades industriales y mineras.
Tras el asesinato de Madero y el cuartelazo de Victoriano Huerta que le permitió llegar a la presidencia de la República de manera ilegítima, desconoció al dictador e inició el movimiento constitucionalista, llamado así porque su fin era restaurar el orden constitucional interrumpido. Convocó a la rebelión llevando como bandera el Plan de Guadalupe que lanzó el 26 de marzo de 1913. En ese documento se desconoció a Huerta, a los Poderes Legislativo y Judicial, y demás gobiernos de los estados que reconocieran la presidencia de Huerta; se nombró a Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, quien sería el presidente interino al ocupar la ciudad de México, y desde este cargo, convocaría a nuevas elecciones. A la propuesta del general Múgica de que se incluyeran demandas sociales, Carranza señaló que eso podía provocar la división de las fuerzas revolucionarias y que las reivindicaciones sociales serían un tema pendiente a atenderse para “después del triunfo”.

El Plan de Guadalupe escribiría Carranza en 1917, fue "el grito de guerra que lo más selecto de la juventud mexicana lanzó a los cuatro vientos del país contra la iniquidad triunfante, y ese grito no era más que la expresión vibrante y sonora de la conciencia nacional, expresión que reasumía el propósito firme, la voluntad deliberada del pueblo mexicano de no consentir más que el pretorianismo volviese a apoderarse de los destinos de la Nación (...) En tal virtud, con el Plan de Guadalupe quedó perfectamente planteada la cuestión de la legalidad contra la usurpación, del derecho contra la asonada, de las instituciones libres contra la dictadura militar".

Conforme al plan, Carranza asumió el mando del Ejército Constitucionalista e invitó a Villa a integrarse, pero éste no aceptó subordinarse a Obregón, por lo que Don Venustiano nombró a Villa general del Ejército Constitucionalista al mando de la División del Norte. Así a duras penas, pudo aglutinar las fuerzas revolucionarias para la lucha contra Huerta: en el norte los generales Álvaro Obregón (Ejército del Noroeste), Pablo González (Ejército del Noroeste) y Pancho Villa; y en el sur, Emiliano Zapata, aunque el suriano actuaba de manera independiente, pues el plan carrancista se circunscribía al ámbito político e ignoraba las demandas campesinas. De cualquier manera, el plan se ganó el apoyo de los grupos campesinos y clases medias del norte que estaban contra la dictadura y que temían el radicalismo de las masas campesinas.

En abril de 1914, cuando los marines norteamericanos se apoderaron de Veracruz para impedir el suministro bélico por los ingleses a Huerta, Carranza rechazó la intervención extranjera aunque le favorecía, pero también se negó a unir fuerzas con Huerta, prefirió iniciar pláticas con los invasores para el retiro de sus tropas una vez obtenido el triunfo constitucionalista.
Ese mismo año, tras la toma de Zacatecas en la que quedó destruido casi todo el ejército federal, Carranza intentó destituir a Villa por haber atacado personalmente al frente de la División del Norte, en lugar de ayudar con sus efectivos a Pánfilo Natera para que, conforme a sus órdenes, éste se hiciera de ese baluarte federal. Ante el rechazo de los generales a esta destitución, el Primer Jefe cedió, pero emprendió la batalla política por quién recibiría la rendición de Huerta y tomaría la capital de la República, al efecto, dio instrucciones al general Pablo González de que avanzara a San Luís Potosí, lo mismo que a su hermano, Jesús Carranza; y apremió a Obregón para que tomara Guadalajara y la ciudad de México. Por otra parte, inmovilizó a las fuerzas de Villa al cortarle los embarques de carbón y de pertrechos. Además, promovió a Obregón y a Pablo González a generales de División y dejó a Villa como general Brigadier.

Sin embargo, ante el riesgo de que Villa marchara a la capital y se apoderara de ella, los generales carrancistas promovieron una conferencia en Torreón para salvar las diferencias entre Villa y Carranza; representantes de las Divisiones del Norte y del Noroeste suscribieron el Pacto de Torreón, en el que se reconoció la autoridad de Carranza y se acordó que al triunfo, una convención integrada por representantes de los jefes del ejército constitucionalista determinaría la fecha de elecciones y el programa de gobierno que pondrán en marcha los funcionarios electos. Villa obtuvo su ascenso a Divisionario.

La victoria lograda en Zacatecas significó la derrota definitiva de Huerta, quien renunció tras año y medio de cruenta guerra civil. Firmados los tratados de Teleoyucan de rendición incondicional y disolución del ejército federal el 13 de agosto de 1914 por el general Obregón, el Primer Jefe Carranza entró triunfante a la ciudad de México el día 20 siguiente, una semana después.


Dada la heterogeneidad de los revolucionarios en cuanto a su origen social, intereses y demandas, al triunfo contra Huerta, los zapatistas insistieron a Carranza que se cumplieran “los tres grandes principios que consignaba el Plan de Ayala: expropiación de tierras por causa de utilidad pública, confiscación de bienes a los enemigos del pueblo y restitución de sus terrenos a los individuos y comunidades despojados”; mientras que los villistas le exigieron el cumplimiento del Plan de Guadalupe en cuanto al reestablecimiento inmediato del orden constitucional por medio de un presidente provisional que convocara a elecciones, la implantación de reformas agrarias y desde luego, en primer lugar, su renuncia bajo la acusación de intentar perpetuarse en el poder.
Ante el riesgo de un rompimiento entre los grupos revolucionarios, algunos generales convocaron a una Convención para tratar de llegar a un entendimiento pacífico. Carranza cedió a: la presión para convocar a una convención que fijara la fecha de las elecciones, pero como no había resuelto sus diferencias con Villa y Zapata, y Villa se negó a participar en la Convención, mandó a Obregón a negociar con Villa, a Chihuahua a convencerlo de que asistiera; Villa se resistió y ordenó fusilarlo; intercedió el general Chao y Obregón se salvó.

La Convención se inició el 1º de octubre de 1914, en la ciudad de México y ahí Carranza condenó a la "minoría indisciplinada" (Villa) y renunció a la presidencia y a la jefatura del ejército, pero la Convención no la aceptó. Finalmente, Villa accedió a asistir a un terreno neutral, en Aguascalientes. La Convención se trasladó allá, pero Zapata sólo envió una representación y Carranza declinó asistir, no obstante, aceptó renunciar siempre que hicieran lo mismo Villa y Zapata, y se estableciera “un Gobierno preconstitucional apoyado por el Ejército Constitucionalista, que se encargue de realizar las reformas sociales y políticas que necesita el país antes de que se restablezca un Gobierno plenamente constitucional”.

La Convención decidió que Eulalio Gutiérrez fuera el presidente interino y que Villa y Carranza renunciaran. Villa aceptó, pero Carranza insistió en que se respetaran sus condiciones ya expuestas, a saber: PRIMERO. El C. Venustiano Carranza entregará el Poder Ejecutivo de la Nación y la Jefatura del Ejército Constitucionalista, al presidente que la Junta de gobernadores y generales designe en definitiva para gobernar la República durante todo el período preconstitucional que sea necesario para llevar a cabo las reformas políticas y sociales que exige la Revolución. SEGUNDO. Dicha entrega se efectuará tan luego como el nuevo presidente tenga definidas sus funciones y haya recibido efectivamente el mando de la División del Norte y las oficinas públicas federales y locales de la región dominada ahora por dicha División.
Lógicamente, la Convención ratificó sus decisiones y apoyó al presidente Eulalio Gutiérrez. Carranza, que había logrado el retiro de las tropas norteamericanas desde el 23 de noviembre, se trasladó a Veracruz para establecer su gobierno, planear la ofensiva contra los convencionistas y recibir suministros bélicos. Ahí contaba con el apoyo del general Cándido Aguilar, su yerno, jefe del Ejército de Oriente que domina la región. Por su parte, Villa y Zapata avanzaron hacia la capital de la República y firmaron el Pacto de Xochimilco que reconoció el Plan de Ayala.
Militarmente, Carranza se encontraba en posición de debilidad frente a Villa; políticamente era más fuerte frente a sus enemigos que se mostraban incapaces de articular un programa nacional desde la capital de la República, más allá del Plan de Ayala dirigido a los campesinos sureños. A sugerencia de Obregón, quien por su origen social podía sentir mejor las causas populares, el 12 de diciembre de 1914, Carranza inició su ofensiva política mediante el decretó Adiciones al Plan de Guadalupe, entre las que se encuentran las siguientes: subsiste el Plan de Guadalupe “hasta el triunfo completo de la Revolución y, por consiguiente, el C. Venustiano Carranza continuará en su carácter de Primer Jefe de la Revolución Constitucionalista y como Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, hasta que vencido el enemigo quede restablecida la paz… (Carranza) expedirá y pondrá en vigor, durante la lucha, todas las leyes, disposiciones y medidas encaminadas a dar satisfacción a las necesidades económicas, sociales y políticas del país, efectuando las reformas que la opinión exige como indispensables para restablecer el régimen que garantice la igualdad de los mexicanos entre sí… para poder continuar la lucha y para poder llevar a cabo la obra de reformas a que se refiere el artículo anterior el Jefe de la Revolución, queda expresamente autorizado para convocar y organizar el Ejército Constitucionalista y dirigir las operaciones de la campaña”...

Con base en estas Adiciones, el 25 de diciembre de 1914, “considerando que durante largos años de tiranía sufrida por la República se ha pretendido sistemáticamente centralizar el Gobierno, desvirtuando la Institución Municipal”…Carranza decreta que “los estados adoptarán para su régimen interior la forma de gobierno republicano, representativo, popular, teniendo como base de su división territorial y de su organización política, el Municipio libre, administrado por ayuntamientos de elección popular directa y sin que haya autoridades intermedias entre éstos y el Gobierno del Estado”.

En enero de 1915, Carranza promulgó diversas normas y medidas para legitimarse: la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, la legalización del divorcio, la sujeción de la explotación petrolera al control del Estado, el establecimiento de la independencia del Poder Judicial, además de decretar la jornada máxima de trabajo de ocho horas y el salario mínimo. “Las nuevas ideas sociales tendrán que imponerse en nuestras masas, y no sólo es repartir tierras, no es el sufragio efectivo, no es abrir más escuelas…es algo más grande y más sagrado: es establecer la justicia, es buscar la igualdad, es la desaparición de los poderosos para establecer el equilibrio en la conciencia nacional”. Así, a partir de entonces, los constitucionalistas se presentaron como los verdaderos “revolucionarios” que luchaban por el cambio hacia adelante, y etiquetaron como “reaccionarios” a los convencionistas, que pugnaban por el cambio hacia atrás.

Estas medidas permitieron a Carranza quitar demandas a los convencionistas y agregar nuevos apoyos como el de los obreros organizados, por medio de un pacto suscrito con la Casa del Obrero Mundial el 17 de febrero de 1915, en el que a cambio de la promesa de “mejorar, por medio de leyes apropiadas, la condición de los trabajadores, expidiendo durante la lucha todas las leyes que sean necesarias para cumplir aquella resolución…Los Obreros de la Casa del Obrero Mundial... hacen constar la resolución que han tomado de colaborar, de una manera efectiva y práctica, por el triunfo de la Revolución tomando las armas ya para guarnecer las poblaciones que están en poder del Gobierno constitucionalista, ya para combatir a la reacción”.
Así, con nuevos contingentes como los “batallones rojos”, el general Álvaro Obregón logró derrotar a Villa en el campo de batalla del Bajío, por lo que la causa constitucionalista resultó triunfante con las armas y los carrancistas, comandados por Pablo González, recuperaron la capital de la República en agosto de 1915. Esta victoria sobre el ejército de la Convención le ganó a Carranza el reconocimiento oficial del gobierno norteamericano el 19 de octubre siguiente, así como el embargo de armas para los convencionistas, lo que provocó la ira de Villa, en plena derrota y huída, quien respondió con el asaltó a la población de Columbus en enero de 1916, lo que forzó a Carranza a aceptar el ingreso a territorio nacional de una expedición punitiva norteamericana que nunca logró capturar al centauro del norte, No obstante, Carranza resistió diplomáticamente y con las armas la invasión y sus fuerzas detuvieron a los norteamericanos en El Carrizal.

A diferencia de Villa y de Zapata, Carranza siempre asumió la representación nacional e incluso se negó a abandonar territorio mexicano y tuvo que realizar penosas cabalgatas para no pisar suelo norteamericano. Asimismo, rechazó toda ingerencia internacional para resolver el conflicto interno entre las facciones revolucionarias. Esto fue fundamental para que Estados Unidos se decidiera a favor de Carranza, único que garantizaba un gobierno capaz de encauzar la rebelión campesino dentro de un régimen liberal capitalista.

También desde Veracruz, Carranza libró la lucha por la nacionalización de las riquezas naturales del país, que explotaban libremente las empresas extranjeras mineras y petroleras. Trató de igualarlas ante la ley con las empresas mexicanas, establecer impuestos justos y regular las concesiones de explotación, con el propósito de mantener la soberanía y el interés nacionales sobre los intereses particulares de los extranjeros.
En enero de 1916, Carranza trasladó su gobierno a Querétaro y en el mes de abril siguiente, entró nuevamente a la capital de la República. Entonces, la política de acercamiento con los sindicatos comenzó a convertirse en una política de represión, cuyo brazo ejecutor más relevante fue el general Pablo González. Los ferrocarrileros fueron militarizados, los “batallones rojos” disueltos, lo mismo que la Casa del Obrero Mundial y toda huelga o agitación obrera, como la de los electricistas, fue combatida con la ley marcial de 1º de agosto que implantaba la pena de muerte para los huelguistas. Por otro lado, reanudó la guerra de exterminio contra los zapatistas. Al mismo tiempo, reincorporó a la administración pública a los funcionarios y empleados porfiristas y huertistas, principalmente a los de Hacienda, para regularizar las actividades de su gobierno.

Ese mismo año de 1916, Carranza convocó a un congreso constituyente, que se reunió en Querétaro a fines de año.
Don Venustiano envió un proyecto de reformas a la Constitución de 1857, en el que se ratificaron y ampliaron muchas de las ya emprendidas o esbozadas el año anterior. Además, en su discurso de inauguración al congreso sentó las bases del presidencialismo mexicano: “¿qué es lo que se pretende con la tesis del Gobierno parlamentario? Se quiere, nada menos, que quitar al presidente sus facultades gubernamentales para que las ejerza el Congreso, mediante una comisión de su seno, denominada. En otros términos, se trata de que el presidente personal desaparezca, quedando de él una figura decorativa… ¿En dónde estaría entonces la fuerza del Gobierno? En el Parlamento. Y como éste, en su calidad de deliberante, es de ordinario inepto para la administración, el Gobierno caminaría siempre a tientas, temeroso a cada instante de ser censurado”…Asimismo abogó por la desaparición de la Vicepresidencia.

A pesar de que de antemano se excluyó a porfiristas, huertistas y convencionistas, entre los diputados se manifestaron diversas corrientes ideológicas que suscitaron acalorados debates. Frente a la posición conservadora de Carranza surgió una tendencia progresista respaldada por Obregón. El proyecto de Carranza fue modificado sustancialmente por los diputados, especialmente para satisfacer demandas sociales, de modo que en lugar de reformas constitucionales, una nueva Constitución fue promulgada el 5 de febrero de 1917. El resultado fue un estado interventor en la economía, en la educación y en la religión; un régimen presidencialista fuerte; la coexistencia de la propiedad privada, social y comunal, así como de la empresa pública y privada; y la protección de las clases campesinas y obreras. Su carácter nacionalista reflejó el propósito de acabar el neocolonialismo y rechazar intervenciones extranjeras, como las norteamericanas que se habían repetido recientemente.

Un día después de la promulgación, Carranza convocó a elecciones generales. Postulado por el Partido Liberal Constitucionalista, ganó con 797,305 votos las elecciones presidenciales para el periodo 1917-1920, asumiendo el cargo el 1º de mayo siguiente. Los otros candidatos fueron los generales Pablo González con 11,615 votos y Álvaro Obregón que sólo obtuvo 4008 votos.

En plena conflagración mundial, durante su gestión Carranza intentó, sin controlar amplias zonas del país, poner en vigor la nueva Constitución frente a poderosos e indisciplinados jefes militares; diversos grupos armados revolucionarios como los encabezados por Zapata en Morelos, los Cedillo en San Luís Potosí y José Isabel Chávez en Michoacán; rebeldes contrarrevolucionarios, como Manuel Peláez, aliado a las empresas petroleras, Félix Díaz en Veracruz y Puebla, y los “Mapaches” en Chiapas; y poderosos hacendados, empresarios extranjeros y clérigos, dentro de una realidad de autoritarismo y desorden, alejada de la democracia y de las instituciones.
En lo externo, mantuvo la neutralidad de México frente a la primera guerra mundial, su acercamiento a la Alemania del káiser en 1917, fue motivada por la búsqueda de aliados para contener las presiones norteamericanas. A pesar de la tentación del telegrama Zimmerman que ofrecía recuperar los territorios perdidos si se luchaba contra los Estados Unidos, ratificó el principio de no intervención en los asuntos internos de México y rechazó la Doctrina Monroe porque “puesto que establece, sin la voluntad de todos los pueblos de América, un criterio y una situación que no se les ha consultado y por lo mismo, esa Doctrina ataca la soberanía e independencia de México y constituirá sobre todas las naciones de América una tutela forzosa”. Propaló lo que llamó “Doctrina Carranza” por la cual los países fuertes estaban obligados a respetar los derechos de los débiles. Además, en ejercicio de la soberanía nacional y conforme a la nueva Constitución, decretó un impuesto a la exportación del petróleo, lo que para algunos, al enfrentarse a intereses extranjeros muy poderosos, precipitó su caída y hasta su muerte.
En lo interno, comenzó la institucionalización y la reconstrucción material y económica del país; comenzó tímidamente el reparto agrario de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 27 constitucional, aunque devolvió algunas tierras a los latifundistas; propició la organización de los obreros mediante la fundación de la Confederación Regional Obrera Mexicana, CROM, el 1º de mayo de 1918; defendió los recursos energéticos ante la presión de las compañías extranjeras; expidió una nueva ley electoral; creó la marina mercante el 1º de junio de 1917; fundó la Escuela Militar de Aviación y convirtió la Academia de Estado Mayor en el Colegio Militar; estableció que cada 1º de septiembre los presidentes informaran al congreso del estado de la administración pública. Por otra parte, intentó, sin éxito, reformar los artículos constitucionales 27, 123 y 130 para hacerlos menos lesivos a los poderosos intereses afectados, ya que los legisladores frecuentemente no aprobaban sus iniciativas (de 156 que presentó durante su gobierno constitucional, sólo fueron aprobadas 55; rechazadas 9 y sin resolver 92).
En 1919, Carranza hizo pública su negativa a que México ingresara a la Liga de las Naciones porque “las bases que la sustentan no establecen una perfecta igualdad para las naciones y razas, y el gobierno mexicano ha proclamado como principios fundamentales de su política Internacional que todos los Estados del Globo deben tener los mismos derechos y…obligaciones, así como que ningún individuo dentro del Estado puede invocar situación o protección privilegiada a título de extranjería o cualquier otro”. De todos modos, no fue invitado a la Conferencia de Paz de París.
Carranza ejerció la autoridad de manera firme y hasta dura: buscó pacificar el país por todos los medios aun los más crueles como los empleados por Pablo González; continuó la lucha contra caudillos y caciques locales, como Saturnino Cedillo, Manuel Peláez y Félix Díaz; eliminó a sus opositores como Zapata, quien fue asesinado mediante la traición, y Felipe Ángeles, quien fue fusilado tras un juicio sumario. Asimismo, fue extremadamente duro con los obreros, a cuyos dirigentes apresaba y hasta amenazaba con el fusilamiento, a pesar de su contribución con los “batallones rojos” en la derrota de Villa.
La pugna por la sucesión presidencial se inició 1919, con tres candidatos: Ignacio Bonillas, civil y poco conocido, apoyado por el Partido Nacional Democrático (a quien apodaron “Flor de Té” porque como decía la letra de esa canción en boga, nadie sabía de donde había venido y a dónde iba); el general Pablo González nominado por la Liga Democrática; y el grupo militar sonorense encabezado por Álvaro Obregón, que había sido derrotado en las elecciones de 1917. Carranza convocó a los gobernadores a vigilar el cumplimiento estricto de las leyes electorales, pero apoyó abiertamente al único candidato civil, a la vez que hostilizó a Obregón al grado de que éste tuvo que huir para salvarse de un tribunal que de antemano lo condenaría.

El intento de imposición generó un conflicto con los sonorenses, quienes, alegando intromisión del ejecutivo federal en los asuntos de Sonora –estado gobernado por Adolfo de la Huerta-, se levantaron en armas el 23 de abril de 1920 llevando como bandera el Plan de Agua Prieta. En menos de un mes, la mayoría de los jefes militares desconocieron a Carranza y hasta el grupo militar más importante con el que pudo haber contado don Venustiano, el de Pablo González, se sublevó también. Los zapatistas se les unieron porque seguían combatiendo a Carranza, quien había felicitado y premiado a los asesinos de su caudillo. Además, la CROM estalló varias huelgas y ante la represión declaró la guerra al gobierno. Prácticamente todo el territorio del país estaba en manos de los rebeldes. Los problemas arrastrados a lo largo del periodo presidencial hicieron crisis: los revolucionarios no derrotados se unieron a Obregón, lo mismo que los diputados y los gobernadores; las clases populares y propietarias no lo apoyaron porque no les satisficieron sus medidas; los Estados Unidos estaban disgustados por su política exterior; y su intención civilista fracasaba ante el poder de los militares que habían hecho la Revolución. El gobierno de Don Venustiano terminaba aislado y debilitado al máximo.

Carranza lanzó un manifiesto a la nación, el 5 de mayo siguiente, en el que lamentó la lucha política prematura y que existieran dos candidatos militares; condenó la propaganda subversiva obregonista a base de ataques a su gobierno y la ambigüedad de Pablo González al hacer campaña sin dejar el mando militar; denunció que en la sublevación Obregón estaba subordinado a De la Huerta; concluyó que el cuartelazo no debe ser medio ya para alcanzar el poder, que el conflicto tenía “caracteres exclusivamente militares” y que sólo entregaría el poder conforme a la ley.
Dos días después Carranza salió de la capital para emprender la huída por ferrocarril hacia Veracruz con un inmenso convoy, en donde esperaba instalar su gobierno y desde ahí combatir y derrotar a Obregón. La marcha fue lenta por el continuo acoso de los rebeldes y después de varios días, tuvo que abandonar los trenes porque las vías habían sido voladas. Ya con pocos fieles acompañándolo, siguió a caballo, pero fue alcanzado en Tlaxcalantongo, Puebla, por fuerzas del general Rodolfo Herrero, quienes asesinaron al Varón de Cuatro Ciénegas la madrugada del 21 de mayo de 1920.
Carranza fue sepultado tres días después en el Panteón de Dolores de la ciudad de México, "en una tumba de tercera clase, donde se entierra a la gente pobre", de acuerdo con los deseos expresados a sus hijas Virginia y Julia. Un gran número de personas concurrió al entierro.
Una década después de su muerte, Luís Cabrera, quien acompañó a Carranza hasta sus últimos momentos, escribió al hacer un balance de la Revolución Mexicana:
“Madero no alcanzó a ver los problemas sociales y económicos por estar contemplando los problemas democráticos. Era un soñador.
Carranza fijó su atención en las reformas sociales y económicas de México y de su pueblo. Era un hombre práctico.
Madero, el vidente, murió por no haber visto hacia abajo, por no fijar su atención en los hombres y en la tierra.
Carranza, el prudente, murió por no haber visto hacia arriba.”
El 5 de febrero de 1942, los restos de Carranza fueron exhumados con todos los honores y depositados en el Monumento a la Revolución.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.
Efeméride. Nacimiento 29 de diciembre de 1859. Muerte 21 de mayo de 1920.
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