1869-1919
Hijo de Felipe Ángeles –un pequeño agricultor que alcanzó el grado de coronel luchando contra las intervenciones extranjeras de 1847 y 1862- y de Juana Ramírez, nació el 13 de junio de 1869 en Molango, Hidalgo. Hizo sus estudios primarios en Huejutla, de donde pasó a la Escuela de Molango y posteriormente al Instituto Literario de Pachuca. Gracias a una beca que Porfirio Díaz le concedió por los méritos de su padre durante la lucha contra la intervención francesa, ingresó al Colegio Militar a la edad de 14 años.
A la vez tímido e inteligente, Ángeles se distinguió como un alumno sobresaliente, especialmente en matemáticas y ciencias físicas. Desde muy joven se convirtió en uno de los mejores profesores del Colegio Militar, del Colegio Militar de Aspirantes, de la Escuela Nacional Preparatoria y de la Escuela de Tiro, de la que llegó a ser director. Fue enviado a los Estados Unidos a realizar estudios de artillería. Tuvo la fama bien ganada de ser uno de los mejores oficiales del ejército, lo que le valió ser ascendido a mayor.
También se destacó por su talante humanitario, lo que lo llevó incluso a formular críticas al soldado arbitrario y brutal, pronunciándose por un hombre de armas apegado a la legalidad y a las obligaciones institucionales, en una ceremonia de premiación con asistencia de Porfirio Díaz. Llegó incluso a mostrar su inconformidad ante las injusticias cometidas por el ejército contra los yaquis y ante el favoritismo como eje de las promociones en el ejército.
En 1909, ya con el grado de coronel, fue enviado a Francia para hacer estudios en la Escuela de Aplicación de Fontainebleau y en la de Tiro de Mailly.
Informado de las capacidades de Ángeles, en 1912 Francisco I. Madero lo nombró director del Colegio Militar; unos meses después fue ascendido a general brigadier. Al rebelarse Pascual Orozco, Ángeles se encargó de formar batallones de voluntarios a favor del gobierno, por lo que se hizo uno de los hombres de confianza del presidente Madero.
Entonces fue enviado a Morelos a combatir a Emiliano Zapata; en esa dura tarea se empeñó en usar métodos conciliadores y en evitar los excesos en que habían incurrido quienes le habían antecedido. Años más tarde, en un escrito titulado “Genovevo de la O” (general zapatista oriundo de Santa María Ahuacatitlán que acompañaría a Obregón en su entrada triunfal a la capital en 1920), reconoció tanto la capacidad de este jefe guerrillero, como la justicia de su causa; denunció la quema de pueblos, la concentración de la población, la leva y los ahorcamientos como medios extremos y crueles empleados por Juvencio Robles y Adolfo Jiménez Castro, y recordó que su actitud humanitaria con los rebeldes le permitiría el trato con Zapata durante el gobierno de la Convención.
Al sobrevenir la Decena Trágica en 1913, Madero fue a Morelos personalmente para buscar la ayuda del general Ángeles, quien acudió en su auxilio. Madero no le dio el mando debido a que respetó la jerarquía de Victoriano Huerta, pero si operó contra la Ciudadela. Al consumarse la traición de Huerta, Ángeles fue aprehendido al mismo tiempo que Madero y Pino Suárez. Logró salvar la vida por su ascendencia en el ejército, pero fue desterrado mediante su envío a una comisión militar en Francia.
En Europa se puso en contacto con Miguel Díaz Lombardo, representante del movimiento constitucionalista. Entonces regresó secretamente al país en octubre de 1913, y se presentó ante Venustiano Carranza en Sonora. El Primer Jefe lo nombró subsecretario de Guerra; no alcanzó el máximo cargo de guerra en ese entonces por la decidida oposición de los generales revolucionarios, que veían con recelo a un miembro del antiguo ejército federal.
Debido a que consideraba que Carranza no se apegaba al espíritu legalista y democrático de Madero, Ángeles terminó distanciándose de Carranza y uniéndose a las fuerzas de Francisco Villa, a las que se incorporó como comandante de artillería de la División del Norte. Además de cultivar una muy buena relación con el Centauro del Norte, tuvo una participación muy destacada en batallas como las de Torreón en 1914, San Pedro de las Colonias, Paredón, Zacatecas y Ramos Arizpe.
Tras la derrota de Huerta, se profundizó la división entre Carranza y Villa. Ángeles no se mantuvo al margen de la disputa y produjo una serie de textos en la que defendía a la División del Norte.
El contenido de este texto pertenece a la publicación: MEMORIA POLITICA DE MÉXICO de Doralicia Carmona para leer más adquiera la edición completa
|